El órgano cerebral de la avaricia

Franz Josef Gall nació el 9 de marzo de 1758 en Tiefenbronn (Baden), uno de los futuros estados alemanes. Su nombre va unido al desarrollo de la Frenología (de phrenos=mente, logos=estudio), una disciplina científica que había sido inicialmente denominada Cranioscopía (de cranium=cráneo, scopos=visión). La idea principal de la Frenología es que las funciones cerebrales tenían una localización determinada en la corteza cerebral, formando auténticos órganos cerebrales dedicados a una tarea concreta.  Por tanto, si una persona tenía una cualidad característica, por ejemplo era un avaro, la zona del cerebro relacionada con el uso comedido del dinero estaría muy desarrollada, y puesto que, según Gall, “el cerebro modela el cráneo”, se notaría un bulto en esa región al palpar la cabeza.

Parece que el inicio de las ideas de Gall sobre la organización modular de la función cerebral se basan en una observación de sus años de escuela, donde uno de sus compañeros mostraba una gran habilidad lingüística y una excelente memoria verbal y, al mismo tiempo, tenía los ojos saltones.

“Aunque no tenía un conocimiento previo, quedé asombrado por la idea de que los ojos así formados eran una señal para una excelente memoria. Fue solamente más tarde… que me dije a mi mismo, si la memoria se muestra por una característica física, ¿por qué no otras facultades? Y esto me dio el primer incentivo para todas mis investigaciones y es el origen de todos mis descubrimientos.”

Gall buscó (y, por supuesto, encontró) la misma relación entre memoria verbal y ojos saltones en otros estudiantes y postuló que esa peculiaridad fisonómica era causada por un desarrollo extraordinario de un área cerebral situada detrás de los globos oculares y dedicada a la Facultad de atender y distinguir palabras y recordar palabras. Esta área cerebral, más grande de lo normal, empujaría los ojos hacia fuera y sería el sustrato de esa notable capacidad verbal y memorística, así como la responsable de ese aspecto físico poco agraciado.

Gall consideraba que las cualidades morales e intelectuales eran innatas, que dependían de su sustrato orgánico y que este sustrato estaba localizado en el cerebro. El cerebro era por tanto el órgano encargado de todas las habilidades, todas las tendencias, todos los sentimientos, todas las posibilidades de futuro. A su vez, el cerebro estaba compuesto de tantos órganos cerebrales como facultades, tendencias y sentimientos existen. Y no todos esos órganos tenían el mismo desarrollo en cada persona. La Frenología estudiaba e identificaba esas diferencias individuales.

Las charlas de Gall eran seguidas con un gran interés en Viena, lo que alarmó a las autoridades eclesiásticas. En 1801, el emperador de Austria-Hungría, Francisco I, le prohibió continuar con su investigación y la difusión de sus ideas, citando razones morales y religiosas y señalando el peligro de una teoría que llevaba al materialismo y al fatalismo. Si estamos marcados por unas características cerebrales ¿para qué luchar contra nuestra naturaleza y nuestro destino?, ¿para qué esforzarnos por mejorar si estamos predestinados por nuestros órganos cerebrales? Al parecer, la jerarquía de la Iglesia austrohúngara no veía bien el determinismo biológico implícito en esta teoría (al nacer ya se podría establecer para qué tendría el bebé aptitudes, cualidades y tendencias; el cerebro marcaría ya una propensión hacia la genialidad o hacia el crimen) y con ese afán de restringir, localizar y diseccionar el alma espiritual. Salvando todas las distancias, existen algunas similitudes con esos tests psicológicos que hacemos en las escuelas y donde algunos pretenden ver las inclinaciones, aptitudes y posibilidades de un niño de pocos años, conocer su futuro, incluyendo sus ventajas y limitaciones.

Sin inmutarse demasiado, Gall dejó Viena en 1805, siendo acompañado por su discípulo y lugarteniente Spurzheim. Ambos viajaron juntos por Europa difundiendo su doctrina con resultados dispares: “charlatanería” y “timo” eran comentarios frecuentes aunque parece haber un consenso en que Gall estaba menos interesado en ganar dinero que en conseguir que sus ideas fueran conocidas y aceptadas. Fue, por el contrario, bien recibido en general en los círculos científicos y consiguió el apoyo de pensadores tan prestigiosos como Goethe. Gall llega a París en 1807 y allí se instala, viviendo con gran lujo hasta su muerte en 1828. Fue elegido como médico por aristócratas y embajadores, así como por prominentes intelectuales como Stendhal. Gall empezó a escribir sobre sus ideas en 1808 y enseñó sus teorías en el Ateneo, viéndose enfrentado rápidamente con Napoleón. No solo que el emperador tenía poca simpatía por los alemanes y las doctrinas materialistas sino que, además, Gall consideraba que debido a la pequeña circunferencia de la cabeza de Bonaparte no se podía esperar demasiado, desde el punto de vista frenológico, de aquel cerebro.

