NrAssc07Mírale bien. Esta foto, un precioso daguerrotipo, nunca tendría que haber existido. El hombre se llamaba Phineas Gage y lo que lleva en la mano no es un arpón, sino la barra que le atravesó la cabeza. Los propietarios del retrato le llamaban «el arponero» confundidos por esa barra de alrededor de 1,1 m de longitud, 3,2 cm de diámetro y 6 kg de peso.

La foto no tenía que haber existido porque esa barra le entró por debajo del pómulo, pasó por detrás del ojo izquierdo y le salió por la parte superior de la cabeza; porque estaba en medio del campo, cerca de la localidad de Cavendish, en Vermont, lejos de cualquier hospital; porque era el 13 de septiembre de 1848 y no había antibióticos ni apenas nada para luchar contra las infecciones. Pero a veces, raras veces, los milagros existen: Gage sobrevivió.

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Gage dirigía un grupo de obreros que estaba volando rocas para la construcción de una vía de ferrocarril. Hacían un agujero en el lugar apropiado, de 4,5 centímetros de diámetro y hasta 4 metros de profundidad, lo rellenaban con una carga de pólvora, colocaban arena encima y golpeaban con la barra de hierro para compactar el material. Gage se descuidó, no puso la arena, golpeó la pólvora, que explotó y la barra le atravesó la cabeza, siendo recogida después a veinticinco metros de distancia, manchada de sangre y tejido cerebral.

Sus compañeros sentaron a Gage en una carreta y lo llevaron varios kilómetros hasta la consulta del doctor Harlow, quien habló con Gage, pues seguía consciente y le paró la hemorragia lo mejor que pudo. Dos meses después, tras estar varias veces al borde la muerte, sorprendentemente Gage seguía vivo, se había recuperado de sus heridas y Harlow le dio el alta.

Gage pasó a la historia de la Neurociencia pues los que le conocían de antes del accidente decían tras su recuperación que «Gage ya no era Gage». En palabras de Harlow: «el equilibrio entre sus facultades intelectuales y sus tendencias animales se había destruido». Gage, que era un profesional respetado por sus compañeros y sus jefes, se había convertido en alguien irresponsable, blasfemo, malhablado e impaciente. Aunque siempre estaba hablando de planes de futuro «los abandonaba antes de empezar y era muy bueno a la hora de encontrar siempre aquello que no le convenía». Hasta entonces la forma de ser de alguien, su personalidad era algo sagrado, único, eterno, era su propia alma. Tras el accidente de Gage se vio que esa forma de ser residía en el cerebro y que una lesión, por ejemplo en el lóbulo frontal, la región cerebral dañada por la barra de hierro, podía transformar a una persona en alguien diferente.

Los daguerrotipos son prácticamente siempre una imagen especular de la imagen original. En este caso, se ha realizado un segundo giro para mostrar a Gage como sería en la realidad, tuerto del ojo izquierdo. Gage no se separaba nunca de su barra, aquella con la que sale orgulloso en el retrato. La barra y el cráneo de Phineas Gage se conservan ahora en Museo Anatómico Warren de la Facultad de Medicina de la Universidad de Harvard.

 

Fuente de la imagen:

  • Fotografía de un daguerrotipo de la colección de Jack y Beverly Wilgus. Wikipedia.

 

Para leer más:

  • http://jralonso.es/2011/02/12/historias-de-la-neurociencia-el-insolito-caso-de-phineas-gage/