Image64La Revolución francesa no solo cambió las ideas políticas y sociales sino que afectó también al pensamiento científico y creó un nuevo clima en torno a los centros educativos superiores. Danton había dicho «Después del pan, la educación es la primera necesidad del hombre» y la Convención Nacional, que desconfiaba de las universidades a los que consideraba reductos reaccionarios y monárquicos, llamó a los más capaces para que dictaran cátedras en la Escuela Normal y la Escuela Politécnica, que se convirtieron en el modelo revolucionario de la enseñanza superior. Se generalizó el concepto del investigador-profesor, se crearon las escuelas de pensamiento con una vinculación personal e intelectual entre maestros y discípulos y se generó una red entre las universidades, las academias y las sociedades científicas que generó una democratización del quehacer científico, una popularización de los avances científicos entre la gente culta, una modificación de los métodos pedagógicos y una socialización de la investigación que se convierte desde entonces en una empresa que el gobierno debe amparar y en un factor clave del prestigio de los países.french-revolution

La Neurociencia asumió también los descubrimientos de una de las ciencias más prometedoras de la época, la Química. Así, Lavoisier consideró el oxígeno como el fundamento de la combustión y creó una teoría que desterró el flogisto. Se explicaron los tres estados de la materia: sólido, líquido y gaseosos y los gases perdieron la espiritualidad, esa idea que les había protagonizar durante siglos toda una serie de teorías misteriosas relacionadas con las funciones mentales, para convertirse en materia, nada más.

De modo similar a lo que estaba sucediendo entre la representación popular y las jerarquías nobiliaria y eclesiástica, es también una época de una fuerte controversia entre los descubrimientos de los científicos y las ideas religiosas. La Facultad de Teología de París obligó a Buffon a retractarse de todo lo que en su Historia Natural fuese contrario al retrato bíblico —empezando por haber afirmado que la edad de la Tierra era mucho mayor de los 6.000 años que decía la Biblia— y en Inglaterra —donde la libertad de pensamiento no estaba mediatizada por la autoridad del Papa— se generó una corriente de pensamiento que defendía a capa y espada la interpretación literal del Génesis. Se llegó a decir que los fósiles que se iban descubriendo—cuya existencia no encajaba en el relato bíblico— habían sido enterrados por Dios para poner a prueba la fe del hombre. El geólogo James Hutton terminó con ello diciendo que «no se deben emplear más fuerzas que las naturales del Globo ni admitir ninguna acción cuyo principio sea desconocido». Los teólogos intentaron también adaptar lo que era ya incuestionable —como que la edad de la Tierra era muy superior a la cronología bíblica— y así el «día» de la Biblia fue transformado —a regañadientes se supone— en un sinónimo de «época» o «era» para que el Génesis fuera compatible con los nuevos descubrimientos científicos.

Georges_Cuvier_large-redGeorges Cuvier, cuyo verdadero nombre era Jean Léopold Nicolas Frédéric Cuvier, fue un naturalista y zoólogo que se puede considerar el padre de la Paleontología y de la Anatomía comparada. Cuvier se dio cuenta de que algunos de los fósiles que se iban desenterrando no correspondían a ninguna de las especies existentes pero estaban claramente emparentadas con ellas y también estableció con claridad que las extinciones eran un hecho —se conocían los elefantes africanos y los asiáticos pero nadie había encontrado un mamut vivo. En realidad, todos los continentes habían sido explorados y en ningún lado aparecían bestias como el pterodáctilo o los mosasaurios a los que él había puesto nombre. Así que amplió la taxonomía de Linneo y  los árboles genealógicos, creó el phyllum —una división sistemática superior— e incluyó en la misma clasificación a las especies vivas y a las extintas.

Cuvier nació en Montbéliard y fue un estudiante aplicado, que se benefició de la magnífica educación que le dio su joven madre y desarrolló una pasión por la lectura y la historia natural. Leyó y releyó hasta aprenderlos casi de memoria los 44 volúmenes de la enciclopédica Histoire Naturelle de Buffon. Completó la secundaria en la Academia Carolina de Stuttgart y aunque no hablaba alemán al llegar, al final de curso ganó el premio anual sobre la asignatura de lengua alemana, la lengua materna de sus compañeros. Tras terminar los estudios no tenía de qué vivir así que obtuvo un empleo como tutor del hijo del conde de Héricy, un noble protestante. Allí, en Normandía, empezó a comparar los fósiles con las especies actuales y conoció a Alexandre Tessier un médico y agrónomo que estaba escondido en la región, huyendo del Terror que asolaba París. Tessier usaba un nombre falso pero al oírle hablar de temas agrícolas, Cuvier reconoció sus ideas y le saludó por su nombre a lo que Tessier respondió en un lamento «Me ha reconocido y, en consecuencia, estoy perdido». «¡Perdido! —respondió Cuvier— no, usted es desde ahora el objeto de nuestro más ansiosos cuidados». Los dos se hicieron amigos íntimos, Tessier escribió a sus amigos en París «He encontrado una perla en el estercolero de Normandía» y le abrió las puertas de los principales científicos de la época. Uno de ellos, Jean Claude Mertrud, que había sido nombrado para la cátedra de anatomía comparada en el Jardin des Plantes le contrató para que se trasladara con él a París y fuera su ayudante. El Instituto de Francia se fundó en 1796 y Cuvier fue elegido miembro de su Academia de Ciencias. De ahí siguió una carrera meteórica donde fue respetado y valorado por los distintos gobiernos: a pesar de haber sido nombrado catedrático durante la Revolución, fue consejero imperial de Napoleón y presidente del consejo de Instrucción pública y rector de la Universidad tras la restauración borbónica. Recibió numerosos nombramientos y condecoraciones pero sobre todo fue la figura más respetada de las ciencias naturales en su época.

