Los pocos experimentos de William James

William James (1842 – 1910) es el punto de entronque entre el tronco de la filosofía y la rama de la psicología. Fue el primer catedrático que ofreció un curso de psicología en los Estados Unidos y se le considera el padre de la Psicología americana, el fundador  junto con Charles Sanders Peirce, de la escuela filosófica conocida como pragmatismo, y uno de los creadores de la psicología funcional. Una encuesta publicada en American Psychologist en 1991 colocó a James en segundo lugar en la historia de la psicología, tan solo por detrás de Wilhelm Wundt. James escribió ampliamente sobre muchos temas, como la epistemología, la educación, la metafísica, la psicología, la religión y el misticismo. Entre sus libros más influyentes se encuentran Los principios de la psicología, un texto pionero en la historia de la psicología.

William James era muy crítico con los laboratorios y los experimentos, pero había un tema que le interesaba personalmente: el vértigo y los mareos, que le aquejaban desde hacía décadas.La investigación de James sobre los canales semicirculares del oído interno fue inusual y es digna de mención.

El vértigo se había atribuido durante siglos al movimiento de los «espíritus animales» o de los «humores nerviosos» como consecuencia de la rotación del cuerpo, la enfermedad, el alcohol o la mirada desde un lugar elevado. Aristóteles, que había relacionado el vértigo con la ingesta de alcohol, estableció que había cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Tuvieron que pasar siglos para que se reconociera la existencia de un sexto sentido -el del equilibrio- y se descubriera el órgano responsable de él.

James obtuvo finalmente su título de médico en junio de 1869, pero nunca ejerció la medicina. Con respecto a su formación escribió: «Originalmente estudié medicina para ser fisiólogo, pero me desvié hacia la psicología y la filosofía por una especie de fatalidad. Nunca recibí instrucción filosófica, la primera conferencia sobre psicología que escuché fue la primera que di». A finales del siglo XIX, la noción de que el oído interno era importante para cualquier cosa que no fuese la audición, era relativamente nueva. Se pensaba que los canales semicirculares participaban en la localización del sonido y no fue hasta 1824, cuando M.J. Pierre Flourens seccionó quirúrgicamente los canales semicirculares de una paloma y vio que mostraba claras señales de pérdida de equilibrio. 

Flourens estaba buscando evidencias en contra de los frenólogos y analizaba la función de diferentes partes del cerebro mediante la ablación, extirpar una zona cerebral cada vez y observar las consecuencias.La destrucción de los canales semicirculares de una paloma provocó que tuviera movimientos oculares anormales, que girara su cuerpo en la dirección de la lesión y que perdiera el equilibrio.

En 1820, el anatomista checo Jan Evangelista Purkinje realizó una de las primeras investigaciones experimentales del vértigo. Purkinje utilizaba principalmente la rotación para inducir el vértigo, pero también utilizó la estimulación eléctrica de los oídos, conocida como método galvánico. Los trabajos de Purkinje con humanos, junto con las observaciones de Flourens en aves, parecían sugerir, como informó James en 1881, «que los canales semicirculares del oído interno no tienen nada que ver con la función de la audición, sino que son órganos de un sentido especial hasta ahora no reconocido como tal». James razonó que si esto era cierto, los sordomudos con daños en el oído interno podrían no ser susceptibles al vértigo.

Para probar esta hipótesis, William James puso en marcha un estudio sobre el vértigo en estudiantes de Harvard y en individuos sordos. Los participantes cerraban los ojos y se sentaban en un columpio que se hacía girar hasta que sus cuerdas quedaban fuertemente retorcidas. Después de dejar que las cuerdas del columpio se desenrollasen rápidamente, con el voluntario sometido a una sucesión de rápidos giros, el experimentador pedía a los participantes que abrieran los ojos e intentaran caminar en línea recta.

De los 200 estudiantes y profesores de Harvard que realizaron la prueba, sólo uno no experimentó mareos después de la rotación en el columpio. Sin embargo, de los 519 niños sordos a los que se hizo el mismo experimento, la mayoría sólo informó de ligeros mareos o de ninguno en absoluto. James comunicó algunos resultados preliminares del estudio en 1881 en el Boletín de la Universidad de Harvard. Al año siguiente, publicó un estudio completo en el American Journal of Otology, reconociendo que se necesitaba una investigación más exhaustiva y «con la esperanza de que alguien [sic] con mejores oportunidades pueda continuar el trabajo».