En 1810 publicó su principal trabajo, con un título realmente largo “Anatomie et physiologie du système nerveux en général, et du cerveau en particulier, avec des observations sur la possibilité de reconnaître plusieurs dispositions intellectuelles et morales de l’homme et des animaux, par la configuration de leur têtes,”  (Anatomía y Fisiología del sistema nervioso en general y del cerebro en particular, con las observaciones sobre la posibilidad de reconocer distintas disposiciones intelectuales y morales del hombre y de los animales, por la configuración de sus cabezas).

Gall solicitó su admisión en la Académie des Sciences pero Napoleón presionó para denegarle el acceso y para que se estableciera un comité que juzgara sus ideas y sus procedimientos. Gall, de forma inteligente, envío como aval su extraordinaria investigación sobre la anatomía del cerebro, que era de gran calidad científica, (volúmenes I y II de la obra antes mencionada) en vez del trabajo mucho más controvertido sobre los “órganos cerebrales” de la mente (volumen III). La Academia pidió a su mejor neurocientífico, Marie-Jean-Pierre Flourens (1794-1867) académico y miembro de la Legión de Honor, que realizase experimentos en animales para comprobar las afirmaciones frenológicas de Gall. Flourens fue devastador. Tras numerosos experimentos llegó a la conclusión de que la Frenología era una falacia. En su libro “Examen de la Phrénologie” publicado catorce años después de la muerte de Gall indicaba sobre él: “Hizo lo que muchos otros han hecho. Comenzó imaginando una hipótesis, y entonces imaginó una anatomía que se ajustase a dicha hipótesis.”

Mientras que Gall era muy riguroso en sus disecciones y autopsias, sus métodos para localizar los órganos cerebrales eran grotescos y absurdos, y se pueden ilustrar con algunos ejemplos. La “destructividad” fue situada en una zona encima de la oreja por tres razones: Primero, es la zona más gruesa del cráneo en los animales carnívoros; segundo, Gall observó una prominencia en esta zona en el cráneo de un estudiante que “le gustaba tanto torturar animales que se convirtió en cirujano” y tercero, esta región estaba muy bien desarrollada en un boticario que posteriormente se convirtió en verdugo. La “idealización” se colocó en una zona que observó desarrollada en estatuas de poetas y era también —según él—  la zona de la cabeza que los poetas se tocaban o frotaban mientras escribían. Con respecto a la “veneración” se situó sobre  Bregma, la zona de unión de las suturas de los huesos del cráneo en la parte superior de la cabeza. Ello se debió a que  Gall observó que alguna gente devota y de rezo ferviente y frecuente tenía esta región ligeramente prominente. Se dice que definió el órgano cerebral de la reproducción en el cerebelo al “notar la ardiente nuca de una viuda histérica”.  Con esos fundamentos tan poco sólidos, Gall se convirtió en su peor enemigo.

Gall estaba particularmente interesado en estudiar individuos que mostrasen un comportamiento extremo: genios, locos o criminales, y valoraba las prominencias y depresiones (bultos y zonas hundidas) de su cráneo para identificar aquellas partes del cerebro subyacente que estaban sobre- o infrarrepresentadas en relación con lo observado en la mayoría de las personas. También actuaba en sentido contrario, una zona anormalmente pronunciada de un cráneo podía dar pistas de un talento particular, de unos dones determinados. Así un frenólogo, podría determinar los aspectos fuertes y débiles de la personalidad de un individuo mediante la palpación de su cráneo. Su interés por los cráneos causó un auténtico pánico entre las clases intelectuales. En una carta a Georges Cuvier, el famoso naturalista, Flourens indicaba:

“En esa época … todo el mundo en Viena estaba temblando por su cabeza, temiendo que tras su muerte fuese solicitada para enriquecer el gabinete del Dr. Gall. Él mostraba su impaciencia sobre los cráneos de personas extraordinarias –aquellos que mostraban ciertas cualidades muy desarrolladas o un gran talento- lo que era causa aún mayor de terror. Muchas personas habían sido inducidas a creer que eran especial objeto de la atención del doctor e imaginaban que sus cabezas eran particularmente deseadas por él como un espécimen de la mayor importancia para el éxito de sus experimentos. Circulan curiosas historias en este sentido. El viejo Monsieur Denis, el bibliotecario del Emperador, ha incluido una cláusula especial en su testamento, intentando salvar su cráneo del bisturí de Monsieur Gall.”

