El parque de las ratas

La adicción a drogas es un trastorno crónico con una base biológica que lleva al consumo compulsivo de una o más sustancias. Como en otros problemas biomédicos, junto a los estudios de personas adictas se pusieron en marcha desde muy pronto modelos animales para intentar entender los procesos básicos de la adicción: dependencia, habituación, tolerancia y síndrome de abstinencia. Los animales nos permiten investigar con más rapidez y menos problemas técnicos y éticos, aunque también existen.

Estos modelos mostraban que algunos animales de experimentación, cuando disponían de libre acceso a drogas adictivas las consumían de manera compulsiva y podían llegar incluso a la muerte por el abandono de las funciones básicas (alimentación, hidratación, descanso y sueño) a cambio de la recompensa inmediata y potente que supone la droga. Una expresión característica era que «las drogas secuestran el circuito de recompensa», generando una sensación intensa de placer que altera la lista de prioridades de una persona y le lleva al consumo de drogas incluso teniendo claro el perjuicio personal, familiar y social causado por ese comportamiento. No obstante, pronto surgieron serias dudas sobre si estos estudios en las condiciones controladas del laboratorio podían extrapolarse directamente al comportamiento humano y aquí surgió el estudio conocido como Rat Park.

El parque de las ratas (Rat Park) fue una línea de investigación que se plasmó en una serie de artículos entre 1978 y 1981. El proyecto fue dirigido por el psicólogo canadiense Bruce K. Alexander y colaboraron sus colegas de la Universidad Simon Fraser de Columbia Británica (Canadá). Era un momento significativo: los Estados Unidos llevaban siete años desde que Richard Nixon había decretado su Guerra a las Drogas, habían gastado más de un billón de dólares y habían intentado, sin éxito, erradicar las drogas de las calles encarcelando a miles de camellos y consumidores. Esa guerra la ganaban y la ganaron los narcotraficantes.

Cuando se iniciaron esos estudios ya se había visto que los animales, roedores fundamentalmente, eran capaces de administrarse drogas (heroína, cocaína, morfina…) de una forma compulsiva. Sin embargo, había evidencias de que los resultados cambiaban en función del «housing» o estabulación de los animales, desde cosas muy sutiles como cambios en la temperatura o otras más visibles como la inclusión de estímulos aversivos o de refuerzos en la propia instalación del experimento. Alexander hipotetizó que las condiciones habituales en ese tipo de estudios, un animal aislado en una pequeña jaula de metal y plástico, podían influir en la exacerbación de ese proceso de autoadministración de sustancias adictivas y, por lo tanto, sesgar los resultados. Para probar esa hipótesis Alexander y su grupo construyeron un gran espacio para albergar las ratas, doscientas veces superior a la superficie de una jaula normal,  con cajas, paredes de colores, comida abundante, objetos para jugar (pelotas, ruedas…) y suficiente espacio para aparearse. En ese «parque» colocaron 16-20 ratas de ambos sexos. La idea era sustituir las condiciones de aislamiento social y ambiente empobrecido, con pocos estímulos de la jaula habitual, por un ambiente más reconfortante, enriquecido en opciones y más natural.

En el Parque de las Ratas, los roedores podían beber a su gusto de dos dispensadores de líquidos, que registraban automáticamente cuánto bebía cada animal. Un dispensador contenía una solución de morfina endulzada y el otro agua corriente. La solución de morfina estaba azucarada para reducir la reacción adversa al sabor amargo de la morfina; como control, antes de la introducción de la morfina, se ofreció a las ratas una solución de quinina azucarada en su lugar. La quinina también es amarga.

El grupo de Alexander diseñó una serie de experimentos para probar la disposición de las ratas a consumir la morfina y separaron cuatro grupos de ocho animales cada uno. El Grupo CC (“c” de cage, jaula) fue aislado en jaulas de laboratorio cuando las ratas fueron destetadas a los 22 días de edad, y vivieron allí hasta que el experimento terminó a los 80 días de edad; el Grupo PP fue alojado en Rat Park durante el mismo período, todo el experimento; el Grupo CP fue trasladado de las jaulas de laboratorio a Rat Park a los 65 días de edad; y el Grupo PC fue sacado de Rat Park y estabulado en las jaulas a los 65 días de edad.

