El mito de la morfopsicología

La morfopsicología, la fisiognomía, la antroposcopia o la psicología facial, que de todas esas maneras se denomina esta pseudociencia, se basa en la idea de que la cara y la cabeza dicen algo sobre la personalidad de una persona, su capacidad actual y su potencial de futuro. Para sus valedores el rostro refleja la historia personal de un individuo y mediante la realización de medidas cráneofaciales se pueden explicar las razones psicológicas para las distintas acciones que ese individuo emprende. La cara -dicen- puede explicar el pasado, el presente y el futuro como si fuera una plastilina con poderes mágicos.

La morfopsicología se refleja en la mal llamada «sabiduría» popular, una serie de perogrulladas, catetadas y lugares comunes a menudo contradictorios entre sí donde se repiten frases como «la cara es el espejo del alma» o «a partir de los 40 años, cada uno es responsable de su rostro». No es así o es mínimamente así, podremos tener más arrugas en los ojos si reímos con ganas y con frecuencia, o en la frente si fruncimos el entrecejo, pero nuestra estructura facial está muy definida desde la primera infancia. Llegar como hacen algunos morfopsicólogos a identificar criminales por sus características faciales nos retrotrae a Lombroso y sus criminales natos, a un absurdo sin base científica.

La morfopsicología tuvo un inicio decente pues fue planteada, sin evidencias, por algunos de los filósofos griegos pero perdió su escasa reputación en la Edad Media cuando empezó a ser practicada por charlatanes ambulantes que iban de feria en feria ganando unas monedas. Revivió en el siglo XVIII cuando el poeta suizo Johann Kaspar Lavater la popularizó con el nombre de la ciencia de la fisiognomía pero su asociación a la frenología, que afirmaba poder conseguir la misma información ya no de la cara sino de los bultos y huecos del cráneo, demostró de nuevo su carencia de base. Aun así, estuvo a punto de cambiar la historia de la ciencia: Robert FitzRoy no quería aceptar al joven Charles Darwin como pasajero en el Beagle porque, según él, su nariz no demostraba una personalidad con suficiente energía para aguantar aquel largo viaje. El no disponer de mejores candidatos y un entrecejo mucho más positivo hizo que el joven naturalista se embarcara, que viera huesos de animales extintos en la Patagonia y pinzones diversificados en las islas Galápagos y así, a pesar de aquella napia tan poco prometedora, la evolución fue explorada, investigada y teorizada.

Desde el siglo XIX la morfopsicología es considerada una pseudociencia y los únicos que la defienden en la actualidad son los que ganan dinero con ella y los que lo pagan. Una búsqueda en PubMed, una de las principales bases de datos de publicaciones científicas con millones de artículos, encuentra solo siete dedicados a la morfopsicología, todos en francés, y el más reciente de hace cuarenta años, de 1977. Para la ciencia, la morfopsicología es un camelo. Aun así se utiliza para cosas importantes como la selección de personal, incluyendo la adecuación al puesto de trabajo, al jefe, al equipo, a la cultura organizacional y se buscan en el rostro características tales como el grado de fiabilidad para puestos estratégicos o el nivel de honestidad. Los psicólogos faciales dicen que pueden sacar todo esto de unas fotografías y para salvaguardar su negocio insisten en que el sentido morfológico, esa supuesta capacidad para identificar el perfil psicológico de una persona viendo su rostro, no es algo que venga de la nada sino que requiere un aprendizaje, formación especializada -impartida y cobrada por ellos, por supuesto- y agudas dotes de observación.

