Piensa, piensa, piensa… Winnie the Pooh

Marta Bueno y José R. Alonso

Winnie the Pooh se sentaba a la sombra de un buen árbol cuando tenía que reflexionar sobre la causa de su empeño fallido para buscar miel, o sobre qué podría haber dicho a Piglet que provocara su enfado o la razón de haber entristecido a Tigger con sus palabras. Winnie pensaba con intensidad y, además, era consciente de que pensaba sobre sus propios pensamientos.

Pensar, reflexionar, analizar, indagar sobre nosotros mismos se conoce como metacognición o introspección y es importante para lo que nos traemos entre manos: mejorar la manera de aprender. Todos aprendemos mejor cuando encontramos sentido a la nueva información, cuando nos hacemos preguntas y, sobre todo, cuando en lugar de absorber datos de forma pasiva construimos conocimiento de forma activa y consciente. Esta técnica reflexiva y crítica, que además nos hace solucionar errores y perseguir objetivos, la podemos entrenar haciéndonos preguntas como las del clásico osito de A. A. Milne.

Nuestros alumnos muchas veces necesitan claves para familiarizarse con esto de la metacognición. Su aprendizaje es mucho más eficaz y significativo cuando caen en la cuenta de cómo aprenden, qué estrategia les funciona mejor, en qué punto tendrían que insistir, cuándo inhibir sus respuestas impulsivas, cuál es la finalidad de su aprendizaje y otras cuestiones de este tipo hacia las que podemos orientarles. Parece obvio, pero se olvida en ocasiones y las inercias de un aprendizaje memorístico pasan por alto esta toma de conciencia de su propio pensamiento que les beneficiará en todos los ámbitos de su vida.

Hay investigaciones que señalan con resultados determinantes esta manera de aprender (Pozuelos et al., 2019). Sabemos que cuando los estudiantes se implican en su proceso cognitivo y están activos, aprenden más. Del mismo modo, cuando captan el sentido de lo que aprenden y cuando hay interacción social durante la adquisición de información, los resultados son mejores. Los resultados de este estudio aseguran que las habilidades de razonamiento mejoran al integrar el aprendizaje dirigido por el profesor con un andamiaje metacognitivo, es decir, cuando al estudiante se le hace caer en la cuenta de sus errores y estrategias. Siempre es mejor ser conscientes de qué aprendemos y cómo lo hacemos.

Dentro de nuestra tarea como educadores, los errores constituyen una herramienta potente porque nos sirven para plantear al alumno preguntas sobre ellos e impulsarle para que encuentre la manera de evitarlos. Puedes utilizar diferentes preguntas para entrenar la metacognición siguiendo el plano temporal.

Antes

  • ¿Es esto similar a una tarea anterior?
  • ¿Qué quiero conseguir?
  • ¿Qué es lo primero que debo hacer?

Durante

  • ¿Voy por el buen camino?
  • ¿Qué podría hacer de otra manera?
  • ¿A quién podría pedir ayuda?

Después

  • ¿Qué es lo que ha funcionado bien?
  • ¿Qué podría haber hecho mejor?
  • ¿Puedo aplicar esto a otras situaciones?

Los investigadores comprobaron también que los niños que entrenaron la metacognición mostraron mayores beneficios en pruebas sobre cociente intelectual y un aumento significativo en un índice electrofisiológico asociado con el procesamiento de conflictos. Es decir, cuando tenían que tomar una decisión ante varias opciones para resolver un problema, lo hacían mejor que los niños sin el entrenamiento metacognitivo.

Estos resultados sugieren que el entrenamiento metacognitivo aumenta los beneficios del aprendizaje basado en procesos. Niños de ocho años que tenían que resolver pruebas que aumentaban en dificultad, mejoraron sobre todo en la eficiencia cognitiva y la plasticidad cerebral relacionada con la atención ejecutiva. Eran más flexibles para valorar alternativas y su atención en el trabajo se mantenía activa y focalizada durante más tiempo.

La evidencia de lo que supone aumentar la conciencia de nuestros estudiantes nos sirve de base para el uso como docentes de métodos que ayuden al diseño de estrategias en el aula. Se les puede animar a buscar otras formas para realizar una misma actividad, probar otros caminos para resolver un mismo problema, promover un pensamiento divergente, sugerirles la conexión con otras materias, plantearles el origen de la información que van a aprender, desarrollar el pensamiento crítico, plantear dudas sobre su fiabilidad, etc. Lo importante es que sean conscientes del proceso mental con una mirada objetiva e inquisitiva.

En otro experimento llevado a cabo por el equipo de Fleming en la Universidad de Nueva York se observó, en el escaneo del cerebro de los participantes en una prueba metacognitiva, que esta habilidad activa la corteza prefrontal. Además, aquellos con las mejores capacidades metacognitivas tenían más materia gris en un área situada en la parte rostral de esta región conocida como la corteza prefrontal anterior. ¿Qué tiene esta región que nos capacita para pensar sobre nuestros pensamientos? El hecho de que esté más desarrollada en humanos ¿podría significar que tenemos una autoconciencia fundamentalmente diferente a la de los animales?

Volviendo al ámbito educativo, otro de los beneficios del entrenamiento metacognitivo es su eficacia para mejorar el rendimiento matemático. Kramarski y Mevarech (2003) llevaron a cabo un estudio con el propósito de investigar los efectos de cuatro métodos sobre el razonamiento matemático y la metacognición. Los participantes fueron 384 estudiantes de secundaria. Los resultados mostraron que el grupo que había seguido un método de tipo cooperativo y además habían sido conscientes de lo que hacían, superó significativamente al grupo de chicos que tuvieron un aprendizaje individual con metacognición, que a su vez superó a los chicos que trabajaron cooperativamente sin conciencia de lo que hacían y a los que trabajaron individualmente sin reflexionar sobre sus tareas matemáticas. Así, podemos afirmar que la práctica metacognitiva refuerza el aprendizaje en grupos pequeños y proporciona un entorno muy favorable para que los estudiantes formulen y discutan preguntas sobre matemáticas.

