Tejiendo para su asesina

Las arañas construyen sus telas utilizando la seda que sintetizan y secretan a partir de sus glándulas de hilado, unas estructuras situadas en la parte posterior del abdomen. Las especies más primitivas tienen pocas glándulas y construyen sus redes con sedas bastante uniformes. Las arañas más evolucionadas, por el contrario, tienen hasta siete glándulas de hilado diferentes con las que sintetizan sedas con propiedades específicas y distintas entre ellas (grosor, adhesividad, resistencia, etc.) . Hay sedas más fuertes y flexibles que un cable de acero del mismo grosor y se estudian como biomateriales con posibles aplicaciones industriales y médicas.

La telaraña permite capturar presas sin tener que gastar energía cazando. Por otro lado, fabricar los hilos que la forman es costoso energéticamente pues la seda está mayoritariamente compuesta por proteínas.

Además, con el tiempo, la seda va perdiendo su adhesividad y las arañas la comen para reciclar esos componentes y sustituyen los hilos envejecidos por hilos nuevos.

Fabricar una telaraña es una labor compleja con una serie de pasos estructurados que se suceden de forma secuencial, un auténtico programa constructivo. En primer lugar la araña coloca en la periferia del hueco elegido una serie de hilos no pegajosos que actúan como marco y están unidos a estructuras de soporte. A continuación añade unas pocos hilos radiales que van desde el centro al marco y actúan como bastidor. A veces esta fase requiere intentar conectar con objetos que hay en los alrededores y la araña lo consigue dejando flotar hilos en el aire hasta que alguno se fija a un lugar apropiado. Los radios y parte de los marcos de las telas suelen estar formados por seda producida en la glándula ampulácea mayor, que contiene dos tipos de proteínas (espidroína 1 y espidroína 2) y se caracteriza por su rigidez y resistencia. Las arañas se desplazan por esos hilos cuando arrastran alguna de sus presas. Una vez terminada esta estructura preliminar, la araña añade hilos radiales no adhesivos y en algunos casos añade nuevos filamentos de marco, no ya en la periferia sino en niveles intermedios que darán consistencia y resistencia a la red. En el punto central añade varias vueltas densas de seda no pegajosa y ese será su posadero. Sin embargo, eso la hace muy conspicua para pájaros y otros predadores y muchas se quedan escondidas con solo una pata agarrando la telaraña para sentir la vibración que implica que una presa ha caído en la trampa.

Terminada esa fase y desde el punto central la araña empieza a segregar una espiral de seda bastante abierta que finaliza en el borde externo y que tiene un espaciado cinco veces mayor que el que tendrá la telaraña final. Esa nueva fase crucial, colocar la espiral de seda pegajosa, la inicia en sentido inverso, partiendo del borde de la red y construyendo hacia dentro, eliminando al mismo tiempo la espiral mucho menos compacta que había depositado desde el centro hacia el exterior. La seda que forma la espiral está compuesta por una fibra menos rígida, más elástica y deformable, y es pegajosa pero no tan resistente como los hilos radiales. Finalmente refuerza las juntas entre los radios y la espiral para conseguir una distribución eficaz de las tensiones y quita las líneas en el centro de la red, dejando un hueco en algunas especies o reemplazándolas, en otras, con nuevos hilos.

El género Hymenoepimecis está formado por 20 especies de avispas de las cuales 12 son parasitoides de arañas. H. argyraphaga es una avispa costarricense cuyo huésped es la araña Plesiometa argyra. La avispa hembra adulta clava el aguijón a la araña que está en su asiento en el centro de la red y la deja paralizada temporalmente. A continuación pone un huevo en su abdomen. Cuando el huevo eclosiona y sale la larva empieza a alimentarse chupando la hemolinfa de la araña a través de pequeños agujeros, mientras el arácnido hace una vida normal, mejora y repara su red y captura insectos. Esta fase dura una o dos semanas mientras la larva va madurando. Al final de ese periodo, la larva está lista para formar la pupa y ahora es ella la que, la noche antes de matar a su huésped, inyecta un cóctel químico a la araña y la convierte en su esclava. Sorprendentemente, la nueva inyección hace que la araña se ponga a construir una nueva telaraña, totalmente diferente de cualquier cosa que haya fabricado hasta ese momento, y cuando la ha terminado se coloca inmóvil en el centro de la red, ha terminado su última tarea. Si después de que la larva haya inyectado a la araña y antes de que se haya puesto a tejer la red anómala la larva es retirada, aún así la araña se pone a fabricar su telaraña aberrante. Y los efectos son a largo plazo pues las arañas a las que se les quitó la larva construyen redes modificadas también la siguiente noche, aunque algunas revierten lentamente a fabricar telarañas más normales.

