Eysenck, la ciencia controvertida

Hans Eysenck es una de las figuras más contestadas de la historia de la Psicología. Nació en Berlín, en 1916. En su obituario el New York Times le definió como «uno de los psicólogos más distinguidos, prolíficos y enloquecedoramente perversos de su generación». Sus padres eran actores y en una ocasión su padre fue votado «el hombre más guapo de la Costa Báltica». A pesar de ese atractivo, sus padres terminaron separándose y él fue criado por su abuela materna, que sería deportada y asesinada en un campo de concentración.

En 1934 Eysenck huyó del régimen nazi y se trasladó primero a Francia y luego a Inglaterra, pero debido a su nacionalidad alemana, al principio no pudo conseguir empleo y estuvo a punto de ser internado durante la guerra en un campo. Finalmente, se pudo doctorar en 1940 en el King’s College de Londres. En esa misma universidad, Eysenck fue catedrático de Psicología en el Instituto de Psiquiatría de 1955 a 1983, aunque hizo la mayor parte de su trabajo en el Hospital Maudsley de Londres. Fue uno de los principales autores de la moderna teoría científica de la personalidad y un brillante profesor que ayudó a encontrar tratamiento para muchos enfermos mentales. A lo largo de su importante carrera, publicó unos 80 libros, 1.600 artículos en revistas y consiguió ofender a miles de personas. En el momento de su fallecimiento era el tercer psicólogo más citado de la historia, solo por detrás de Sigmund Freud y Jean Piaget.

Un aspecto fundamental de la investigación de Hans Eysenck fue su énfasis en usar todas las herramientas disponibles para el estudio de la personalidad. Esto incluía establecer correlaciones, hacer estudios experimentales y trabajar con los datos fisiológicos y genéticos de los pacientes. Un tema central de sus investigaciones y escritos fue la integración del estudio científico de la personalidad en el campo de la psicología en su conjunto, así como en el resto de las ciencias naturales. Fue pionero en el uso de los avances más recientes en medición psicológica y psicometría y la aplicación de estas técnicas a los autoinformes y a las observaciones del comportamiento. Insatisfecho con el mero intento de utilizar la psicología experimental clásica como guía para la teoría de la personalidad, Eysenck también hizo hincapié en la contribución que la investigación sobre la personalidad podía hacer a cuestiones de investigación aparentemente inconexas de la psicología experimental. Sugirió que la psicología de la personalidad, en la medida en que se resistía a la incorporación de la experimentación, seguía siendo preparadigmática; es decir, carecía de un marco explícito que relacionara los distintos campos a través de mecanismos causales, y además carecía de la capacidad de poner a prueba las relaciones causales hipotéticas. Y lo que es más importante, sugirió que una agenda de investigación que combinara técnicas experimentales y correlacionales para desarrollar y probar las diferentes ideas sobre la personalidad era crucial para que el campo desarrollara un paradigma que sirviera de armazón teórico, de base sobre la que poder avanzar.

Quizás la mayor aportación de Eysenck fue su compromiso con el desarrollo de la psicología de la personalidad como un campo científico maduro de investigación. Observó que la investigación científica en general, y la teoría de la personalidad en particular iba desde una corazonada inspirada a una teoría formal y esperaba que fuera posible desarrollar un marco teórico de la personalidad que se sometiera a pruebas rigurosas. Además de su preocupación por desarrollar buenas medidas de los rasgos de la personalidad, era partidario de las técnicas experimentales y fisiológicas para desentrañar los entresijos de la personalidad, aunque reconocía que sin ese marco conceptual era imposible probar teorías causales incluso a partir de los mejores análisis observacionales. Para Eysenck, el análisis factorial sirve para describir la estructura, pero no para explicar esa estructura o el proceso. Para esa explicación, son necesarios los experimentos. Buscando ese paradigma, Eysenck desarrolló un modelo de la personalidad basado en dos factores, la extroversión (E) y el neuroticismo (N). Más tarde lo modificó para incluir el psicoticismo (P) y ahora es conocido como el modelo PEN.  Sorprendentemente en muchos casos se hace referencia a los tipos de Hipócrates, flemático, colérico, melancólico y sanguíneo, algo sin ninguna base científica.

