La lista de cosas en las que los humanos somos únicos es fascinante: el arte, el pudor, la espiritualidad, la pasión por la tecnología, la acumulación de objetos. Hay otras actividades que compartimos con otras especies, pero en las que destacamos sobremanera por nuestra capacidad, complejidad y rapidez: la comunicación y la sociabilidad son dos buenos ejemplos.
Los seres humanos tenemos el lenguaje más sofisticado conocido. Podemos expresar cualquier idea y describir cualquier objeto o persona, existente o inexistente, de Julieta a Kamala Harris. Dotamos a esa información de matices, sentimientos y prejuicios y nos adaptamos a nuestro interlocutor, buscamos que comparta nuestras preferencias, convencerlo de nuestra visión y sumarlo a nuestros intereses. En las conversaciones humanas, ambos participantes intercambiamos señales comunicativas (palabras o gestos) y el intercambio suele ser más complejo que un simple sistema de señal-respuesta. Nuestra comunicación incorpora aclaraciones, persuasión y negociación entre los interactuantes. Es el único rasgo que explica por qué hemos sido capaces de cambiar la faz de la Tierra. Seríamos un simio anodino sin ella.

La conversación humana sigue unas normas muy estrictas de turnos que se repiten en todas las culturas e idiomas. Una característica exclusiva del lenguaje humano es nuestra capacidad para combinar un conjunto limitado de sonidos en palabras y para combinar palabras en frases estructuradas jerárquicamente y basadas en reglas, lo que permite generar infinitas frases nuevas y, por tanto, nuevos significados. Los animales, por su parte, suelen utilizar conjuntos de sonidos cuyo tamaño se solapa con el de los conjuntos de sonidos humanos. Así pues, es poco probable que para los animales el tamaño del conjunto de sonidos sea el factor limitante, sino la capacidad para producir secuencias comunicativas, al ser más limitados en la creación sistemática de estructuras y en la generación de significados.
La especie más cercana a nosotros son los chimpancés. Estos primates producen sonidos, pero su repertorio vocal es comparativamente pobre aunque generan señales nuevas en circunstancias artificiales novedosas, como puede ser la cautividad. Los chimpancés pueden combinar esas llamadas individuales en secuencias más largas, pero en general son órdenes cortas que buscan una respuesta conductual. Además, los chimpancés no aprenden el lenguaje humano, incluso si son criados como niños. Hay quien piensa que el problema es el aparato fonador y otros que creen que es el cerebro del chimpancé, incapaz de mandar señales coordinadas a labios, lengua y garganta como el nuestro hace con facilidad.
Tras analizar vídeos de hace décadas de chimpancés cautivos, los científicos han llegado a la conclusión de que los animales podían pronunciar una palabra humana: «mamá». Hasta ahora se pensaba que los grandes simios no humanos son incapaces de aprender palabras humanas por carecer de los circuitos neuronales necesarios. Los investigadores sostienen que nuestros antepasados comunes con los chimpancés ya tenían el cerebro equipado con algunos de los elementos necesarios para hablar. Y además, ese limitado repertorio vocal lo complementan con un rico lenguaje gestual.
Un estudio reciente ha analizado 8.500 gestos grabados a 252 chimpancés salvajes de cinco comunidades silvestres del este de África. Los chimpancés tienen una rica colección de gestos con las manos, que significan cosas como «basta», «sígueme» o «ráscame». Son señales que se utilizan en un entorno cara a cara para realizar peticiones imperativas. Una pregunta es si los chimpancés generan un proceso de ida y vuelta, de toma y daca, esa comunicación alternante que es la esencia de una conversación. Una segunda pregunta es si los chimpancés se comunican a la misma velocidad que los humanos.

Los chimpancés utilizan los gestos en casi todos los aspectos de su vida: los usan para reconciliarse tras una pelea, para evitar enfrentamientos, para saludarse con un abrazo o un beso, para pedir comida y para indicar que quieren viajar juntos o seguir caminos separados. Las sesiones de acicalamiento, que algunos comparan a nuestras charlas, son cuando se producen más gestos. En medio de las interacciones de acicalamiento, pueden hacer gestos para pedir cambiar de posición o trasladar el acicalamiento a un lugar diferente.
Una vez excluidos los valores atípicos, las latencias entre un gesto y una respuesta gestual en los chimpancés fueron similares a las observadas en la toma de turnos en conversaciones humanas (∼200 ms), y significativamente más cortas que las latencias entre un gesto y una respuesta conductual. La interacción gestual va a una velocidad similar a una conversación humana. Además, los chimpancés que interactúan establecen turnos y pueden interrumpirse y responder antes de procesar completamente toda la señal, como se observa en las interrupciones habituales de las conversaciones humanas.