Con todas sus observaciones en los cráneos que fue recolectando, Gall describió 27 zonas cerebrales localizadas, centros encargados de funciones concretas. Según su clasificación, los primeros diecinueve son órganos comunes a hombres y animales, los últimos ocho son específicos de humanos:

  1. El instinto de reproducción (localizado en el cerebelo).
  2. El amor a nuestra descendencia.
  3. El afecto, la amistad.
  4. El instinto de auto-defensa, el coraje, la agresividad.
  5. El instinto carnívoro, la tendencia a matar.
  6. La astucia; la agudeza; la inteligencia.
  7. El sentimiento de propiedad, el instinto de almacenar comida (en animales), la codicia, la tendencia a robar.
  8. El orgullo, la arrogancia, el amor a la autoridad.
  9. La vanidad, la ambición, el ansia de gloria (“una cualidad beneficiosa para el individuo y para la sociedad”)
  10. La circunspección, la previsión.
  11. La memoria de las cosas, la memoria de los hechos, la educabilidad, la perfectibilidad.
  12. El sentido de los lugares, de las proporciones espaciales.
  13. La memoria de la gente, el sentido de la gente.
  14.  La memoria de las palabras.
  15. El sentido del lenguaje, del habla.
  16. El sentido de los colores.
  17. El sentido de los sonidos, el don de la música.
  18. El sentido de las relaciones entre números.
  19. El sentido de la mecánica, de la construcción, el talento para la arquitectura.
  20.  La sagacidad comparada.
  21. El sentido de la metafísica.
  22. El sentido de la sátira, el sentido del ingenio.
  23. El talento poético.
  24. La amabilidad, la benevolencia, la gentileza, la compasión, la sensibilidad, el sentido moral
  25. La facultad de imitar, la mímica.
  26. El órgano de la religión.
  27. La firmeza de propósito, la constancia, la perseverancia, la obstinación.

Está claro que 25 de estas 27 regiones cerebrales con una función determinada, simplemente no existen. Las dos restantes (14 y 15) están relacionadas con el lenguaje y la memoria de las palabras y pueden relacionarse con áreas cerebrales realmente existentes.

En sus descripciones, Gall realizaba inspecciones rápidas y simples y utilizaba términos como “más grande”, “más pequeño”, “enormemente desarrollado”, “se observa fácilmente”,…. Otros científicos renegaban de esa ausencia de precisión, que se mostraba sin ningún valor a la hora de comparar sus datos, o de extrapolarlos a otras personas. Señalaban que los bordes de los órganos cerebrales propuestos por Gall eran difusos lo que impedía comprobar si existía una correlación real entre una habilidad determinada y el tamaño de esa región cerebral. Otros aspectos de crítica fueron las generalizaciones realizadas a partir del estudio de muy pocos casos, o el poco rigor científico, donde los ejemplos que no apoyaban su teoría eran apartados y no tenidos en cuenta.

Dejando la Frenología aparte, Gall hizo sólidas aportaciones al estudio del Sistema Nervioso. Fue el primero que separó claramente la sustancia gris (componentes neuronales) y la blanca (elementos conductores). Gall reintrodujo el método de comenzar las disecciones desde la médula espinal y seguir los tractos fibrosos de forma ascendente, hacia la corteza cerebral. Gracias a ello, observó que las fibras de la médula terminan en la corteza y no en el bulbo raquídeo como se pensaba previamente. Esta separación entre anatomía bulbar y cortical puso de manifiesto por primera vez la importancia de la corteza cerebral como una entidad definida. Gall identificó claramente los orígenes de los nervios craneales I al VIII, y fue el primero en distinguir la presencia de dos tipos de fibras, “rentrants” o divergentes (axones de proyección) y convergentes (fibras de asociación/comisurales). Parece ser que también él fue capaz, antes que nadie, de probar que las fibras de los tractos piramidales cruzaban los hemisferios cerebrales, encontrando así la explicación para las parálisis contralaterales, las que se observaban en el lado del cuerpo opuesto a la zona de la lesión en la cabeza. Como primera persona que propuso que el cerebro estuviera constituido por sistemas individualizados aunque conectados, Gall estableció la base tanto para las teorías modulares como las coneccionistas de la función cerebral. Fue también importante su contribución a la localización de la función, la localización del síntoma y la localización de la lesión. Gall fue el primero que hizo una descripción completa de una afasia expresiva debida a una lesión cerebral. También se dio cuenta de la relación entre lesiones vasculares y problemas del habla. Obtuvo las evidencias para sus teorías sobre el habla, el lenguaje y la memoria verbal de disecciones de cerebros que habían tenido heridas de bala, apaleamientos y posiblemente derrames cerebrales así como del estudio de individuos con discapacidad intelectual y dementes. Su concepto de que muchas funciones mentales  se podían relacionar con zonas cerebrales concretas se mostró posteriormente correcto, pero no como indicaban los frenólogos.

