Cajal y el dinero

recorte billete-50-pesetas-1935-ramon-y-cajal-mbcCajal nació en un ambiente muy austero. En su primera infancia, su padre era cirujano de segunda clase, un puesto intermedio entre los médicos-cirujanos y los sangradores. Su sueldo era de cuatro mil reales anuales, la mitad que los médicos rurales con los peores destinos o la quinta parte que un comandante del ejército. Ese salario daba para muy poco y, además, su aspiración de avanzar en su carrera y convertirse en médico obligó a toda la familia a realizar importantes sacrificios. Cajal lo recuerda así:

En la esfera familiar la concepción utilitaria y un tanto pesimista produjo dos consecuencias: el sobretrabajo y la economía más austera. Mi pobre madre, ya muy económica y hacendosa de suyo, hacía increíbles sacrificios para descartar todo gasto superfluo y allanarse a aquel régimen de exagerada previsión. Era preciso a todo trance hacer economías. cajal_padres_495Lejos de mí la idea de censurar una conducta que permitió a mis padres adquirir el peculio necesario para trasladarse a Zaragoza, dar carrera a sus hijos y crearse una posición, si no brillante y fastuosa, desahogada y libre de inquietudes; pero es preciso reconocer que el espíritu de economía tiene límites prudenciales que es harto arriesgado traspasar. El ahorro excesivo declina rápidamente hacia la tacañería, cayendo en la exageración de reputar superfluo hasta lo necesario.

Ese ambiente de rigor y austeridad marcó a Santiago durante toda su vida, donde nunca hubo lujos y sí un considerable desapego al dinero. Don Justo Ramón, el padre, iría mejorando la situación económica de la familia al terminar su formación como médico e ir consiguiendo mejores puestos hasta dejar el ámbito rural y trasladarse a Zaragoza y conseguir también una plaza de profesor.

El primer encuentro de Cajal con el dinero del que tenemos noticia fue el hallazgo inesperado, junto con su hermano Pedro, de una moneda de oro de 25 pesetas. 1876Los dos hermanos que debían ser «de la piel del diablo» gastaron su súbita fortuna, una vez comprobado que era de curso legal, en una inversión cuando menos dudosa:

Para asegurarnos de la buena ley del doblón, lo cambiamos en cierta tienda, y en posesión de tan respetable suma, para nosotros inverosímil, acordamos por unanimidad invertirla en la compra de cierto pistolón imponente, que desde hacía tiempo tentaba diariamente nuestra codicia en el escaparate de vieja armería. Hecha provisión de pólvora, balas y perdigones, comenzamos a ejercitarnos en el manejo del arma, que resultó bastante caprichosa.

Lo otro que sabemos de su infancia es que su padre, sobre todo para intentar quitarle su ansia por dibujar, no le compraba ni los materiales más básicos. Cajal dibujaba en los márgenes de papeles de envolver usando trozos de carbón y fabricaba tintas de color sumergiendo en agua los envoltorios del papel de fumar.

Durante la carrera sabemos que ganó algún dinero dando clases particulares de anatomía -que dominaba- a algunos compañeros, actividad con la que siguió posteriormente, ya casado y catedrático, para redondear sus pobres emolumentos. Los primeros sueldos formales que recibió debieron ser los de su nombramiento como teniente médico. Aquella paga militar mejoró al ser nombrado capitán médico y ser destinado a Cuba. Sin embargo, en la isla caribeña, Cajal se encontró con que los meses pasaban y el ejército no le pagaba la soldada. Transcurridos cuatro meses solo había recibido su primer salario y su situación económica se volvió tan desesperada que tuvo que recurrir al Dr. Grau, jefe de Sanidad, quien le gestionó un préstamo de 125 pesos, el salario de un mes, entre sus compañeros. Aquello le creó cierta mala fama y Cajal tomó una decisión, contundente como todas las suyas: juró que nunca jamás volvería a pedir prestado un solo céntimo, promesa que cumplió a rajatabla toda su vida.cajal_puerto_principe_255

El final de su etapa cubana, donde estuvo a punto de morir de paludismo y pasó varios meses hospitalizado hizo que se le fueran acumulando las pagas. Cuando consiguió la licencia de repatriación fue a reclamarlas pero con escaso éxito. Finalmente consiguió recuperar su dinero pero solo tras abonar al funcionario de la pagaduría militar el 40% del dinero que se le debía, una cuantiosa mordida.

