Ese crimen que cometiste

La mayoría de las personas consideran la memoria como un registro fidedigno de su pasado, de sus experiencias, éxitos y fracasos, de las cosas buenas que hicieron y también de las malas. La suposición de que la memoria es un proceso en gran medida fiable constituye tradicionalmente una parte importante de los cimientos del sistema jurídico, en el que los relatos de memoria de los testigos -y, cuando confiesan, de los acusados- pueden desempeñar un papel clave en las decisiones judiciales. A menudo se espera que las personas implicadas recuerden de forma fiable los detalles de un delito y sus declaraciones de memoria suelen darse por válidas. De hecho, una confesión es una de las formas más potentes de prueba legal en el sistema judicial.

Aunque la idea de que nuestros recuerdos son fiables puede ser intuitivamente atractiva, muchos estudios han aportado pruebas de procesos reconstructivos y distorsiones en la memoria en muchas situaciones, incluso en aquellas legalmente relevantes. Nuestras memorias pueden ser alteradas y modificadas con falsa información. Todos recordamos cosas que jamás sucedieron.

Distintos investigadores han conseguido inducir a los participantes a generar relatos autobiográficos falsos, incluyendo «recuerdos» de haberse perdido en un centro comercial, haber estado involucrado en un accidente en la boda de un familiar, haber tomado el té con el Príncipe Carlos de Inglaterra, haber volado en globo y haber hecho trampas en un examen reciente. Estos falsos recuerdos se sienten reales y los participantes son capaces de generar detalles del evento que nunca fueron mencionados por el entrevistador. La mente parece ser capaz de construir información a partir de fuentes internas y externas para generar una imagen coherente pero falsa de lo que ocurrió. Los recuerdos falsos pueden ser en gran medida indistinguibles de los recuerdos verdaderos tanto por su contenido emocional como por la activación cerebral que generan.

Las técnicas utilizadas en un interrogatorio policial o judicial presentan claras similitudes con las que utilizan los psicólogos que estudian la memoria e intentan implantar falsos recuerdos. En ambos casos, se hacen preguntas capciosas, se introduce información nueva e inexacta, se presiona al entrevistado y se busca que aporte detalles sobre ese suceso por el que se le pregunta. Todo ello puede impulsar la creación de un relato falso.

En contextos legales, se cree que las técnicas de entrevista, como los enfoques de presunción de culpabilidad y de confrontación, facilitan las confesiones falsas y promueven los relatos inexactos de los testigos, lo que en última instancia puede conducir a la injusticia procesal y al encarcelamiento injusto. Los individuos realmente llegan a creer que han cometido un delito que no existió o en el que nunca participaron.

Nos puede parecer difícil de creer. Por más que me digan es imposible que yo me crea que he robado algo o he atropellado a un transeúnte si nunca ha sucedido. Sin embargo, un análisis a posteriori de los casos de condenas equivocadas sugiere que suele producirse una secuencia predecible de acontecimientos antes y durante la interiorización de una acusación falsa, que puede ser estudiado científicamente. Parte de este proceso puede implicar la presentación de pruebas supuestamente incontrovertibles, como los testimonios de testigos oculares directos. El sospechoso puede entonces creer que debe haber reprimido u olvidado el suceso. En este punto, el individuo puede admitir su posible culpabilidad, una posibilidad que puede ser perseguida agresivamente por el interrogador, y el sospechoso puede empezar a crear incorrectamente detalles específicos de su participación en el crimen que no existió en realidad pero existe en su memoria. Aunque los estudios de casos y las anécdotas legales corroboran este proceso, ninguna investigación ha examinado en qué medida son posibles estos falsos recuerdos o si pueden distinguir con claridad de los recuerdos reales.