Las ratas enjauladas (Grupos CC y PC) tomaron la morfina instantáneamente, incluso con relativamente poco azúcar, con los machos enjaulados bebiendo 19 veces más morfina que los machos del Rat Park en una de las condiciones experimentales. Las ratas de Rat Park, en cambio, consumieron más agua corriente. Probaban el agua con morfina ocasionalmente, con las hembras probándola más a menudo que los machos, pero mostraron una preferencia estadísticamente significativa por el agua normal y nunca llegaron a una sobredosis. El grupo más interesante fue el Grupo CP, las ratas que se criaron en jaulas pero se trasladaron al Parque de las Ratas antes de que comenzara el experimento. Estos animales rechazaron la solución de morfina cuando estaba más concentrada pero a medida que se hizo más dulce y más diluida, comenzaron a beber casi tanto como las ratas que habían vivido en jaulas durante todo el experimento. Querían el agua dulce, concluyó, siempre y cuando no alterara su comportamiento social normal. Aún más significativo  fue que cuando añadieron al agua con morfina un fármaco llamado naloxona, que bloquea los efectos de los opiáceos y se utiliza para tratar las sobredosis, las ratas de Rat Park comenzaron a beber más esa solución, indicando que no buscaban activamente los efectos activos de la droga sino, al aparecer, los rehuían.

En otro experimento, el equipo de investigación obligó a las ratas en jaulas de laboratorio ordinarias a consumir la solución con morfina durante 57 días sin darles otra opción de líquido para beber. Cuando se mudaron al Rat Park, se les permitió elegir entre la solución de morfina y el agua corriente y, a pesar de que se pensaba que en ese tiempo de consumo constante habrían desarrollado una adicción, prefirieron el agua corriente. El grupo de investigadores escribieron que estos animales mostraron algunos signos menores de dependencia como pequeños temblores pero no una respuesta violenta o llamativa como a menudo se asocia al síndrome de abstinencia.

Los resultados del experimento parecieron apoyar su hipótesis de que las condiciones ambientales afectaban al consumo de morfina. Alexander llegó a decir «la adicción no eres tú, es la jaula en la que vives». Otras conclusiones fueron que vivir de forma aislada y el sexo femenino eran factores de riesgo o, en otras palabras, provocaban un mayor consumo de opioides. Los autores concluían que era importante tener en cuenta las condiciones de estabulamiento de los animales antes de interpretar los estudios sobre adicciones y que el sexo de los animales podía implicar respuestas diferentes en la autoadministración de morfina. Es algo importante porque el número de estudios hechos solo con machos es abrumadoramente superior a los hechos con hembras.

Hubo también críticas. La metodología no fue consistente y la recogida de datos varió entre los animales enjaulados y aquellos que estaban en el «rat park». En segundo lugar la influencia que la preñez y el cuidado maternal, recuerde que en Rat Park convivían machos y hembras, pudo tener en la conducta y en el consumo no fue claramente estudiada. Tampoco se analizaron en detalle las complejas interacciones sociales que se produjeron en la comunidad de ratas del «rat park» donde sin duda hubo procesos de competencia, colaboración, establecimiento de jerarquías, etc. Hubo también cierto clasismo, común entre investigadores. Uno de ellos dijo «el problema es que el experimento se hizo en Vancouver, que es el equivalente académico de la tundra».

