article-new_ehow_images_a07_ht_m3_criminology-distance-learning-colleges-800x800Vivimos en la época de las “Neuro”: Neuromarketing, Neuroeconomía, Neuropolítica, Neuroética, Neuromitología y Neuroteología son términos que aparecen actualmente en prensa, internet y otros medios aprovechando nuestro conocimiento sobre el cerebro para un mayor éxito o una mejor comprensión en estas disciplinas. La Neurocriminología sería una subdisciplina de la Criminología que aplica técnicas de Neurociencia para determinar si hay un problema neurobiológico en un crimen o determinantes mentales de la criminalidad, para intentar evitar el delito o su reincidencia y para aplicar las penas más justas y eficaces para castigar al delincuente y propiciar su reinserción.

Un estudio con neuroimagen de la corteza anterior del cíngulo realizado por Aharoni y colaboradores y publicado en los Proceedings of the National Academy of Sciences en marzo de 2013 se titula “Neuropredicción de futuros arrestos”.

Esta región del cerebro está implicada en la regulación del comportamiento, el control de la impulsividad, el procesamiento de los errores, el seguimiento de los conflictos, la selección de respuestas y el aprendizaje de cosas y situaciones que se deben evitar. Se realizó un análisis con resonancia magnética a 96 presos varones con edades entre 20 y 52 años a los que se hizo posteriormente un seguimiento de cuatro años tras su puesta en libertad. El estudio demuestra que los presos que tenían baja actividad en esta región cerebral reincidían el doble de veces que los presos con alta actividad en la misma zona. Las personas con daños en la corteza anterior del cíngulo muestran cambios en su comportamiento que incluye pérdida de inhibiciones, apatía y agresividad. De hecho se les suele incluir en el grupo que muestran una personalidad psicopática adquirida.

Hay quien ve estos estudios como una herramienta para predecir qué delincuentes pueden reincidir pero creo que es más interesante pensar que proporciona una vía para conducir a algunas personas hacia unas terapias especialmente diseñadas para reducir el riesgo de comisión de nuevos delitos.

Dentro de los investigadores dedicados a la Neurocriminología destaca Adrian Raine, profesor en departamentos de Criminología, Psiquiatría y Psicología de la Universidad de Pennsylvania. 

Adrian Raine 2La investigación de Raine apunta a que la Neurociencia permite distinguir señales muy tempranas en personas que terminan convirtiéndose en psicópatas y criminales. La diferencia más significativa entre las personas normales y los delincuentes es que estos últimos no muestran señales de miedo, remordimiento o culpa tras ser detenidos.

Raine empezó a estudiar este tema en su tesis doctoral y utilizaba sensores parecidos a los de los detectores de mentiras que miden la frecuencia cardíaca y los cambios en la conductividad eléctrica de la piel. Empezó su investigación en adolescentes con historiales de distintos niveles de agresión para intentar determinar si había indicadores biológicos que permitieran distinguir a las personas que posteriormente iban a tener problemas con la ley. Al terminar su tesis, no pudo encontrar trabajo. Según él “las explicaciones biológicas no eran populares en aquella época, al final de la década de los 1970. Mandé 67 solicitudes de trabajo a universidades tan alejadas como Papúa Nueva Guinea y recibí 67 cartas de rechazo. El único sitio donde me aceptaron fue en una prisión”.

_45072249_prison1330Empezó a trabajar como psicólogo de instituciones penitenciarias en una de las cárceles de máxima seguridad del Reino Unido, en Hull, con violadores, asesinos y pedófilos. Raine intentó diseñar estrategias e intervenciones para este grupo sin obtener éxito. “Lo más importante que aprendí fue que realmente no podía cambiar a aquella gente. Eso me llevó a los niños, a estadios más tempranos, pensando que tenemos que volver nuestra atención a los factores que predisponen a esos comportamientos en etapas previas, cuando quizá podamos hacer algo.

El equipo de investigación de Raine ha utilizado y seguido durante períodos muy prolongados lo que se llama el condicionamiento autónomo al miedo. Se trata de una respuesta que se puede medir en la piel, que es involuntaria e incontrolable y que se produce ante un posible castigo (ese sudor en las manos que tiene el estudiante que está intentando sacar una chuleta). Los investigadores midieron estas respuestas en 1.800 niños y luego, veinte años después, estudiaron sus expedientes judiciales. Después de hacer las correcciones imprescindibles por factores sociales, encontraron que los niños de 3 años que tenían una mala respuesta en el condicionamiento al miedo, que no les preocupaba lo que les pudiera pasar, tenían mayores posibilidades de haber cometido delitos cuando tenían 23.

