mano_cerradaLa primera noticia que conocemos de Cajal en relación con la fotografía o, al menos con su fundamento óptico, se produce cuando siendo un niño travieso —sus caricaturas corren de mano en mano y no para de charlar con los compañeros—  es castigado a quedarse encerrado en clase en su escuela de Ayerbe. En el aula en penumbra, Cajal hace un descubrimiento sorprendente: la luz que entra por una grieta de la contraventana proyecta sobre el techo, cabeza abajo y con sus naturales colores, las personas y caballerías que pasan por el exterior. Es una cámara oscura. En sus memorias Recuerdos de mi vida. Mi infancia y juventud escribe «Ensanché el agujero y reparé que las figuras se hacían vagas y nebulosas; achiqué la brecha del ventano sirviéndome de papeles pegados con saliva y observé, lleno de satisfacción, que conforme aquélla menguaba, crecía el vigor y detalle de las figuras». Así, lo que el maestro consideraba un duro castigo se convirtió en una diversión y concepto-camara-oscuraCajal, siempre con su lápiz, cuenta «propúseme sacar partido de mi impensado descubrimiento. Y montado sobre una silla entreteníame en calcar sobre papel aquellas vivas y brillantes imágenes, que parecían consolar, como una caricia, las soledades de mi cárcel».

En torno a 1868, cuando tenía dieciséis años, Cajal queda fascinado por un descubrimiento: el revelado fotográfico. Antes había topado con daguerrotipistas ambulantes, de esos que provistos de tienda de campaña, cámara de cajón y un objetivo enorme iban por los pueblos y ferias viviendo de fotografiar a los paisanos pero en Huesca, invitado por un amigo, puede penetrar «en el augusto misterio del cuarto obscuro» situado en un improvisado laboratorio fotográfico que usa como galería las bóvedas de la derruida iglesia de Santa Teresa, cerca de la estación. Queda cautivado por el proceso: «…la revelación de la imagen latente, mediante el ácido pirogálico, causome verdadera estupefacción». labofotoEsta imagen latente es la que existe impresionada por la luz en los cristales de sal de plata y es la base del fenómeno fotográfico tanto en el negativo como en el positivo. «No me explicaba cómo pudo sospecharse que en la amarilla película del bromuro argéntico, recién impresionada en la cámara oscura, residiera el germen de maravilloso dibujo, capaz de aparecer bajo la acción de un reductor». Cajal sigue contando ese embeleso de todos los niños que han entrado por primera vez en un cuarto oscuro y han visto el proceso de revelado: «Todas estas operaciones produjéronme indecible asombro» aunque en su memoria cuenta que aquellos modestos fotógrafos estaban «limpios de toda curiosidad intelectual y …lo importante consistía en retratar mucho y cobrar más».  Casi medio siglo después escribe que aquel momento despierta en él «una pasión, apenas mitigada hoy, cumplidos los sesenta y cinco».

El romance con la fotografía continúa durante su etapa como médico militar en Cuba. En el puesto de Vista Hermosa un destacamento perdido en la manigua lejos de todo menos de los fusiles de los insurgentes cubanos, montó un pequeño laboratorio fotográfico con cajones y latas vacías. Este hechizo con la cámara se refuerza años más tarde en su convalecencia en el balneario de Panticosa y en San Juan de la Peña, donde bajo los cuidados de su hermana cura de la malaria y los problemas pulmonares contraídos en su estancia en Cuba y aumenta su interés por la fotografía como sustituto a sus frustradas ilusiones artísticas. La fotografía le ayudó en la convalecencia:

Considero que la fotografía, de la que yo era entonces ferviente aficionado, cooperó muy eficazmente a distraerme y tranquilizarme. Ella me obligaba a continuados ejercicios, y proponiéndome a diario la ejecución de temas artísticos, sazonaban la monotonía de mi retiro con el placer de la dificultad vencida y con la contemplación de los bellos cuadros de una naturaleza variada y pintoresca.

historia-04Es muy probable que con los ahorros de las soldadas acumuladas en la isla caribeña se comprara, además de un microtomo y un microscopio, una cámara mejor y allí en el balneario bajo los Pirineos «… me entregué al dibujo, a la fotografía, a la conversación y al paseo… su cultivo vino a ser como una compensación feliz, destinada a satisfacer tendencias pictóricas definitivamente defraudadas por consecuencia de mi cambio de rumbo profesional».