Estos charlatanes dividen el rostro en áreas: la parte superior (frente y ojos) sería el campo de la mente y el pensamiento; la región central (nariz y mejillas) mostraría los intereses emocionales y sociales y sería un mapa de nuestras relaciones personales; y la zona inferior (boca y mentón) revelaría los instintos, la energía vital, los impulsos y la sensualidad. Para hacernos idea del sinsentido, algunos morfopsicólogos clasifican las caras según la teoría de los humores de Hipócrates, abandonada hace más de quinientos años, y habría rostros linfáticos, biliosos, sanguíneos y nerviosos. Por poner un ejemplo, los biliosos tienen caras anchas, suaves y relajadas; pueden trabajar duro y esforzarse pero necesitan descansar cada cierto tiempo; son metódicos, ordenados y prácticos, pero también lentos. En la vida emocional, el que tiene rostro linfático es un buen marido y una persona fiel. No me lo he inventado, aparece en páginas actuales de gabinetes de morfopsicología. Algunas personas hacen dinero con estas cosas y otros toman decisiones en función de lo que estos individuos les dicen. Los morfopsicólogos dicen que permite dar consejo personal, completar los procesos de reclutamiento, hacer «coaching» y acompañar en el desarrollo personal y profesional. ¡Qué tristeza tanta pseudociencia!

Cuando se ve el método de trabajo de estos pseudoprofesionales es patente la carencia de criterio, dicen que sus técnicas ayudan a completar la intuición que el empleador tuvo durante la entrevista y otras cosas que suenan a confirmar los prejuicios propios. El análisis es de una simpleza estulta: observan la cara en conjunto (forma general, proporciones, grandes rasgos) y luego van recorriendo con más detenimiento las principales partes (frente, ojos, nariz, mejillas, boca, mandíbula, mentón). Para los creyentes de este mito las distintas partes del rostro están relacionadas y no se puede aislar una parte de la cara y empezar a llegar a conclusiones. Lógicamente hay que justificar que esto solo lo pueden hacer los expertos.

Aunque no tiene mucho que ver con este engendro de la morfopsicología, hay unos pocos estudios que relacionan el rostro con alguna característica de la personalidad. Según Steven Arnocky de la Nipissing University en Canadá, los hombres y mujeres con caras más anchas tienden a tener una motivación sexual mayor y un deseo superior a las personas con otra estructura facial.

La medida utilizada es la proporción anchura-altura, el resultado de dividir la distancia entre los huesos zigomáticos y la distancia entre el labio superior y el entrecejo. Los hombres con rostros más cuadrados, y por lo tanto con mayor ratio, tienden a ser percibidos como más agresivos, más dominantes, menos confiables, más dispuestos a correr riesgo, con menos ética y más atractivos como parejas ocasionales que personas de la misma edad con rostros más finos y alargados. Se cree que las diferencias en las proporciones faciales se pueden deben a variaciones en los niveles de testosterona en momentos particulares del desarrollo como la pubertad, pero es algo discutido. Hay que ser muy prudentes con estas ideas.

Chris Chambers, un psicólogo de buena reputación, ha escrito Los siete pecados capitales de la psicología, (Princeton University Press, 2017). Para el autor, la obra nace de su profunda frustración con la cultura actual de la psicología: «las ventanas están sucias y opacas, el tejado tiene goteras y no aguantará la lluvia mucho tiempo, en el sótano viven monstruos». Chambers dice que ha llegado a la conclusión de que si no cambian las cosas, la psicología irá perdiendo peso como ciencia de buena reputación y podría llegar a desaparecer. Si ignoramos las señales de peligro actuales —dice— en cien años o menos la psicología puede seguir el camino de otras aventuras del conocimiento que se fueron por el fregadero como la alquimia o la frenología. Si una ciencia no cuida su base científica, la solidez de sus metodologías y sus principios éticos, está en grave riesgo. Un ejemplo de lo primero es la pervivencia del psicoanálisis, una pseudociencia cada vez más desprestigiada pero también las bioneuroemociones, las constelaciones familiares y todo este catálogo tétrico y repulsivo de sinsentidos y timos. La morfopsicología es otro de ellos.

Por otro lado, pienso que la psicología es una ciencia joven, enormemente prometedora, necesaria; es un orgullo y un honor trabajar con ellos, los psicólogos, en proyectos multidisciplinares pero ellos deben ser capaces de denunciar esa parte oscura, esas manzanas podridas que tanto daño hacen a su carrera y a su profesión. Estoy seguro que lo saben y lo sabrán hacer.

