Amigos imaginarios en niños TEA

El juego imaginario o de simulación es una actividad que los niños con desarrollo neurotípico (NT) realizan con frecuencia y de forma espontánea. Sin embargo, los niños con un trastorno del espectro autista (TEA) muestran déficits en este comportamiento. Dentro de los primeros estudios sobre las características de las personas con TEA, Wing y Gould (1979) propusieron que los niños con TEA tenían marcadas deficiencias en la imaginación, junto con déficits de socialización y comunicación, lo que se llamó la tríada de aspectos afectados. Los problemas con la imaginación que tienen los niños con TEA son tan frecuentes que uno de los componentes de los criterios de diagnóstico es la dificultad para compartir el juego imaginativo.

Investigaciones anteriores sobre el comportamiento imaginativo en niños diagnosticados con TEA muestran que esta población presenta un claro retraso en el juego imaginativo, específicamente el juego imaginativo social. La generación del juego de simulación también es más lenta en los niños con TEA que en sus compañeros con discapacidades de aprendizaje. Este juego de simulación permite a los niños participar y representar diferentes roles sociales, practicar diferentes interacciones sociales al utilizar un guión apropiado para ese personaje o individuo, y desarrollar una comprensión de cómo funcionan las reglas sociales mediante el uso de habilidades como compartir, hacer turnos o interactuar verbalmente.

Con el fin de explorar la imaginación en los niños diagnosticados con TEA, algunos investigadores han utilizado la tarea de Karmiloff-Smith (1990), que les pide «dibujar una persona imposible». Los niños con TEA mostraron déficits en el dibujo de entidades imposibles (imaginarias) en comparación con los niños con TD y los niños con discapacidad intelectual. En un paradigma similar, se dijo a niños con TEA y NT que imaginaran a una persona que entraba por una puerta «mágica» y salía convertida en un ser de aspecto divertido y extraño. A continuación, se les pidió que dibujaran a esa persona «modificada» y, posteriormente, dos investigadores calificaron los dibujos según el contenido imaginativo, utilizando unos criterios de puntuación. Los niños con TEA crearon dibujos significativamente menos imaginativos. Curiosamente, este déficit imaginativo parece estar restringido al contenido social; cuando los niños con TEA dibujaron tanto una persona imposible como una casa imposible (Ten Eycke y Müller 2015), sólo los dibujos de la persona fueron significativamente menos imaginativos en comparación con los controles NT. Ten Eycke y Müller (2015) teorizaron que las experiencias sociales empobrecidas podrían conducir a un menor procesamiento de la información social, lo que llevaría a formas menos elaboradas de representación mental de otras personas.

Hay otras teorías sobre por qué los niños diagnosticados con TEA podrían tener deficiencias en la imaginación social. Baron-Cohen (1987) postuló que los niños con TEA pueden ser incapaces de utilizar representaciones de segundo orden o metarrepresentación, de ahí sus dificultades para superar tareas de falsa creencia, y esto podría trasladarse a la capacidad de representación en situaciones de juego social. Los déficits en el juego pueden estar restringidos al juego que requiere metarrepresentación, dado que el juego funcional parece estar intacto en los TEA.

Una conducta imaginativa que incorpora entidades invisibles e imposibles y que requiere capacidad de metarrepresentación es la creación de compañeros imaginarios. La creación de estos amigos imaginarios se observa en más de la mitad de los niños NT. Los niños de entre 3 y 6 años son los más propensos a relacionarse con un amigo imaginario, también es más probable que los primogénitos jueguen con estas criaturas imaginarias que los niños con hermanos y, por último, es más probable que las niñas desarrollen amigos imaginarios que los niños, aunque esto puede estar relacionado con factores culturales y la normatividad de género.

Paige Davis y su grupo han estudiado las diferencias en el informe de los padres sobre compañeros imaginarios en 215 niños (111 con TEA y 104 controles NT) emparejados por género y edad de entre 2 y 8 años. Los padres de niños con TEA completaron primero cuatro preguntas de elección forzada sobre datos demográficos: edad, sexo, raza y etnia. A estas preguntas les siguieron tres de elección forzada sobre el entorno educativo del niño: si recibía educación pública o privada, si tenía planes educativos individualizados o no, el tipo de programas escolares a los que asistía y un ítem de respuesta libre para aclarar la situación escolar. Por último, respondieron a tres preguntas de elección forzada sobre el diagnóstico del niño, marcando todas las características que se aplicaban, incluyendo una opción de alto o bajo funcionamiento, y «otros» que les permitía escribir síntomas adicionales, el tipo de profesional que realizó el diagnóstico y la edad en el momento del diagnóstico de TEA.