Cajal era un hombre muy práctico y la fotografía una afición un tanto cara. Guiado por su espíritu austero, su mentalidad emprendedora y sus conocimientos de química decide convertirse en fabricante de placas de vidrio emulsionadas. Por las noches, a la luz de la linterna roja y ayudado por su esposa Silveria Fañanás con la que había contraído matrimonio el 19 de julio de 1879, Cajal produce y vende placas fotográficas:

Más tarde, casado ya, llevé mi culto por el arte fotográfico hasta convertirme en fabricante de placas al gelatino-bromuro, y me pasaba las noches en un granero vaciando emulsiones sensibles, entre los rojos fulgores de la linterna y ante el asombro de la vecindad curiosa que me tomaba por duende o nigromántico.

Son placas ortocromáticas, es decir, sensibles tan solo a una parte del espectro lumínico. De esta manera, los rojos no impresionaban la placa y se podía trabajar con ellas bajo la luz de una lámpara roja.La emulsión pancromática -sensible a todos los colores del espectro visible- fue introducida en 1904. Cajal se dedica a esta producción artesanal por tres motivos, porque suponía una fuente de ingresos para el joven matrimonio que andaba justo con el escaso sueldo de catedrático, porque le permitía disponer a él mismo de placas instantáneas y por poder compartir su afición con fotógrafos profesionales:

Esta nueva ocupación, tan distante de mi devoción hacia la Anatomía, fue consecuencia de las insistentes demandas de los profesionales de la fotografía. Desconocíanse por aquella época en España las placas ultrarrápidas al gelatino-bromuro, fabricadas a la sazón por la casa Monckoven, y que costaban, por cierto, sumamente caras. Había yo leído en un libro moderno la fórmula de la emulsión argéntica sensible, y me propuse elaborarla para satisfacer mis aficiones a la fotografía instantánea, empresa inabordable con el engorroso proceder del colodión húmedo.

La fotografía canalizará su frustrada vena artística o, utilizando sus propias palabras, su anhelo de belleza. En ese sentido le interesaba todo:  familia, grupos humanos, monumentos, paisajes… Hacia 1870 escribe una Historia de la fotografía, inédita hasta 1983, donde define este invento como «una de las maravillas de los fenómenos de la materia, que eclipsa y deja muy atrás a las siete celebradas maravillas del mundo». Se conservan de él estereografías de Madrid y sus calles, del acueducto de Segovia, de la Venus de Milo, de su viaje a los Estados Unidos, de su mujer y sus hermanas entre las palomas de la Plaza de San Marcos de Venecia… Llega a declarar «Yo debo a la fotografía satisfacciones y consuelos inefables». Alguno podría ironizar sobre esas satisfaccionesCAJAL FOTOA principios de siglo Ramón y Cajal tenía un estudio fotográfico propio en el Paseo del Prado donde, según Durán Muñoz y Alonso Burón «le fueron posibles fáciles conquistas … que con discreción le brindaba la disculpa de fotografías artísticas o en colores».

Pero quizá lo más interesante de su producción fotográfica son sus autorretratos. Si nos fijamos en muchas de sus fotos, una de sus manos se cierra en un puño para ocultar el disparador y, en ocasiones, realiza varias tomas sobre la misma placa para ahorrar material. Aparece con traje, o con la toga y la medalla académica o con la ropa vieja que debe usar cualquiera que trabaje con sales de plata y haya visto sus manchas indelebles; solo, rodeado de su mujer y sus hijos, con sus discípulos, con su madre y sus hermanos; con aquellos objetos de los que está más orgulloso, su microscopio, ¡en alguna con tres microscopios!; en su despacho, en una mesa que parece del salón de su casa, en la cocina, en el laboratorio; en una excursión del gastronómico Gaster Club, amigos con los que compartía el gusto por el aire libre, la fotografía y los arroces; jugando al ajedrez con Olóriz, catedrático de Granada que se rasca la nuca como queriendo dejar constancia de la maestría de Cajal… Mucho de don Santiago está en sus fotografías. Él mismo lo dice cuando comenta:  «Sabido es que el hombre mezcla a todo su personalidad y cuando cree fotografiar el mundo exterior, a menudo se contempla y retrata a sí mismo…»

