Internacionalización y EEES

La aparición anual de los ránkings universitarios suele generar malestar y decepción entre los sistemas europeos. Los puestos de cabeza están indefectiblemente liderados por universidades norteamericanas. Sin embargo, esos ránkings no cubren todas las facetas ni, por supuesto, las dan la misma ponderación. De hecho, dan en general un enorme peso a la investigación y algunos aspectos, importantes también, son poco o nada valorados. Estos indicadores son liderados por las universidades europeas.

Las universidades europeas han creado en los últimos años la mayor área mundial universitaria: El Espacio Europeo de Educación Superior. El EEES está formado por los sistemas universitarios de más de 40 países, con sistemas comprensibles y homologables entre sí, con una armonización de calendarios y ciclos académicos, con un reconocimiento explícito del valor educativo de los estudios interculturales y con una clara apuesta por la movilidad, la calidad y la internacionalización.

El programa Erasmus, europeo por supuesto, ha movido más de 20 millones de estudiantes. En contraste la mayor parte de los programas de “estudiar fuera” (study abroad) de las universidades norteamericanas afectan a muy pocos alumnos, son periodos cortos y están poco integrados tanto en el currículum de la universidad de origen como en los programas de la universidad de destino. Muchos estudiantes Erasmus por el contrario pasan un año o incluso más en la universidad de destino y consiguen un reconocimiento e integración en su propio currículum completo de todo lo cursado en el exterior.

Esta diferencia ha hecho que esta falla en la internacionalización fuese denunciada por la comisión que analizó la situación del país tras los atentados del 11 de septiembre. Un riesgo de los Estados Unidos, señalado por la propia comisión parlamentaria estadounidense, era que demasiados pocos jóvenes hablaban un segundo idioma con calidad, que demasiados pocos jóvenes tenían experiencia internacional, que demasiados pocos jóvenes conocían la vida, cultura y costumbres de otros países. Como resultado se planteó una nueva ley, con el objetivo explícito de que un millón de jóvenes universitarios estudiara fuera cada año. Es algo que supera todos los años ya el EEES.

Las críticas al modelo “de Bolonia” incluían una supuesta privatización, una pérdida de la competitividad y la calidad, un vuelco dramático en la financiación de la universidad con un fuerte encarecimiento de las matrículas y una transferencia de su control, sistemas de gobierno y estructuras de decisión a las empresas. Por supuesto, nada de esto ha sucedido. En realidad, se ha creado un nuevo sistema de cooperación institucional, un fundamento para una mayor competitividad y flexibilidad de los estudiantes y futuros profesionales y una mayor integración, académica en este caso, entre los países europeos. Tras la Europa de las instituciones y la Europa del euro, llegó la Europa del EEES o la Europa de las universidades. Nada de eso sucede en Estados Unidos. Los sistemas de las universidades norteamericanas son extremadamente diversos y frecuentemente tan poco comparables y homologables entre sí, como los casos más extremos de Europa antes del proceso de integración universitaria.

Otro aspecto en el que el EEES generó un compromiso fue la universalización (o europeización al menos) de los sistemas de garantía de calidad, incluyendo las evaluaciones externas. En contraste, las universidades norteamericanas consideran que su autonomía universitaria se centra y termina en su autorregulación y los procesos de evaluación y acreditación se hacen frecuentemente por los propios académicos sin que intervengan funcionarios gubernamentales ni agencias externas independientes como garantes del rigor de los procesos.

En resumen, con la instauración del espacio europeo hemos podido comprobar que algunas de las críticas al modelo boloñés, tanto de estudiantes como de profesores, eran, en algunos casos, interesadas, políticas o políticamente interesadas. Las críticas actuales de los estudiantes se refieren curiosamente a la mayor exigencia de trabajo o algo tan revelador como que “ahora hay que ir a clase”. No digo que el EEES sea la respuesta a nuestros males ni que no sea perfectible, pero es evidente que no es el “coco” que algunos intentaron vender.

Leer más:

  • Rhodes, F.H.T. (2010) Respice, Prospice Higher Education: A Decennial Review.  En: L.E. Weber y J.J. Duderstadt (eds.) University Research for Innovation. Economica, Londres.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

Un comentario en “Internacionalización y EEES”

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