La respuesta a por qué el método de trabajo cooperativo y con metacognición superó al grupo de sólo trabajo cooperativo está relacionada con la calidad del discurso matemático en las dos condiciones; los estudiantes que habían estado expuestos a la reflexión metacognitiva en entornos cooperativos podían expresar mejor sus ideas matemáticas por escrito que los alumnos que habían estudiado en entornos cooperativos sin reflexionar. El rendimiento matemático de los estudiantes tiene que ver con dar y recibir ayuda elaborada entendiendo lo que se comparte, pedir ayuda y obtenerla, y saber expresar aspectos matemáticos siendo conscientes de que uno mismo los entiende.

Otra conclusión importante que se deduce de este estudio es que el aprendizaje individual consciente supera en puntos al cooperativo. Esto se debe a que el enfoque cooperativo se basa en teorías cognitivas que asumen que la discusión de problemas es un medio importante para mejorar la comprensión y que los entornos cooperativos son contextos apropiados para alentar a los estudiantes a razonar, pero esto no es así y no mejora el razonamiento matemático si no se hace una reflexión profunda y dirigida sobre él. Estos resultados se pueden generalizar y probar a organizar también a niños de Primaria para trabajar en grupos reducidos que discutan sobre cuestiones matemáticas dirigidos por el profesor con preguntas clave para que exploren sus dudas y errores, para que busquen la mejor estrategia de aprendizaje y encuentren soluciones. Igualmente, se puede extender esta manera de asimilar contenido en otras materias y discutir sobre los experimentos de física, las observaciones de campo de los biólogos, los movimientos filosóficos, el análisis desde el lenguaje musical de cualquier melodía, etc. Siempre haciendo conscientes a los alumnos de la veracidad de los datos de sus investigaciones, de sus vacíos para anclar información nueva, en definitiva, hacer que piensen conscientemente en lo que aprenden y lo que desconocen, planteándose a sí mismos las dudas, sin hacer actos de fe ni ejercicios de credulidad. Es fundamental para formar personas críticas que nuestros alumnos hagan esos ejercicios de introspección con ayuda del profesor. Se refuerza así la construcción de explicaciones coherentes, claras y precisas.

Para apoyar este refuerzo sería conveniente diseñar bancos de tareas que desafíen a los estudiantes a explicar lo aprendido y analizar después los argumentos correctos e incorrectos de los alumnos. Con todo, las estrategias metacognitivas influyen en la manera de procesar la información y nos ayudan a regular nuestro aprendizaje. Cada uno de nosotros y cada uno de nuestros estudiantes tiene sus propios mecanismos para optimizar la manera de aprender. Nos encontraremos con casos en los que será más costoso indicar una reflexión del proceso. Sin embargo, nuestro cerebro responde a los retos y un desafío bien planteado es atractivo para él. Incluso el desafío de conocernos mejor a nosotros mismos.

 

Referencias

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

8 comentarios en “Piensa, piensa, piensa… Winnie the Pooh”

    1. Estimada alona, confío en haber puesto bien tu nombre; muchas gracias por el comentario. Es muy halagador confirmar que lo que creímos útil para el día a día de los docentes, lo sea realmente. Un abrazo.

      Marta, coautora del texto

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      1. excelente, felicitaciones, Marta!!! he compartido esta publicación con varios profesionales en el campo de educación superior. es algo que muchos tenemos en mente, pero estamos forzados a trabajar de una manera diferente. un abrazo

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  1. Es innegable las evidencias del aprendizaje relacionado el cerebro. La pregunta es cómo se interpreta los resultados de los experimentos respecto al aprendizaje individual o grupal. Hoy que vuelve el idealismo Kantiano en aulas, o el constructivismo subjetista, el artículo anima a docentes hacer una teoría de su Praxis. Anima a la meta cognición necesaria en docencia. Gracias por el texto.

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    1. Daniel, gracias por tu tiempo y tu reflexión. Es innegable el valor de la metacognición en las aulas. Que el alumno sea consciente en todo momento de lo que aprende, como lo aprende y para que lo aprende, promueve un pensamiento crítico y una actitud abierta y flexible. El trabajo individual con una dirección en ese sentido por parte del profesor es excelente, pero hay materias como las matemáticas que se prestan a reflexiones profundas que se desenredan muchas veces cuando se pide ayuda o se aporta una explicación con palabras propias. El trabajo cooperativo bien planteado mejora en este caso la calidad del aprendizaje.
      Un saludo muy cordial.
      Marta, coautora del texto

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  2. Gracias por tu artículo. Buenísimo, claro, concreto, útil.
    Nos deja como Winnie the Pooh … pensando, pensando, pensando, cómo mejorar la educación.

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    1. Carmen, soy Marta, coautora del texto. Muchas gracias por tus felicitaciones. De eso se trata, de pararse a reflexionar en cuestiones sobre educación.

      Un amistoso saludo.

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  3. Excelente post. Durante varios años he estudiado la propuesta sobre Aprender a Pensar de Edward de Bono, con el que también he tenido la dicha de formarme y su teoría se basa en aprender a hacernos estas preguntas que se plantean aquí, a buscar nuevos caminos a través de la reflexión y sobre todo a evitar ser autocomplaciente a la hora de pensar. Enhorabuena a Marta y José por este aporte que hacéis al conocimiento.

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