De vuelta a España su primera plaza fue como ayudante interino de Anatomía (1.000 pesetas de salario anual) que consiguió gracias al apoyo de don Genaro Casas, que había sido decano y profesor suyo en la Escuela de Medicina. En mayo de 1876 obtuvo el título de practicante en el Hospital de Nuestra Señora de Gracia pero apenas llegó a ejercer la medicina. cajal_retrat1Su primer trabajo civil que pudiéramos decir estable fue como director de los museos anatómicos de Zaragoza, un puesto de poco nivel. Con los ahorros de su estancia en Cuba, Cajal compró su primer microscopio en  un almacén de aparatos médicos regentado por un tal don Francisco Chenel y situado en la calle del León, de Madrid. Cajal acordó abonar ciento cuarenta duros en cuatro plazos. También decidió invertir parte de ese dinero en suscribirse a revistas extranjeras que le pusieran al nivel de la mejor investigación de la época, un esfuerzo que siguió haciendo durante años aunque eran cantidades sensibles para su economía familiar.

Su sueldo mejoró al ganar la primera cátedra, la de Valencia, cuyo salario anual eran 3.500 pesetas. Ya casado también mejoró sus ingresos fabricando en casa, con la ayuda de su esposa, placas fotográficas que vendía muy bien a los aficionados. De hecho, llegó a plantearse montar una pequeña industria pero terminó dejándolo para centrarse en las oposiciones y su carrera académica. Ya catedrático, Cajal que según algún compañero «cada año tenía un hijo y escribía un libro» se movía en cierta estrechez por lo que complementó sus ingresos dando clases particulares a médicos que cursaban por libre el doctorado en Histología, con lo que mejoró la economía familiar y compró algunos aparatos para montar un laboratorio en casa. Con ello abandonó la anatomía descriptiva para dedicarse de forma prácticamente exclusiva a los estudios micrográficos.

En la oposición a la cátedra de Madrid, la tercera que ganó después de las de Valencia y Barcelona, estuvo a punto de abandonar por motivos económicos pues la larga estancia en la capital le resultaba enormemente gravosa. Fue su padre el que salvó la situación adelantándole un dinero y llevándose a la nuera y los nietos a vivir con él. Cajal contaba de las diferencias entre los catedráticos con consulta privada y los que no la tenían:

…corría entre los estudiantes de San Carlos [la Facultad de Medicina de Madrid], una clasificación pintoresca y muy expresiva de los catedráticos. Agrupábanlos en catedráticos de sótanos y catedráticos de principal o dicho de otro modo los de arriba y los de abajo. Los profesores de sótano, es decir, los pobretes… carecíamos, salvo alguna excepción, de clientela; gastábamos gabanes raídos y casi prehistóricos, nos alojábamos en cuartos de 15 ó 20 duros y… emprendíamos melancólicamente y sin escolta de pegajosos admiradores, la áspera cuesta de la calle Atocha.

Cuando alcanzó la fama, sus ingresos fueron muy buenos gracias a los manuales docentes que había escrito, tanto de Histología como de Anatomía Patológica y que se convirtieron en la obra recomendada en la mayoría de las facultades de medicina españolas. Sus derechos de autor llegaban a triplicar su salario anual de catedrático. Sin embargo, algunos achacan a doña Silveria, la esposa de Cajal, el que su obra no fuera más conocida

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Su tacañería, unida a una visión estrecha de las cosas, limitó bastante la difusión de los libros de D. Santiago, pues no queriendo aceptar las condiciones que son de uso corriente en el mercado de los libros, los hacía depositar en la casa sin darlos a empresas distribuidoras… malhumorándose al pensar que con el trabajo y esfuerzo de su marido pudieran hacer otros negocios.