 

Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

13 comentarios en “El mito de la morfopsicología”

  1. José Ramón soy Ricardo de Luis. Me he suscrito a tu blog y estoy aprendiendo mucho de tus comentarios. Supongo que todavía andas por Múnich en esa maravillosa biblioteca. Veo que sigues mostrando debilidad por los libros y las instituciones que tienen que ver con el libro, como las bibliotecas. Gracias por compartir tu saber y tú cultura

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  2. Hola, podrías comentar algo acerca de la sinergologia? Soy enfermera, y en una ocasión hice un curso tipo «coaching» y la persona que lo impartía estaba formado en esta disciplina. Siempre me ha quedado la duda de que un tema relacionado con la ciencia teniendo una marca registrada, sea fiable. Estudia los gestos, la posición corporal…

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    1. No había oído hablar de la sinergología, pero uno ya no puede saber de todo. Entonces lo que hago es ir a PubMed, la principal base de datos de artículos de biomedicina. En esos momentos incluye más de 27 millones de referencias. Tras buscar sinergología (en español y en inglés) la respuesta es CERO. Es decir, para el mundo científico esta disciplina es nada, no hay ninguna evidencia a favor, ningún estudio de más o menos calidad que justifique esta “disciplina”. Siempre pienso que la ciencia es nuestra herramienta para saber si algo es cierto o no, si hay datos que lo apoyen o no. Aquí no hay ninguno. Luego, por curiosidad he leído que estudian el lenguaje corporal y ponían videos de personas conocidas. Evidentemente el lenguaje corporal es una forma de comunicación y no es lo mismo cuando una madre le dice a un niño “ven aquí” agachada y con una sonrisa que cuando lo hace con el ceño fruncido y los brazos en jarras. Pero más allá de esto, para qué vale, para qué lo quieren usar, qué nos quieren vender. Lo último. Son ellos, los que defiendan esta disciplina los que tienen que mostrar las evidencias y, de momento, no tienen ninguna. Confío que te sea útil esta reflexión. Un saludo cordial

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  3. Debería investigar más al respecto, perdone que se lo diga. La morfopsicología y la fisionomía, por ejemplo, nada tienen que ver en cuanto a sutilidad. La fisionamía intenta describir la personalidad en base a rasgos aislados. La morfopsicología en cambio toma en cuenta varias decenas de variables y estudia el rostro en conjunto. Le aconsejo leer algo serio al respecto; quizás “El rostro y la personalidad”, o el trabajo cum laude de doctorado de Julián Gabarre, el mayor experto en morfopsicología de habla castellana: “rostro y psique, dos caras de una misma realidad”. Eso si no quiere investigar sobre la verdad

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    1. Las referencias que usted da no tienen ninguna validez científica. El 95% de las tesis doctorales son cum laude, lo que hace que haya algunas indudablemente malas. La valoración de una tesis se hace en función de donde se publican sus resultados ¿en qué revistas de prestigio se han publicado los datos de esa tesis? Así que el que debería investigar más y no defender teorías sin ninguna base científica es usted. Eso si no quiere ser un crédulo o abusar de la credulidad de otros. Un saludo.

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  4. Mi nombre es Josep Puig, soy psicólogo (núm. Colegiado: 11379 del copc) y morfopsicólogo (diplomado en Morfopsicología y, además, he recibido el diploma de un curso de especialización en la misma materia), perito penal forense, psicólogo forense en derecho civil, laboral y familiar. Soy el psicólogo y perito forense de la Federación catalana contra el acoso laboral y escolar (FEDALE), psicólogo de la Asociación de víctimas de acoso laboral y sexual de Cataluña (AVALC) y también psicólogo de la asociación Alto al Mobbing (ASAM). Soy psicólogo de diferentes sindicatos, de clase y profesionales, y colaboro con ellos para realizar cursos de formación, evaluaciones y peritajes forenses.

    Con todos mis respetos hacia los conocimientos que usted tiene en su materia (la biología), yo, desde mis conocimientos y titulaciones en Psicología y en Morfopsicología quiero responder a la opinión que escribe en su blog sobre la Morfopsicología, ya que se acerca mucho más a mi campo de conocimiento que al suyo.

