ramoncajal_02-redCajal se acerca al estudio de los fenómenos paranormales en un totum revolutum junto con el hipnotismo, los fenómenos de sugestión y claros problemas mentales como las manías o la histeria. En principio considera una obligación del científico explorar las fronteras del conocimiento y dedica tiempo, esfuerzo y dinero al estudio de los sucesos parapsicológicos trabajando sin dudarlo con las personas que dicen tener capacidades sobrenaturales, que afirman estar en contacto con el mundo de los espíritus, los médiums.

Don Santiago busca siempre hacer ciencia de primer nivel y al mismo tiempo quiere mejorar el nivel científico de España y colocar a nuestro país entre los países avanzados. Así, empieza su incursión en las pseudociencias considerando la parapsicología y el espiritismo un ámbito en el que han participado investigadores con renombre internacional y que han alcanzado por ese camino renombre y fama:

Como sabios famosos acostumbrados a las observaciones exactas exploran los límites de la ciencia y nr4-spiritismobtienen una inmensa resonancia

Un ejemplo son los esposos Curie, que participan con gran interés en las sesiones de la famosa médium Eusapia Palladino. Los Curie consideraban estas sesiones como «experimentos científicos» y tomaban notas detalladas. Según la historiadora Anna Hurwic pensaban que sería posible descubrir en el espiritualismo la fuente de una energía desconocida que explicase el secreto de la radioactividad.

Sin embargo, Cajal muestra ya una cierta cautela indicando que estas investigaciones, llevadas a cabo por científicos con buena reputación dan un barniz de respetabilidad a fenómenos que hasta entonces han estado restringidos a los espectáculos de entretenimiento:

Merced a ellas, recibieron al fin carta de naturaleza en la ciencia muchos de los estupendos milagros narrados por Mesmer y exhibidos aparatosamente por los magnetizadores de teatro.

Cajal muestra de entrada cierta ambivalencia sobre estos fenómenos y combina aspectos antitéticos como en la frase «una ciencia nueva, heredera directa de la hechicería medieval, había aparecido» al mismo tiempo que muestra cierto asombro de cómo las creencias en lo sobrenatural se mantienen cientos de años después de que la ciencia haya establecido una serie de pautas para analizar la realidad y explicarla:

Preciso es convenir que a despecho de tres siglos de ciencia positiva, la afición a lo maravilloso posee todavía honda raigambre en el espíritu humano. Somos aún demasiado supersticiosos. Miles de años de fe ciega en lo sobrenatural, parece haber creado en el cerebro algo así como un ganglio religioso. Desaparecido casi enteramente en algunas personas, o caído en atrofia en otras, persiste pujante en las más.

mesmerism-actionAl mismo tiempo, Cajal, que es uno de los protagonistas de esa época magnífica que es para la Ciencia el tránsito entre los siglos XIX y XX, se plantea cómo es posible que se viva al mismo tiempo un rebrote de las pseudociencias: «¿quién no ha … sentido rebrotar lozana la creencia en genios, duendes y aparecidos?», algo que podríamos decir también en estos comienzos del siglo XXI, de los antivacunas a los homeópatas, de las pulseras magnéticas a los videntes. Cajal rechaza que sea algo metafísico y lo ve mas como un síntoma de desequilibrio mental: «…no se trata de manifestaciones sobrenaturales, sino de sorprendentes y harto descuidadas actividades o, si se quiere, anomalías del dinamismo cerebral».

Los años en que presta más atención a la parapsicología son los que pasa en Valencia donde cuenta en sus memorias que por su casa desfilan una serie de «acreditados médiums espiritistas». Una de estas médiums, enviada por su hermano Pedro, se alojaba en la casa familiar para terror de sus hijos. Esta mujer zaragozana transmitía según ella mensajes de alemanes famosos y afirmaba estar inspirada por el arcángel san Gabriel y contestar las preguntas a través del espíritu de su hermana monja, fallecida tiempo atrás y cuyo espíritu participaba en algunas de las sesiones. valenciaCajal no tardó mucho en descubrir que la fantasmal figura no era otra que la propia médium que se disfrazaba y deformaba su rostro con trozos de goma que se metía en las fosas nasales y en la boca.

Ramón y Cajal investigó bastante tiempo sobre estos temas pero mientras que en otros ámbitos como el hipnotismo consiguió resultados, en el caso del espiritismo y lo que ahora llamamos Parapsicología, los resultados fueron nulos:

Durante aquellas épicas pesquisas sobre la psicología morbosa, solo se me resistieron tenazmente esos fenómenos extraordinarios, confinantes con el espiritismo, a saber: la visión a través de objetos opacos, la transposición sensorial, la sugestión mental, la telepatía, etcétera

ochorowicz_425x245Cajal enumera algunos de los nombres que han «afirmado muy formalmente esos estupendos milagros» demostrando un conocimiento singular sobre lo publicado sobre estos temas y sus principales especialistas: Ochorowicz, Lombroso, Rochas, Zöllner, Richet, Gibier, Flammarión, Myers, etc. y  finalmente en sus memorias establece un juicio sobre el porqué no observó estos fenómenos paranormales:

¿Fracasaron quizá por imposibles? Tal creo hoy. Los secuaces de Allan Kardek y los partidarios de la fuerza cerebral radiante dirán acaso que no tuve suerte. Sin embargo, puse en mis observaciones la mejor voluntad y no escatimé gasto ni diligencia para procurarme los sujetos dotados de virtudes más transcendentales. Pero bastaba con que yo asistiese a una sesión de adivinación, sugestión mental, doble vista, comunicación con los espíritus, posesión demoníaca, etc., para que , a la luz de la más sencilla crítica, se disiparan cual humo todas las propiedades maravillosas de los médiums o de las histéricas zahoríes.

