El poeta Jesse Glass publicó un libro titulado “La pasión de Phineas Gage y otros poemas”. De quien quiero hablar no es de Glass sino de Gage, uno de los sujetos más famosos de la Historia de la Neurociencia. Glass empieza así la introducción de su obra:

“El 13 de septiembre de 1848, Phineas P. Gage se transformó en un instante de un responsable capataz del Ferrocarril Rutland y Burlington  en un paria marginado y soez que era incapaz de soportar su vida como marido y como padre. El medio de esta remarcable transformación fue una barra de hierro de 3 centímetros de grueso y 109 centímetros de largo que atravesó el cerebro de Gage tras un grotesco accidente con pólvora negra. Aquel día, Gage estaba trabajando en la voladura de rocas. Primero, taladraban un agujero en la piedra, luego echaban pólvora negra en el agujero y colocaban una capa de arena fina sobre la pólvora antes de que el explosivo se apisonara en su sitio con una barra de hierro. El día en cuestión, Gage, entretenido en una conversación, no comprobó si su asistente había colocado la arena encima de la carga y empezó a golpear directamente con la barra sobre la pólvora. La explosión le dejó aturdido pero no le mató. De forma llamativa, Gage vivió 12 años más tras su transformación, pero el accidente pareció privarle de todo sentido moral. Se convirtió en un vagabundo, asumiendo trabajos temporales en granjas y atracciones de feria. Trabajó como conductor de diligencias en Chile –disfrutando una breve vuelta a la normalidad— tuvo una recaída y volvió con su familia en los Estados Unidos. Cuando murió en 1860 fue enterrado con la barra que cambió su vida.”

Tenemos más información para completar su biografía: Phineas y su cuadrilla estaban abriendo un paso en un afloramiento rocoso al sur de Cavendish. Apisonar la pólvora y su fulminante ayudaba a concentrar la fuerza de la explosión. Gage debió hacer saltar alguna chispa al chocar la barra contra la roca y esto fue lo que inició la explosión a las cuatro y media de la tarde. La barra entró por debajo del pómulo izquierdo con su extremo en punta primero, le atravesó el cráneo de parte a parte y se encontró a 22 metros de distancia, manchada de sangre y tejido cerebral. La barra había entrado por la base del cráneo y salió por su superficie superior, un poco a la izquierda y un poco delante de bregma, el punto de unión de las suturas coronales y sagitales. Gage fue colocado en un carro de bueyes y llevado sentado a su pensión en Cavendish, muy malherido pero todavía capaz de subir las escaleras con ayuda de sus hombres. Se sentó en la baranda, contando lo que le había pasado a los curiosos y al médico, Edward H. Williams, cuando llegó, le dijo “Doctor, aquí hay tarea para usted”. Poco después, llegaba otro médico, John M. Harlow, que escribiría posteriormente varios estudios clave sobre Gage. Entre los dos, consiguieron detener la enorme hemorragia,  extrajeron fragmentos de huesos craneales de su cerebro y le cosieron la herida. Su mente estaba sorprendentemente lúcida y dijo que pensaba volver a trabajar en pocos días. El daño cerebral parecía enorme, con una grave afectación de las funciones mentales y fue dado por desahuciado. Gage, que estuvo semicomatoso las dos semanas siguientes tuvo una infección (un “hongo”) en la zona expuesta del cerebro, que tuvo que ser tratada quirúrgicamente por Barlow que le salvó la vida de nuevo. Un mes después de la explosión, frente a todas las probabilidades, llegaron a la conclusión de que Gage viviría. Harlow debe haber sido un excelente médico, y también humilde porque repitiendo las palabras de Ambroise Paré dijo sobre Gage “Yo le traté. Dios le curó.”  Harlow propuso cuatro razones para la milagrosa recuperación de Phineas:

  1. “Su forma física, voluntad y capacidad de aguante difícilmente podrían ser superadas.”
  2. “La forma de la barra hizo que atravesara limpiamente sin dejar una concusión prolongada ni ninguna zona comprimida.”
  3. La entrada de la barra “creó una abertura para drenar la infección, sin la cual la recuperación habría sido imposible.”
  4. La región del cerebro atravesada por la barra, fue “por diversas razones, la más adecuada… para soportar el daño”.

Tres meses más tarde, Gage pudo desplazarse hasta la granja de sus padres en New Hampshire Pasó casi un año de recuperación y en 1849 fue a Boston, donde el catedrático de cirugía de la Universidad de Harvard, Henry J. Bigelow, le examinó, mostrando el curioso caso a los estudiantes. Gage intentó conseguir de vuelta su trabajo pero fue rechazado por los cambios en su personalidad. Se convirtió en una atracción de feria en el Museo Americano de Barnum, pasó por varios trabajos, siempre acompañado por su barra y se marchó a Chile con un contacto que quería montar una línea de transportes en Valparaíso. Tras pasar ocho años en América del Sur conduciendo diligencias, en junio de 1859 decidió volver y navegó de vuelta a California, donde ahora vivía su familia. Era un hombre en muy mal estado de salud, con ataques epilépticos, y murió poco después. No se hizo autopsia pero la madre de Gage, tras la exhumación de su hijo, le regaló el cráneo y la barra a John Harlow que publicó un estudio detallado sobre el accidente de Gage y su recuperación parcial. Harlow regaló más tarde el cráneo y la barra a la colección de Historia de la Medicina de la Universidad de Harvard donde todavía se conservan.