Julia Shaw y Stephen Porter exploraron si se podían generar en un entorno experimental controlado recuerdos falsos completos de algo muy radical: la comisión de delitos graves en la primera adolescencia. Setenta universitarios canadienses participaron voluntariamente en el estudio a cambio de 50 dólares. Tenían una media de edad de 20 años (rango: 18-31), eran predominantemente caucásicos (5 eran no caucásicos), estaban en el segundo año de su licenciatura, eran hablantes nativos de inglés (5 no eran hablantes nativos), y eran predominantemente mujeres (43 mujeres). El estudio utilizó un paradigma de falsa narrativa familiar-informante modificado para intentar convencer a los participantes de que habían cometido un delito cuando tenían entre 11 y 14 años.

En la fase de cribado, 126 estudiantes universitarios dieron su consentimiento para que los investigadores enviaran un extenso cuestionario a sus padres o cuidadores principales. Los cuestionarios fueron devueltos por los cuidadores de 91 participantes, de los cuales 70 fueron considerados elegibles para participar. Finalmente 60 participaron en el estudio. La elegibilidad se basó en que el cuidador informara de que el participante había experimentado al menos un evento altamente emocional en el periodo de tiempo indicado, no hubiera participado en ningún delito similar a los incluidos en el experimento y que nunca hubiera tenido contacto con la policía. Los individuos no eran elegibles si sus cuidadores mencionaban cualquier tipo de contacto con la policía o informaban de eventos que se parecían a los señalados en cualquier momento de la adolescencia. En el cuestionario, se preguntó a los cuidadores si su hijo había sufrido de alguno de seis sucesos emocionales negativos, tres de los cuales eran delitos (agresión, asalto con arma y robo) y tres que no eran delictivos (un accidente, el ataque de un animal y la pérdida de una gran cantidad de dinero). Para cada suceso real recordado, se pidió a los cuidadores que escribieran una descripción de lo que pudieran recordar, incluyendo el lugar, las personas presentes, la época del año, la edad del participante y el grado de confianza que tenían en que el evento había ocurrido. El formulario de consentimiento informado del experimento y la carta de presentación indicaban que los cuidadores no debían hablar de ninguno de los acontecimientos con los participantes, bajo ninguna circunstancia, hasta el final del estudio.

En la fase 2 del estudio, los investigadores realizaron tres entrevistas con los participantes, en intervalos de aproximadamente una semana. Las entrevistas tenían una duración media de unos 40 minutos. El mismo investigador, que utilizó una entrevista con guión para todas las sesiones, realizó todas las entrevistas. En la primera entrevista, dos de los eventos del cuestionario, uno en que el participante había participante (suceso verdadero) y otro que no había vivido (suceso falso) se presentaban verbalmente al participante. El evento verdadero se presentó siempre en primer lugar para maximizar la credibilidad del investigador.

Los participantes fueron asignados aleatoriamente a una de las dos condiciones de memoria falsa: delictiva o no delictiva. A los participantes en la condición criminal se les dijo que habían cometido un delito que había dado lugar a una investigación policial; a un tercio de ellos se les dijo que habían cometido una agresión, a otro tercio se le dijo que habían cometido un asalto con arma, y al resto que habían cometido un robo. A los participantes de la condición no delictiva se les dijo que habían vivido un suceso con un fuerte componente emocional; a un tercio de ellos se les dijo que tuvieron un accidente, otro tercio que fueron atacados por un perro, y el resto que había perdido una gran suma de dinero que había generado muchos problemas con sus padres. Treinta participantes fueron asignados a cada condición, y 10 fueron asignados a cada evento específico.