    Tanto desde mi experiencia profesional como personal manifiesto mi absoluta disconformidad con lo que usted opina. Como psicólogo y Morfopsicólogo yo sí puedo opinar sobre la validez y fiabilidad de los conocimientos que aportan ambas disciplinas. La Morfopsicología aporta un saber concreto. Es una herramienta de gran utilidad en consulta, selección, mediación y personalización de la intervención según sea su interlocutor o cliente. En mi caso, a nivel profesional me resulta de gran utilidad en todos los ámbitos, pero es principalmente en el de selección de candidatos para policías (jefes, mandos intermedios y agentes), donde he recibido felicitaciones por parte de las administraciones, así como también en las asociaciones que he mencionado anteriormente.

    Muchos son los profesionales de diferentes ámbitos como psicólogos, psiquiatras, médicos, directivos de RRHH, empresarios que, después de haberse titulado en Morfopsicología manifiestan su enriquecimiento profesional y personal. Puede consultar, por ejemplo el siguiente link http://www.morfopsicologiaism.com/tu-experiencia/.

    Por todo ello, y con la humilde intención por mi parte de que usted pueda ampliar su conocimiento para poder así opinar certeramente y con fundamento, le remito a la página del centro investigador que dirige el Dr. Julián Gabarre (http://craniofacialpsychology.com/) en la cual podrá documentarse acerca de las diferentes investigaciones científicas que se han realizado los últimos años. También le comunico que su último artículo ha sido aceptado en noviembre de este año 2018, más otra investigación que tiene en prensa. Podrá ilustrarse acerca del enorme sustento empírico que se está aportando a este conocimiento, primordialmente gracias al Dr. Julián Gabarre.

    Usted, como biólogo, debe saber que la forma nos habla del genotipo y el fenotipo, y que la estructura nos habla de la función. El rostro es el resumen del cuerpo y del cerebro y su forma nos informa de lo genético y de lo epigenético.

    En mi opinión concluyo, pues, que usted está opinando sin conocer. Y yo siempre digo que la mayor indignidad intelectual es opinar sin conocer. Ya A. Einstein dijo que “la mente es como un paracaídas, sólo funciona si se abre”. Es mi esperanza que la Biología, la Psicología y la Psicología Facial puedan unirse con un fin común para lograr un saber más concreto, amplio, útil y completo.

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    1. Con todo respeto, su planteamiento es ridículo. Según usted yo no puedo criticar a la bruja Lola, porque ella tiene formación en brujería y yo no. Es cierto que la morfopsicología está más cerca de la brujería que de la ciencia pero eso le descalifica a usted por dedicarse a una actividad sin base, sin evidencias, ridícula desde todo punto de vista y no a mí. Que sus argumentos sean formación en morfopsicología y la opinión de otros “creyentes” pone de manifiesto la carencia de defensa, la pobreza de sus estudios, la inanidad de su actividad ¿profesional? Que algo tan respetable e importante como una promoción profesional se haga con sus técnicas es como si se hiciera leyendo las rayas de la mano, o mirando a ver qué dice el horóscopo, el fundamento es el mismo, ¡cero! Que alguien con formación universitaria se dedique a algo así es un tema que, como catedrático de universidad, me repugna. ¿Qué aprendió usted en clase? ¿Faltó el día que les enseñaron a diferenciar entre ciencia y engaño? ¿De dónde saca una conclusión tan desopilante, errónea, vergonzosa de que el rostro es el resumen del cuerpo? La biología no apoya una memez semejante, no me venga con sandeces. Ya que dice que “el cerebro y su forma nos informa de lo genético y lo epigenético” profundicemos en ello, ya que yo me dedico a la neurociencia. La forma del cerebro es fácil de estudiar con neuroimagen o en una autopsia, y esto último lo podemos ver desde hace miles de años. Coja cualquier imagen de un cerebro y cuénteme lo que ve de genética y epigenética, que a mí me da la risa. ¿Quiere que le mande yo una foto y me dice algo tan básico de genética como si es de un hombre o una mujer y echamos unas risas? Personas como usted hacen un enorme daño a su disciplina y me parece preocupante que su colegio profesional no actúe contra creencias pseudocientíficas como la suya. Piénselo, por favor, las pseudociencias hacen un enorme daño al prestigio de los psicólogos y ustedes deberían ser los primeros en luchar contra ellas en vez de promoverlas y hacer caja con ellas. Que usted hable de la “mayor indignidad intelectual” defendiendo un timo es para que, con respeto se lo digo y le ruego disculpe mi lenguaje directo, se le cayera la cara de vergüenza. Uno cualquiera de mis becarios tiene más publicaciones y en mejores revistas que todos los morfopsicólogos del mundo juntos pero es lógico ellos se dedican a la ciencia y ustedes a sus negocios turbios. Sé que su opinión no va a cambiar, pero eso es también la diferencia entre un científico y alguien que, aunque intente camuflarse como tal, no lo es. Buenas tardes