En él nunca fue prioritario los temas económicos. Su obra magna fue la Textura del sistema nervioso del hombre y de los vertebrados, quizá el libro más importante de la historia de las Neurociencias. Tenía 1.800 páginas de texto y 887 grabados originales, que reunían los resultados más importantes de quince años de investigación. Cajal puso un precio muy moderado a los libros para facilitar su difusión. Al liquidar la primera edición, una vez vendidos todos los ejemplares, Cajal había perdido más de 3.000 pesetas.

Su propia vivienda también era austera y según Germán Somolinos Ramón y Cajal pagaba 80 pesetas al mes de alquiler por el piso que tenía en la calle Atocha. En el cambio de siglo su economía fue mejorando gracias también a los premios que empezó a cosechar:

  • El 18 de abril de 1896 recibe el Premio Fauvelle, otorgado por lo Societé de Biologie de París, dotado con 1.500 francos franceses.
  • En 1897 es galardonado con el Premio Rubio por la publicación de la obra Elementos de Histología, con una dotación de 1.000 pesetas.
  • En agosto de 1900 el XIII Congreso Internacional de Medicina, celebrado en París, le concede el premio Moscú, un importante reconocimiento concedido al trabajo médico o biológico más importante, publicado en el tiempo transcurrido desde la celebración del anterior congreso (tres años). Los 6.000 francos del premio Moscú los invertirá precisamente en publicar su Textura del sistema nervioso.
  • El 25 de enero de 1903 le es concedido el Premio de Martínez y Molina, dotado con 4.000 pesetas por su trabajo Sobre los centros cerebrales sensoriales en el hombre y animales, 10escrito en colaboración con su hermano Pedro.
  • En invierno de 1905 el Ministerio de Estado le traslada una comunicación oficial de la Embajada alemana en Madrid. En ella le informan de que la Academia Imperial de Ciencias de Berlín, una de las instituciones científicas más prestigiosas del mundo, le adjudicaba la Medalla de Helmholtz. En realidad eran dos medallas, una de oro de 800 gramos de peso y una copia en cobre de la anterior. No tenía dotación económica.
  • El 25 de octubre de 1906 el Real Instituto Carolino de Estocolmo le otorga el Premio Nobel de Fisiología y Medicina, junto a Camillo Golgi. Cajal cuenta así sus sentimientos al comunicarle la concesión del premio científico más importante del mundo:

Aparte la honra inestimable que se me dispensaba, el citado premio tenía expresión económica nada despreciable. Al cambio de entonces, equivalía en especies sonantes a unos 23.000 duros. La otra mitad fue muy justamente adjudicada al ilustre profesor de Pavía Camilo Golgi, creador del método con el cual di yo cima a mis descubrimientos más resonantes.

Si la Medalla de Helmholtz, galardón puramente honorífico, causome halagüeña impresión, el Premio Nobel, tan universalmente conocido como generalmente codiciado, prodújome un sentimiento de contrariedad y casi de pavor. Tentado estuve de rechazar el premio por inmerecido, antirreglamentario y, sobre todo, por peligrosísimo para mi salud física y mental. Interpretando a la letra el reglamento de la Institución Nobel, list_640px-redparecía imposible otorgarlo por la sección de Medicina y Fisiología a los histólogos, embriólogos y naturalistas. Por eso hasta entonces, habíase solamente adjudicado a bacteriólogos, patólogos y fisiólogos.

¿Cómo tomarán —me decía— mis contradictores extranjeros los dones de mi buena estrella? ¿ Qué dirán de mí todos esos sabios cuyos errores tuve la desgracia de poner en evidencia?… En fin, y volviendo los ojos a nuestra querida España, ¿qué haría yo para consolar a ciertos profesores —algunos paisanos míos—, para quienes fui siempre una medianía pretenciosa, cuando no un mentecato trabajador? Porque —¡doloroso es reconocerlo!— los mayores enemigos de los españoles son los españoles mismos.