Esta investigación hace pensar indefectiblemente en Cesare Lombroso. lombrosoEl catedrático italiano de Psiquiatría y Antropología criminal publicó en 1878 L’uomo delinquente. Lombroso consideraba que la criminalidad podía transmitirse por la herencia y que alguno “nacía criminal (reo nato)” algo que podía identificarse por medidas fisiognómicas.  Es decir, que había toda una serie de características físicas, de anomalías (frente estrecha, orejas grandes, asimetría facial y craneal, prognatismo, brazos largos), que permitían distinguir a los criminales de los que no lo eran, incluso antes de cometer un delito. Lombroso postulaba que el criminal era una reversión al hombre primitivo, un subtipo humano con características parecidas a un simio que convertían al delincuente en un salvaje moderno. Además de las diferencias físicas, Lombroso planteaba que había también diferencias mentales. Según él, los criminales tenían menor sensibilidad al dolor y al tacto, vista más aguda, carencia de sentido moral, ausencia de remordimientos y un aumento de la vanidad, la impulsividad y la crueldad. Lombroso, no obstante, decía que había un equilibrio entre los factores orgánicos y genéticos que predisponían al crimen y otros factores externos que lo precipitaban como la pobreza, el ambiente familiar y grupal o la ausencia de oportunidades. Las teorías de Lombroso fueron rápidamente desmontadas en Europa mediante análisis estadísticos y epidemiológicos rigurosos pero persistieron más tiempo en Estados Unidos donde la mayoría de los estudios sobre la criminalidad eran sociológicos y carecían frecuentemente de un buen estudio cuantitativo que confirmase las hipótesis propuestas.

Lombroso iba más allá y afirmaba que podía distinguir tipos específicos de delincuente (ladrones, violadores, asesinos) por características específicas y para él “somos gobernados por leyes silenciosas que nunca cesan de operar y que gobiernan la sociedad con más autoridad que las leyes inscritas en nuestra normativa. Lombroso Types2El crimen… parece ser un fenómeno natural.” Lombroso sustentaba además su teoría en una base sorprendente: el comportamiento “criminal” de algunos animales y así  comenta el caso de una hormiga que en un ataque de ira desmiembra a un pulgón, una hormiga macho que sin acceso a hembras reproductoras viola una hormiga obrera con órganos sexuales atrofiados causándole un gran dolor y la muerte, o el caso de una cigüeña adúltera que junto con su amante asesina a su anterior pareja.

A pesar de la enorme distancia de Lombroso a Raine, muchas de las teorías de la Neurocriminología inciden en uno de los debates más importantes de los últimos siglos: la diferencia entre “nature” y “nurture”, entre la influencia de la genética y la del ambiente en el que crecemos y nos desarrollamos. La idea del “nacido criminal” influye en numerosos aspectos de nuestra cultura popular. La descripción inicial del conde Drácula por Jonathan Harker, el personaje creado por Bram Stoker, se basa exactamente en la descripción de Lombroso de un criminal de nacimiento.

Para aquellos que creemos en la educación, en el esfuerzo, en la capacidad de uno mismo para sobreponerse a su posible destino, la existencia de una fuerte propensión a un comportamiento asocial es un dato un tanto desanimante pero es cierto que somos lo que nuestro cerebro es. Hay referencias de personas que tienen un desarrollo especial del cavum septum pellucidum, una zona en el centro del cerebro relacionada con un menor desarrollo del sistema límbico. images (1)El cavum septum pellucidum  estaría implicado a su vez en el control cerebral de las emociones y las personas con una estructura anómala de esta región cerebral muestran mayores índices de psicopatía, de trastorno antisocial de la personalidad y de tener un expediente con arrestos y condenas. Por otro lado nuestro cerebro está continuamente cambiando, modificándose como resultado de nuestras vivencias, nuestra experiencia y nuestros aprendizajes y hay muchas personas que vencen a estas supuestas tendencias de su arquitectura cerebral.