Cajal expande las posibilidades de la fotografía a otros ámbitos. Así, con motivo de la conmemoración de la concesión  del ferrocarril de Zaragoza a Canfranc, Cajal reproduce fotolitográficamente algunos dibujos hechos a pluma por diversos artistas. Cajal comenta «Fue, según creo, la primera aplicación de la fotografía al grabado efectuada en España». También, aprovechando su formación investigadora, Cajal experimentará y trabajará con diferentes técnicas, desde el primitivo daguerrotipo en cobre, pasando por el colodión húmedo hasta llegar al gelatino-bromuro. Esta nueva técnica que trabaja sobre placas secas permite realizar tomas con exposiciones inferiores a un segundo, que permitirán, por fin, hacer retratos sin tener que posar, captar con nitidez seres que se mueven, capturar la espontaneidad y naturalidad de un momento, las famosas «instantáneas».

placas

Gracias a tan bello invento [se refiere al gelatino-bromuro] los minutos se convirtieron en fracciones de segundo. Y fue posible abordar la instantánea del movimiento, fijar para siempre la veleidad incopiable del oleaje, reproducir la fisonomía humana en sus gestos más bellos y expresivos sorprenderla, en fin, durante los cortos instante en que, libre del filo de la infatuación o de la pose, la verdadera personalidad del modelo asoma por ojos y labios.

En el legado Cajal, que se conserva en el Instituto Cajal de Madrid, se conservan 912 placas fotográficas de cristal que utilizan técnicas muy diversas: colodión húmedo, gelatina, autocrómico de los hermanos Lumière, síntesis tricrómica de Charles Cros y Ducos de Hauron, interferencial de Lippman y Dufaycolor. Las placas diapositivas tricrómicas eran el resultado de superponer placas monocromas transparentes con colores complementarios de las pantallas cromáticas empleadas para el análisis: naranja, violado y verde.

Cajal tenía, además, una gran habilidad técnica y era siempre austero y así irá fabricando sus propias placas fotográficas y será un pionero del primer microfilm, en 1880, al reducir un autorretrato al tamaño de una cabeza de alfiler. Sus experimentos con la fotografía los afronta de manera similar al trabajo de laboratorio. Lleva un cuaderno donde anota sus ideas, las sugerencias para mejorar las técnicas, los resultados obtenidos. Es un avanzado a su tiempo y antes de que nadie se ponga a hablar de granularidad y granulación, de sensibilidad y definición, él ya ha llegado de una forma empírica a la mejora de estos aspectos técnicos. Cajal aconseja que «durante la fabricación de placas, la disolución de plata en los solución de gelatina, no debe hacerse por encima de 40 ºC …porque corremos el riesgo de obtener emulsiones de grano demasiado grueso y por tanto, poco apropiadas a la reproducción del color». Se ocupa también de la aplicación de las técnicas de color a las películas y, a pesar de ser un gran crítico de algunos inventos modernos como el avión o el automóvil, en el año 1925 escribe una larga carta al director del diario La Libertad sobre un avance interesantísimo, El cinematógrafo en color.

Cajal, buen conocedor de la estructura del sistema visual, compara los avances fotográficos con lo logrado por la Naturaleza, “incansable inventora“:

…en el curso del siglo XIX se descubrió por los sabios consagrados a la fotografía científica el ortocratismo (Vogel), o sea, el arte de prestar a la placa fotográfica, obstinada en impresiones solamente por el blanco, el azul y el violeta, sensibilidad exquisita hacia los colores de ondas gruesas (rojo, verde y naranja). Consiguióse también descartar el halo o reflexión parásita de la luz. Pues bien: la Naturaleza, incansable inventora, había organizado ya, desde las más remotas épocas geológicas, una superficie sensible a todos los colores y hasta moderadora los excesivamente activos (violeta y azul), gracias a la mancha amarilla del fondo retiniano y al forro de pigmento aislador de conos y bastoncitos. 

fotografia-redFruto de todo este interés y de sus experimentos fotográficos Cajal publica en 1912 un libro titulado Fotografía de los colores. Bases científicas y reglas prácticas, una obra importante en la historia de la fotografía en España y cuya impresión costearon los médicos españoles residentes en la Argentina. En la introducción a este libro, Cajal cuenta como su propia vida ha seguido la vida de la fotografía

En mi larga carrera de cultivador de la placa sensible, he sorprendido todas sus fases evolutivas. De niño, me entusiasmó la placa daguerriana, cuyos curioso espejismos y delicados detalles me llenaron de ingenua admiración. Durante mi adolescencia aspiré con delicia el aroma del colodión, proceder fotográfico que tiene los irresistibles atractivos de la dificultad vencida, porque obliga a fabricar por sí la capa sensible y a luchar heroicamente con la rebeldía de los baños de plata y la desesperante lentitud de la exposición. Alcancé después el espléndido período del gelatino-bromuro de Bennet y v. Monchkhoven… Ya en plena madurez, saludé regocijado la aparición del autocromatismo de Vögel y la exquisita sensibilidad de las emulsiones argénticas… Faltaba todavía alcanzar el soñado ideal, es decir, descubrir medios prácticos para fotografiar los colores… Hétenos ya, gracias al maravilloso de invento de Lumière, emancipados de la intolerable esclavitud del blanco y negro.