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  5. En referencia a su respuesta a mi anterior escrito, creo con el debido respeto que no ha comprendido lo que he intentado transmitirle. Quizá no he sabido expresarme. Mi intención, clara y sincera, era informarle sobre los conocimientos que me ha aportado la psicología facial, así como brindarle la posibilidad de que conociera las bases empíricas sobre las que se sustenta. En mi opinión debería leer el libro del Dr. Julian Gabarre “rostro y personalidad”, así como los estudios científicos que le menciono en el anterior escrito. Para empezar, las dos leyes básicas que sustentan la morfopsicología, debería conocerlas para poder criticar la morfopsicología y veo que las desconoce. Le animo a que se documente. Y como biólogo debería conocerlas.
    En primer lugar, tras dedicar unos cinco minutos a leer su respuesta no he encontrado una sola crítica sustentada en nada (cualquier científico critica con sustento y luego están los científicos vulgares que no dicen nada y solo descalifican con su palabrería). Si vuelve a leer mi respuesta anterior podrá ver como yo sí he aportado sustento a mi crítica sobre su opinión personal.
    He de decirle que llevo muchos años dedicados al estudio y prácticas de la psicología en diferentes ámbitos. Cuando “llegó” a mí la existencia de la morfopsicología pensé lo mismo que usted y, después, como psicólogo comprendí que lo que sabía era una gota de agua; lo que ignoraba es el océano. Al diplomarme en morfopsicología pude ver cómo enriquecía mi conocimiento y cómo a través de su aplicación podía ayudar a muchas personas que así me lo han reconocido y mostrado su agradecimiento. Hecho que para mí es una experiencia muy gratificante. Tan solo les he brindado la oportunidad de hacer perfectibles aquellos aspectos que les aportarían conocimiento de sí mismos, confianza y autoestima y, por ende, un bienestar general. No entraré en detalles, creo que entraríamos en un diálogo contradictorio sobre interpretaciones y no es mi finalidad (como decía Jiddu Krishnamurti: “el mundo está tan lleno de opiniones como lo está de personas……..cada cual tiene una opinión, pero la opinión no es la verdad…….la opinión puede cambiar de la noche a la mañana, pero no podemos cambiar la verdad”). Lo que sí le puedo asegurar es que mi vida personal, y no me importa hacerlo público, ha dado un cambio radical, proporcionándome conocimientos sobre mí mismo, y mi familia. Todo empezó cuando llevé a mi hijo al Dr. Julián Gabarre. Después de seguir sus consejos, mi hijo ha cambiado radicalmente, la relación entre nosotros es inmejorable, existiendo una complicidad entre ambos que nunca pensé que llegara a existir (cuando usted quiera puedo mostrarle las fotografías de su rostro y el cambio evidente que se aprecia en 5 meses. No es necesario ser psicólogo facial para descifrar un cambio en su personalidad).
    Solo permítame un consejo, sincero y honesto: no tilde a los morfopsicólogos de charlatanes y otros comentarios que a mi entender podrían ser despectivos. Con ello se podría confundir a personas, que como dice un proverbio chino: “cuando se apunta a la Luna, el tonto se queda mirando el dedo”. Y en cuanto a sus referencias hacia mi profesionalidad he de decirle que mi motivación no es la económica (un psicólogo facial lo podría descifrar al instante), solo pretendo aportar, ayudar e intentar que las distintas ciencias vayan de la mano para crear un mundo mejor, más justo, más humano y un saber más amplio y útil. Es lo que aprendí en mis estudios y lo que marca mi personalidad, teniendo como máxima el recuerdo a Nelson Mandela: “pienso que una buena cabeza y un buen corazón siempre son combinaciones formidables”.
    Disculpe la extensión de mi reflexión y espero que haya sabido expresar mi intención y que en ningún momento ha sido faltarle al respeto, ni profesional ni personal.
    Atentamente,
    Josep Puig

