Hospitalización psiquiátrica en mujeres autistas

A los 25 años, más del 22% de las mujeres autistas han sido hospitalizadas por una afección psiquiátrica, un porcentaje cinco veces mayor que el de las mujeres sin autismo y casi el doble que el de los hombres autistas.

Miriam Martini

Miriam Martini, estudiante de posgrado en epidemiología médica y bioestadística que trabaja en el grupo de Mark Taylor en el Karolinska Institutet de Solna (Suecia), presentó los resultados el 13 de mayo en la reunión anual de la International Society for Autism Research (INSAR 2022) en una ponencia titulada «Sex differences in mental health and psychiatric hospitalization in autistic young adults».

Esta comunicación refuerza un estudio previo  (Rødgaard et al., 2021), que utilizó un registro sanitario danés y analizó los datos sobre las afecciones concurrentes de unos 16.000 autistas de hasta 16 años. Los resultados aparecieron en Acta Psychiatrica Scandinavica. Este estudio encontró que la probabilidad de que una persona autista tenga otra afección (comorbilidad) está fuertemente correlacionada con la edad a la que recibió el diagnóstico de autismo. Además, las niñas autistas son más propensas que las no autistas a tener otras afecciones, en una proporción mayor que los niños autistas.

El estudio evaluó si la edad de una persona autista, la edad en que se le diagnosticó el TEA o el sexo al nacer cambiaban su probabilidad de padecer afecciones comunes concurrentes. El estudio se basó en los datos de 16.216 personas con autismo y más de 654.977 personas sin autismo del Registro Nacional Danés de Pacientes, una gran base de datos que registra la fecha de nacimiento y el sexo de las personas en el sistema hospitalario danés y todos los diagnósticos que reciben. A continuación, se calcularon las incidencias acumuladas hasta los 16 años de 11 afecciones comórbidas (psicosis, trastornos afectivos, trastornos de ansiedad, trastornos de conducta, trastornos alimentarios, trastorno obsesivo-compulsivo, trastorno por déficit de atención e hiperactividad, epilepsia, trastornos por tics, trastornos del sueño y discapacidad intelectual). Los individuos se estratificaron además en función de la edad del primer diagnóstico de autismo y se compararon los diagnósticos comórbidos hasta los 16 años.

La mayoría de las comorbilidades se asociaron significativamente con el año de nacimiento y el sexo. Las ratios de probabilidades entre mujeres y hombres para 8 de las 11 condiciones comórbidas fueron hasta un 67% más altos que los correspondientes cocientes de probabilidades en la población sin autismo, incluyendo condiciones que son generalmente más comunes en los hombres que en las mujeres, así como condiciones que son más comunes en las mujeres. Todas las tasas de comorbilidad se asociaron significativamente con la edad en el momento del primer diagnóstico de autismo, que fue un factor de predicción más fuerte que el sexo y el año de nacimiento para 8 afecciones.

Las principales conclusiones son que las tasas de comorbilidad para las mujeres superan lo que se esperaría basándose en la proporción de sexos entre los individuos no autistas, lo que indica que la asociación entre el autismo y la comorbilidad es más fuerte en las mujeres. Las tasas de comorbilidad también dependen en gran medida de la edad del primer diagnóstico de autismo, lo que puede contribuir a la heterogeneidad del autismo en la investigación y la práctica clínica. Un autismo más grave se va a notar más y va a llevar normalmente a un diagnóstico más temprano.

Entre las personas diagnosticadas tardíamente, entre los 11 y los 15 años, el 26% de las chicas y el 13% de los chicos fueron diagnosticados también con un trastorno afectivo, según el estudio. En cuanto a la discapacidad intelectual, se produjo una tendencia opuesta: el 40% de las personas con un diagnóstico temprano de autismo tenían una discapacidad intelectual, en comparación con sólo el 10% de las personas con un diagnóstico tardío de autismo. Los hallazgos parecen sugerir que, si no se ha hecho de niños, no se diagnostica el autismo a hombres y mujeres jóvenes a menos que también tengan otra condición, aunque hay que tener precaución a la hora de interpretar los resultados.

Otra posibilidad es que tal vez la naturaleza diversa del autismo se explique en parte por la edad, de modo que los distintos «tipos» de autismo aparecen en diferentes etapas de la vida. O bien, «los síntomas de afecciones psiquiátricas, como la ansiedad o el TDAH, hacen que sea más probable que un niño sea evaluado también por autismo, lo que puede hacer que el autismo se diagnostique comúnmente durante el periodo de edad en el que sería más probable que se desarrollara una determinada afección comórbida».

Los datos también pueden reflejar la incertidumbre sobre cómo se diagnostica el autismo. Dado que el autismo y las afecciones concurrentes, como la ansiedad, se diagnostican a menudo próximas en el tiempo, puede indicar que no hay un límite claro que delimite dónde termina el autismo y dónde empiezan esas otras afecciones. Para todas las 11 condiciones concurrentes consideradas en el estudio, la edad del diagnóstico de autismo fue el principal factor de predicción para que un participante tuviera también diagnóstico para esa otra condición, pero el sexo fue otro factor importante para muchas de las condiciones.

Entre los autistas, las niñas tenían 2,2 veces más probabilidades de padecer ansiedad que los niños, según el estudio. En los no autistas, en comparación, la ansiedad es 1,4 veces mayor en las chicas que en los chicos. Mientras que los niños no autistas tienen 2,6 veces más probabilidades de padecer TDAH que las niñas no autistas, esa diferencia se redujo en la población autista: los niños autistas son sólo 1,6 veces más propensos que las niñas autistas a tener TDAH.

El nuevo estudio del grupo de Miriam Martini parece ser el primer esfuerzo nacional basado en los registros de salud para hacer lo mismo para las mujeres hasta la edad de 25 años, incluyendo así un punto de tiempo crítico en el comienzo de la edad adulta, cuando muchos trastornos de salud mental se diagnostican por primera vez. Los datos para el estudio proceden de unos 1,3 millones de personas nacidas en Suecia entre 1985 y 1997, de las cuales casi 21.000 tienen autismo y de ellas unas 7.100 son mujeres. Los investigadores combinaron múltiples bases de datos -como el Registro Médico de Nacimientos, el Registro Nacional de Pacientes y el Registro de Medicamentos Prescritos- para hacer un seguimiento de 13 diagnósticos psiquiátricos diferentes, desde la ansiedad y la depresión hasta los trastornos del sueño y las autolesiones.

Según Martini, a los 25 años, más del 60% de las mujeres autistas y cerca del 45% de los hombres autistas habían sido diagnosticados con una condición psiquiátrica. Entre las mujeres y los hombres no autistas, estos valores se reducen a cerca del 14% y el 9%, respectivamente. Tras controlar el año de nacimiento y el trastorno por déficit de atención/hiperactividad o la discapacidad intelectual concurrentes, los hombres y mujeres autistas seguían siendo significativamente más propensos que los no autistas a ser hospitalizados por una afección psiquiátrica. Los hallazgos son importantes por el número de personas afectadas y sugieren una necesidad crítica de ampliar los servicios de salud mental, especialmente para las mujeres con autismo.

 

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Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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