Ácidos grasos omega-3 y autismo

Uno de los temas de debate en el abordaje actual del autismo es el uso de suplementos nutricionales. Algunas pruebas apoyan que ciertos componentes dietéticos, como los antioxidantes, las vitaminas o los ácidos grasos omega-3, pueden promover el desarrollo cognitivo y mejorar la evolución de los TEA, pero esta posibilidad no está suficientemente investigada y demostrada.

Los ácidos grasos omega-3 (ω-3) son un grupo de ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga y de cadena muy larga que se encuentran en alta proporción en los tejidos del pescado azul y ciertos mariscos y en algunas fuentes vegetales tales como el aceite de soja, el aceite de canola, las nueces y las semillas de linaza. Hay seis tipos de ácidos grasos omega-3 entre los que están el ácido docosahexaenoico (ADH) y el ácido eicosapentaenoico (AEP).

Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga omega-3, especialmente el ADH, son componentes estructurales de las membranas celulares, especialmente en el sistema nervioso central. Contribuyen al crecimiento y la diferenciación neuronal, a la sinapsis, a la agudeza visual e incluso a la regulación de la expresión génica. Además, regulan los sistemas antiinflamatorios y de estrés oxidativo. Los docosanoides derivados del ADH, a saber, las D-resolvinas, las protectinas y las maresinas, son importantes mediadores lipídicos en la inflamación y, en particular, en la neuroprotección que inhibe la apoptosis neuronal, la muerte neuronal programada.

En la actualidad, existe un gran interés por los efectos de utilizar suplementos dietéticos con ácidos grasos omega-3 en algunos trastornos neuropsiquiátricos de adultos pero también en otros que aparecen durante la infancia o la adolescencia como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), la anorexia y el TEA. Parte del problema es que la ausencia de medidas eficaces, rápidas y baratas en el tratamiento del TEA por parte de la medicina científica hace que las familias busquen tratamientos alternativos lo que suele resultar en pérdida de tiempo, dinero y esperanza. Actualmente, el tratamiento con ácidos grasos omega-3, asociado a otros suplementos multivitamínicos, dietas sin gluten y sin caseína, o inyecciones de metil vitamina B-12, es ampliamente utilizado por muchas familias con TEA. Los estudios realizados hasta el momento sobre la eficacia y seguridad de los ácidos grasos omega-3 en el TEA, son pocos, con muestras pequeñas de niños, con diferentes orígenes y dosis de los ácidos grasos omega-3 utilizados, con diferentes tiempos de administración y con pruebas distintas para medir la eficacia de los tratamientos. No es de extrañar que las conclusiones hayan sido contradictorias.

Hasta hace poco había tres metaanálisis sobre los suplementos con ácidos grasos en el TEA. Dos de ellos (Agostoni et al., 2017; Horvath et al., 2017) no encontraron ningún beneficio en la administración de ácidos grasos omega-3. Sin embargo, Cheng et al. (2017) concluyeron que la suplementación con ácidos grasos omega-3 parecía mejorar la hiperactividad, el letargo y la estereotipia en pacientes con TEA, aunque no se veían cambios positivos en el funcionamiento general. El razonamiento por debajo de estos tratamientos es que la selectividad alimentaria de los niños con TEA generaría una deficiencia nutricional, especialmente a edades tempranas, que se agudizaría por problemas en su absorción y/o metabolismo de los ácidos grasos. Los beneficios de estos suplementos irían asociados a una mejor modulación de la inflamación.

De la Torre y su grupo (2022) han analizado los perfiles de ácidos grasos del plasma y de los eritrocitos antes y después de suplementar con ácidos grasos (ADH y  AEP) en niños con TEA, de acuerdo con las recientes recomendaciones de dosis y tiempo de tratamiento, y ambos comparados al inicio con un grupo sano de referencia. Las posibles mejoras clínicas se evaluaron cualitativamente con pruebas clínicas validadas.

El estudio se hizo doble ciego, aleatorio y controlado con placebo. Se administró ADH/AEP durante 6 meses a 54 niños de entre 2 y 6 años diagnosticados de TEA. Fueron seleccionados y asignados aleatoriamente en dos grupos: 19 niños recibieron 800 mg/día de ADH y 25 mg/día de AEP, o placebo. Además, se incluyó otro grupo de referencia de 59 niños sanos de la misma edad. Se midieron los lípidos plasmáticos y las citocinas, así como los perfiles de ácidos grasos en el plasma y los eritrocitos al inicio y después de 6 meses de tratamiento en los niños con TEA, y al inicio en el grupo de referencia.

Los principales resultados fueron que no hubo diferencias en las características demográficas, antropométricas y en la ingesta de omega-3 entre el grupo de referencia control y los niños con TEA al inicio del estudio. Los niños con TEA mostraron mayores porcentajes plasmáticos de ácido palmítico y de ácidos grasos saturados totales y menores ácidos grasos poliinsaturados (PUFA) omega-6 totales en comparación con los niños sanos. Se detectó un mayor nivel de ADH y un menor nivel de AEP en los eritrocitos en el grupo con TEA frente al grupo de referencia. Tras 6 meses de tratamiento, el grupo de TEA que recibió el producto enriquecido con ADH aumentó significativamente los porcentajes plasmáticos y eritrocitarios de ADH, pero no se observaron diferencias en las puntuaciones de las pruebas clínicas y otros parámetros como las citoquinas plasmáticas entre los dos grupos de TEA relacionados con la intervención.

La conclusión del estudio es que los niños españoles con TEA presentan unos niveles adecuados de ácidos grasos omega-3 en plasma y eritrocitos. No se ha encontrado una mejora clínica de los niños con TEA ni un mejor estado antiinflamatorio o un mejor perfil de ácidos grasos tras una intervención con ADH/AEP durante 6 meses. Por lo tanto, la prescripción de ácidos grasos omega-3 en los TEA sólo debería indicarse tras confirmarse una alteración del metabolismo de los ácidos grasos o una deficiencia de ácidos grasos omega-3 evaluada por el estado específico de los ácidos grasos en los eritrocitos y no como un tratamiento en búsqueda de una mejora en los síntomas del TEA.

 

Para leer más:

  • Agostoni C, Nobile M, Ciappolino V, Delvecchio G, Tesei A, Turolo S, Crippa A, Mazzocchi A, Altamura CA, Brambilla P (2017) The role of omega-3 fatty acids in developmental psychopathology: a systematic review on early psychosis, autism, and ADHD. Int J Mol Sci 18: 2608.
  • Cheng YS, Tseng PT, Chen YW, Stubbs B, Yang WC, Chen TY, Wu CK, Lin PY (2017) Supplementation of omega 3 fatty acids may improve hyperactivity, lethargy, and stereotypy in children with autism spectrum disorders: a meta-analysis of randomized controlled trials. Neuropsychiatr Dis Treat. (2017) 13:2531–43.
  • De la Torre-Aguilar MJ, Gomez-Fernandez A, Flores-Rojas K, Martin-Borreguero P, Mesa MD, Perez-Navero JL, Olivares M, Gil A, Gil-Campos M (2022) Docosahexaenoic and Eicosapentaenoic Intervention Modifies Plasma and Erythrocyte Omega-3 Fatty Acid Profiles But Not the Clinical Course of Children With Autism Spectrum Disorder: A Randomized Control Trial. Front Nutr 9: 790250.
  • Horvath A, Łukasik J, Szajewska H (2017)  ωV-3 fatty acid supplementation does not affect autism spectrum disorder in children: a systematic review and meta-analysis 1-3. J Nutr 147: 367–376.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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