Cuvier se opuso a la teoría de la evolución que defendía Jean Baptiste Lamarck. Se basó en que las momias de animales (gatos e ibis, fundamentalmente) img_0016-redque había traído Geoffroy Saint-Hillaire a París tras la conquista de Egipto por Napoleón mostraban una anatomía idéntica a la de los ejemplares de la época. Lamarck argumentó que los tiempos de la evolución eran mucho más largos que los 4.000 años pasados desde la momificación de aquellos animales a lo que Cuvier replicó que los cambios en un período prolongado deberían ser el resultado de multiplicar los observados en un período corto, pero como esos cambios eran nulos, su múltiplo seguía siendo cero. Cuvier escribió que la teoría de la evolución de Lamarck

Se basaba en dos suposiciones arbitrarias; la primera, que hay un vapor seminal que organiza el embrión; la otra, que los esfuerzos y los deseos son capaces de engendrar órganos. Un sistema establecido con esos fundamentos puede captar la imaginación de un poeta; un metafísico puede derivar de ello una serie completamente nueva de sistemas; pero no aguanta ni por un momento el examen por alguien que ha hecho la disección de una mano, de una víscera, o incluso de una pluma.

Cuvier fue el líder de los fisiognomistas de su época. Este grupo de pensamiento buscaba asociar características mentales con detalles de la apariencia física, en particular de la cara. Esta disciplina ha dado origen a la palabra «fisonomía”, cuyo significado es —según la RAE— «aspecto particular del rostro de una persona» o “aspecto exterior de las cosas”. La fisiognomía hundía sus raíces en la Grecia clásica donde un tal Zopyro, en el siglo V a. C., adquirió fama por ser un experto en relacionar apariencia con carácter. Pitágoras al parecer, rechazó a Cylon que intentaba sumarse a su escuela porque su aspecto indicaba un mal carácter y un fisiognomista indicó que Sócrates se entregaba a la  embriaguez, a la sensualidad y a los arrebatos violentos de pasión. Era tan opuesto a su imagen que los discípulos socráticos protestaron llamando mentiroso al fisiognomista pero Sócrates les hizo callar diciendo que así era él en realidad pero que había conseguido superar aquellos tres vicios gracias a la autodisciplina que se había impuesto.

Aristóteles parece ser receptivo a esas ideas y en un pasaje de su Analítica Primera dice que «es posible deducir el carácter de las características» y a él se le atribuye también un tratado titulado Fisiognomónica. 250px-Porta59En esta obra «describe los signos generales del carácter, las apariencias particulares de las disposiciones, de la fuerza y la debilidad, del genio y la estupidez, de la timidez, el impudor, la furia y sus opuestos. Estudia la fisiognomía de los sexos y las características derivadas de las diferentes particularidades, del color, pelo, cuerpo, extremidades, andares y voz. Compara la variedad de los humanos a los animales, el hombre al león, la mujer al leopardo».

Las universidades medievales y del comienzo de la Edad Moderna enseñaron Fisiognomía, que se fue convirtiendo en un arte adivinatoria hasta que su desprestigio hizo que fuera prohibida. Por ejemplo, Enrique VIII de Inglaterra decretó fuera de la ley que «mendigos y vagabundos practiquen juegos sutiles, taimados e ilegales tales como la fisiognomía y la quiromancia». Leonardo da Vinci dijo que la fisiognomía era «falsa», una quimera «sin base científica». Aún así pensaba que las arrugas del rostro causadas por las expresiones faciales podían indicar la personalidad del sujeto y, por ejemplo escribió que «los que tienen líneas profundas y marcadas entre las cejas son irascibles». De ahí la fisiognomía volvió a aparecer con los estudios del italiano Giambattista della Porta, el suizo Johann Kaspar Lavater, y el inglés Thomas Browne. della_porta_swineLos tres planteaban discernir características mentales tales como la personalidad o las preferencias de una persona fundamentándose en las características físicas de su rostro. Browne, el primero que usó la palabra caricatura en inglés, una herramienta didáctica para remarcar los detalles fisiognómicos, escribió en sus Christian Morals (publicado en torno a 1675):

Porque el entrecejo a menudo dice la verdad, puesto que los ojos y las narices tienen lenguas y el semblante proclama el corazón y las inclinaciones.