Junto a los aspectos más puramente científicos, Gall fue un personaje interesante. A nivel personal, se casó muy pronto con Miss Leisler, no se conoce el nombre de pila pero el matrimonio fue desgraciado y Gall tuvo numerosas amantes, con una de las cuáles tuvo un hijo. Decidido a disfrutar de la vida dijo que “ni el pecado ni los amigos me abandonarán nunca”. Socialmente, fue considerado durante su vida como un radical, un reformador social que señalaba, con razón, que “es mucho más difícil ser virtuoso que ser devoto”. El elemento básico de su conducta personal era la tolerancia, que consideraba “el primer deber, el más sagrado, el más filosófico”. De forma llamativa para su época, consideraba que la educación era vital para todos los ciudadanos, no haciendo diferencias entre individuos de distintas razas, afirmando que “Todos los hombres tienen los mismos cerebros, por lo tanto, las mismas facultades y tendencias,… un negro y un europeo están al mismo nivel en la escala del reino animal”, algo realmente revolucionario en los comienzos del siglo XIX. Gall solicitó reformas en las condiciones de prisiones y manicomios, debido a su conocimiento de la situación de presos y enfermos mentales al visitar esos establecimientos en la búsqueda de cráneos de personas con conductas extremas. Creía en la reforma más que en el castigo, una conclusión directa de su idea que las enfermedades de la mente eran innatas y, por lo tanto, no estaba tan clara la “culpabilidad” y  consideraba que las características de la persona que ha hecho un delito debían tenerse en cuenta al emitir una sentencia judicial “los grados de culpa y expiación varían de una persona a otra”. Mientras que muchas de las ideas de Gall se abandonaron rápidamente otras tuvieron una influencia notable en las reformas sociales en los siguientes 200 años.

La puñalada final a la Frenología la dio otro neurocientifico, Magendie, al discípulo favorito de Gall,  Spurzheim, usando como estratagema el cerebro más famoso de Francia, el de Laplace. Lo cuenta Flourens en su libro “Psychologie Comparée”:

“El famoso fisiólogo Magendie conservaba con veneración el cerebro de Laplace. Spurzheim tenía el muy natural deseo de ver el cerebro de ese gran hombre. Para poner a prueba la ciencia de la Frenología, Mounsieur Magendie le mostró [sin que lo supiera Spurzheim], en vez del cerebro de Laplace, el de un imbécil. Spurzheim que se encontraba lanzado de entusiasmo, admiró el cerebro del imbécil como si fuera realmente el de Laplace.”

Magendie le tendió una trampa y Spurzheim se tragó el cebo, el anzuelo y la caña entera. La Frenología nunca se recuperó de ese golpe.

Se ha dicho que la relación entre la Frenología y la Neurociencia sería similar a la relación entre la Alquimia y la Química o la Astrología y la Astronomía: un origen común, incluso una cierta fecundación mutua pero unas siguen el camino de la ciencia, de la evidencia sometida a prueba, de la experimentación mientras que las otras van cayendo en lo esotérico, los “poderes” indemostrables, la estafa. Sin embargo, las contribuciones de Gall, a pesar de estar basadas en una teoría equivocada, constituyen avances notables, realmente revolucionarios para su época y permitieron la base del conocimiento moderno sobre la localización de la función cerebral.

Para leer más:

  • Ackerknecht, E. H., & Vallois, H. V. (1956). Franz Joseph Gall, inventory of phrenology and his collection. University of Wisconsin Medical School, Madison.
  • Chudler, E. H. (1998). Milestones in neuroscience research, http://weber.u.washington.edu/~chudler/hist.html.
  • Department of Neurology, University of Illinois (1998). Dr. Franz Gall http://www.uic.edu/depts/mcne/founders/page0038.html.
  • Finger, S. (1994) Origins of Neuroscience. A history of explorations into brain function. pp.32-50. Oxford University Press, Nueva York.
  • Stern, M. B. (1971). Heads & headlines: the phrenological Fowlers. University of Oklahoma Press, Norman.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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