Algunos autores indican que Cajal invirtió el importe del premio en comprarse una casa en la calle Alfonso XII, cerca del edificio de su nuevo laboratorio instalando un laboratorio en el sótano mientras que otros dicen que cuando recibió el dinero, una fortuna en su época, Cajal legó su importe íntegro para dotar becas a los estudiantes más brillantes y capaces de la Facultad de Medicina, pues él sabía por su propia experiencia, lo complicado que era para las clases populares dar carrera a sus hijos.

La misma generosidad tuvo en las últimas décadas de su vida. Cuando dimitió como director del Instituto Nacional de Higiene renunció también a sus derechos pasivos. Cuando se le plantearon sus honorarios como director del nuevo Laboratorio de Investigaciones Biológicas, convenció a su interlocutor, el conde de Romanones, para que el sueldo estipulado por el Gobierno, de 10.000 pesetas anuales, fuese rebajado a 6.000. Aquella conversación habría que haber podido grabarla. Romanones, uno de los principales latifundistas de España, con más de 15.000 hectáreas de tierra, accionista de las minas del Rif y uno de los pesos pesados políticos y económicos de su época, accedió a la insólita petición del humilde profesor de recibir un sueldo más modesto. Esas 6.000 pesetas fueron su salario hasta el final de su vida. Otros puestos que desempeñó como los de senador o presidente de la Junta de Ampliación de Estudios fueron sin ningún tipo de compensación económica.

En El mundo visto a los ochenta años escribe el comentario de sus colegas en relación con esa dirección del Laboratorio de Investigaciones Biológicas:

–       ¿Por qué no pide usted al Gobierno un aumento de sueldo, siquiera equiparado al de otros directores de laboratorio?

–       Por razones de carácter general, pero sobre todo porque no ansío nadar en la opulencia y porque sin querer columbro siempre, a través de cada moneda recibida, la faz curtida y sudorosa del campesino, quien, en definitiva, sufraga nuestros lujos académicos y científicos.

El ABC publicó en 1930 un artículo comparativo de lo que ganaban algunas de las celebridades de España: toreros, cantantes, políticos, artistas, futbolistas y un científico, Ramón y Cajal. Su sueldo eran esas 6.000 pesetas anuales. El cálculo que hacía el periódico monárquico es que el sabio venía a ganar a la hora 12 pesetas con 22 céntimos. El periódico hacía diversas trampas como solo considerar horas de trabajo del torero, Cagancho, las de las corridas y de Félix Quesada , el futbolista, las de los partidos. Dámaso_Berenguer,_de_Christian_FranzenPero lo más insultante es el esfuerzo para demostrar que el Presidente del Consejo de Ministros, el general Berenguer -el responsable de la dictablanda que gobernaba el país- cobraba aun menos que Cajal.  Este es el texto que incluye el periódico monárquico:

El general Berenguer. Sueldo de ministro, 45.000 pesetas (Las 25.000 de gastos de representación tienen su cometido y no pueden computarse. Se gastan de sobra.) El presidente del Consejo empieza a trabajar a las nueve de la mañana y deja la labor a las dos de la madrugada. Descontando tres horas intermedias para las comidas, quedan catorce horas de trabajo diario, incluidos domingos y días festivos. Cinco mil ciento diez horas al año, a nueve pesetas la hora, aproximadamente.

¡Qué afortunados los españoles con presidentes del Consejo de ministros que trabajaban catorce horas al día, los 365 días del año!