Se pidió a los participantes que explicaran lo que había sucedido durante cada uno de los acontecimientos, después de que el entrevistador les diera algunas pistas precisas del cuestionario proporcionado por sus padres, como la ciudad en la que vivía el participante y el nombre de un amigo que tenía en ese momento (un amigo que supuestamente estaba presente durante el suceso). El entrevistador también proporcionó una serie de pistas, como la edad del participante en el momento del suceso, la temporada en que tuvo lugar y si el cuidador estuvo involucrado después de que ocurriera el suceso. Para el suceso verdadero, estos indicios eran precisos, y para el suceso falso, se asignaron al azar. Como era de esperar, los participantes recordaban los detalles de los hechos verdaderos, pero no fueron capaces de relatar los hechos falsos en la primera entrevista. El hecho de que ningún participante recordara inmediatamente el falso suceso ayudó a descartar la posibilidad de que los participantes hubieran experimentado realmente algo parecido. Cuando los participantes tenían dificultades para recordar el falso suceso, el entrevistador los animaba a intentar recordarlo y les decía algo erróneo, que la mayoría de la gente puede recordar este tipo de memorias si se esfuerza lo suficiente. A continuación, se dijo a los participantes que el estudio era un examen de los métodos de recuperación de las memorias, y se les pidió que usaran la reintegración del contexto para recuperar la memoria. También se les dijo que practicaran la visualización del evento falso cada noche en casa. Estos métodos han demostrado ser eficaces para generar detalles que forman los cimientos de los falsos recuerdos.

Las estrategias que se emplearon a lo largo de todas entrevistas de este estudio se basaron en la investigación relativa a los factores que facilitan la generación de confesiones falsas (por ejemplo, Kassin et al., 2012). Las tácticas en las tres entrevistas incluían pruebas falsas incontrovertibles («En el cuestionario, tus padres/ cuidadores dijeron…»), presión social («La mayoría de las personas son capaces de recuperar los recuerdos perdidos si se esfuerzan lo suficiente»), y técnicas de recuperación sugestivas (incluidas las imágenes guiadas por un guión). Otras tácticas que se aplicaron sistemáticamente fueron el establecimiento de una relación con los participantes (por ejemplo, preguntarles «¿Qué tal el curso?» cuando entraban en el laboratorio), el uso de facilitadores (por ejemplo, «Bien», asentir con la cabeza, sonreír), el uso de pausas y silencios para permitir que los participantes respondieran (las pausas más largas parecían dar lugar a que los participantes proporcionaran detalles adicionales para cortar el silencio), y utilizar la pregunta abierta «¿qué más?» cuando se buscaban detalles adicionales en la memoria. También utilizaron la táctica de presumir tener conocimientos adicionales si los participantes preguntaban sobre la exactitud de los detalles. En otras palabras, a los participantes se les sugería que el entrevistador disponía de información muy detallada sobre el suceso por parte de su cuidador, pero que sólo podía confirmar vagamente los detalles (por ejemplo, «esto se parece a lo que lo que describieron tus padres», «no puedo darte más detalles porque tienen que venir de ti»). Además, cuando los participantes informaron de que no podían recordar el falso recuerdo, el entrevistador parecía decepcionado, pero comprensivo y les decía la frase programada: «No pasa nada. Muchas personas no pueden recordar ciertos acontecimientos al principio porque no han pensado en ellos desde hace mucho tiempo») y garabateaban una nota en su cuaderno. Por último, la oficina de entrevistas tenía una estantería llena intencionadamente de libros muy visibles sobre la memoria y la recuperación de los recuerdos para aumentar la credibilidad del entrevistador como investigador de la memoria.

¿Y cuál fue el resultado? el 70% de los participantes asumieron tener recuerdos de haber cometido un delito (robo, asalto o agresión con un arma) que había dado lugar a un contacto con la policía en los primeros años de la adolescencia y ofrecieron un relato detallado de dicho suceso falso. Estos falsos recuerdos de delitos declarados eran similares a los falsos recuerdos de sucesos no delictivos y a los relatos de recuerdos verdaderos, ya que tenían los mismos tipos de componentes complejos, descriptivos y multisensoriales.

Parece que en el contexto de una entrevista altamente sugestiva, las personas pueden generar con bastante facilidad falsos recuerdos de la comisión de un delito, a menudo añadiendo más de diez detalles incriminatorios muy vívidos. Eran recuerdos totalmente imaginarios pero creídos sinceramente.

