El 3 de diciembre de 1967, el Dr. Christiaan Neethling Barnard llevó a cabo el primer trasplante de corazón de persona a persona del mundo. Un tabú se rompía: el corazón, el órgano que los antiguos egipcios no se atrevían a tocar en el proceso de momificación, el lugar donde residían los sentimientos según Aristóteles, la silueta que dibujamos para expresar amor, cambiaba de cuerpo. Una nueva era de la cirugía cardíaca se abrió aquel día.

Barnard nació el 8 de noviembre de 1922 en Beaufort West, Sudáfrica, un pequeño pueblo a unos 480 km tierra adentro desde Ciudad del Cabo. Era el tercer hijo (de cuatro) de un pastor de iglesia. Uno de sus hermanos, Abraham, fue un «bebé azul» que murió de un problema cardíaco a los tres años. Aunque no vivían en la indigencia, la familia era pobre, en parte porque el padre se dedicaba al cuidado espiritual de la comunidad mestiza de la localidad y, en el contexto del apartheid y la discriminación que se vivía en Sudáfrica, percibía unos ingresos mucho menores que si se hubiera dedicado a la comunidad afrikáans.

Tras cursar la secundaria en el instituto local, Chris Barnard obtuvo unas calificaciones lo suficientemente buenas como para acceder a la carrera de Medicina en la Universidad de Ciudad del Cabo, donde dependía económicamente de dos becas y tenía la presión de que si suspendía un examen, perdería las becas y no podría seguir estudiando. Se graduó a finales de 1946 y, tras realizar sus prácticas en Ciudad del Cabo, se casó y, aceptó una oferta para incorporarse a una consulta de atención primaria en un pequeño pueblo situado a una hora en coche de la capital. Disfrutaba de este trabajo, pero, cuando surgieron problemas entre él y sus dos colegas, dimitió y regresó a la ciudad para preparar los exámenes superiores de cirugía.

Fue una época difícil para él, ya que carecía de ingresos y tenía que mantener a dos hijos pequeños. Afortunadamente, se produjo una vacante en el hospital local de enfermedades infecciosas, lo que le permitió acceder a otros puestos, primero en medicina y luego en cirugía, en el Groote Schuur Hospital (GSH), el principal hospital universitario de Ciudad del Cabo.

Owen Wangensteen, prestigioso catedrático de la Universidad de Minnesota en Estados Unidos, había quedado impresionado por el trabajo de Alan Thal, un joven médico sudafricano que trabajaba en Minnesota. Wangensteen le preguntó a John Brock, jefe del departamento de medicina del Groote Schuur, si podía sugerirle algún sudafricano con un talento similar y Brock le recomendó a Barnard. Barnard recibió una oferta de los americanos y se trasladó a Mineápolis y fue allí donde entró en contacto por primera vez con el entonces novedoso campo de la cirugía a corazón abierto, ya que el Hospital Universitario de Mineápolis era uno de los pocos centros del mundo en los que se realizaba este tipo de intervención. Barnard vio inmediatamente el potencial de la máquina corazón-pulmón, fue testigo del uso pionero del bypass cardiopulmonar por parte de Walton Lillehei y Richard Varco y fue adquiriendo experiencia en la cirugía cardiovascular.

Tras 30 meses en Estados Unidos, la mayor parte separado de su familia, Barnard regresó a Ciudad del Cabo y llevó consigo una máquina cardiopulmonar financiada por una subvención de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. (NIH). Barnard describió los dos años que pasó en Estados Unidos como «la época más fascinante de mi vida». Inició inmediatamente un programa de cirugía a corazón abierto en el GSH, que obtuvo excelentes resultados y le dio una buena reputación.

A principios de la década de 1960, se empezó a plantear la posibilidad del trasplante de corazón. En enero de 1964, el Dr. James Hardy había llevado a cabo el primer intento de trasplante de corazón del mundo y el primer xenotrasplante de corazón en el Centro Médico de la Universidad de Misisipi el 24 de enero de 1964. Dado que no existía un criterio establecido para la muerte cerebral, Hardy había adquirido cuatro chimpancés como posibles donantes de reserva, en caso de no aparecer un donante humano. Boyd Rush, un paciente en estado comatoso y con un pulso débil, había ingresado en el hospital varios días antes y, cuando entró en estado de shock y fue llevado al quirófano, Hardy consultó a los demás médicos de su equipo sobre si debían intentar una medida desesperada, y tres votaron a favor y otro se abstuvo. Hardy y su equipo procedieron entonces al trasplante de un corazón de chimpancé que latió en el pecho de Rush durante aproximadamente entre 60 y 90 minutos (las fuentes varían), y el paciente falleció sin recuperar la conciencia.

