La senda de los elefantes

La senda de los elefantes es una película de 1954 donde Elizabeth Taylor deslumbra con su belleza aunque le ataquen los paquidermos y también una zona de vinos en Logroño donde al parecer mucha gente va con su “trompa” de bar en bar. Relacionando ambas cosas, este post va de si los elefantes, los verdaderos, se pueden emborrachar tomando fruta caída de los árboles, en concreto,  frutos fermentados de la marula.

La marula Sclerocarya birrea es un árbol de la familia de las anacardiáceas, la misma del mango, el pistacho y el anacardo. Los árboles son dioicos, es decir, hay árboles masculinos y árboles femeninos. En algunas zonas de África, las mujeres comen harina de la corteza seca de la marula en un intento de elegir el sexo del futuro hijo. Me resulta curioso, por los conocimientos de la sexualidad de las plantas que implica,  ya que si quieren un chico, deben alimentarse de la corteza pulverizada del árbol macho, y si quieren una niña, del árbol hembra. O quizá es una mera casualidad de esas del 50%.

El fruto de la marula es comido desde hace al menos diez mil años por los africanos y se piensa que los bantúes, de cuya dieta es un componente principal, lo han distribuido por distintas regiones y naciones de África a lo largo de sus migraciones. Larvas y orugas de varios insectos, incluida la mariposa verde africana Argema mimosae comen las hojas de la marula o viven bajo su corteza. Su fruto tiene una alto contenido en vitamina C, varias veces superior al de las naranjas,  y con él se produce una cerveza y un licor, el licor de amarula, que se produce en Sudáfrica y se encuentra en  pubs y cafeterías por todo el mundo.

Cuando las frutas caen al suelo, fermentan y alcanzan un contenido alcohólico del 3%. Se decía que los elefantes se emborrachaban comiendo esta fruta, de hecho hay una película  basada en esa supuesta observación, pero se ha calculado recientemente que la cantidad consumida, suponiendo que el animal solo comiera marula, tendría que ser una cantidad cuatro veces superior a la que ingiere diariamente cada elefante, que ya son bastantes kilos de hojas y partes de plantas. Es posible que el agente intoxicante sea otro ya que los elefantes comen también la corteza del árbol y entre los animales presentes en esa corteza se encuentran las larvas de algunos escarabajos que se usan tradicionalmente para envenenar las puntas de flecha. Así que un posible comportamiento extraño del paquidermo no sería una intoxicación etílica causada por la fruta fermentada sino un envenenamiento por las toxinas de esos insectos consumidos de forma insospechada.

Leer más:

  • Highfield, R. (2011) New Scientist 208 (2792/2793): 54.
  • Physiological and Biochemical Zoology, vol 79, p 363.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

4 comentarios en “La senda de los elefantes”

  1. Si Elizabeth Taylor deslumbra por su belleza en “La senda de los elefantes”, no creen que mínimo han debido de poner una foto suya de esa película.

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