Células madre y autismo

Las células madre son células presentes por todo nuestro cuerpo que tienen dos propiedades: pueden dividirse repetidas veces y formar muchas más células o pueden diferenciarse y convertirse en diferentes tipos de células especializadas. Es un mecanismo crucial de supervivencia que permite, por ejemplo, cerrar una herida o reemplazar la sangre que se ha perdido. En el embrión, las células madre dan lugar al cerebro, a los huesos, a los músculos, a todos los órganos del cuerpo. En el adulto tienen el potencial de reparar, restaurar, reemplazar y regenerar células, y es algo que hacen en condiciones normales para órganos sometidos a un rápido recambio como el epitelio intestinal. No es así para órganos donde el recambio celular es nulo o muy limitado como los huesos o el encéfalo.

Las terapias con células madre son una de las esperanzas de la medicina del siglo xxi, pues ofrecen la posibilidad de abordar enfermedades o afecciones para las que existen pocos tratamientos. Entre ellas están la diabetes, la enfermedad de Alzheimer, la artrosis, los infartos o algunos tipos de ceguera. En unas pocas situaciones esta promesa terapéutica es ya una realidad. Uno de los mejores ejemplos es el tratamiento de las leucemias. Una estrategia exitosa ha sido destruir el sistema hematopoyético alterado del paciente y luego reconstruirlo con células madre de un donante. Basta una célula madre para reconstruir todo el sistema hematopoyético y recuperar una vida normal.

Las células madre del embrión son totipotenciales y eso quiere decir que pueden convertirse en todos los tipos de células del cuerpo, pero las células madre de los adultos solo pueden convertirse en muchos tipos de células y entonces se les llama multipotenciales o pluripotenciales. Afortunadamente, se ha conseguido reprogramar las células madre de los individuos adultos para hacer que se conviertan en más tipos de células, lo que evita los problemas éticos asociados al uso de embriones.

Las terapias con células madre tienen como objetivo regenerar o sustituir las células afectadas por trastornos y enfermedades, reparando un tejido u órgano hasta que su funcionamiento sea mucho más parecido al de una persona sana. Las terapias con células madre pueden compensar la presencia de células con un defecto genético, pueden sustituir a células que se han perdido o pueden promover la liberación de sustancias que compensen un déficit y consigan un ambiente bioquímico en el tejido afectado más cercano a la normalidad.

Las células madre reprogramadas pueden lograrse aislando células madre del paciente o de un donante y convirtiéndolas en las células deseadas en un laboratorio antes de trasplantarlas en el paciente. En un enfoque alternativo, las células madre pueden trasplantarse sin diferenciarlas fuera del cuerpo del paciente con la esperanza de que el tejido receptor dicte su destino. Esta idea se basa en el supuesto de que cada tejido contiene moléculas de señalización específicas que indican a las células madre en qué deben convertirse.

El empleo de células madre se ha convertido en una de las propuestas para el tratamiento del autismo. El uso de células madre no está exento de riesgos: su capacidad de multiplicación puede dar lugar a tumores y una vez colocadas en el paciente es prácticamente imposible su eliminación o su control. Por eso los primeros ensayos clínicos se han hecho en órganos como el ojo donde si se genera un problema, la extensión de la progenie de las células madre está limitada y en el peor de los casos se puede extirpar el ojo antes de que las células tumorales se extiendan por todo el cuerpo. Una administración sistémica (en todo el organismo) o en órganos irreemplazables (el cerebro) hace imposible esa salvaguardia, hasta que no estemos ciertos de su seguridad o hasta que las células trasplantadas tengan algún mecanismo para su autodestrucción específica.

Lo primero que hay que decir es que al día de hoy no ha habido ensayos clínicos con las garantías suficientes que demuestren que el uso de células madre en niños y adultos con autismo es seguro y eficaz. Ha habido algunas pruebas con muy pocos casos, a veces sin controles adecuados y con resultados nulos o difíciles de creer. Sin embargo, hay clínicas en numerosos países, incluido España, que publicitan y llevan a cabo tratamientos con células madre.

Un ejemplo de estos estudios clínicos es el artículo publicado por Dawson et al. (2020) en la revista Journal of Pediatrics. El ensayo clínico de fase II fue realizado con pacientes con TEA que recibieron una trasfusión de sangre de cordón umbilical, una fuente de células madre. Este estudio prospectivo, aleatorizado, controlado con placebo y doble ciego incluyó a 180 niños con TEA, de entre 2 y 7 años, que recibieron una única infusión intravenosa de sangre del cordón autólogo (n = 56) o alogénico (n = 63) frente a otro grupo que recibió un placebo (n = 61) y todos fueron evaluados a los 6 meses después de la infusión. La conclusión fue que no se veía una mejoría de las habilidades de socialización ni una reducción de los síntomas del autismo.

Fuera del rigor y los controles de las publicaciones científicas, la situación es otra. El Autism Child Development Centre indica en su página web https://www.autismcdc.com/about-autism-child-development-centre-acdc que «Los resultados de la terapia con células madre en el autismo son notablemente positivos. El 91% de los individuos con autismo han mostrado mejoras clínicas. Se observa una disminución del comportamiento agresivo y de la hiperactividad, una mejora del contacto visual y de la capacidad de atención, y una mejora de la comunicación y de las habilidades sociales». Esta clínica, que también ofrece muchas otras terapias incluida yogaterapia y terapia con animales, está situada en Mumbai (India). Indica también en su web que han realizado 28 publicaciones en revistas médicas pero no pone la referencia de ninguna de ellas.

