El poder sanador

Una de las revistas científicas de referencia en el ámbito clínico es el New England Journal of Medicine. En cada número, especialistas de diferentes disciplinas médicas presentan sus mejores resultados de investigación. Solo muy raramente alguien que no es investigador o personal sanitario publica en esta revista, pero en el número de diciembre de 1976, Norman Cousins, escritor y editor, publicó un artículo titulado «Anatomy of an illness (as percibed by the patient)», «Anatomía de una enfermedad (según la percibe el paciente)» que causó un enorme impacto.

Cousins contaba su propia experiencia. En agosto de 1964 regresó de un viaje al extranjero con un poco de fiebre y malestar corporal. Al principio, atribuyó esos síntomas a la fatiga del viaje, pero progresivamente se fueron volviendo más graves. Al cabo de una semana tenía dificultades para mover su cuello, brazos, piernas y dedos. Su mandíbula estaba casi paralizada y le costaba mucho hablar. Su tasa de sedimentación eritrocítica estaba alterada. Este indicador clínico señala procesos de infección e inflamación y el nivel normal está alrededor de 20, aunque una gripe puede elevar el nivel a 30. Cousins tenía 88. El diagnóstico fue una enfermedad grave del colágeno, que puede producir inflamación de los tejidos conjuntivos y síntomas similares a la artritis y el reumatismo. El pronóstico era malo. Un especialista admitió que nunca había visto recuperarse a un paciente con este diagnóstico y el propio médico de Cousins estimó que sus posibilidades de recuperarse estaban en una en 500.

Cousins fue hospitalizado. Rápidamente llegó a la conclusión de que las rutinas del hospital, la dieta, los medicamentos, las noches sin dormir, las pruebas frecuentes, todo centrado alrededor de la enfermedad eran incompatibles con la salud. En palabras de Cousins «un hospital no es lugar para estar gravemente enfermo». Con el apoyo de su médico, Cousins abandonó el hospital e ingresó en un hotel, disminuyó los fármacos que tomaba y siguió una dieta con grandes cantidades de vitamina C. También se dio cuenta de que diez minutos de carcajadas elevaban su ánimo y le generaban dos horas de sueño sin dolores. Así que se puso a leer libros divertidos y a ver en la tele programas de humor. Candid Camera, un programa de cámara oculta, funcionaba especialmente bien. Poco a poco, fue mejorando. Al octavo día podía mover los pulgares y unos días después los demás dedos y las manos. Lentamente, en una convalecencia de muchos meses, pudo volver a tocar el piano, teclear e incluso regresar a su puesto de trabajo como editor de una revista. Su tasa de sedimentación fue disminuyendo hasta alcanzar un valor normal.

No deberíamos malinterpretar la experiencia de Cousins. Él atribuyó su recuperación al poder sanador del cuerpo, a la vis medicatrix naturae que describió Hipócrates hace 2500 años. Sin embargo, un buen ánimo, un espíritu alto, un optimismo infundado pueden hacer más llevadera una dolencia, pero muchas veces la infección o el cáncer o la enfermedad neurodegenerativa siguen su curso implacable, generando una sensación de fracaso injusta y habiendo perdido un tiempo valioso. Un aspecto clave del proceso de Cousins fue una relación larga, profunda y de gran confianza con su médico. Eso es una cosa y poner presión en el enfermo para que «luche» y «quiera curarse», como si realmente dependiera de él, es otra muy distinta. No tratamos una enfermedad, tratamos una persona. Los libros clínicos se quedan obsoletos en pocas décadas, lo que no envejece es la sensibilidad del personal clínico a la persona que sufre delante de ellos.

Para leer más:

  • Cousins N (1976) Anatomy of an illness (as perceived by the patient). N Engl J Med 295(26): 1458-1463.
  • AAVV (1977) Medical Response to Layman’s Perception of Illness. N Engl J Med 296: 762-763
  • Hothersall D, Derksen M (2011) History of Psychology, 4ª ed. McGraw-Hill, Londres.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

4 comentarios en “El poder sanador”

  1. Excelente artículo, como siempre, José Ramón. Cuán necesaria es la humanización de la relación paciente-médico, como en tantos otros aspectos de la vida. Y siguiendo aquel viejo adagio, …al menos consolar.,

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  2. Es muy cierto al tener bajo el cortizol, nuestro buen humor sale, debemos siempre tener pensamientos positivos ante una enfermedad es tener una compañía mportante que te motive.

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  3. Excelente artículo!! El poder sanador.. sencillamente es así, nuestro cuerpo tiene el poder de enfermar como de sanar.. nuestras emociones, pensamientos y sentimientos son el trasfondo de salud ó enfermedad. Gracias!!

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