La red modificada consiste de unas pocas líneas radiales fuertemente reforzadas con varios hilos cada una de ellas y fijadas directamente al sustrato. A veces hay algunos hilos de marco o una espiral temporal. Estos hilos reforzados se tejen usando una subrutina de la misma secuencia de movimientos que la araña realiza durante la construcción de las líneas de bastidor en la red normal, repetida una y otra vez. Si hay líneas de marco son mucho más cortas y más cercanas al centro que las de las redes normales. La porción central del posadero no está nunca libre de hilos, como está normalmente en una red normal de esta especie. Estas telarañas modificadas se llaman redes del capullo «cocoon webs» y las más elaboradas tienen giros, marcos y una red por encima y por debajo del punto central, confirmando que son redes modificadas. De esa red modificada cuelga el capullo donde la avispa completará la metamorfosis.

Las construcciones de las redes del capullo son muy consistentes y se ve que son subrutinas modificadas. Otras características de la construcción normal de una telaraña, como reemplazar líneas, romper líneas y fijarlas a otras no se dan nunca. Tampoco se forman las espirales temporales y pegajosas y no se eliminan los hilos de la zona central del posadero. La telaraña modificada es un soporte duradero y muy fuerte para el capullo de la avispa. Un solo error por parte de la araña podría ser desastroso para la larva de la avispa. Otras avispas relacionadas como H. robertsae tienen capullos que pueden ser dañados por una lluvia intensa lo que hace que sus larvas sean más vulnerables. Aquí H. argyrafaga se aprovecha de tener a sus órdenes a una tejedora espectacular como son las arañas y generar una red de soporte para su capullo prácticamente indestructible.

Terminada esa etapa, la larva sufre la metamorfosis, mata a la araña con un veneno y absorbe los últimos líquidos que quedan en su cuerpo antes de descartar el exoesqueleto vacío y construir el capullo que cuelga del centro de la red que la araña acaba de construir para terminar la metamorfosis, su proceso de desarrollo. La larva experimenta la fase final de la metamorfosis dentro de este capullo. Finalmente una nueva avispa emerge de ese capullo, se aparea y empieza el ciclo otra vez.

La larva es capaz de inducir respuestas comportamentales específicas en la araña y si es capaz de actuar sobre ellos, esos patrones de comportamiento deben ser módulos independientes. Muchos parásitos manipulan el comportamiento de su huésped, pero la mayoría, especialmente los insectos parasitoides, inducen cambios relativamente simples, como moverse de un hábitat a otro, comer más o comer menos, o alterar sus patrones de descanso y sueño. Esos cambios pueden inducirse con algo relativamente simple como modificar un receptor pero en el caso de Hymenoepimecis es un cambio mucho más sofisticado: deja de construir una telaraña que permite cazar presas y la sustituye por una telaraña con un diseño totalmente diferente y que solo sirve para una cosa: colgar en una posición favorable y resistente el capullo de la avispa.

 

Para leer más:

  • Eberhard WG (2000) Spider manipulation by a wasp larva. Nature 406(6793): 255–256.
  • Sobczak JF, Loffredo APS, Penteado-Dias AM, Messas YF, Pádua DG (2019) Description of the male of Hymenoepimecis bicolor (Brullé, 1846) (Hymenoptera, Ichneumonidae, Pimplinae). Braz J Biol 79(1): 154-157.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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