El orden de nacimiento, definido como la posición ordinal de un niño entre sus hermanos, ha fascinado a los investigadores desde hace más de un siglo, desde los estudios de Galton en 1874. Los primeros teóricos propusieron que los primogénitos reciben una mayor inversión parental y se enfrentan a mayores expectativas, mientras que los nacidos posteriormente se desarrollan siguiendo la estela inmunológica y social de sus hermanos mayores. Estas ideas han generado una bibliografía empírica rica pero fragmentaria, con estudios individuales que examinan el orden de nacimiento en relación con enfermedades específicas o resultados del desarrollo.

El hallazgo específico más influyente hace referencia a las afecciones alérgicas y atópicas. La «hipótesis de la higiene» de Strachan propone que los hermanos menores, en virtud de una mayor exposición microbiana durante los primeros años de vida procedente de los hermanos mayores, desarrollan una tolerancia inmunológica más potente y un menor riesgo de alergia. Estudios posteriores confirmaron los efectos protectores de tener un orden de nacimiento posterior frente a la fiebre del heno, el eccema y el asma, con mecanismos propuestos que implican la colonización microbiana y la maduración inmunológica en la primera infancia. El orden de nacimiento influye en aspectos muy variados, desde la personalidad hasta la orientación sexual.
Otra línea de investigación ha examinado el orden de nacimiento y los trastornos del desarrollo neurológico. Estudios de registros escandinavos demostraron que los primogénitos presentan un nivel educativo y un coeficiente intelectual ligeramente superiores, lo que podría reflejar una inversión parental diferencial. En el caso del trastorno del espectro autista, la relación con el orden de nacimiento se complica por la interrupción reproductiva o ley de paro, la tendencia de los padres a dejar de tener hijos tras un diagnóstico que a menudo lleva asociada una discapacidad. Esto puede crear un enriquecimiento artificial de primogénitos con TEA simplemente porque no hay segundogénitos. La interpretación también se complica por los efectos de la edad de los padres, en particular la asociación comprobada entre la edad avanzada de los padres y el riesgo de autismo. Al final, los padres del segundogénito o posteriores tienen más años que cuando fueron padres del primogénito. El orden de nacimiento también se ha asociado con trastornos psiquiátricos y mentales en la infancia, así como con enfermedades metabólicas.

Los investigadores han analizado en profundidad cómo el orden de nacimiento influye en la probabilidad de padecer diversas afecciones de salud. En un amplio estudio que analizó 569 trastornos y enfermedades en más de 10 millones de personas y más de cinco millones de familias, los investigadores descubrieron que los primogénitos tenían más probabilidades de ser diagnosticados con trastornos del neurodesarrollo, como el autismo y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH), así como con alergias. Además, los primogénitos eran más propensos a padecer psicosis infantiles y acné. Por otro lado, los segundos hijos eran más propensos a ser diagnosticados con trastornos por consumo de sustancias, herpes zóster y trastornos gastrointestinales. La diferencia de edad entre hermanos también parece ser un factor importante: las diferencias de edad más pequeñas entre hermanos protegen contra bastantes enfermedades, al menos en comparación con las diferencias de edad más grandes.
El punto fuerte del estudio radica en el amplio tamaño de la muestra y en su diseño, que comparó a los hermanos tanto con los miembros de su propia familia como con hermanos de otras familias para controlar los factores socioeconómicos y genéticos. Los investigadores analizaron cómo afectaba a los datos la «ley de paro reproductivo», pero tras excluir del grupo a quienes no tuvieron un segundo hijo, el aumento en los diagnósticos de autismo entre los primogénitos seguía presente. Una limitación es que, en lugar de analizar la prevalencia de los trastornos de salud, los investigadores examinaron datos administrativos de reclamaciones de seguros, lo que podría indicar que los padres tienden a solicitar un diagnóstico para trastornos como el autismo con mayor frecuencia para su primogénito que para los siguientes hijos. No se puede obtener un diagnóstico si no se solicita y en el caso de los segundos hijos, es posible que los padres en un sistema como el estadounidense se muestren menos dispuestos a acudir al médico ante síntomas leves. Por último, especificar que el estudio se ha colgado en MedrXiv, un repositorio de artículos científicos pero aún no ha sido revisado por pares que es siempre un indicio de calidad.
Para leer más:
- Kramer B, Kushner SA, Rzhetsky A (2026) Birth order and disease risk across the human phenome: evidence from 10 million siblings. MedRxiv https://www.medrxiv.org/content/10.64898/2026.03.26.26349438v1.full
- Novak S (2026) Why firstborns may be more likely than secondborns to be autistic or to have allergies. Sci Am https://www.scientificamerican.com/article/why-firstborns-may-be-more-likely-than-secondborns-to-be-autistic-or-to-have-allergies/



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