Algunos gestos son compartidos entre chimpancés y humanos, como poner la palma de la mano hacia arriba para pedir. Es el gesto que usan los mendigos de todo el mundo y lo utilizan también los chimpancés para reclamar, por ejemplo, un plátano. Los chimpancés y sobre todo los humanos lo adaptaron no sólo para pedir comida, sino también formas más abstractas de ayuda, como el sacerdote que extiende las palmas hacia Dios en la iglesia. De esta manera crearon un nuevo tipo de señal comunicativa que algunos investigadores creen que fue el origen del lenguaje humano. Si eso es cierto, si la elocuencia humana puede remontarse a un mensaje primitivo que significa «dame», quizá significa que somos criaturas intrínsecamente sociales que sobrevivieron y se impusieron a animales más poderosos aprendiendo a conseguir la cooperación de los demás, a pedir ayuda. Así que, en el fondo, quizá somos unos pedigüeños locuaces.
En el artículo publicado en Current Biology, los investigadores describen cómo el ritmo de los intercambios apenas variaba entre chimpancés de distintas edades, pero sí entre distintas comunidades, de forma similar a las sutiles diferencias culturales que se observan en los humanos. Por ejemplo, los gestos se intercambiaban más lentamente en la comunidad de chimpancés de Sonso, en Uganda, mientras que entre los humanos analizados, son los daneses los que responden más despacio en una conversación
La mayoría (83%) de los intercambios gestuales de los chimpancés eran breves e incluían simplemente un intercambio de dos partes (un turno de señalización por interactuante). En una de ellas, grabada en la Estación de Campo de Conservación de Budongo (Uganda), una chimpancé llamada Mónica extendió la mano hacia otra llamada Ursus tras un altercado, y Ursus respondió con un golpecito tranquilizador; una forma de decir «no pasa nada, está olvidado». Pero los intercambios de gestos podían extenderse hasta siete turnos.
Aunque el intervalo de latencias hasta la respuesta era mayor en las interacciones entre chimpancés que en las interacciones entre humanos (entre 500 ms y 1500 ms), los datos de esta investigación procedían de una gama amplia de contextos, en comparación con los estudios controlados de laboratorio sobre la conversación humana. Estas interacciones son verdaderos intercambios gestuales, en los que los gestos producidos en respuesta están supeditados a los del turno anterior, todo señala a que es una verdadera conversación.
Aunque haya semejanzas en la comunicación entre chimpancés y entre humanos, también hay diferencias significativas. La evolución de una estructura comunicativa que promueva una rápida alineación entre los interactuantes podría proporcionar un mecanismo para aumentar la eficiencia de la comunicación al disminuir el tiempo y la energía necesarios para alcanzar objetivos individuales y compartidos. Es más probable que este tipo de comunicación evolucione en la interacción comunicativa cara a cara con resultados inmediatos, y donde estos resultados pueden fortalecer los lazos sociales y/o conducir a beneficios mutuos. Las investigaciones realizadas hasta la fecha sugieren que las interacciones gestuales de los chimpancés se limitan en gran medida a peticiones imperativas de cambio de comportamiento. En cambio, las conversaciones humanas abarcan una gama mucho más amplia de significados que podrían promover y ampliar los intercambios conversacionales.
El artículo sugiere que los humanos y los simios comparten rasgos fundamentales de comunicación. Ello puede deberse a que es algo heredado de un antecesor común, la rama de los chimpancés y la de los humanos se separaron hace unos 7 millones de años, o es lo que se conoce como evolución convergente, un proceso que se desarrolló en ambas especies de forma independiente y paralela debido a las ventajas que aportaba para la supervivencia de cada especie. Por otra parte, los investigadores añaden que la rapidez a la hora de tomar turnos podría ser una característica más amplia de la comunicación social y existir en otras especies como ballenas, delfines, murciélagos y hienas.
Para leer más:
- Badihi G, Graham KE, Grund C, Safryghin A, Soldati A, Donnellan E, Hashimoto C, Mine JG, Piel AK, Stewart F, Slocombe KE, Wilke C, Townsend SW, Zuberbühler K, Zulberti C, Hobaiter C (2024) Chimpanzee gestural exchanges share temporal structure with human language. Current Biol
- Ekström AG, Gannon C, Edlund J, Moran S, Lameira AR (2024) Chimpanzee utterances refute purported missing links for novel vocalizations and syllabic speech. Sci Rep 14: 17135.
- Girard-Buttoz C, Zaccarella E, Bortolato T, Friederici AD, Roman M. Wittig RM, Catherine Crockford C (2022) Chimpanzees produce diverse vocal sequences with ordered and recombinatorial properties. Commun Biol 5: 410.
- Procyshyn T (2024) Chimpanzees communicate in similar quick-fire fashion to humans, study shows. The Guardian 22 de julio. https://www.theguardian.com/science/article/2024/jul/22/chimpanzee-communication-quick-fire-humans-study
- Zimmer C (2024) The Chimps Who Learned to Say ‘Mama’. The New York Times 25 de julio https://www.nytimes.com/2024/07/25/science/chimpanzee-speech-mama.html



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