¿Y por qué es tan importante la personalidad? ¿Por qué grandes figuras de la Psicología como Galton, Cattell o Eysenck han centrado su investigación en la personalidad? Quizá el verdadero reto es predecir el comportamiento humano, descifrar el código de la personalidad para que nos pueda proporcionar una clave para explicar cómo nos comportamos, ahora y en el futuro, una especie de piedra Rosetta de la psicología.

Rosetta Stone

La personalidad es la única subdisciplina de la psicología que requiere un conocimiento de todo el campo y que tiene la oportunidad de aportar hallazgos integradores de los genes a la sociedad y por eso era para Eysenck el aspecto clave.

Eysenck también es un referente en el estudio de la inteligencia. La inteligencia, argumentaba, es un único rasgo de base genética lineal «análogo a la temperatura» y pensaba que las diferencias en las puntuaciones de las pruebas de grupo comparten esa base genética. Su afirmación más extraña es que la inteligencia puede correlacionarse con la actividad de las ondas cerebrales. Aunque describía la investigación psicofisiológica como una serie de «garabatos» y «curvas», Eysenck decía que los niños torpes presentan ondas cerebrales anodinas, algo que para muchos sonaba a una frenología del siglo XX.

El primer tema controvertido del Dr. Eysenck se produjo a principios de la década de 1950, cuando publicó un artículo en el que declaraba que la psicoterapia no tenía ningún efecto beneficioso para los individuos. Como era de esperar, hubo una tormenta de protestas por parte de psicólogos y psicoanalistas. Con el paso de los años, Eysenck modificó sus opiniones y finalmente planteó que algunas formas de psicoterapia podían tener efectos beneficiosos limitados, algo que no satisfizo a nadie.

Un segundo motivo de controversia fue que Eysenck defendía que el cociente de inteligencia se hereda y depende del grupo racial al que se pertenece; es decir, que los negros tenían menor inteligencia que los blancos y eso era algo genético y, por lo tanto, las medidas sociales y educativas poco podían hacer por corregirlo. Muchas personas asumieron que justificaba el racismo, y entre otras respuestas a sus ideas recibió un puñetazo en la cara por parte de un manifestante durante una charla en la London School of Economics y también recibió amenazas de bomba y de matar a sus hijos pequeños. Estas ideas, debido al prestigio de Eysenck tuvieron consecuencias reales: en la Gran Bretaña de los años 60 y 70, cientos de niños negros fueron etiquetados como «subnormales educativos» y enviados erróneamente a escuelas para alumnos con necesidades especiales. En 1971, el punto álgido de la controversia sobre raza y CI, Eysenck tuvo que llevar guardaespaldas.

Un tercer tema enormemente controvertido es la afirmación de Eysenck de que fumar no provoca cáncer de pulmón ni enfermedades cardiovasculares, algo que encantó a las tabaqueras. También estudió toda la bibliografía sobre la adicción a la nicotina y llegó a la conclusión de que ciertos tipos de personalidad se sentían atraídos por el tabaquismo y tenían una debilidad ante sus efectos nocivos, algo que de nuevo interesó enormemente a los fabricantes de cigarrillos pues les eximía en gran medida de la responsabilidad por las muertes causadas por el tabaco. De hecho, Eysenck se puso en contacto con Reynolds, una de las tabaqueras más grandes, para que le financiara la investigación. Cuando se le preguntó qué opinaba de que la industria tabacalera participara en la selección de líneas de trabajo, dijo que la investigación debía juzgarse por su calidad, no por quién la pagaba, y añadió que él no se había beneficiado personalmente de los fondos. Según el periódico británico The Independent, Eysenck recibió más de 800.000 libras esterlinas de estas empresas.