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    1. Sr. Puig, le agradezco el tono de su respuesta y su extensión. Yo tampoco quiero faltar al respeto a su persona, faltaría más, pero sí a su disciplina, que en mi opinión no es digna de ser respetada, no tiene base, lleva a circunstancias equivocadas, provoca daños y está sesgada. Usted no aporta ninguna evidencia seria, su opinión sobre su experiencia con su hijo, usted lo debe saber, es es típico ejemplo de “amimefuncionismo”, de “cuñadismo”, de ejemplo de lo que no vale para defender una terapia. Usted, con su formación universitaria, debería saber que eso no sirve como argumento, no hay grupo control, ni ensayo doble ciego, ni procedimiento aleatorizado, es perdóneme el lenguaje coloquial, pura basura. La opinión de un padre que dedica tiempo y esfuerzo y a menudo dinero a su problema siempre suele ser que ha mejorado, porque el efecto placebo funciona así. Los placebos caros son más eficaces que los placebos baratos pero eso no significa que tengan un efecto real. La pseudociencia está llena de experiencias como la suya y hay gente que te jura que una pitonisa le adivinó el futuro, que tuvo un sueño premonitorio donde supo que su hijo iba a suspender, que el autismo de su hijo lo causó una vacuna o, más miserable todavía, que el cáncer es un problema emocional y lo mejor es alejarte de tu familia. La ciencia es la herramienta que tenemos para luchar contra la mentira, para saber si algo es verdad o no y la psicomorfología no tiene respaldo científico. Usted debe saber que no es valorada por la comunidad científica pero eso no es culpa nuestra, que no queramos creer, sino que las evidencias que ustedes aportan son pocas y de mala calidad. He hecho una búsqueda en PubMed, la principal base de datos de estudios biomédicos y con el término “psychomorphology” salen DOS artículos, uno de 1956 titulado Proverbios en psicomorfología. Entonces, ¿con ese arsenal científico de qué narices me quiere convencer? No me contesta a lo que le preguntaba en mi mensaje anterior, dígame si le mando una foto de un cerebro para que me explique la genética y la epigenética de esa persona. Le animo a que lea, a que repase sus apuntes de la carrera, a dudar de sus creencias psicomorfológicas, a no hacer afirmaciones aventuradas, a no trabajar en una disciplina tan dudosa, a no usar citas que no vienen a cuento, a tener un poco más de rigor en su trabajo. Atentamente, un saludo cordial.

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    2. Estaba escribiendo para un post y pensaba que este comentario general le podría ser útil a usted y otros psicomorfólogos:
      Afirmar que un tratamiento funciona para un trastorno requiere varios pasos. Algunas de esas fases priorizan la validación interna, que requiere que exista una evidencia rigurosamente controlada de que el tratamiento supera las condiciones de partida, demostrando que el propio tratamiento, en contraposición con factores no específicos como el efecto placebo o la regresión a la media, afecta al resultado final. Otras fases del proceso de validación priorizan los aspectos externos, que requieren evidencia de que el tratamiento produce efectos positivos en el mundo real, demostrando que las condiciones del tratamiento se pueden generalizar a otros lugares con circunstancias diferentes a las específicas y muy reguladas que se producen en un estudio controlado sobre intervención. Además hay que comprobar que esa intervención produce una mejora que justifica el coste que supone. En resumen un tratamiento debe ganarse su posición en el mercado a través de pasos sucesivos donde diferentes equipos de investigación independiente establezcan de forma incuestionable que el tratamiento genera mejoras consistentes y significativas y que justifican el coste económico y personal asociado a la intervención.
      Evidentemente nada de esto se cumple para la psicomorfología. Un saludo cordial