James Hardy

El departamento de relaciones públicas del hospital emitió un comunicado cauteloso, y muchos de los primeros artículos periodísticos dieron por sentado que el donante era un ser humano. Cuando Hardy asistió a la Sexta Conferencia Internacional de Trasplantes varias semanas después, fue recibido por sus colegas con «frío desdén». Hardy abandonó la búsqueda de un procedimiento viable para el trasplante de corazón.

Mientras tanto, Christiaan Barnard y su hermano menor, Marius, que también era cirujano cardíaco en el GSH, comenzaron a adquirir experiencia en la técnica del trasplante de corazón operando perros. Utilizaban una técnica quirúrgica descrita por primera vez por Russell Brock y un colega más joven en Londres en 1959, pero desarrollada e investigada exhaustivamente por Norman Shumway y su equipo de investigación en la Universidad de Stanford, en EE. UU. Barnard no hacía ningún esfuerzo por mantener con vida a los perros, su único objetivo era perfeccionar la técnica quirúrgica.

Barnard también viajó a Estados Unidos durante tres meses para trabajar con el Dr. David Hume en Richmond, Virginia, donde adquirió experiencia en inmunosupresión para el trasplante renal. Con esta experiencia a sus espaldas, Barnard regresó al GSH y llevó a cabo con éxito un único trasplante de riñón, el segundo en la historia de Sudáfrica, en un paciente que vivió 20 años más. Tras esa experiencia Barnard sintió que estaba preparado para realizar un primer trasplante de corazón. Le pidió a la catedrática de cardiología, Velva («Val») Schrire, una médica excelente, que seleccionara un paciente que pudiera beneficiarse de la intervención. Todos los pacientes, independientemente de su origen étnico, recibían el mismo trato, pero la profesora Schrire creía que la selección de un receptor o de un donante no blanco podría ser malinterpretada por los críticos del apartheid como un experimento usando a la población no blanca. Por ello, acordaron que tanto el receptor como el donante debían ser caucásicos (blancos). De hecho, todos los miembros sel equipo médico en la foto oficial del trasplante son blancos. El receptor elegido era un diabético de 53 años con miocardiopatía isquémica llamado Louis Washkansky. Cuando le plantearon la posibilidad del trasplante, Washkansky aceptó sin dudarlo, no tenía otra opción si quería seguir con vida. Barnard dijo a Washkansky y su esposa que la operación tenía un 80 % de posibilidades de éxito, una valoración que ha sido criticada por considerarla engañosa.

En la tarde del sábado 2 de diciembre de 1967, una mujer de 25 años, llamada Denise Darvall, fue atropellada por un conductor ebrio y trasladada al GSH. Tenía dos graves lesiones craneoencefálicas. Su padre dio su consentimiento para la donación de su corazón y sus riñones. El trasplante se realizó con el donante y el receptor en quirófanos adyacentes. Como aún no se habían establecido los criterios de muerte cerebral, la noticia oficial fue que el equipo esperó a que el corazón de la donante dejara de latir antes de perfundirlo mediante la máquina cardiopulmonar. Sin embargo, posteriormente ha habido también controversia en este punto y existen dudas sobre si Denise estaba realmente en muerte cerebral. El hermano de Barnard, Marius, confesó que el corazón de Denise se detuvo mediante una inyección de potasio, aunque más tarde se retractó de esta afirmación. Los datos sugieren que la primera donante de corazón, cuyo caso sentó un precedente para la extracción de órganos, no se encontraba de hecho en «muerte cerebral» en el sentido actual del término y, además, es posible que su corazón fuera detenido artificialmente.

Louis Washkansky (I) y Denise Ann Darvall (D)

A continuación, abrieron rápidamente el tórax de la joven cortando el esternón. El corazón estaba azul y no latía. El equipo quirúrgico conectó a la donante a una máquina de circulación extracorpórea e hizo circular sangre fría oxigenada por su cuerpo, con el objetivo de reducir el metabolismo del corazón mientras se realizaba el trasplante. El corazón se enfrió rápidamente, lo que ayudó a protegerlo de una mayor lesión isquémica durante el trasplante. El corazón de la donante se extrajo de tal manera que la máquina cardiopulmonar de la donante continuara perfundiéndolo con sangre oxigenada enfriada mientras se transportaba al quirófano adyacente del receptor. Hoy en día, este enfoque rara vez se sigue, ya que el corazón de un donante que aún late simplemente se enfría a una temperatura muy baja mediante la perfusión con una solución de conservación fría, tras lo cual se extrae y se cubre con hielo o solución salina fría.

Aunque Barnard y dos de sus colegas, incluido su hermano Marius, habían realizado un número significativo de trasplantes de corazón en perros, los dos principales ayudantes el día de esta primera operación clínica nunca habían visto un trasplante de corazón en su vida, ni siquiera en un perro. Según contó Barnard: «A continuación, extrajimos el corazón de Louis Washkansky y, por primera vez en mi vida, me quedé mirando un tórax vacío. En ese momento, tuve muy claro el alcance total de lo que estaba intentando hacer».

