La latitud geográfica influye significativamente en la prevalencia y distribución de enfermedades autoinmunes, neurológicas y psiquiátricas. Por ejemplo, enfermedades como la esclerosis múltiple son más comunes en latitudes más altas y los climas más fríos pueden exacerbar los síntomas de condiciones como la artritis reumatoide y el lupus eritematoso sistémico y hacerlas más visibles.
Sofia Philippou, de la Universidad de Chipre, y su grupo han realizado un análisis de regresión lineal para 201 países en el que analizaban las temperaturas anuales promedio y las tasas estandarizadas por edad (prevalencia) de siete entidades psiquiátricas principales: depresión, distimia, trastorno bipolar, ansiedad, anorexia, esquizofrenia y autismo.
El análisis de regresión lineal mostró una correlación significativa entre las temperaturas anuales promedio y las tasas estandarizadas por edad (p < 0.0001) para tres trastornos: anorexia, autismo y esquizofrenia. El análisis de revisión sistemática mostró que la prevalencia del autismo y la esquizofrenia está potencialmente influida por factores geográficos y climáticos. Sin embargo, no se identificaron datos publicados que respaldaran los hallazgos sobre la anorexia.

Parece que hay una variación geográfica en la prevalencia de rasgos autistas con variación tanto en las influencias genéticas como ambientales, según lo investigado en Suecia y el Reino Unido. En Suecia, las influencias genéticas son mayores en el sur y el centro del país, mientras que las influencias ambientales son más fuertes en el sur y el norte, con una influencia ambiental reducida en la franja central. En el Reino Unido, las influencias genéticas son mayores en el sur, los Midlands y el norte de Inglaterra, mientras que las influencias ambientales son mayores en el sur y el este del Reino Unido. En un estudio de 2017, una investigación sobre los patrones geográficos del TEA en los Estados Unidos reportó una mayor posibilidad de diagnosticar autismo en niños nacidos en Nueva Inglaterra e Indiana y menores probabilidades en las regiones del sur y centro. Curiosamente, estos patrones no se explicaron por factores de confusión comunes como la edad materna, el año de nacimiento, el sexo del niño, los ingresos de la comunidad o la exposición prenatal a contaminantes atmosféricos. En un estudio griego de 2020, los autores mostraron que las regiones del norte, así como la región del Ática, tenían una mayor prevalencia de autismo. Los autores atribuyen la variación a las diferencias en los procedimientos de diagnóstico, la disponibilidad de servicios sociosanitarios y el número de trabajadores de salud mental con experiencia en TEA.
En cuanto a la incidencia del autismo, se observó un gradiente norte-sur. Específicamente, las partes meridionales de Grecia y algunos estados del sur de EE. UU. mostraron una menor prevalencia de autismo. Una posible hipótesis sería la implicación de la vitamina D, que necesita luz solar para su síntesis.

Una revisión sistemática de 2021 que investigó la prevalencia mundial del autismo mostró que el autismo tenía una alta prevalencia en los países asiáticos, incluyendo Corea del Sur y Japón (Santomauro et al. 2021). La disfunción del sistema inmunológico podría ser un posible mecanismo para esta asociación, ya que ya se ha informado en distintos trastornos psiquiátricos, incluido el TEA.
Estos estudios no son fáciles de analizar porque hay muchas variables que no se tienen en cuenta. No se controlaron las variables socioeconómicas, como el ingreso anual medio de cada país, el producto interno bruto (PIB) o el grado de industrialización. Se sabe que la privación socioeconómica y las influencias socioculturales están asociadas con trastornos psiquiátricos, lo que indica que la industrialización y los cambios de estilo de vida relacionados podrían afectar al riesgo de sufrir enfermedades mentales. Además, utilizar estudios de prevalencia de diferentes regiones y países es un desafío, pues hay habitualmente diferencias en los métodos de evaluación y diagnóstico, la estructura de los servicios sociales y la capacidad de los sistemas de salud. Estas variaciones en la infraestructura de atención médica y las capacidades de diagnóstico pueden afectar la prevalencia reportada de trastornos como el autismo.

Investigaciones previas han demostrado que las disparidades globales y las brechas en el acceso a la atención médica contribuyen a diferencias significativas en el diagnóstico y tratamiento de los trastornos psiquiátricos, lo que lleva a una subnotificación en las regiones con recursos limitados y a un posible sesgo de detección, un sobrediagnóstico, en los sistemas de salud más desarrollados. Además de la temperatura, otros factores ambientales, como la contaminación del aire, también pueden influir significativamente en la prevalencia de las condiciones psiquiátricas. Elementos como el estrés crónico, los hábitos alimenticios, la exposición a contaminantes y el trastorno afectivo estacional pueden contribuir aún más a las diferencias regionales en los resultados de salud mental. En resumen, no tenemos una explicación clara pero la probabilidad de ser diagnosticado con autismo varía según los países y según las regiones.
Para leer más:
- Philippou S, Voskarides K, Chatzittofis A (2025) Prevalences of Anorexia, Autism, and Schizophrenia, Are Strongly Associated With Average Annual Temperatures: Systematic Review and Linear Regression Analysis. Brain Behav 15(10): e70999.
- Santomauro DF, Erskine HE, Mantilla Herrera AM, Newton CRJ (2021) The Global Epidemiology and Health Burden of the Autism Spectrum: Findings From the Global Burden of Disease Study 2021. Lancet Psychiatry 12(2): 111–121.



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