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  6. Le agradezco su interés en explicarme el método científico. He de decirle que lo conozco, aunque mi trabajo no es la investigación si no la aplicación en el ámbito clínico y forense. De todas maneras he de decirle que solo buscando en PUBMED Vd. demuestra que se documenta de manera muy limitada ¿no conoce más bases de datos, sobre todo para literatura de psicología?
    Seguidamente comparto información extraída del trabajo Máster en Investigación de Cristina Gabarre (Gabarre-Armengol, 2014), del cual derivó un artículo científico que está en prensa para ser publicado en el próximo volumen de una revista científica:
    “Lavater (1778) definió rasgos del carácter con un análisis de las formas de diferentes elementos del rostro por separado, soslayando el carácter integral del ser humano en el que interactúan sincrónicamente todos los elementos del rostro.
    La frenología de Gall (1986) estudió esta localización funcional a partir de las protuberancias craneales. El concepto cayó en desuso con los nuevos hallazgos en neurociencia, donde “los procesos mentales no son funciones cerebrales estrictamente hablando. Cada zona funciona según el mecanismo del que forma parte” (Le Doux 1999, pág. 84), el principio de Louis Sullivan (1896) “form ever follows function”, considera que cada forma física lleva implícita la información que le anima, informándonos de su funcionalidad específica. Este hecho, observable en el mundo natural animado e inanimado, se estudia desde perspectivas moleculares, celulares y anatómicas. Esta relación entre forma y función, aplicada al ser humano, apunta al rostro como probablemente el mayor informador de la función, por ser la zona más distintiva y de peculiar interacción del organismo con el medio; contiene agrupados los principales órganos de los sentidos con los que se actualiza el individuo y tiene relación directa con el ambiente y con el cerebro, centro de procesamiento de información, control y coordinación de procesos fisiológicos y psicológicos.
    Ya en nuestra época, Bruner, de la Cuétara, Masters, Amano y Ogihara “014) sostienen que el modelo geométrico de la estructura craneal puede proporcionar perspectivas funcionales en la evolución y la fisiología del cerebro. DeMeyer (1975) expone una estrecha relación entre el rostro y el cerebro: “el subyacente cerebro y el recubriente rostro están complicadamente entrelazados”. Kajer (1995, p. 150 y p. 154), sobre el desarrollo craneal, declara: “paradójicamente, la mucho más inmediata relación que existe entre cráneo y cerebro no ha sido tema de análisis sistemáticos de madurez, ya sea prenatal (…) El Rostro, el esqueleto craneofacial y el sistema nervioso central y periférico tienen un desarrollo interconectado”.
    Desde la perspectiva embriológica, Donovan_Lepore y otros (2006) describen “cómo rostro y cerebro prenatal derivan, ambos, de la misma capa del notocordio, el ectodermo, y el desarrollo de estas estructuras es próximo en el tiempo”: Diewert y Lozanoff (1993, p.159): “el rostro está esencialmente aguantado por el cerebro creciente, que sufre amplios cambios en el desarrollo de su morfología”. Para entender mejor esta estrecha relación, Bougher et al. (2008) estudiaron ratones a los que se les acortó el rostro genéticamente. Los resultados del análisis morfométrico mostraban una reducción significativa del tamaño del cerebro y la longitud del cráneo, lo que apoya la hipótesis de la relación directa entre el tamaño del cerebro y la longitud de la base del cráneo y la estructura facial. Para hacer reducido lo que le digo, léase (Sisodiya, 2008, pg. 405) .
    Desde la perspectiva genética Liu et al (2012), Attanasio y colaboradores (2013) en la misma línea de Sisodiya (2008, pg.405), Jones (2007) recoge amplios ejemplos de trastornos que afectan al cerebro y al rostro con características psíquicas observables en el rostro como podría ser el que más conocen todos sus lectores el Síndrome de Down, o el estudio que hizo Márcucio y otros (2005) sobre la holoprosencefalia.
    Desde la percepción facial Kleisner, Chvátalova y Fler (2014) sugieren que un perceptor puede medir con precisión el cociente intelectual en hombres, observando fotografías de sus rostros.
    Diversos estudios relacionan significativamente rostros anchos (ratio anchura bicigomático-altura) con testosterona (Lefevre, Lewis, Perret y Penke, 2013), agresividad explosiva (Stirrat, Stulp y Pollet, 2012) y dominancia social (Valentine, Li, Penke y Perret 2014).
    Gabarre J., encontró en su estudio antropométrico, que la retracción en anchura del arco bicigomático respecto al arco bigonial se relacionaba muy significativamente con rasgos de personalidad autosuficiente y valores altos en alexitimia. El profundo ajuste de estructura y funcionalidad rostro-cerebro (Richtsmeier y Flahertuy, 2013) fundamenta la relación bidireccional entre AZ y las estructuras cerebrales que contiene la zona medial-ventral craneofacial.
    La literatura en neuroimágen sobre psicopatía caracterizada entre otros rásgos por la frialdad afectiva y carencia de empatía, y sobre alexitimia es extensa. Numerosos estudios han observado diferencias en las formas (Gúndel et al., 2004), volúmenes (Gregory et al., 2012); Yang et al., 2009) y patrones funcionales de ciertas regiones y redes cerebrales (Pujol et al, 2012) en individuos con estos síndromes. Las estructuras estudiadas en estas investigaciones se ubican mayoritariamente en el espacio craneal ventral a la altura de la zona media del rostro. La investigación de Gabarre (2010) comparte resultados afines a características personales estudiadas en la literatura sobre psicopatía: 1) Actitud no colaboradora o colaboración sólo con finalidad instrumental; 2) Dificultad para resonar emocionalmente; y 3) mayor prevalencia en hombres que en mujeres, (Blair, Mitchell y Blair; 2005).”