Santiago Ramón y CajalEl primero de mayo de 1922, al alcanzar la edad reglamentaria de 70 años, Cajal se jubiló como catedrático. Un año antes, el diputado por Canarias Julián van Baumberghen y Bardají había presentado en el congreso una proposición planteando que se le concediera una pensión vitalicia de veinticinco mil pesetas anuales. Sin embargo, uno de los ministros se opuso argumentando que  ello sería «sentar un precedente funesto» y el debate parlamentario terminó con la victoria esperable del gobierno y la denegación de la pensión. El episodio deslució en parte el homenaje a Cajal, tuvo una extraordinaria repercusión en prensa y lo terminó el propio Cajal con una carta al director del periódico El Sol con el expresivo título de Por encima de la abeja está el enjambre. En el artículo, Cajal rechazaba cualquier tipo de privilegio económico y cedía al Laboratorio de Investigaciones Biológicas cualquier dinero procedente de homenajes. billete-50-pesetas-1935-ramon-y-cajal-mbcCuriosamente, Cajal, que tuvo tanto desapego al dinero, se convirtió en la efigie de los billetes de 50 pesetas emitidos en 1935, un año después de su muerte durante la República. No creo que le hubiera hecho ninguna gracia

En su testamento, otorgado en 1897 ante el notario de D. Tomás del Hoy G. del Olmo legaba dinero a la Facultad de Medicina de Zaragoza, a la de Madrid, a la de Valencia y a la de Barcelona y también a la Real Academia de Medicina de Madrid y a la Real Academia de Ciencias (sección Ciencias Naturales). Los dineros legados a las academias iban destinados a premiar trabajos de investigación y los destinados a las facultades a premiar a los mejores alumnos que destacaran en el anfiteatro anatómico o en el laboratorio, y en igualdad de condiciones de méritos académicos a los de “más modesta condición económica”. Y luego alguno se asombrará de que me guste tanto Cajal.

 

Para leer más:

  • Durán Muñoz G, Alonso Burón F (1983) Cajal. Escritos inéditos. Ed. Científico Médica, Barcelona. 
  • Fernández Santarén J, P García Barreno, JM Sánchez Ron (2006) Santiago Ramón y Cajal. Un siglo después del premio Nobel. Fundación Marcelino Botín, Santander. http://www.pedrogarciabarreno.es/3.%20Libros/Ramon%20y%20Cajal.pdf
  • Laín Entralgo P, Albarracín A (1978) Santiago Ramón y Cajal. Ed. Labor, Barcelona.
  • López Piñero JM (2000) Santiago Ramón y Cajal. Ed. Debate, Madrid.
  • Somolinos D’Ardoise G (1999) Cajal y el arte de escribir. En: Vivencias de Don Santiago Ramón y Cajal (compilador: M Peláez Cebrián) Sociedad Médica Hispano Mexicana, México.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

6 comentarios en “Cajal y el dinero”

  1. buenos días. Le he escuchado esta noche en radio nacional y me pareció oir algo de Ramón y Cajal, como que era escéptico. He entrado en su magnífica web, donde resume su vida y altruismo perfectamente. Pero nada de su ‘escepticismo’. Sabría vd. decirme si se refería al aspecto religioso? Francamente, sería interesante conocer la postura de un hombre inteligente y cabal ante el fenómeno religioso.
    Gracias y enhorabuena!
    A.L.G.

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    1. Con escéptico me refería a su posición crítica sobre las pseudociencias. https://jralonso.es/2014/08/04/cajal-esceptico/
      Prepararé en el futuro otra columna sobre su posición ante la religión. No es fácil porque es algo que, como en muchas personas evolucionó a lo largo de su vida, en momentos habla de un Ser superior o de Dios directamente y en su testamento pide un entierro civil en una fosa común. Un saludo muy cordial

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  2. Estimado profesor:

    Un gran artículo, sólo extraño una cuestión. D. Santiago aparte de dar clases, se ganaba también la vida vendiendo preparados fotográficos hechos por él, ya que tenían una calidad superior a la de los papeles fotográficos comerciales de la época. Actividad que aparcó para prepararse la cátedra (me suena que fue para la de Valencia, no para la de Granada que fue la primera a la que acudió).

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