El propio Raine afirma que no podemos condenar a nadie por anticipado. “El cerebro cambia. La familia y un ambiente favorable pueden proteger, ayudar a la persona e incluso llegan alterar las respuestas fisiológicas que vemos. No decimos que la biología marque el destino”. Su grupo de trabajo está realizando experimentos con niños que muestran marcadores de comportamientos agresivos para ver si terapias psicológicas o incluso cambios en la dieta pueden reducir las posibilidades de que esas personas desarrollen actos antisociales.

MacaqueMonkeyCuando trabajaba en el California Regional Primate Research Center, un compañero de departamento estudiaba las relaciones entre lesiones cerebrales y el comportamiento. Los macacos que tenían lesiones de amígdala no tenían miedo y no respetaban las normas sociales. El miedo es un aprendizaje que nos protege, nos aparta de un posible daño. En un grupo de monos, el animal con la lesión de amígdala podía meterse en una pelea con otro animal del grupo con más estatus social que él, normalmente más fuerte y poderoso. Por ejemplo, intentaba quitarle algo de comida al mono grande y evidentemente, recibía una paliza. La cosa no terminaba allí, el animal con la lesión en la amígdala no aprendía de su derrota, no aprendía de la experiencia pasada, no tenía miedo y volvía a intentar robar la comida del mono grande. No tenía esa memoria emocional de la paliza que había recibido. Usted puede intentar imaginar la reacción de incredulidad, ira y agresión que se producía en el macaco dominante, algo que encima se podía volver a repetir poco después. Finalmente, había que separar al macaco con lesión de amígdala del resto del grupo para evitar su muerte.

Raine y sus colegas han demostrado que los psicópatas adultos tienen una amígdala que es un 18% más pequeña que la de controles del mismo sexo y edad. Estudios de neuroimagen han permitido comprobar que la actividad en la amígdala es también menor en psicópatas cuando se les plantea un dilema moral (la típica pregunta de si estarías dispuesto a dejar morir a alguien que podría sobrevivir con tu ayuda si ese gesto te permitiera salvar a dos personas). Según Raine, sus resultados sugieren que “los psicópatas saben lo que está bien y lo que está mal, pero no tienen un sentimiento de qué está bien y qué está mal”. Es decir, saben la regla, pero no la interiorizan, no presentan un sentimiento de angustia cuando saben que van a romperla, tienen menor miedo al castigo y menos emoción positiva o negativa a la hora de hacer el bien o hacer el mal.

Pero no todos los delincuentes son iguales. Raine ha estudiado junto con William Laufer, profesor en la Wharton School de estudios legales, ética en los negocios, sociología y criminología, Corporate criminallos cerebros de los criminales de cuello blanco, los que comenten delitos económicos, sin violencia y normalmente con un buen estatus social. Según ambos profesores, los resultados provisionales señalan que estos delincuentes muestran una actividad cerebral distinta: mejor capacidad de decisión y atención aumentada. Las áreas cerebrales responsables del procesamiento de la información social, la regulación de las emociones y el control de las recompensas abstractas como el dinero tienen mayor tamaño que en controles cuidadosamente seleccionados. Son datos que necesitan confirmación con más estudios y más casos.

Otro aspecto importante de estos estudios es su uso en las defensas judiciales. Es decir, si una persona tiene de nacimiento una disfunción cerebral que le causa una propensión para el crimen, ¿hay que considerarle totalmente responsable de sus actos? Hay toda una serie de disputas legales e incluso sentencias donde se habla de las tendencias genéticas al delito y del ambiente social tóxico. En esos alegatos jurídicos se incluyen términos como la psicosis urbana, la intoxicación generada por la televisión o los odios raciales.

PG 1116Thomas de Quincey (1785–1859) en su divertida obra “Del asesinato considerado como una de las Bellas Artes” también hablaba de esa concatenación de crímenes en algunas personas pero no tal como se considera normalmente:
Si uno empieza por permitirse un asesinato, pronto no le da importancia a robar, del robo pasa a la bebida y a la inobservancia del día del Señor, y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente. Una vez que empieza uno a deslizarse cuesta abajo ya no sabe dónde podrá detenerse. La ruina de muchos comenzó con un pequeño asesinato al que no dieron importancia en su momento.

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