Si no hay datos científicos determinantes sobre la seguridad y eficacia de estos tratamientos ¿cómo es posible que se ofrezcan en muchos países incluido España? Una parte de la explicación es que la ciencia no tiene solución para el autismo, lo considera una condición de por vida, entonces las familias desesperadas se agarran a un clavo ardiendo, están dispuestas a pagar lo que tienen y lo que no tienen y hay quien detecta la oportunidad de negocio. Al principio las clínicas de células madre estuvieron en países en desarrollo, donde la legislación es muy laxa, como Panamá, Rusia o Ucrania. Posteriormente, el número de clínicas de células madre no reguladas ha ido creciendo en los países desarrollados incluyendo Estados Unidos, Alemania, Suiza, el Reino Unido y España. La mayoría de estas empresas se acogen a una laguna legal que permite el uso de células madre aisladas del propio cuerpo del paciente (el llamado trasplante autólogo) para enfermedades debilitantes que no pueden tratarse con los medicamentos existentes. En cambio, todas las demás terapias con células madre deben someterse a evaluaciones exhaustivas de calidad, seguridad y eficacia, como cualquier tratamiento médico.

La FDA, la agencia reguladora de alimentos y medicamentos de EEUU, hizo una declaración (fechada en su web como marzo de 2019) en la que indicaba que «a la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos le preocupa que algunos pacientes que buscan curas y remedios sean vulnerables a tratamientos con células madre que son ilegales y potencialmente dañinos». La FDA está aumentando su supervisión para proteger a las personas de las clínicas de células madre deshonestas y sin escrúpulos, al tiempo que sigue fomentando la investigación para que la industria médica pueda aprovechar adecuadamente el potencial de los productos con células madre. En Europa necesitamos también una regulación que evite estos despropósitos y exija ensayos clínicos previos a la autorización de uso de células madre, aunque sean del propio organismo.

Un ejemplo puede ayudarnos a una idea de la situación. En 2017 la clínica Nutech Mediworld de Nueva Delhi (Indica) anunció que había usado células madre para tratar a 14 personas con síndrome de Down. El anuncio causó una enorme alarma pues ni los expertos en síndrome de Down ni los expertos en células madre veían cómo estas células podían tratar un trastorno genético causado por tener un cromosoma extra.

Dr. John Rasko

John Rasko, de la Sociedad Internacional para Terapia celular, declaró «El uso de estas células no tiene sentido biológico y puede poner a los bebés en un riesgo considerable de efectos secundarios». La situación en el caso del autismo no es muy diferente, el autismo tiene un claro componente genético y no hay ningún resultado riguroso que muestre que eso se puede revertir o paliar mediante el uso de células madre.

Es importante sacar también el tema de las patentes. Una patente propiedad de Geeta Shroof, directora médica de la clínica de Nueva Delhi, de 2007, protege comercialmente la idea de que las células madre pueden ser útiles para más de 70 condiciones diferentes, de síndrome de Down a la enfermedad de Alzheimer, pasando por incluso estados vegetativos.

Dra. Geeta Schroof

Shroof ha publicado artículos sobre el uso de células madre en el tratamiento de la esclerosis múltiple, la parálisis cerebral, el daño por lesión medular o la diabetes, pero las mismas revistas que han aceptado esos artículos han alertado sobre problemas éticos en estas publicaciones. Una publicación vale tanto como valen sus resultados y la labor de revisión que se haya hecho sobre ellos. Hay revistas malas que publican lo que sea y hay revistas regulares que pueden estar interesadas en publicar resultados provisionales o discutibles como forma de llamar la atención y conseguir nuevas audiencias, aumentando sus citas y difundiendo el nombre de la revista. Finalmente, hay revistas buenas a las que se les puede «colar» un artículo malo. La publicación en revistas especializadas con revisión por pares es uno de los sistemas garantes de la calidad de la ciencia, pero eso no quiere decir que sea infalible.

Schroff publicó un caso de un niño con síndrome de Down. Según esa publicación el niño recibió células madre procedentes de un embrión donado que fueron inyectadas en la sangre, en los músculos de la espalda, bajo la piel y aplicadas en un espray nasal. Según ella el niño desarrolló una mejor comprensión, un mejor tono muscular de las extremidades y mejoró la capacidad de reconocer a sus familiares. Elisabeth Fisher, del University College de Londres le contestó que «No hay comparación con individuos similares con síndrome de Down, y no hay indicación de que esta terapia haya tenido ningún efecto en absoluto, por lo que la autora no tiene ninguna base para decir que las inyecciones fueron beneficiosas». Indicaba por otro lado que «la autora parece no tener idea de dónde están yendo las células ni de qué están haciendo». Pone los pelos de punta.

Nutech Mediworld, la clínica de la India, no es la única que ofrece tratamientos con células madre. Un análisis dirigido por Rasko en 2016 identificó 417 sitios web que ofertaban tratamientos con células madre directamente a los pacientes. De ellos, 187 estaban vinculados a 215 clínicas de Estados Unidos. A la hora de vender charlatanerías y tratamientos sin evidencias, Estados Unidos, el país con la mejor ciencia del mundo, suele también estar en el primer lugar.

 

Para leer más:

  • Coghlan A (2017) Clinic claims it has used stem cells to treat Down’s syndrome. New Scientist 8
  • Dawson G, Sun JM, Baker J, Carpenter K, Compton S, Deaver M, Franz L, Heilbron N, Herold B, Horrigan J, Howard J, Kosinski A, Major S, Murias M, Page K, Prasad VK, Sabatos-DeVito M, Sanfilippo F, Sikich L, Simmons R, Song A, Vermeer S, Waters-Pick B, Troy J, Kurtzberg J (2020) A Phase II Randomized Clinical Trial of the Safety and Efficacy of Intravenous Umbilical Cord Blood Infusion for Treatment of Children with Autism Spectrum Disorder. J Pediatr 222: 164-173.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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