La melatonina (N-acetil-5-metoxitriptamina) es una hormona sintetizada y secretada en función del ritmo circadiano, las variaciones corporales que regulan los periodos de sueño y vigilia. La estructura de la melatonina fue identificada por primera vez en 1958 y se vio que sus niveles varían a lo largo del día y alcanzan un pico de 60-200 pg/ml entre las 2 y las 4 de la madrugada y disminuyen hasta 0-20 pg/ml durante el horario diurno. Esta hormona es producida principalmente por la glándula pineal, pero también por otros órganos, como la retina, la glándula de Harder, el intestino, la médula ósea, las plaquetas, las células gliales, los linfocitos, el páncreas, los riñones y la piel.

La melatonina tiene diversas funciones biológicas, entre las que la más conocida es la regulación del ritmo circadiano y del sueño, pero también presenta efectos anticancerígenos, metabólicos, antiinflamatorios y antioxidantes.
La melatonina desempeña un papel crucial en el desarrollo fetal. Puede atravesar barreras fisiológicas, incluida la barrera hemato-placentaria, sin desnaturalizarse, y, por consiguiente, influye en la función placentaria. Durante el embarazo, la melatonina atraviesa la placenta y entra en la circulación fetal, transmitiendo información fotoperiódica al feto. La secreción anómala de melatonina se ha relacionado con alteraciones circadianas y anomalías del desarrollo neurológico, incluido el trastorno del espectro autista (TEA).

La melatonina podría desempeñar un papel en el desarrollo neuronal. Un patrón de sueño normal es esencial para un desarrollo neurológico óptimo, y la alteración de los ritmos circadianos, posiblemente debida a concentraciones anormales de melatonina, podría reducir el crecimiento cerebral y aumentar el riesgo de TEA. El TEA se asocia con niveles bajos de melatonina y trastornos del sueño, y las personas con TEA suelen tener problemas para dormir, incluyendo dificultades para acostarse, para conciliar el sueño y una latencia del sueño prolongada. La administración de melatonina antes de dormir mejora la eficiencia del sueño en pacientes con TEA. Aproximadamente dos tercios de los niños con TEA padecen trastornos crónicos del sueño. Además, la prevalencia de problemas de sueño en niños con TEA es del 50-80 %, en comparación con el 9-50 % en niños sin TEA.

Las causas de las alteraciones del sueño en el TEA son multifactoriales y, aunque ninguna intervención por sí sola es completamente eficaz, la melatonina es uno de los tratamientos más eficaces para las personas con TEA. Las variaciones en la síntesis de melatonina en personas con TEA son hereditarias. Además, los bajos niveles de melatonina en los padres pueden aumentar el riesgo de TEA en los hijos, lo que subraya la importancia de la melatonina durante el desarrollo neurológico fetal.
El desarrollo neuronal tiene lugar principalmente durante la fase REM. Además, los recién nacidos duermen entre 16 y 18 horas al día, y más del 50 % de su sueño corresponde a la fase REM. En este contexto, el desarrollo neuronal del feto se ve alterado si se interrumpe su sueño REM, que está estrechamente asociado a la melatonina. La melatonina prolonga la duración del estado REM, mientras que la falta de esta hormona aumenta los periodos de sueño NREM. En un estudio clínico, Andersen et al. (2008) descubrieron que una dosis de melatonina de 3 mg o menos reducía los trastornos del sueño en niños con TEA. Además, la melatonina actúa como neuroprotector para el feto, reduce el riesgo de muerte celular e inflamación en el cerebro fetal en un modelo animal de hipoxia y aumenta las tasas de supervivencia en recién nacidos con asfixia al reducir el estrés oxidativo. En resumen, la melatonina afecta al sueño REM, ejerce un efecto neuroprotector y desempeña un papel en el desarrollo neurológico.

Varios estudios han señalado una disminución de las concentraciones de melatonina en personas con TEA. Se ha sugerido que la hipofunción pineal en los niños autistas podría ser la causa de estos niveles reducidos de melatonina. La melatonina puede desempeñar un papel beneficioso no solo como neuroprotector, sino también como regulador del ritmo circadiano y el sueño. En este contexto, es posible que las anomalías en la concentración de melatonina aumenten el riesgo de TEA.
En un modelo de autismo (ratas tratadas con ácido valproico) Hernández-Sierra y su grupo (2026) han visto que la administración crónica de melatonina revirtió las anomalías conductuales, circadianas y morfológicas en la descendencia masculina. En las hembras, la melatonina previno las respuestas inflamatorias inducidas por el valproico. Además, el tratamiento crónico con melatonina restableció el perfil alterado de melatonina sérica observado en los animales tratados y también restableció la expresión circadiana de las enzimas fundamentales para su síntesis. Estos hallazgos ponen de relieve alteraciones específicas de cada sexo prevalentes en este modelo y sugieren claramente que la melatonina representa un enfoque terapéutico prometedor para mitigar los comportamientos relacionados con el TEA en el modelo VPA, lo que justifica una investigación más profunda para evaluar su relevancia clínica.
Como siempre con la investigación preclínica (con animales) hay que ser prudente sobre si ese tratamiento funcionará en seres humanos. Muchas veces nos llevamos decepciones y hay que dar tiempo a que los estudios clínicos, con seres humanos, sean sólidos sobre la seguridad y eficacia de los tratamientos. Si su hijo tiene problemas de sueño, consulte con su pediatra, quizá la melatonina pueda ayudar pero nunca se automedique.
Para leer más:
- Andersen IM, Kaczmarska J, McGrew SG, Malow BA (2008) Melatonin for insomnia in children with autism spectrum disorders. J Child Neurol 23: 482–485. doi: 10.1177/0883073807309783.
- Hernández-Sierra LJ, Salgado-Delgado RC, Ibáñez-Sandoval O, Saderi N (2026) Early-Life Melatonin Supplementation Reduces the Long-Term Behavioral, Morphological, and Molecular Alterations in a Rat Model of Autism Spectrum Disorder. J Pineal Res 78(2): e70136.
- Jin Y, Choi J, Won J, Hong Y (2018) The Relationship between Autism Spectrum Disorder and Melatonin during Fetal Development. Molecules 23(1): 198. doi: 10.3390/molecules23010198



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