En los últimos años, el corazón enfermo del Sr. Washkansky se había dilatado al ser incapaz de hacer frente al volumen de sangre que se esforzaba por bombear por todo su cuerpo. Por ello, era mucho más grande que un corazón sano normal. El corazón de Denise Darvall era mucho más pequeño incluso que el de un hombre sano, por lo que parecía minúsculo en el amplio espacio que había dejado el corazón del Sr. Washkansky. Barnard lo observó y se preguntó si sería demasiado pequeño para mantener la circulación en un hombre relativamente corpulento. Daba igual, no podía hacer nada al respecto.

Una vez que Barnard completó el trasplante, dejó que la sangre procedente de la máquina cardiopulmonar del receptor perfundiera el nuevo corazón. Al calentar la sangre a su paso por la máquina, también devolvió la temperatura corporal del paciente a la normalidad. El equipo quirúrgico esperó a que el corazón empezara a funcionar en su nuevo cuerpo, pero durante unos minutos estuvo sin latir, en fibrilación. Barnard se preocupó cada vez más por la posibilidad de que el músculo cardíaco hubiera sufrido daños graves al desconectar el suministro de oxígeno de la donante. Desfibriló eléctricamente el corazón que, por fin, comenzó a contraerse con normalidad, pero solo débilmente, y no conseguía hacerse cargo de la circulación.

Barnard intentó dos veces retirar al paciente del soporte de la bomba-oxigenador, pero el corazón no latía con la fuerza suficiente para mantener una presión arterial adecuada. Dejó un poco de tiempo para que el corazón del donante recuperara fuerzas y mantuvo al paciente con vida mediante la máquina cardiopulmonar. Poco a poco, los latidos se hicieron más fuertes. En el tercer intento de desconectar la máquina cardiopulmonar, la presión arterial empezó a subir. Barnard pudo apagar la máquina y cerrar el tórax. La operación había sido un éxito. Chris se inclinó sobre la mesa de operaciones y estrechó la mano enguantada de su asistente jefe. Eran las 6.15 de la mañana y llevaban cinco horas en el quirófano.

Tras la cirugía surgió otra importante controversia. Dado que tres cirujanos estadounidenses estaban a punto de realizar el primer trasplante (Shumway en Stanford, Lower en Richmond y Kantrowitz en el Hospital Maimónides de la ciudad de Nueva York), algunos acusaron a Barnard de ser un imprudente o de haberse lanzado a hacer la compleja cirugía sin estar lo suficientemente preparado. Barnard había trasplantado experimentalmente cuarenta y ocho corazones a perros, lo que suponía aproximadamente una quinta parte del número de trasplantes que Adrian Kantrowitz había realizado en el Hospital Maimónides de Nueva York y alrededor de una sexta parte del número de trasplantes que Norman Shumway había llevado a cabo en la Universidad de Stanford, en California. Barnard no tenía ningún perro que hubiera sobrevivido más de diez días, a diferencia de Kantrowitz y Shumway, cuyos perros habían sobrevivido más de un año. Hay quien dice que Barnard no era el mejor, ni el más preparado, ni el que tenía más medios, es el que se atrevió a intentarlo.

Periodistas y equipos de filmación acudieron en masa al Hospital Groote Schuur de Ciudad del Cabo, lo que pronto convirtió a Barnard y Washkansky en nombres muy conocidos. Al propio Barnard se le describió como «carismático» y «fotogénico», mientras que los informes iniciales calificaron la operación de «exitosa», a pesar de que Washkansky falleció 18 días después. El logro de Barnard resonó en todo el mundo.

La muerte de Washkansky fue debida a una neumonía, provocada en gran medida por los fármacos antirrechazo que inhibían el sistema inmunitario. El segundo paciente trasplantado por Barnard, Philip Blaiberg, sobrevivió 19 meses. El corazón de Blaiberg fue donado por Clive Haupt, un hombre negro de 24 años que sufrió un derrame cerebral, lo que también suscitó polémica, especialmente en la prensa afroamericana, por el apartheid y el maltrato a la población de color. Sorprendentemente, el quinto y el sexto paciente de Barnard vivieron casi 13 y 24 años, respectivamente. Tras el trasplante de Barnard en diciembre de 1967, diferentes cirujanos realizaron más de cien trasplantes de corazón a lo largo de 1968. Solo un tercio de esos pacientes sobrevivió más de tres meses, pero el trasplante de corazón se convirtió en un procedimiento habitual en todos los países desarrollados.

