Bilingüismo

Somos un país que a su riqueza natural, su biodiversidad; a la riqueza cultural, -después de Italia el país con más bienes culturales patrimonio de la humanidad del mundo-; suma su riqueza lingüística, con distintas lenguas que se mantienen vivas, con una literatura maravillosa detrás y donde muchos niños y adultos son fluidos en al menos dos lenguas. Otra cosa es que, como somos así, hundamos las piernas en el suelo y utilicemos las lenguas como bastones, para intentar aporrear al vecino. Goya, que nos conocía tan bien, lo pintó como nadie.

Duelo a garrotazos. Goya. Museo del Prado

Al igual que con la evolución de las especies, se cree que hubo una lengua original, la antecesora de todas las lenguas vivas y muertas que hoy conocemos. La evidencia más clara para esta hipótesis es que, frente a otras formas de comunicación en el reino animal, todos los idiomas humanos tienen una estructura bastante similar: unimos sonidos en palabras, que se articulan en oraciones que tienen sujeto, verbo y predicado y también, otro dato importante, cualquier niño puede aprender cualquier lengua, tenemos una capacidad universal y, por tanto, ninguna lengua nos es realmente ajena.

En la busca de ese lenguaje ancestral, hay quien piensa que algunas palabras subsisten en la actualidad, auténticos fósiles vivientes. Merritt Ruhlen, de la Universidad de Stanford, dice que sonidos como tok, tik, dik y tak se usan en lenguas diversas para referirse a un dedo, del pie o de la mano, o al número uno.

Evolución de los lenguajes. Wired.

Unos términos tan importantes habrían cruzado los milenios con mínimas modificaciones.

Por tanto tenemos un programa genético que marca la construcción de áreas cerebrales especializadas en el lenguaje y un aparato fonador y, sobre eso, se superponen muchas experiencias, el largo proceso de aprendizaje de un idioma. El lenguaje es fruto de la actividad cerebral, pero la cosa va más allá, el lenguaje moldea tu estructura cerebral y también influye en tu visión del mundo y en tu forma de ser. Luego hablaremos de ello. En la evolución de nuestro sistema nervioso, distintas zonas corticales aumentaron su superficie y eso permitió un mayor poder de computación para las palabras. En cierta manera estamos genéticamente programados para comunicarnos, pero lo que llama la atención es cómo el lenguaje influye de vuelta sobre la organización cerebral que lo crea, y la modula.

Grant et al. Front Psychol Envejecimiento, bilingüísmo y módulos corticales

Muchos de los estudios más llamativos se han realizado comparando personas bilingües y monolingües. Mediante técnicas de neuroimagen, que nos permiten observar sin causar ningún daño el cerebro en funcionamiento de un niño, se ha visto que al cambiar de un idioma al otro, se generan patrones diferentes de actividad cerebral, en contraste con lo que sucede en los monolingües, y que esta diferencia es especialmente patente en la corteza frontal. Esta región cortical, situada justo detrás de nuestra frente, interviene en la organización y procesamiento de la información, lo que incluye el reclutamiento de la memoria de trabajo, el razonamiento y la planificación. Parece también que el salto de un idioma a otro «engrasa» el funcionamiento de las zonas implicadas en el lenguaje y los bilingües son más rápidos a la hora de aprender un tercer idioma, que lo que le cuesta a un monolingüe aprender el segundo. El sustrato de esa diferencia parece ser que el cerebro bilingüe está modificado y hay diferencias en los circuitos neuronales, siempre en comparación con un monolingüe. No es tan sorprendente, asumimos que la memoria cambia el cerebro pues hay circuitos que almacenan esos recuerdos nuevos cambiando ellos mismos, y esa experiencia lingüística tan diferente, saltar de un vocabulario a otro, cambiar reglas gramaticales, adoptar giros y entonaciones diferentes y un enorme etcétera, parece lógico que también genere modificaciones estables en la estructura de nuestro encéfalo, de largo plazo.