El médico austriaco Josef Breuer demostró que los movimientos oculares de los participantes humanos después de la rotación consistían en un movimiento lento en sentido contrario al de la rotación y luego un movimiento rápido para volver a colocar los ojos en su posición original. Inspirado por Breuer, James informó en una nota a pie de página de la revista de 1880 de sus observaciones de movimientos compensatorios similares en ranas. Si se giraba un cuenco que contenía una rana en una dirección, la rana movía la cabeza en la dirección opuesta. Sus intentos de comprobar si los canales semicirculares eran los responsables operando a las ranas no tuvieron éxito. Sugirió que otras personas con mejor vista podrían tener más éxito en la comprobación de la teoría de Breuer.

El trabajo de Breuer sobre el oído interno también demostró que mientras los canales semicirculares detectaban la aceleración angular, los órganos otolíticos detectaban la gravedad y la aceleración lineal. Breuer es más conocido hoy en día por su colaboración con Sigmund Freud y el estudio de su paciente “Anna O”, pero su trabajo sobre el sistema vestibular es mucho más amplio.

Inspirado tal vez por Breuer, James informó de que varios de sus participantes sordos «no mareados» mostraban una desorientación espacial en el agua y no podían nadar por miedo a ahogarse debido a la incapacidad de distinguir dónde estaba la superficie. Esta observación sugería que tanto los órganos otolíticos como los canales semicirculares no funcionaban normalmente en las personas sordas. A su vez, inspirado por el artículo de James de 1882, Breuer reanudó sus experimentos con los órganos otolíticos y desarrolló el concepto de que una fuerza de cizallamiento en las células ciliadas de los órganos vestibulares es el mecanismo de detección de la aceleración lineal y angular, una teoría confirmada en el siglo XX por otros investigadores.

Además de realizar los experimentos con columpios, James envió cuestionarios o «circulares», a varias instituciones. En ellos descubrió que un gran número de personas sordas se tambaleaban o zigzagueaban al caminar y no podían permanecer quietas con los ojos cerrados. Los individuos con sordera congénita nunca sufren estos problemas de equilibrio, sólo los que se quedan sordos por enfermedad o accidente. Las investigaciones modernas sugieren que los niños que nacen sordos aprenden a compensar el sentido vestibular perdido con el uso de los sistemas visuales y motores.

James también preguntó a varias personas sordas sobre su experiencia con el mareo y, con muy pocas excepciones, la mayoría de dijo de que no sufría esta afección. Esto llevó a James a la idea de que causar una irritación en la piel detrás de las orejas sería una contramedida que podría evitar que el sentido vestibular se sobreexcitara y que probó en su siguiente viaje por mar. Como escribió a su suegra el 14 de febrero de 1883: «Por supuesto, puedo estar equivocado, pero me pareció que hice desaparecer por completo un creciente malestar tres o cuatro veces frotando vigorosamente… Si es así, soy un gran benefactor de la humanidad, y no me equivoco».

Los experimentos de James sobre el sentido vestibular son interesantes porque supusieron un cambio para él. No sólo operó a ranas para intentar ver si podía interrumpir los movimientos compensatorios de la cabeza tras la rotación, sino que contó con la ayuda de su hermano Bob para llevar a cabo los experimentos de balanceo con niños sordos en varias escuelas e instituciones. James también investigó las experiencias místicas a lo largo de su vida, lo que le llevó a experimentar con el hidrato de cloral (1870), el nitrito de amilo (1875), el óxido nitroso (1882) y el peyote (1896). Afirmó que sólo cuando estuvo bajo la influencia del óxido nitroso fue capaz de entender a Hegel. Concluyó que si bien las revelaciones del místico son ciertas, sólo lo son para el místico. Además de estos experimentos concretos no cabe duda de que James se mantenía activo en su laboratorio, al menos con fines didácticos, como, por ejemplo, cuando guiaba a sus estudiantes en sus investigaciones sobre la hipnosis y la escritura automática. Sin embargo, era conocido por refunfuñar sobre los experimentos y se pensaba que no tenía la paciencia ni la resistencia física para el trabajo de laboratorio. Aún así, su trabajo abrió nuevos campos a una ciencia en expansión.

Para leer más:

  • James W (1880) Experimental and critical contribution to the physiology of the semicircular canals. Amer J Otol 2: 341–343.
  • James W (1881) Science. Notes on a sense of dizziness in deaf-mutes. Harvard Univ Bull 2(18): 173.
  • James W (1882) The sense of dizziness in deaf-mutes. Amer J Otol 4: 239–254.
  • Milar KS (2012) William James and the sixth sense. Monitor on Psychol 43(8): 212. http://www.apa.org/monitor/2012/09/sixth-sense

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

2 comentarios en “Los pocos experimentos de William James”

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