Perfil de Marta Bueno

Nací en Valladolid y por circunstancias familiares viví en siete lugares diferentes. El último de estos fue Salamanca en cuya universidad me licencié en Física. Esos cinco años de estudios universitarios fueron duros y apasionantes. Aprendí sobre Electromagnetismo, Termodinámica, Cuántica, Óptica y otros aspectos maravillosos que tiene esa ciencia. Sobre Educación aprendí más tarde, durante los catorce años en los que trabajé enseñando Física y Matemáticas. Además tuve la oportunidad de inaugurar en mi centro el programa de Diversificación Curricular implementado por la LOGSE. El alumnado de este programa demandaba conocimiento desde la emoción, desde lo vivencial, desde el respeto a sus dimensiones personales, desde la tolerancia a sus ritmos y desde las altas expectativas de quien cree en ellos. Me di cuenta de que esa idea se extendía a todo aquel que quisiera aprender, incluso a mí misma, pero fue con estos chicos con quienes encontré el desafío que me enganchó definitivamente a mi vocación de educadora. Además, fui consciente de que yo no podía enseñar nada si ellos no querían aprender. Recuerdo a menudo esa etapa con cariño y la echo de menos.

Me matriculé de nuevo en la Universidad de Salamanca, esta vez en el Grado en Pedagogía. Después de cuatro años reveladores, me gradué, obtuve el Premio extraordinario de grado al mejor expediente primero y el Premio nacional de fin de carrera después. Fue emocionante recoger este último arropada por la alegría y el orgullo de mi marido y mis hijos.

Mi interés por la educación en todos sus aspectos, también en el ámbito de las neurociencias, me llevó a investigar en este campo. No puedo separar ciencia, educación, compromiso y divulgación y por eso escribo compartiendo lo que voy aprendiendo. Sé por mi trayectoria personal y profesional que un buen maestro es el que incentiva la pasión por aprender. Me gustaría provocar esa pasión, mantener la curiosidad por el conocimiento para ser más críticos y más libres. Me gustaría aportar mi granito de arena para mejorar la sociedad sin olvidar a los que vienen detrás. Confío en que es posible desde el rigor científico, desde la aceptación convencida de la neurodiversidad y desde la realidad de que podemos modificar nuestro cerebro aprendiendo durante toda la vida.