El dimorfismo sexual es una condición en la que ambos sexos de una misma especie presentan características morfológicas diferentes, incluidas las que no están directamente relacionadas con la reproducción. Podemos pensar en un gallo y una gallina, una oveja y un carnero o un hombre y una mujer. Las diferencias pueden incluir caracteres sexuales secundarios (barba y nuez de Adán, por poner dos ejemplos de los hombres y desarrollo de los senos y ensanchamiento de las caderas por poner dos de las mujeres), tamaño, peso, color, marcas o rasgos conductuales o cognitivos. Estas diferencias pueden ser sutiles o muy marcadas y pueden ser diana de la selección sexual y la selección natural. Por término medio, los hombres somos más altos y musculosos que las mujeres, lo que nos confiere una característica distintiva para la elección femenina y para la competición física con otros hombres.

El dimorfismo sexual no es algo excepcional. Los machos son más grandes que las hembras en el 45% de las especies de mamíferos, en el 39%, machos y hembras tienen el mismo tamaño y en el 16% restante, las hembras son más grandes que los machos.

Un órgano que es sexualmente dimórfico es el cerebro. Estas diferencias incluyen el tamaño general del cerebro, las proporciones de materia blanca y gris y la forma y el volumen de regiones cerebrales específicas. El cerebro masculino es entre un 11 y un 12% más pesado y un 10% más grande que el femenino, algo que se relaciona con nuestro mayor tamaño general. El núcleo supraquiasmático es alargado en las mujeres y más redondeado en los hombres mientras que el núcleo sexualmente dimórfico del área preóptica es más grande en los hombres que en las mujeres. Curiosamente, algunos estudios señalan que ese núcleo tiene un tamaño intermedio en hombres homosexuales frente a los medidos en hombres heterosexuales y en mujeres.

El dimorfismo sexual se genera a través de la expresión de genes y de la actuación de hormonas. Ambos tipos de moléculas afectan a la formación del cerebro antes del nacimiento y también al comportamiento de los individuos jóvenes y adultos. Dado que es más fácil manipular los niveles hormonales que la expresión de los genes, sabemos mucho más sobre los efectos de las hormonas que sobre los efectos directos sobre el cerebro de los genes aunque se conoce que las diferencias sexuales en la expresión génica contribuyen significativamente a las diferencias sexuales en las funciones cerebrales normales y en las enfermedades cerebrales y mentales.

El Homo sapiens actual muestra una serie de dimorfismos sexuales, con una diferencia media de masa corporal entre ambos sexos de aproximadamente el 15%. La selección sexual está relacionada con el dimorfismo. Los mamíferos monógamos son mucho más parecidos entre sí que los polígamos, donde el dimorfismo suele ser mucho más marcado. En los seres humanos, en concordancia con nuestra diversidad de conductas, hombres y mujeres difieren más que los mamíferos monógamos, pero mucho menos que los mamíferos llamativamente polígamos como leones, gorilas o ciervos, donde un macho dominante tiene un harén de hembras.

Un descubrimiento reciente importante es que el dimorfismo sexual no se mantiene estable. En el último siglo, a medida que han mejorado las condiciones de vida, han aumentado tanto la estatura como el peso de los seres humanos, pero este incremento ha sido más del doble en los hombres que en las mujeres.

Por poner un ejemplo, durante la primera mitad del siglo xx, la estatura media de las mujeres del Reino Unido aumentó un 1,9%, de 159 cm a 162 cm, tres cm, mientras que la de los hombres creció en el mismo período un 4%, de 170 cm a 177 cm, siete cm. Alrededor de una de cada cuatro mujeres nacidas en 1905 era más alta que el hombre medio nacido en 1905, pero esto se redujo a alrededor de una de cada ocho mujeres para las nacidas en 1958. Algo similar sucede entre los jóvenes españoles y de otros países.

El crecimiento corporal tiene una relación directa con el metabolismo. La tasa metabólica basal media es aproximadamente un 6% más alta en los adolescentes varones que en las mujeres y aumenta hasta aproximadamente un 10% después de la pubertad. Las chicas tienden a convertir más alimentos en grasa, mientras que los chicos convierten más en músculo y reservas de energía circulante. La fuerza física es también claramente dimórfica. Las mujeres tienen, de media, un 50-60% de la fuerza del tren superior de los hombres y un 80-90% de la fuerza de la parte inferior del cuerpo de los hombres. Por eso es lógico tener categorías separadas en muchos deportes.

¿Y por qué ha aumentado este dimorfismo? Los científicos especulan con la posibilidad de que se deba a las preferencias sexuales de las mujeres. Esa selección sexual habría impulsado una tendencia hacia hombres más altos y musculosos, los empotradores, aunque en la era de la obesidad, peso no significa necesariamente musculatura. Conscientes de esa selección sexual por parte de sus compañeras mis alumnos tienen una obsesión con machacarse en el gimnasio e hipertrofiar sus fibras musculares. Yo les digo, medio en broma medio en serio, que deberían preocuparse también de ejercitar su mente, leer es un ejercicio excelente, y que afortunadamente hay mujeres que prefieren a un hombre con inteligencia y conversación que a uno que se ha sacado el DNI a la segunda.