La relación que estableció junto con Ronald Grossarth-Maticek, un médico y sociólogo de Heidelberg planteó otro tema complicado: que existían personalidades propensas al cáncer o a la enfermedad cardiovascular. Según ellos, el paciente con una personalidad propensa al cáncer tenía un riesgo de morir de cáncer que era 40, 60 o 70 veces más alto que el de aquellos con una personalidad «saludable». Eran unas diferencias enormes para cualquier estudio epidemiológico, pero Eysenck y Grossarth-Maticek fueron aún más allá: presentaron un ensayo clínico que mostraba que una terapia conductual podía reducir drásticamente el riesgo de muerte. Una revisión realizada por Amelang y otros en 2004 fue incapaz de reproducir estos resultados y concluyó que el «cáncer no puede ser predicho por ningún factor de la personalidad».

Eysenck no se limitaba a los campos claramente científicos: también pensaba que la posición de las estrellas en el cielo cuando nacemos influye en nuestra personalidad durante el resto de la vida, algo que aplaudieron los escritores de horóscopos y los creyentes en la astrología. Por otro lado, algunas de sus ideas fueron muy criticadas cuando las propuso por primera vez, pero actualmente son defendidas por al menos parte de la comunidad científica. Entre ellas, consideraba que Freud no era un científico, que el psicoanálisis no ayuda a tratar las neurosis o que el sexo y la violencia en televisión no perjudicaban al espectador.

Hay quien dice que a Eysenck le encantaba la provocación y otros que simplemente era un adalid de los hechos que despreciaba lo políticamente correcto. Él se defendió y afirmó que los medios de comunicación habían dado a la gente la impresión errónea de que sus opiniones estaban fuera del consenso científico dominante y no era así. Citó The IQ Controversy, the Media and Public Policy (La controversia sobre el coeficiente intelectual, los medios de comunicación y las políticas públicas) para demostrar que había un apoyo mayoritario a todos los argumentos principales que él había presentado y afirmó además que no había un debate real sobre el asunto entre los científicos especializados, aunque eso tampoco era del todo cierto. En realidad, a Eysenck todas estas controversias le traían al pairo. Según él, «el tacto y la diplomacia están bien en las relaciones internacionales, en política e incluso tal vez en los negocios, en la ciencia solo importa una cosa: los hechos». No obstante, su producción científica cada vez es más puesta en cuestión: En 2019, 26 de sus artículos (todos en coautoría con Ronald Grossarth-Maticek) fueron considerados «inseguros» por una investigación llevada a cabo por el King’s College de Londres. Catorce de sus artículos fueron retractados en 2020, y las revistas que habían publicado algunos de sus estudios, incluyendo el International Journal of Social Psychiatry y el Journal of the Royal Society of Medicine emitieron 64 declaraciones de preocupación sobre publicaciones suyas. Rod Buchanan, biógrafo de Eysenck, ha declarado que 87 publicaciones de Eysenck deberían ser retiradas.

Ronald Grossarth-Maticek

Eysenck falleció en 1997, pero Grossarth-Maticek, que a sus ochenta años sigue asesorando a pacientes con cáncer, discute que sus hallazgos no hayan podido ser replicados y afirma que el King’s College de Londres, que realizó una investigación interna bastante decepcionante sobre la obra de Eysenck,  es un representante de la psicología «británica y judía» y simplemente no quería que «el pequeño alemán Grossarth domine la escena mundial de la ciencia». Es parte sin duda de lo que se ha llamado la gran crisis de replicación de la psicología.

Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

Un comentario en “Eysenck, la ciencia controvertida”

  1. Tuve la suerte de conocerle y escucharle en un congreso de psicología en al año 1994.
    Supongo que sentí lo que hoy siente un joven ante un influencer.
    Unos años después, ya desaparecido, coincidí con su hijo, quien heredó su legado, vamos, los derechos de autor de sus instrumentos.

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