Barnard se convirtió inmediatamente en una celebridad internacional. Fue recibido por el alcalde de Nueva York y apareció en la televisión estadounidense junto a Adrian Kantrowitz y Michael DeBakey. También viajó a Europa, donde conoció a Sofía Loren y en una de sus autobiografías La segunda vida afirmó haber tenido una aventura de una noche con la actriz Gina Lollobrigida, aunque un caballero no debería contar esas cosas. En ese mismo viaje a Roma tuvo una audiencia con el papa Pablo VI, que lo cortés no quita lo valiente.

En 1969, Barnard y su esposa se divorciaron. En 1970, se casó con la heredera Barbara Zoellner, que entonces tenía 19 años, la misma edad que su hijo, y tuvieron dos hijos: Frederick (nacido en 1972) y Christiaan Jr. (nacido en 1974). Se divorció de Zoellner en 1982. Barnard se casó por tercera vez en 1988 con Karin Setzkorn, una modelo de 18 años, él tenía 66, y también tuvieron dos hijos, Armin (nacido en 1989) y Lara (nacida en 1997). Este último matrimonio también terminó en divorcio en 2000. En octubre de 2016, la congresista estadounidense Ann McLane Kuster declaró que Barnard la había agredido sexualmente cuando ella tenía 23 años. Según Kuster, Barnard intentó tocarla por debajo de la falda mientras ella estaba sentada en una comida de negocios con el representante estadounidense Pete McCloskey, para quien trabajaba en aquel momento. Aunque la cirugía cardiovascular en el GSH continuó a cargo de sus colaboradores, entre ellos su hermano Marius, sus constantes compromisos internacionales lo alejaron cada vez más de la práctica clínica diaria, y su vida personal se convirtió en blanco de críticas, siendo considerado un «playboy» o un miembro de la jet-set. Se decía que tenía más novias que pacientes.

La cirugía de los trasplantes siguió avanzando. Los retos que planteaban el fallo precoz del injerto y el rechazo grave en la era anterior a la ciclosporina llevaron a Barnard y a su joven colega belga, Jacques Losman, a desarrollar un modelo de trasplante cardíaco heterotópico en 1975. En este procedimiento se deja el corazón enfermo del paciente en su sitio mientras se le implanta el corazón del donante, formando así, en esencia, un «corazón doble». Aunque hoy se utiliza en contadas ocasiones, esta técnica desempeñó un papel importante en la evolución de los trasplantes cardíacos.

Barnard se jubiló anticipadamente del GSH a los 61 años, alegando artritis. Se dedicó a dar conferencias, a escribir y montó una controvertida colaboración con una empresa de cosméticos con la que fundó la línea de cuidado de la piel Glycel, que salió al mercado con un precio astronómico en la década de 1980 y se comercializó utilizando ingredientes como los glicoesfingolípidos para «rejuvenecer» las células de la piel. También trabajó como asesor científico en la Clinique La Prairie de Suiza, que llevaba a cabo una controvertida terapia de rejuvenecimiento . Su respaldo a unos tratamientos con más interés comercial que científico desató el rechazo de la comunidad científica. Los médicos le criticaron por actuar como un «vendedor ambulante» de productos sanitarios y la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) acabó investigando y sancionando a la empresa por realizar afirmaciones sin pruebas sobre su eficacia contra el envejecimiento.

Barnard, hasta la llegada de Mandela, fue el sudafricano más famoso del mundo. Fue un abierto opositor a las leyes del apartheid de Sudáfrica y no tuvo miedo en criticar al gobierno de su país, aunque tuvo que moderar sus comentarios para poder viajar al extranjero. En lugar de abandonar su patria, utilizó su fama para hacer campaña a favor de un cambio en la legislación. Barnard declaró años más tarde que la razón por la que nunca ganó el Premio Nobel de Fisiología o Medicina fue probablemente porque era un «sudafricano blanco», aunque ningún cirujano ganó nunca ese galardón. La polémica política nunca cesó, en unas declaraciones poco antes de su visita a Kenia en 1978, afirmó que «aunque creo en la participación de los africanos en el proceso político de Sudáfrica, me opongo a un sistema de una persona, un voto».

Barnard dividió sus últimos años entre Austria, donde creó la Fundación Christiaan Barnard, dedicada a ayudar a niños desfavorecidos de todo el mundo, y su finca de caza en Beaufort West, Sudáfrica. En sus últimos años, padeció un carcinoma basocelular (cáncer de piel) en la cara, por lo que recibió tratamiento en Parow, Sudáfrica.

Falleció el 2 de septiembre de 2001, a los 78 años, mientras nadaba en un balneario de Pafos, Chipre. Los primeros informes indicaron que había fallecido de un ataque al corazón, pero la autopsia reveló que su muerte fue causada por un ataque grave de asma. Fue el cirujano más famoso del siglo xx.

 

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