La triste historia del GcMAF

GcMAF son las iniciales en inglés de Componente de la globulina Factor Activador de Macrófagos. El GcMAF es una proteína que se produce por modificación química de una proteína natural de la sangre, la  proteína ligante de la vitamina D, y puede extraerse, concentrarse y administrarse a un paciente por gente sin escrúpulos.

En la última década, un pequeño grupo de médicos ha afirmado, sin pruebas, que el GcMAF puede curar el cáncer, el SIDA, el autismo y el herpes. El GcMAF actuaría como un tipo de inmunoterapia, un tratamiento que reactiva el sistema inmunitario al estimular los macrófagos, unas células de defensa que el sistema inmunitario envía para engullir células extrañas, como bacterias y células cancerosas, que se encuentran en el torrente sanguíneo o en otros tejidos a los que migran. Sin embargo, numerosos análisis realizados por terceros no han identificado ningún mecanismo que explique ni demuestre las propiedades reivindicadas de la proteína. Tampoco se ha demostrado que la proteína sea un tratamiento eficaz contra el cáncer. Las publicaciones que afirmaban su eficacia fueron retractadas por las revistas donde se había publicado, algo que suele ser el resultado de estudios de mala calidad o fraudulentos.

El portal web Natural News anunció en julio de 2015 que GcMAF «tiene el potencial de ser una cura universal para el cáncer». El problema es que esa web se dedica a la medicina alternativa  y a la «Verdad sobre el 11-S», el atentado terrorista de las Torres Gemelas. La misma web añadía «También se cree que [el GcMAF] es capaz de tratar y revertir el autismo, el VIH, las enfermedades hepáticas y renales y la diabetes». Realmente ningún médico serio y sin intereses espurios cree que pueda existir algo que sea útil para enfermedades y trastornos tan diferentes entre sí.

James Bradstreet compartía en su blog las entradas de sus pacientes tratados con GcMAF y en 2012 dio una charla en Inglaterra en la que describió la administración de inyecciones de GcMAF a 40 pacientes autistas con edades comprendidas entre los 16 meses y los 21 años. «Es extremadamente potente en cuanto a su capacidad para funcionar en niños», anunció. «Muchos de los de este [experimento] han perdido básicamente la etiqueta de autismo. Ya no tienen características autistas después de, a veces, tan sólo 20 semanas de terapia

Bradstreet ya era conocido por ser uno de los responsables de que las tasas de vacunación hayan caído al declarar, sin pruebas, que las vacunas causaban autismo. Incluso lo afirmó ante el Congreso de EEUU. Dos veces. A pesar del consenso científico en contra, Bradstreet recomendaba tratamientos para el autismo absurdos y no aprobados, como cámaras hiperbáricas de oxígeno, inyecciones hormonales, terapia con células madre y quelación, un arriesgado procedimiento químico que Bradstreet decía que podía eliminar el mercurio supuestamente introducido por las vacunas, algo falso.

El último capítulo al menos para Bradstreet fue cuando se encontró su cadáver en el río Rocky Broad, en la montañosa Carolina del Norte, con un disparo en el pecho. Amigos, familiares y pacientes señalaron con el dedo a las empresas farmacéuticas, a la FDA, a cualquiera menos a Bradstreet. «¡No se suicidó!», escribió en Internet el padre de un paciente. «¡Que Dios se vengue pronto de los malhechores que lo asesinaron!», escribió otro. Aunque el sheriff local dijo que se trataba de un suicidio, los familiares de Bradstreet recaudaron rápidamente 33.000 dólares en Internet para «una investigación exhaustiva sobre la posibilidad de juego sucio». Y el martes, el abogado de la familia anunció que el dinero se había utilizado para contratar a varios detectives privados que investigarían si Bradstreet había sido, de hecho, asesinado. Sin embargo, desde su muerte, las teorías conspiranoicas han empezado a desmoronarse a medida que han ido apareciendo pruebas que vinculan a Bradstreet con una oscura industria online de medicamentos ilegales, según relataba el Washington Post.

Una investigación de la BBC encontró venta clandestina de GcMAF también a este lado del Atlántico. Peter Johnson, jefe clínico de Cancer Research UK y catedrático de oncología médica, advirtió de que no existen pruebas creíbles que respalden las afirmaciones sobre el GcMAF. Dijo: «Los artículos publicados sobre el GcMAF son muy dudosos desde el punto de vista científico y varios de ellos han sido retirados tras su publicación debido a las dudas sobre las pruebas que presentaban». «Si fuera yo, no lo tomaría», añadió.

Las publicaciones de Bradstreet en Internet le vinculan a una fábrica de medicamentos sin licencia que ha sido clausurada por producir viales potencialmente contaminados de GcMAF. El día antes de su muerte, la clínica de Bradstreet había sido allanada por las autoridades. Al día siguiente, los medios de comunicación suizos informaron de que una clínica vinculada a Bradstreet también había sido objeto de una redada tras la muerte de cinco pacientes que recibían GcMAF.

No era el único implicado en la promoción del GcMAF. En 2015, la Agencia Reguladora de Medicamentos y Productos Sanitarios del Reino Unido (MHRA) cerró una fábrica en Milton, llamada Immuno Biotech, propiedad de David Noakes, que fabricaba GcMAF. En septiembre de 2018, Noakes se declaró culpable en Reino Unido de fabricar medicamentos sin licencia, vender medicamentos sin autorización y blanqueo de capitales y fue condenado a quince meses de cárcel. Dos años y medio después, en abril de 2021, Noakes se declaró culpable en Francia de fabricar y vender medicamentos y cosméticos falsos por Internet y fue condenado a cuatro años de cárcel. Un informe de Business Insider de 2019 detalló las actividades de Amanda Mary Jewell, que ha vendido GcMAF durante años desde Puebla (México) como una cura sin licencia para varias afecciones médicas, como el cáncer y el autismo. Jewell no es médico. Según el AntiCancer Fund los estudios que «prueban» los poderes curativos del GcMAF fueron realizados por «médicos poco éticos, clínicas con ánimo de lucro y trabajadores sanitarios taimados».

Fiona O’Leary, activista a favor de las familias con autismo, está intentando impedir que se venda el GcMAF y afirma que ha visto a pacientes de cáncer rechazar el consejo de sus médicos en favor del tratamiento «alternativo». Los pacientes de Amanda Mary Jewell aparecen en vídeos testimoniales en Internet en los que relatan notables recuperaciones del autismo o del cáncer. Lamentablemente, varios pacientes que creían haberse curado han fallecido. Fiona O’Leary dice que, aunque no tiene información sobre cómo murieron, cree que les habían dado «falsas esperanzas, porque nada de esto está probado».

 

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