La figura de Gage se ha utilizado y distorsionado. Frente a lo que escribió Glass, no parece probable que Gage fuera mal marido ni mal padre, ni mucho menos dedicarse al maltrato doméstico porque no tenía mujer ni hijos. La madre de Phineas le dijo a Harlow que aquel entretenía sus sobrinitos y sobrinitas con los más fabulosos relatos de sus aventuras, que no tenían más fundamento que su imaginación. Desarrolló un gran cariño a los animales, perros y caballos sobre todo y a los niños. Lo único que superaba este cariño era su fijación con la barra de hierro que le acompañó durante toda la vida.

Su caso fue estudiado en detalle y tuvo una influencia en el debate sobre la localización cerebral de las funciones superiores, en particular de la personalidad y el comportamiento social. Después de Gage se encontraron otros casos similares, también con lesiones del lóbulo frontal del cerebro. Harlow escribió que Gage tuvo cambios en su intelecto personalidad y estabilidad emocional. Se convirtió, tras el accidente en alguien infantil, impulsivo, caprichoso y malhablado. Harlow describe la situación de Phineas Gage en el siguiente párrafo:

El equilibrio o balance, por decirlo de alguna manera, entre sus facultades intelectuales y sus tendencias animales parecería haber sido destruido. Es inestable, irreverente, deleitándose de vez cuando en los tacos más groseros… impaciente ante cualquier freno o consejo que entre en conflicto con sus deseos.  Pertinazmente obstinado, caprichoso y vacilante sobre sus planes para el futuro “tan pronto organizados como abandonados” Un niño en su capacidad intelectual y sus manifestaciones, tiene las pasiones animales de un hombre fuerte.

Esto contrastaba con lo que decían los que habían conocido a Gage antes del accidente y que le definían como:

“Fuerte y activo”, con “una voluntad de hierro” y un “temperamento nervio-bilioso”. De hábitos moderados y “poseyendo una considerable energía de carácter”. Un “gran favorito” para sus hombres. El “más eficaz y capaz de los capataces contratados por sus empleadores”. En “posesión de una mente equilibrada”. “Un “hombre de negocios” astuto y liso, muy enérgico en la ejecución de todos sus planes”.

En palabras de Harlow y de sus compañeros tras el accidente “Gage ya no era Gage”.

En los últimos veinte años se realizaron distintos escáneres del cráneo para intentar estimar la lesión cerebral de Gage. Hannah Damasio y su equipo realizaron medidas del cráneo, rayos X y fotografías del cráneo de Gage. Luego usaron estos datos para deformar en un ordenador la cabeza de un cadáver y ajustarla a las medidas de Gage. Así pudieron concluir que la lesión afectó al lóbulo frontal izquierdo, tal como había estimado Harlow y que es posible que el lóbulo derecho permitiera cierta recuperación funcional. De hecho, hay serios interrogantes sobre si los cambios de personalidad de Gage se mantuvieron toda la vida o si volvió a cierta normalidad y estuvo mucho más adaptado socialmente de lo que antes se pensaba.

En 2009 y 2010 se produjeron dos descubrimientos inesperados: dos fotografías de Phineas Gage. Para mí, que había leído sobre él desde hace veinticinco años fue un sentimiento especial verle por fin la cara. La primera foto estaba en una colección de daguerrotipos y le llamaban “el ballenero” porque pensaban que lo que lucía orgulloso en la mano era un arpón y su ojo cerrado el resultado de un mal encuentro con una ballena. La segunda apareció poco después entre las posesiones de una descendiente de Gage. Se le ve “guapo, bien vestido y mostrando confianza, incluso orgullo”. Por supuesto, sujeta firmemente la barra que le hirió. Y nos guiña el ojo para siempre.

Leer más:

  • Glass, J. (2006) The Passion of Phineas Gage & Selected Poems. West House, Ahadada.
  • Harlow, J.M. (1868). “Recovery from the Passage of an Iron Bar through the Head.” Publications of the Massachusetts Medical Society 2: 327-347 (Republished in Macmillan 2000).
  • Macmillan, M. Phineas Gage –Unravelling the myth. http://www.thepsychologist.org.uk/archive/archive_home.cfm/volumeID_21-editionID_164-ArticleID_1399-getfile_getPDF/thepsychologist%5C0908look.pdf