La popularidad de la fisiognomía continuó hasta la época de Cuvier —el rey Jorge II la tuvo que volver a prohibir en 1743, ordenando que aquellos que la practicaran fueran azotados en público y enviados a prisión— y fue ampliamente utilizada por distintos escritores tales como Balzac, Dickens, Charlotte Brontë o Wilde, cuyo El retrato de Dorian Gray se fundamenta en esta teoría.

Como fisiógnomo, Cuvier se interesó mucho por el trabajo de Petrus Camper que medía el ángulo facial y realizaba estadísticas antropométricas. 653px-Angle_facialEl ángulo facial era básicamente una relación entre la inclinación de la cara con respecto al cuerpo y se lograba dibujando una línea recta desde el conducto auditivo hasta la narina, la apertura de la nariz y una segunda línea desde la narina a la frente. Cuvier encontró que el ángulo facial aumentaba según uno ascendía de los monos a los grandes simios, y de éstos a los humanos. También publicó que los europeos blancos—el grupo que era considerado por Cuvier y el resto de los europeos blancos como la raza más desarrollada intelectualmente— tenía mayores ángulos faciales y unas frentes más amplias que otras razas y grupos étnicos. Cuvier escribió que los africanos negros eran «la más degradada de las razas cuya forma se acerca a esa de la bestia y cuya inteligencia no tiene un tamaño suficiente para poder llegar a establecer un gobierno regular». El colonialismo europeo se dotaba de una coartada científica.

Los frenólogos habían considerado que las funciones mas importantes, las superiores, las responsables de los grandes avances del hombre estaban situadas en los lóbulos frontales. Las funciones inferiores, tales como los instintos, estaban situadas en las porciones posteriores. Así, los encéfalos de animales como los perros o los monos tenían un desarrollo relativamente avanzado de la parte posterior del encéfalo pero menor de las partes frontales, aunque éstas deberían permitirles ciertas formas rudimentarias de inteligencia.

Emil Huschke, un antropólogo alemán estudió los pesos cerebrales en distintos grupos de personas y tomando las ideas de los fisiognomistas y de los frenólogos declaró que 339px-Carl_Schenk_-_Emil_Huschke_1858la raza caucásica era la raza «frontal», los africanos negros eran la raza «occipital» y las razas mongólicas eran la raza «parietal», en relación con los principales lóbulos cerebrales, algo que no tiene ningún sentido. Basados en estas ideas, algunos autores fueron un paso más allá y llamaron a los blancos, los «hombres del día», a los negros, los «hombres de la noche» y a los asiáticos los «hombres del crepúsculo».

Está muy extendida la idea de que podemos juzgar las características morales de una persona con solo verle, hay algún trabajo que plantea que podemos relacionar la dirección de los remolinos del cabello y la orientación sexual y es común oír de alguien que «tiene cara de malo». Parece que nuestro cerebro funciona al menos en parte así y en una décima de segundo valora si alguien es confiable, agresivo, extrovertido, competente, cariñoso o lo contrario. Aún más, distintas personas llegan a las mismas conclusiones sobre los mismos rostros, obtienen la misma primera impresión. También se ha visto que las personas con cara de niño (ojos grandes, nariz y barbilla poco marcada) tienen más posibilidades de ser condenadas en un juicio por negligencia que los que tienen un rostro más maduro pero más posibilidades de ser absueltas en un juicio penal por un crimen violento. baby-face-nelsonEn realidad, no deberían hacerlo, las personas con cara de niño tienen, de media, más posibilidades de convertirse en criminales y ahí está Baby Face Nelson, nombrado enemigo público nº 1 y el asesino que más agentes del FBI ha matado.

La fisiognomía se ha intentado usar para hacer análisis psicológicos e incluso para la selección de personal. Lo más curioso que he encontrado es que de 1936 a 1945, el Departamento de Aeronáutica de la Armada Japonesa contrató a un fisiognomista llamado Yoshito Mizuno después de que el cuartel general del almirante Isoroku Yamamoto descubriera que con solo observar a los candidatos era capaz de predecir con más de un 80% de aciertos, cómo sería su rendimiento como pilotos. La fisiognomía, como todas las seudociencias, reaparece cada cierto tiempo y es común usar una fotografía para hacer un panegírico o una crítica feroz de un líder o un contrincante político. Y es que seguimos diciendo, siglos después, que la cara es el espejo del alma.

 

Para leer más:

  • Agawa H (1979) The reluctant admiral : Yamamoto and the Imperial Navy. Kodansha International, Tokio.
  • Highfield R (2009) In your face. New Scientist 2695: 29-32.
  • Rahman Q, Clarke K, Morera T (2009) Hair whorl direction and sexual orientation in human males. Behav Neurosci 123 (2): 252–256.
  • Schmitt S (2006) Aux origines de la biologie moderne. L’anatomie comparée d’Aristote à la théorie de l’évolution. Ed. Belin, París.
  • http://www.examiner.com/article/ancient-face-reading-secrets-reappear-scientific-study