    Tengo que advertirle que si bien Vd. es Catedrático en Biología, la tesis doctoral del Dr. Julián Gabarre fue Codirigida por el Dr. Antonio Bulbena Vilarrasa Catedrático de Psiquiatría de la UAB y el Dr. Santiago Estaún Ferrer, Catedrático de Psicología de la UAB, y que el Trabajo de investigación de Cristina Gabarre Armengol fue dirigido y avalado por el Dr. Jordi Obiols Llandrich Catedrático de Psiquiatría que algo sabrán sobre psiquiatría y psicología ¿no le parece Sr. Alonso?.

    Reitero mi afirmación en la afectividad de la psicología facial ya que mi larga experiencia como psicólogo y después como morfopsicologos, asi lo acredita. He de decirle que si pudiéramos unir los conocimientos de científicos y biólogos, (como usted y otros), y los del Dr. Julián Gabarre que ha desarrollado empírica y ampliamente la psicología facial, sin duda podríamos beneficiar al conocimiento y método científico. Ello repercutiría en el bienestar social y salud mental y como consecuencia mejorar todo lo relacionado con el aspecto y saber humano. En mi opinión es la finalidad primordial de estas ciencias. Y evitemos entre todos (como dice el proverbio chino: “cuando se apunta la luna, el tonto se queda mirando el dedo”) quedarnos mirando el dedo. Es mi sincero y humilde deseo. Siempre, con total respeto y sin ánimo de ofenderle, reciba un cordial saludo.
    Cualquiera que revise nuestra conversación podrá darse cuenta de quién quiere construir y quién quiere destruir. Debería Vd., emplear el tiempo en responder a las personas que le están pidiendo ayuda en su foro que no intentar discutir conmigo.
    P. D. Ya no le responderé nada más, el tiempo hará justicia.

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