De los 21 de 30 que incorporaron falsas memorias de delitos, 8 proporcionaron un relato que implicaba una agresión otra persona, 6 proporcionaron un relato que implicaba un robo y 7 proporcionaron un relato que implicaba la agresión a otra persona con un arma. Once (73,33%) de los participantes que fueron clasificados como con falsos recuerdos de agresión o asalto con un arma informaron sobre la naturaleza de su contacto con la policía y llegaron a incluir, por ejemplo, descripciones físicas de los agentes, recordando una media de 11,91 detalles específicos de la policía, un encuentro que nunca existió. No hubo diferencias estadísticamente significativas entre las condiciones delictivas y las no delictivas en el número total de detalles informados por los participantes que fueron clasificados como recuerdos falsos.

La conclusión es que las personas pueden llegar a visualizar y recordar falsos recuerdos detallados de su participación en un delito. La tasa de falsos recuerdos era alta y los propios recuerdos eran muy detallados. recuerdos eran muy detallados. Además, los falsos recuerdos de haber perpetrado un delito mostraban signos de que podían de haber sido generados de una manera similar a la forma en que de la forma en que se generan los falsos recuerdos emocionales no criminales. Los falsos recuerdos de cometer un delito también compartían muchas características con los recuerdos verdaderos y eran difícilmente distinguibles. Por lo tanto, puede resultar difícil en el mundo real diferenciar de forma fiable los recuerdos verdaderos de los falsos sin una corroboración independiente.

Alrededor del 25% de las condenas falsas son atribuibles a testimonios y confesiones defectuosas, que a menudo se obtienen mediante tácticas de interrogatorio cuestionables, algunas de las cuales siguen las estrategias que inducen a la falsa memoria utilizadas en el presente estudio. El conocimiento de esa facilidad para implantar falsas memorias es esencial para prevenir errores judiciales relacionados con una atribución a los recuerdos de una fiabilidad que no tienen.

Para leer más:

  • Kassin SM, D Bogart, J Kerner (2012) Confessions that corrupt: Evidence from the DNA exoneration case files. Psychol Sci 23: 41–45.
  • Shaw J, S Porter (2015) Constructing Rich False Memories of Committing Crime. Psychol Sci 26(3): 291–301.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

7 comentarios en “Ese crimen que cometiste”

  1. ¿La demostración de la posibilidad de crear falsos recuerdos implica la negación de la existencia de recuerdos reprimidos?. ¿O ambos son fenómenos psicológicos reales?.
    Gracias.

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      1. Más bien recuerdos que creíamos no recordar, pero hemos recuperado.
        Lo digo porque la imposibilidad de diferenciar entre un falsos recuerdos y la recuperación de recuerdos reprimidos y, por tanto, la necesidad de asumir que se trate de lo último, puede suponer un serio trastorno para la identidad personal que se basa en la memoria biográfica.

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        1. Hay veces que sí es evidente que son falsos recuerdos, como los inducidos en el experimento relatado. Otras veces la familia confirma que son falsos. Sacks habla de como recuerda los bombardeos de Londres en la II Guerra Mundial y su hermano le explica que es imposible, que fue evacuado al campo antes de que empezaran. Recuperamos recuerdos constantemente, eso no indica que sean reprimidos (un término muy freudiano, por cierto) sino ese equilibrio constante entre recuerdoy olvido. Y no veo que un falso recuerdo suponga un serio trastorno para la identidad personal. Todos tenemos falsos recuerdos. Un saludo

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        2. Y es indistinguible porque quien desarrolla o le implantan un falso recuerdo, recuerda que antes no lo recordaba. Está convencido de que se trata de la recuperación de un recuerdo.

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  2. Pero cuando se trata de sucesos muy significativos y traumáticos, capaces de modificar profundamente el relato que uno se hace de sí mismo, el mero olvido no parece plausible. O bien son falsos recuerdos o bien el recuerdo había sido reprimido, por freudiano que suene.

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