La estatura y el físico son indicadores primordiales de salud y vitalidad y la selección sexual favorece a los hombres aparentemente más capaces de proteger y defender a sus parejas y descendientes. Curiosamente, la preferencia de las mujeres por los hombres altos es mucho más marcada que la preferencia de los hombres por las mujeres pequeñas. Es posible que los hombres altos no quieran que su descendencia pierda la ventaja evolutiva que supone la mayor altura y fuerza y una mujer grande puede aportar más a la olla común, aunque también consumirá más.

Ser alto tiene también sus desventajas. Aunque las personas altas suelen tener mayores ingresos económicos, también son más propensas a padecer diversos tipos de cáncer, posiblemente porque tienen más células que pueden acumular mutaciones que culminan en una enfermedad oncológica.

¿Y al final  por qué se produce el dimorfismo sexual? La idea es que, como las hembras de los mamíferos invierten tanto tiempo y energía en sacar adelante a sus crías, son el sexo selectivo, ellas eligen. Como resultado, los machos deben dar la imagen de buenos genes y pueden tener que competir entre ellos para conseguir pareja; si esas competiciones implican conflicto físico, esa preferencia podría impulsar la selección de machos más grandes y fuertes.

En el caso de los elefantes marinos, por ejemplo, los machos se enfrentan en brutales combates físicos por el acceso a grandes harenes de hembras. Sólo un pequeño porcentaje de machos tiene la oportunidad de aparearse y la selección natural favorece a los más grandes y fuertes de la playa. No obstante, los hombres somos más complejos. Los científicos habían predicho que los distintivos tradicionales de un rostro muy masculino, como una mandíbula grande, una cara cuadrada, una nariz prominente o un ceño fruncido, resultarían impactantes para otros hombres e irresistibles para las mujeres. En cambio, tras manipular informáticamente rostros reales para que fueran más masculinos o más femeninos los voluntarios participantes en el estudio, tanto hombres como mujeres, preferían rostros con un toque femenino: nariz fina, labios más gruesos, cejas claras y una barbilla poco marcada. Eso explicaría el éxito de algunos actores que encajan más en ese perfil como Leonardo DiCaprio Johnny Depp, Matt Damon o Ralph Fiennes. No es un tema de popularidad digital, los investigadores repitieron este trabajo entre tribus de cazadores-recolectores del Amazonas y tuvieron los mismos resultados. Los científicos también descubrieron que los espectadores preferían los rostros femeninos ultrafeminizados a los rostros femeninos medios o a los que habían sido ligeramente masculinizados. Lejos de poner al hombre en desventaja competitiva, parece que cierto componente femenino puede ser una fuente de atractivo sexual y social.

Más controvertido es el tema del dimorfismo sexual en el comportamiento. Hay diferencias claras en aspectos relacionados con la reproducción como el cortejo, el comportamiento de cópula o el comportamiento paternal y maternal. Luego hay otros aspectos más complejos y controvertidos, un ejemplo es que los hombres tengamos más agresividad o más interés por la pornografía. Algunas escritoras feministas creen que la pornografía facilita la deshumanización de las mujeres y justifica e inspira la violencia contra ellas. Los autores conservadores comparten en parte estos argumentos, aunque también consideran que la pornografía es inmoral, corrompe a los jóvenes y distorsiona su visión de la sexualidad y las relaciones románticas. La dimórfica relación con la pornografía se plasma en que las mujeres son fundamentalmente actrices mientras que los hombres forman un porcentaje notable, además, de directores, productores y consumidores. Sin embargo, aquí también las cosas están cambiando: el número de usuarias es creciente: los datos publicados por PornHub, la mayor web de pornografía del mundo, apuntan a que el 32% de las visitas a la web en 2019 fueron de mujeres, frente al 29% de 2018 y el 26% de 2017. Además, a pesar de esa vinculación de la agresividad y la pornografía con el cromosoma Y, las mujeres son más propensas que los hombres a afirmar que les gustan las agresiones en la pornografía que ven. Por tanto parece que, en esto como en otras cosas, el dimorfismo sexual conductual se va reduciendo entre hombres y mujeres y el interés por la pornografía o la agresividad pueden estar menos en nuestros genes de lo que creíamos.

 

Para leer más:

  • Daly M, Wilson M (1996). Evolutionary psychology and marital conflict. En Buss DM, Malamuth NM (eds.). Sex, Power, Conflict: Evolutionary and Feminist Perspectives. Oxford University Press. p. 13.
  • Giofrè D, Geary DC, Halsey LG (2025) The sexy and formidable male body: men’s height and weight are condition-dependent, sexually selected traits. Biol Lett 21(1): 20240565.
  • Larsen CS (2003) Equality for the sexes in human evolution? Early hominid sexual dimorphism and implications for mating systems and social behavior». Proc Natl Acad Sci USA 100(16): 9103–9104.
  • Shor E (2022) Who Seeks Aggression in Pornography? Findings from Interviews with Viewers. Arch Sex Behav 51: 1237–1255.

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