Durante el siglo XIX se pensó que aprender dos lenguas simultáneamente era un error y hacía que el niño fuese incapaz de hablar correctamente ninguna de las dos. Se pensaba que el niño saltaría de forma irregular de una lengua a otra, mezclaría palabras y no dominaría bien ninguno de los dos idiomas. Se llegó a decir, todavía se oye alguna vez, que esa mezcolanza podría afectar a otros aspectos de su neurodesarrollo, que interferiría con el rendimiento académico y que el resultado sería un menor cociente de inteligencia. El análisis científico ha llevado estas ideas a la cuneta de la historia, en donde algunos viven, y ha eliminado esos miedos.

El bilingüismo es una de las variables clave en la investigación sobre la influencia de la genética y el ambiente en el lenguaje. En primer lugar, por su prevalencia, se cree que más de la mitad de la población mundial es bilingüe. En segundo lugar por su intensidad: muchos aspectos del lenguaje y la cognición están intensamente interconectados y la modulación de un sistema influye en el otro. De todos nuestros sistemas cerebrales es posible que el lenguaje sea el más intensamente usado y es clave en nuestras interacciones con el mundo, incluso las no verbales. Finalmente, por su distribución: al contrario que otros aspectos de la experiencia claves como las oportunidades en la educación, la formación musical, o un ambiente rico en experiencias, el lenguaje no está limitado a las personas con cierto nivel socioeconómico, cierto talento individual o que están de una manera u otra, privilegiados. La forma más común de bilingüismo es ser criado en un hogar donde el lenguaje de la mayoría de la comunidad circundante es diferente del de la propia familia. El bilingüismo es un ejemplo claro para ver cambios generados por la experiencia sobre un sustrato genético común.

Las personas bilingües tiende a tener vocabularios ligeramente más reducidos en cada lengua que sus compañeros monolingües y pueden ser ligeramente más lentos a la hora de encontrar la palabra correcta para denominar un objeto, pero prácticamente todo lo demás son ventajas. Un trabajo realizado en 1962, un buen año, por Peal y Lambert encontró que controladas una serie de variables como educación o estatus socioeconómico, los bilingües superaban a los monolingües en quince test verbales y no verbales, en particular a aquellos que requerían manipulación y reorganización de símbolos. Fue un momento de inflexión porque esperaban que los monolingües tuvieran mejores resultados y, en cierta manera, el cerebro bilingüe vive en un conflicto interno constante, eso fuerza a entrenar el «músculo cognitivo» y de ahí viene ese mejor rendimiento.

Las nuevas tecnologías de neuroimagen nos han dado más información. Un bebé recién nacido es un «ciudadano del mundo» capaz de discriminar entre sonidos de cualquier lenguaje y aprenderlo, ya sea coreano o la lengua de chasquidos de los pueblos San. Cuando tiene un año, sin embargo, los pequeños monolingües pierden esta habilidad y se especializan solamente en los sonidos de su lengua materna. Sin embargo, los criados como bilingües, a menudo porque padre y madre de origen diferente les hablan en sus respectivas lenguas maternas desde el nacimiento, siguen mostrando una respuesta cerebral a sonidos de lenguas totalmente diferentes al final de ese primer año. Es decir, esa ventana de flexibilidad se mantiene más tiempo abierta en los bilingües que en los monolingües. Alguien podría pensar que esa ventana significaría una inmadurez prolongada pero no es así, alcanzan de manera similar los hitos básicos del lenguaje, por ejemplo dicen su primera palabra a edades similares que los monolingües, y los bilingües aprenden nuevos idiomas con más facilidad a lo largo de la vida.

Los bilingües son mejores que los monolingües a la hora de detectar errores gramaticales. Se cree que es debido a una mejora de lo que se llaman las funciones ejecutivas del cerebro, una serie de habilidades mentales que ayudan a bloquear información irrelevante y centrarse en aquello que es importante en un momento determinado. Detectan mejor los errores gramaticales porque, por ejemplo, no lo mezclan con los errores ortográficos, saben compartimentar mejor la información lingüística. Otra diferencia a favor del bilingüismo es que ejercitan otra habilidad ejecutiva que es ser capaces de saltar súbitamente de una tarea a otra sin perderse. Un ejemplo es un estudio de Ellen Bialystok y Michelle Martin-Rhee en el que se pedía a los niños que clasificaran objetos. Primero tenían que echar círculos azules y cuadrados rojos en dos papeleras digitales, una marcada con un círculo rojo y la otra con un cuadrado azul. Al principio se les decía que lo hicieran en función de su forma pero en un momento determinado que lo hicieran según el color. Los niños bilingües no cometían errores tras el cambio. Estas habilidades son fundamentales para casi todo lo que hacemos en la escuela, de leer, a manejar las matemáticas y también para cosas más de la vida adulta como aprender a conducir.