En los Recuerdos de mi vida. Mi labor científica dice que escribió este libro por dos motivos, el primero «… contribuir con mi modesta iniciativa a divulgar entre los aficionados a la heliocromía los principios físicos fundamentales de esta maravillosa aplicación de la ciencia». El segundo es sentimental y se debe a que su hijo Santiago enfermó seriamente del corazón  «y para estimular iniciativas editoriales escribí los primeros capítulos del libro».Cajal13

Según va avanzando en su carrera científica, la fotografía y la Neurobiología se van imbricando. Habla del papel intacto de positivar fotografías y el cerebro en blanco del niño que va impresionando imagen tras imagen con el paso del tiempo. Cuenta en las memorias de su infancia que «una pared lisa y blanca ejercía sobre mí (cuando todavía contaba 8 o 9 años) irresistible fascinación». Por otro lado, usa en el laboratorio técnicas de plata, con las que hace la parte fundamental de su investigación. Cajal, que valora lo que una nueva técnica abre para estudiar lo desconocido aprende los métodos de tinción que le enseña Simarro en uno de los cuáles el paso nº 4 dice «Exposición de los cortes [histológicos] a la luz como si fueran papeles fotográficos». Aún en la actualidad se utiliza fijador fotográfico para estabilizar alguna de estas preparaciones argénticas del sistema nervioso.

Cajal y es otra de las constantes de su vida, no se conforma con seguir una receta sino que mejora los protocolos. Analizó las placas fotográficas con un microscopio lo que le permitió entender las imágenes obtenidas con las placas impresionadas por el método interferencial de Lippmann. Su análisis, probablemente nunca realizado con anterioridad, permitió resolver algún problema muy discutido, como el modo de obtención del blanco. Gadgets-009También mejora sus preparados argénticos del encéfalo y a la vuelta de un viaje de verano a Italia decide modificar el método de Simarro y  da lugar a lo que conocemos como los métodos de plata reducida de Cajal, cuyos paralelismos con las técnicas fotográficas son innegables. Más aún, Simarro y Cajal incluyen las piezas de cerebro en celoidina, un buen medio de inclusión y corte pero la celoidina no es otra cosa que el colodión (mezcla de algodón pólvora, alcohol y éter) que es con lo que se fabrican las placas húmedas que tan bien conocía Cajal. Al igual que en la Neurociencia, los estudios de Cajal sobre la fotografía se reflejan en una importante serie de publicaciones. Entre 1901 y 1926 publica dieciséis artículos y una monografía con temas diversos tales como la aplicación científica de la fotografía, morfología de las emulsiones, reproducciones del color, etc. Algunos de estos artículos fueron traducidos al alemán y al inglés.

Cajal vive la fotografía como una prolongación de la existencia  y al mismo tiempo también la reivindica como esparcimiento, como ocio. En su libro Fotografía de los colores hay al menos dos frases en ese sentido. foto_color_redAl comienzo escribe « La fotografía común y, sobre todo, la fotografía cromática, constituyen distracción incomparable para el trabajador intelectual. En los prosaísmos y miserias de la lucha profesional o de la vida oficinesca, pone un poco de poesía y algo de emoción imprevista» y más adelante añade «es dicha grande para todos los que de vez en cuando necesitamos interrumpir con un poco de solaz el duro batallar del trabajo».

Ramón y Cajal también habla de la fotografía para dejar huella, como un elemento de perdurabilidad, de, en una palabra cargada de sentido, inmortalizar.

Privilegio de la fotografía, como del arte, es inmortalizar las fugitivas creaciones de la naturaleza. Gracia a aquélla, parecen revivir generaciones extinguidas, seres sin historia que no dejaron la menor huella de su existencia. Porque la vida pasa pero la imagen queda.