A continuación, se preguntó a los padres si su hijo había creado alguna vez un compañero imaginario. Este es el punto en el que el grupo NT comenzó a responder su cuestionario. A todos los padres se les preguntó, ¿tiene su hijo un amigo imaginario o ha tenido uno en el pasado? (Puede ser un amigo imaginario o un juguete o animal de peluche con el que su hijo haya jugado durante más de tres meses y que tenga una personalidad estable, un objeto personalizado). Si los padres de niños con TEA informaban de que su hijo no tenía un compañero imaginario, se les agradecía su participación y se cerraba el cuestionario.

Los resultados indican que un número significativamente menor de niños con TEA crearon amigos imaginarios, aunque hubo muchas similitudes entre los grupos TEA y NT en las formas y funciones de los compañeros imaginarios.  Según los informes de los padres, el 16,2% de los niños diagnosticados con TEA habían creado un compañero imaginario. De ellos, el 38,8% eran amigos invisibles y el 61,1% eran objetos personalizados, como un juguete de peluche o una muñeca con un perfil personal. De la población NT, el 45,2% de los niños tenía o tuvo un compañero imaginario. En este grupo, el 70,2% era un amigo imaginario y el 29,8% era un objeto personalizado. El género del niño en el grupo de TEA y también en el grupo NT no se relacionó significativamente con la frecuencia de compañero imaginario. La edad tampoco estaba relacionada con el hecho de que los niños crearan o no un amigo imaginario en las poblaciones TEA o NT.

Aquí vemos algunos ejemplos de amigos imaginarios (AI) y objetos personalizados (OP) de los niños con TEA:

  • Ghosty Bubble (AI): una persona invisible con forma de burbuja con la que era divertido hablar y que dormía en una cama de burbujas de plástico junto al niño. Cuando el niño quería estar solo le gustaba hacer estallar burbujas.
  • Supuesta Ada (AI): Una versión invisible de una amiga del colegio del niño que juega con él cuando necesita un amigo.
  • Mikey (AI): Un ninja invisible que vive en la alcantarilla y con el que el niño juega a diario y le lee.
  • Andrew (AI): Un niño invisible que conduce un coche con los colores del arco iris y duerme en una litera.
  • Hatch (OP): Un pollo de peluche que el niño lleva consigo y utiliza para hacer algo parecido a películas en stop motion.
  • Teddy (OP): Un oso de peluche que ayuda al niño a dormir y se asegura de que tenga buenos sueños.
  • Batman (OP): Un juguete con el que el niño juega y le gusta porque Batman ayuda a la gente que está en problemas.

Encontrar un grupo de niños con TEA que crean espontáneamente amigos imaginarios no es muy frecuente. Sin embargo, hay algunas personas con TEA que son muy creativas e imaginativas, algo que se comprueba analizando el arte y la literatura creados por individuos con TEA y NT. Los niños TEA que crearon amigos imaginarios los crearon a una edad más tardía que sus compañeros NT, lo que es congruente con investigaciones anteriores sobre la imaginación en niños con TEA. Sin embargo, Davis y su grupo (2015) mostraron que había más similitudes que diferencias en los amigos imaginarios entre los grupos con TEA y NT, lo que sugiere que este comportamiento imaginativo no está necesariamente afectado en los niños diagnosticados con TEA. Los niños de ambos grupos crearon amigos imaginarios y no hubo diferencias de género en esa creación. Además, muchas de las características de los amigos imaginarios creados por los niños NT y con TEA eran también similares.  Finalmente, a los niños diagnosticados con TEA no les desagradan cosas de sus amigos imaginarios con tanta frecuencia como a los niños NT. Se piensa que los amigos imaginarios creados por los niños con TEA podrían tener personalidades menos desarrolladas, debido a los problemas de estos niños para conceptualizar otras mentes.

Para leer más:

  • Davis PE, Simon H, Meins E, Robins DL (2018) Imaginary Companions in Children with Autism Spectrum Disorder. J Autism Dev Disord 48(8): 2790-2799.
  • Ten Eycke KD, Müller U (2015) Brief report: New evidence for a social-specific imagination deficit in children with autism spectrum disorder. Journal of Autism and Developmental Disorders 45: 213–220.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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