Este estudio tuvo una doble vida, en el ámbito académico y en el ámbito popular. El primer artículo que resumía esta investigación fue rechazado por las dos principales revistas científicas, Science y Nature y posteriormente fue aceptado en Psychopharmacology y en  Pharmacology, Biochemistry and Behaviour, revistas más especializadas y de menor impacto. La publicación de estos artículs inicialmente no atrajo ninguna respuesta especial. Al cabo de unos pocos años, la Universidad Simon Fraser retiró la financiación de Rat Park y los investigadores iniciaron otras líneas de investigación aunque Alexander siguió defendiendo sus resultados. Para él «la droga solo se vuelve irresistible cuando la oportunidad de una vida social normal es destruída». Por su parte, en el ámbito popular el periodista Johann Hari dio una charla de TED sobre esta investigación y YouTube lo dio también amplia difusión. La charla se titulaba «Everything You Know About Addiction Is Wrong», «Todo lo que sabes sobre la adicción está equivocado» y ha sido vista más de tres millones de veces. Los investigadores consideran que Hari interpretó incorrectamente el estudio para sugerir que el sustrato neurobiológico no es importante en la adicción, sino que es resultado del aislamiento social. En los seres humanos la genética y la influencia del medio ambiente son difíciles de separar.

Tras los estudios pioneros de Alexander y su grupo hubo diversas investigaciones de seguimiento. Los resultados obtenidos fueron heterogéneos. Mientras que en muchos casos se siguió comprobando el papel protector de un ambiente rico y de la interacción social  frente a los comportamientos adictivos, otros estudios encontraron resultados opuestos o la interpretación fue más difícil. Un ejemplo es el artículo de Bozarth et al. (1989), que evaluaron cuánto tiempo tardaba un grupo de ratas aisladas en aprender un procedimiento de auto-administración de heroína y qué dosis se administraban respecto a un grupo de ratas que convivían en ambiente rico en estímulos. La hipótesis era que el grupo de ratas aisladas lo aprenderían antes debido a la «necesidad» de heroína dadas las condiciones de aislamiento. Se observó, no obstante, que ambos grupos tardaron el mismo tiempo en aprender el procedimiento, aunque el grupo de ratas aisladas se administró mayores cantidades de heroína en los primeros ensayos. Al final del estudio, por el contrario, no se encontraron diferencias en las cantidades de heroína ingeridas entre ambos grupos. 

Un estudio de replicación encontró que tanto las ratas enjauladas como las ratas del parque mostraron una menor preferencia por la morfina en comparación con el estudio original de Alexander; lo que el autor atribuyó a diferencias genéticas en las distintas estirpes de ratas usadas en los distintos laboratorios. Otro estudio encontró que mientras que el aislamiento social podía influir en los niveles de auto-administración de heroína, el aislamiento no es una condición necesaria para que se refuerce la administración intravenosa de heroína o cocaína. Otras investigaciones recalcaron la importancia del enriquecimiento ambiental en la autoadministración de drogas y en la eliminación de conductas relacionadas con la adicción previamente establecidas. Además, se ha demostrado que retirar a los ratones de los ambientes enriquecidos aumenta la vulnerabilidad a la adicción a la cocaína  y la exposición a ambientes complejos durante las primeras etapas de la vida produjo cambios dramáticos en el sistema de recompensa del cerebro que resultaron en la reducción de los efectos adictivos de la cocaína.

La conclusión general es que hay cada vez más pruebas de que los empobrecidos entornos de jaulas pequeñas que son el estándar para el estabulamiento de animales de laboratorio tienen una influencia indebida en el comportamiento y la biología de estos individuos. Estas condiciones pueden poner en peligro tanto una premisa básica de la investigación biomédica -que el grupo de animales control son sanos y normales- como la relevancia y pertinencia de este tipo de estudios con modelos animales a la hora extrapolarlo a las condiciones humanas. Otra conclusión importante es que la adicción va más allá de la propia droga y que el propio consumidor, con sus características personales y sociales, es un elemento activo y decisivo en la interacción con la sustancia neuroactiva. Una tercera conclusión es que somos parte de una comunidad y que como prevención y tratamiento de las adicciones a drogas es necesario reforzar las interacciones positivas y el apoyo a las personas en riesgo o adictas. Los adictos son de los nuestros, parte de nosotros.

Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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