De forma especial lo liga al recuerdo de los que ya no están. Cajal ha vivido ese cambio de época en la que de la generación anterior no queda una imagen, solo los reyes y los ricos dignatarios podían permitirse pagarse un retrato y ahora un avance tecnológico que lo ha hecho posible para todas las clases medias. autoretrato-4«Solo las fotografías contemporáneas de nuestra juventud o de nuestra madurez saben hacer el milagro de resucitar a los muertos». Esta nostalgia  conecta con un lamento incluido en los Recuerdos de mi vida «No poseo por desgracia retratos de la época juvenil ni siquiera de la madurez de mis progenitores».

Cajal busca perdurar y en ese deseo de perdurar está también en su fotografías, en sus múltiples autorretratos, en las fotos de su mujer y sus hijos, en aferrar y cristalizar los momentos, los recuerdos, los viajes.

¡Qué pena se siente al pensar en la muchedumbre de seres ignotos, descendidos a la tumba, y que viven y palpitan sin embargo en nuestras viejas fotocopias! Saludemos de pasada a estos muertos transeúntes, ignorantes de que, gracias a nuestro objetivo fotográfico, alcanzaron una sombra de vida y un momento de actualidad.

Al igual que en el laboratorio y en contra de esa imagen del sabio trabajando en la penuria y con escasez de medios, Cajal contaba con un muy buen equipo de máquinas fotográficas y accesorios. Poseía una «Steinheil» estereoscópica construida en Múnich, una «Verascope», una «E. Krauss» con objetivo Zeiss y otra más moderna, una «L. Gaumont & Cía.» modelo «Stereo Spido». Algunos de esos instrumentos, cámaras, visores, etc. se conservan en el museo del Instituto Cajal.

Hay una pregunta última cuya repuesta es difícil de saber. Siendo Cajal un experto en fotografía, ¿por qué sus artículos, sus libros solo contienen, salvo algún caso excepcional -hay dos trabajos de 1918 y 1926 sobre microfotografía del sistema nervioso-, dibujos y ninguna foto? Cada dibujo detallado —un aspecto clave de la “marca Cajal”, reconocibles universalmente todavía al día de hoy— implica un trabajo ingente y además, arriesgado. cajal2A pesar del uso de la cámara clara, un aparato que permite seguir con el lápiz o el pincel los contornos de lo que estás viendo en el microscopio, siempre hay mayor riesgo de subjetividad en un dibujo que en una foto. De hecho en sus Reglas y consejos lo corrobora: “…en algunos casos podrá prestarnos importantes servicios la fotografía común y la microfotografía, suprema garantía de la objetividad de nuestras descripciones“. Por otro lado, Cajal disponía de aparatos microfotográficos y además, la calidad de sus preparaciones histológicas era excelente, no se trataba por tanto de recurrir al dibujo para ocultar las imperfecciones que una fotografía desvelaría. Entonces ¿por qué?

Hay varias respuestas posibles:

  • Una pasión artística. A Cajal le encantaba dibujar y eso es una constante en su vida. En el colegio en Ayerbe, en el Instituto de Huesca, en la facultad en Zaragoza, en Cuba, en el balneario de Panticosa, Cajal dibuja y dibuja. Muchos de sus dibujos científicos están coloreados y son de una belleza apabullante, auténticas obras de arte.
  • Un ejercicio de realismo. La preparación histológica no deja de ser un artefacto, algo hecho por el hombre, es la célula muerta, deshidratada, tratada con numerosas sustancias químicas, procedimientos que muestran unas cosas y ocultan otras, una preparación no deja de ser un «dibujo» de la célula real. Algunos dibujos, como el sorprendente núcleo rodeado de dos membranas, invisible al microscopio óptico, mejoran lo que una fotografía puede mostrar.
  • Un afán didáctico. El dibujo interpreta y la fotografía no, o lo hace en menor medida. santiago-ramon-y-cajal-estructura-y-conexiones-del-asta-de-ammon-y-la-direccion-del-impulso-nervioso-dibujo-tinta-negra-soEl dibujo permite llevar al lector a los detalles importantes. Cajal guía, «sabe ver» y enseña a ver, discrimina lo importante de lo anecdótico, muchas de sus ilustraciones están a medio camino entre el dibujo y el esquema, son representaciones morfológicas que quieren sugerir una explicación funcional.
  • Un problema técnico. La fotografía enfoca en un único plano y tiene poca profundidad de campo lo que genera un problema con las neuronas que lanzan sus extensiones por grandes distancias de un volumen amplio. Muchos de los preparados con la técnica de Golgi que usa Cajal se cortan a un grosor treinta veces superior o más al de las preparaciones histológicas habituales para poder seguir las prolongaciones. La fotografía puede hacer perder muchos detalles valiosos.
  • Un trabajo inclusivo. Cajal llega a sus conclusiones tras estudiar cientos de preparados, a menudo comparando distintas especies, distintas edades de la misma especie. Sus dibujos no son una representación gráfica de uno de esos detalles histológicos, como sería necesariamente una fotografía sino una imagen integradora, ideal, construida a partir de observar cientos de imágenes parecidas y cogiendo los mejores detalles de cada una de ellas.
  • Un motivo económico. El mismo Cajal comenta: En una imagen combinada, todas las células se copian con precisión; el único truco (ya usado por Golgi, Van Gehuchten Retzius) consiste en reunir en un solo dibujo los elementos recogidos en varias secciones de la misma región. Sin ese truco, mi libro sobre los centros neurales habría necesitado más de tres mil figuras, y eso en una época de de penuria económica en la que una docena de grabados habría arruinado el equilibrio de mi economía doméstica.

