Un conserje providencial

La glándula pituitaria o hipófisis es una glándula situada en la base del cerebro, entre los nervios ópticos, y que vierte a la sangre nueve hormonas que controlan la homeostasis, el equilibrio del cuerpo. Es un elemento clave en la integración hormonal entre el sistema nervioso y el resto del organismo. Entre sus funciones están cosas tan importantes como el crecimiento, el control de la presión sanguínea, la producción de leche para la lactancia, la regulación del tiroides, el control del metabolismo con el consumo de los productos energéticos incluidos los azúcares, la regulación de la temperatura, la conservación del agua y los equilibrios salinos del cuerpo, y las funciones sexuales. 

Andrew Nalbandov era un fisiólogo de la Universidad de Wisconsin que en 1940 estaba intentando saber sobre  estas cosas, la función de la hipófisis. En aquella época había una aproximación experimental un tanto burda, pero que funcionaba. Extraías el órgano, en este caso se llama una hipofisectomía, y compruebas lo que pasaba al organismo. Con este mismo tipo de aproximación experimental, Banting y Best pudieron demostrar que la insulina extraída del páncreas de unos perros podía curar a otros perros con el páncreas destruido y que morían muy pronto por algo muy parecido a una diabetes. Fue un paso crucial para entender que el páncreas producía la insulina, que esa sustancia regulaba los niveles de glucosa en sangre y que tratando a las personas diabéticas con insulina se podía evitar que muriesen en unos pocos meses.

Pues bien, Nalbandov estaba intentando hacer lo mismo con la pituitaria o hipófisis, pero el problema es que ésta está localizada como hemos dicho, debajo del cerebro y no es fácil llegar a ella quirúrgicamente. Todos sus intentos, realizados en pollos hipofisectomizados, terminaban con la muerte de la pobre ave en pocos días, con lo que no podía investigar para qué demonios valía la pituitaria. Nalbandov estaba dispuesto a abandonar su investigación y buscar otro proyecto cuando de repente un 98% de aquellos pollos operados empezaron a sobrevivir tres semanas y muchos de ellos seguían vivos seis meses después. Nalbandov pensó que su técnica quirúrgica había mejorado, ya no causaba tanto daño al ir a por la pituitaria y por eso los animales vivían. Podía entonces plantearse un experimento importante, con tiempos de supervivencia adecuados y objetivos ambiciosos. Pero de repente, los pollos empezaron a morirse otra vez, tanto los que llevaban seis meses vivos como los que acababa de operar. Por tanto, no era que su destreza como cirujano hubiese mejorado. Siguió adelante con su proyecto porque ahora sabía que era posible, que era factible, que había algo que se le escapaba pero los animales hipofisectomizados podían vivir si conseguía averiguarlo.  De repente volvió a tener otro período bueno, los animales volvieron a sobrevivir por períodos prolongados. Aprovechó para comprobar todos los registros del laboratorio, exploró la posible presencia de enfermedades y cualquier otro factor que se le ocurrió, pero no conseguía encontrar una explicación. Él contaba después “te puedes imaginar lo frustrante que era ser incapaz de aprovechar algo que obviamente tenía un profundo efecto en la capacidad de estos animales para superar la operación.”

Entonces, una noche, volvía a casa a las 2 de la mañana después de una fiesta. Sí, los investigadores también salen de fiesta alguna vez. Su camino pasaba cerca del edificio de laboratorios y se dio cuenta de que las luces de la sala de los animales estaban encendidas a esa hora de la noche. Pensó que algún estudiante descuidado las había dejado encendidas y detuvo el coche para ir a apagarlas. Pocos días después se dio cuenta de que nuevamente las luces habían estado prendidas toda la noche. Investigó y encontró que un conserje, que era nuevo y sustituía en ocasiones al que estaba habitualmente, y que tenía que comprobar a medianoche que todas las ventanas y puertas estaban cerradas, prefería dejar encendidas la luz en la habitación donde estaban las jaulas de los pollos para poder encontrar la salida. Después de hacer las averiguaciones oportunas, resultó que los dos períodos de supervivencia de los animales coincidían con dos períodos donde el conserje que trabajaba era el sustituto, que dejaba la luz encendida. Una nueva batería de experimentos pronto demostró que los pollos hipofisectomizados mantenidos en oscuridad morían todos, mientras que los pollos que tenían luz, al menos en dos períodos de una hora cada noche, vivían indefinidamente. La explicación fue que los pollos en la oscuridad no comían y desarrollaban hipoglucemia (bajo nivel de azúcar en sangre) de lo cual no se podían recuperar en las horas del día, mientras que los pájaros que tenían luz y se alimentaban algo durante la noche no morían por la hipoglucemia.

Nasbandov pudo desarrollar su trabajo y se inició una nueva era en la investigación sobre la hipófisis y las hormonas que producía. Y es que nunca hay que menospreciar la importancia en un experimento de un conserje miedoso.

Leer más:

  • Beveridge WIB. (1960) The Art of Scientific Investigation.3ª. ed. Heinemann, Londres.
  • Gratzer, W. (2002) Eurekas and euphorias. The Oxford book of scientific anecdotes. Oxford University Press, Oxford. pp. 119-120.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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