Cajal hace gala de escepticismo también cuando critica con respeto cómo han sido engañados reputados científicos:

Tenemos por sospechosos los fenómenos sobrenaturales relatados por W. Crookes, Zöllner, Flammarión, Lombroso, W. James, Lucian, etc., engañados por Eusepia Paladino y otros médiums no menos ladinos. Eusapia-Palladino-levitation-mandolinEstas caídas de mentalidades, que en los dominios de la ciencia demostraron poseer facultades críticas de primer orden, enseñan cuán peligroso es abordar el estudio de los fenómenos medianímicos —tan propicios al fraude y la superchería— con el prejuicio de la comunicabilidad de los muertos con los vivos. Siempre que semejante estado de creencia falta, las artimañas ingeniosas de los médiums son sorprendidas hasta por los observadores menos sagaces.

En sus Charlas de Café comentaba que «el espiritismo está por todas partes» y se lo tomaba también con cierto humor. Comentaba que en una sesión del claustro de la facultad de Medicina de Madrid, uno de los asistentes, el Dr. Gómez Ocaña, indicó que había asistido a varias sesiones de espiritismo y que a través de una médium, por cierto muy guapa, se le habían aparecido varias personas de su familia, por lo cual -y me refiero al contacto con los difuntos y no a la belleza de la médium- estuvo yendo a aquellas sesiones durante bastante tiempo. Cajal comentó a los claustrales con retranca aragonesa: «Lo malo es que a los médicos no nos conviene creer en  las apariciones: figúrense la que se armaría si se nos apareciesen todos los antiguos clientes».

Una prueba del interés que tuvo a lo largo de su vida por el espiritismo y el ocultismo es que tuvo un manuscrito muy avanzado sobre estos temas –manuscrito que se perdió durante la Guerra Civil— y que en su biblioteca consta la presencia de numerosos libros al respecto, una bibliografía necesaria para saber lo que se había dicho por otros autores y para planear sus propios experimentos. Esta biblioteca era para él, como para todos los que amamos los libros, fuente de gozo y de paz:  «Confieso —decía don Santiago— que mi botica espiritual son los diez mil volúmenes de mi biblioteca. Allí encuentro antídotos contra la desesperanza, el dolor, la tristeza y el tedio».

En las Charlas de Café, su último libro publicado, Cajal declara con contundencia y humor su posición:

Yo confieso, un poco avergonzado, mi irreductible escepticismo. 425Y me fundo, aparte ciertas razones serias (comprobación de las supercherías de los médiums e imposibilidad de demostrar la identidad de los aparecidos), en los siguientes frívolos motivos: en ninguna de las invocaciones de ultratumba publicadas en libros y revistas espiritistas he encontrado una suegra duende turbando la felicidad de su yerno, ni un espectro de poeta chirle infernando, con bromas pesadas, la vida de sus críticos.

Este interés de Ramón y Cajal por el espiritismo y la metempsicosis —el traslado de algunos componentes psíquicos de un cuerpo a otro después de la muerte— es utilizado torticeramente por los profesionales de estas supercherías. Lo más común es hablar del estudio de Cajal de estos temas y sus tratos con médiums sin aclarar la conclusión a la que llegó: que no existía nada detrás más que superchería, fraude y codicia. Uno de los ejemplos de los personajillos que mezclan a Cajal con las teorías de los magufos es Iker Jiménez. En su blog dice textualmente sobre el interés de Don Santiago: «interesante trabajo sobre hipnotismo, espiritismo y metapsíquica, esto último era como se conocía entonces a lo que hoy conocemos por parapsicología, a la que eran aficionados tanto él como su hermano Ramón».

8hqi4lHablar de Cajal y su hermano Ramón está al nivel de las bromas de los estudiantes de primaria, lo único que ellos saben que es una broma. Santiago Ramón y Cajal tuvo un hermano, Pedro y dos hermanas, Jorja y Pabla, pero parece que Iker Jiménez ha descubierto un nuevo hermano, misterioso, desconocido, enigmático… al que podríamos denominar Ramón Ramón o Ramón al cuadrado. Con esa ausencia de seriedad, mala calidad en su documentación y falta de respeto a la verdad se construye la labor de este periodista mediático, que explota la credulidad de la gente y degrada su profesión.  Cajal lo dice muy bien cuando comenta las sesiones con médiums: «Lo admirable en aquellas sesiones no eran los sujetos, sino la increíble ingenuidad de los asistentes». Algo perfectamente aplicable a Cuarto Milenio.

 

Para leer más:

  • Doval G (2011) Fraudes, engaños y timos de la historia. Ed. Nowtilus, Madrid.
  • Gámez LA (2006) Cajal y el espiritismo. http://magonia.com/2006/03/08/cajal-y-espiritismo/
  • Ramón y Cajal S (1966) Charlas de café: pensamientos, anécdotas y confidencias. Espasa Calpe, Madrid.
  • Ramón y Cajal S (1981) Recuerdos de mi vida: Historia de mi labor científica. Alianza Universidad, Madrid.
  • Ramón y Cajal S (2007) Mi infancia y juventud. El mundo visto a los ochenta años. Ed. Prames, Zaragoza.
  • Ramón y Cajal Junquera S (2002) D. Santiago, mi abuelo. Rev Esp Patol 35(4): 463-464. http://www.patologia.es/volumen35/vol35-num4/35-4n14.htm
  • http://www.ikerjimenez.com/reportajes/ramon_y_cajal/ (acceso el 17 de junio de 2014)