8 En el ámbito del microscopio nos perdimos al Cajal fotógrafo pero disfrutamos del Cajal artista, además del esforzado trabajador pues en cinco años, los que tardó en preparar La Histología del sistema nervioso del hombre y los vertebrados escribió 1800 páginas de texto y realizó 887 grabados originales, un ejemplo más de la tenacidad y la capacidad de trabajo de este aragonés universal. Para terminar, su reflexión sobre la fotografía realizada cuando ya había cumplido los sesenta años

La fotografía no es deporte vulgar, sino ejercicio científico y artístico de primer orden y una dichosa ampliación de nuestro sentido visual. Por ella vivimos más, porque miramos más y mejor. Gracias a ella, el registro fugitivo de nuestros recuerdos conviértese en copiosa biblioteca de imágenes, donde cada hoja representa una página de nuestra existencia y un placer estético redivivo. Y es algo más. Constituye también medicina eficacísima para las decadencias del cuerpo y las desilusiones del espíritu; seguro refugio contra los golpes de la adversidad y el egoísmo de los hombres. De mí sé decir que olvidé muchas mortificaciones gracias a un buen cliché, y que no pocas pesadumbres crónicas fueron conllevadas y casi agradecidas al dar cima a una feliz excursión fotográfica.

 

Para leer más:

  • Abadía Fenoll F, Carrato Ibáñez A (1984) Cajal una vez más. Universidad de Granada, Granada.
  • Argerich Fernández I (2004) Cajal y la fotografía. En: Santiago Ramón y Cajal (1852-2003). Ciencia y Arte. Catálogo de exposición. La Casa Encendida, Madrid.
  • Durán Muñoz G, Alonso Burón F (1969) Ramón y Cajal. I. Vida y Obra. II. Escritos inéditos. Institución Fernando el Católico. Zaragoza.
  • Hernández Latas JA (2000) Viajes fotográficos de Santiago Ramón y Cajal. De París a Estados Unidos, 1899. Catálogo de exposición. Cortes de Aragón, Zaragoza.
  • Hernández Latas JA (2001) Viajes fotográficos de Santiago Ramón y Cajal. Italia, 1903. Catálogo de exposición. Cortes de Aragón, Zaragoza.
  • Laín Entralgo P, Albarracín A (1978) Santiago Ramón y Cajal. Editorial Labor, Barcelona.
  • López Piñero JM (2000) Cajal. Ed. Debate, Madrid.
  • Marquez MB (2004) Santiago Ramón y Cajal: algo más que un fotógrafo. Ámbitos 11-12: 139-153.
  • Ramón y Cajal S (2004) La fotografía de los colores: Fundamentos científicos y reglas práctica. Nicolás Moya, Madrid 1912, 2ª ed. Ed. Clan, Madrid.
  • Ramón y Cajal S (2007) Mi infancia y juventud. El mundo visto a los ochenta años. Ed. Prames, Zaragoza.
  • Sáez Dégano JA, Argerich I, Freire M (2001) Labores de conservación y restauración del fondo fotográfico sobre vidrio del Legado Cajal. Arbor CLXIX (667-668): 599-611.  http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/viewFile/902/909
  • http://www.salesdeplata.com/cajal-y-la-fotografia/