Hace unos días colgué un post sobre un experimento realizado con un chimpancé en el Max Planck de Leipzig. Con estos animales sentimos nuestra proximidad genética, lo mucho que compartimos, lo mucho que nos parecemos. Por otro lado, son animales salvajes, que no deberían ser nunca una mascota. El padre de un amigo de mi hermano, años ha, tenía un chimpancé en casa. Para un muchachito que soñaba estudiar Biología, ver a aquel animal saltar del frigorífico a la mesa de la cocina para verme de cerca, es una de esas experiencias que jamás olvidaré. Pues bien, un día que el animal estaba recibiendo una riña por parte del ¿dueño? por haber hecho un destrozo pegó un salto y le dio una bofetada que le rompió la mandíbula y le arrancó varios dientes. La historia de estos animales que veíamos en circos o  como señuelo para fotógrafos solían ser tristes, deprimentes, cuando no directamente crueles. En Estados Unidos existen “santuarios”,

reservas para cuidar a estos animales que han tenido una vida de explotación o que fueron utilizados para nuestros primeros pasos en la batalla contra el SIDA o contra otras enfermedades exclusivamente humanas como el Alzheimer.

Dicho todo esto, una licencia veraniega. El siguiente vídeo es un anuncio de una cerveza que se emite tradicionalmente en la Superbowl. Creo que se entiende bastante bien. Y refuerza el mensaje, nunca, nunca tenerlo como mascota. Los peligros son constantes.