Mejor eficacia cognitiva en los cerebros bilingües. Barac & Bialystok (2011). Language Teaching

El niño que aprende dos lenguas ve potenciadas sus capacidades cognitivas. No solo eso, según algunos estudios, sus memorias, valores e incluso su personalidad, muestran variaciones dependiendo de en qué lenguaje esté hablando. Hay quien dice que sería como si el cerebro bilingüe albergara dos mentes diferentes. Un detalle curioso, publicado por Paula Rubio-Fernández y Sam Glucksberg, de la Universidad de Princeton es que los bilingües son mejores en ponerse en la piel de otra persona y entender su postura en una situación determinada. Se cree que es por esa capacidad ejecutiva: pueden dejar de lado temporalmente lo que ya saben y centrarse en comprender la postura de la otra parte.

¿Y cómo funciona eso? Un estudio realizado por Viorica Marian usando un sistema de seguimiento visual (eye-tracking) en bilingües ruso-inglés les pedía que «cogieran el marcador». El truco es que en ambos lenguajes suena parecido pero tiene significados diferentes: en ruso es algo así como un sello y en inglés es un rotulador. Aunque nunca se equivocaron el sistema de seguimiento de la mirada vio que rápidamente miraban un instante al objeto alternativo que al correcto. Este resultado sugiere que en el cerebro de los bilingües los dos idiomas están compitiendo constantemente por ser el objeto de atención. El resultado es que cuando hablamos, escribimos u oímos la radio o la tele, el cerebro de un bilingüe está constantemente eligiendo la palabra adecuada e inhibiendo el mismo término en el otro idioma. El resultado es un entrenamiento constante del control ejecutivo, algo parecido a lo que hacen algunos programas caros que te educan para ignorar una información distractora mientras realizas una tarea.

Un factor clave es que los bilingües tienen mayor habilidad para controlar el ambiente. Los bilingües cambian de idioma muy a menudo, puedes hablar con tu padre en un idioma y con tu madre en otro. Eso requiere llevar un seguimiento constante de los cambios a nuestro alrededor al igual que hacemos cuando conducimos. En un estudio con bilingües alemán-italiano Albert Costa de la Universidad Pompeu Fabra encontró que los bilingües lo hacían mejor y con menos actividad cerebral, indicando que eran más eficientes.

Surgió rápidamente la idea de explorar si esa «gimnasia cerebral”, la de verdad, la barata, no la que te venden con un caro envoltorio, podría ayudar al cerebro a resistir los estragos del tiempo. Byalystok y su equipo recogieron datos de 184 personas con demencia, la mitad bilingües. Los resultados publicados en 2007, encontraron que los síntomas aparecían, de media, cuatro años más tarde en los bilingües que en los monolingües. Tres años más tarde, repitieron el estudio, con 200 personas, pero centrado en la enfermedad de Alzheimer. En este caso los primeros síntomas de enfermedad empezaron cinco años más tarde en los bilingües que en los monolingües. Esta notable diferencia se mantenía incluso evitando el efecto de variables como la educación y la profesión. Es decir, parece que aprender y manejar un segundo idioma genera un efecto protector contra el alzhéimer, la principal causa de demencia senil y las demás demencias. Más aún, los bilingües tienen más sustancia blanca, la parte del cerebro formada por axones mielínicos, las rutas de comunicación cerebral y otro estudio también ha encontrado mayor densidad de sustancia gris y de nivel del segundo idioma y mayor plasticidad neuronal en los bilingües.

Estudiar si somos diferentes en un idioma o en otro no es fácil, al final todo está dentro de nosotros mismos. Susan Ervin-Tripp usó un diseño sencillo, con bilingües japonés-inglés y les pidió que completaran frase y resultaba que variaba según el idioma. Por ejemplo si la frase era «Los verdaderos amigos…» la misma persona en japonés contestaba «..se ayudan unos a otros» mientras que en inglés decía algo como «… son muy francos entre ellos». Probablemente es que el lenguaje es parte de la cultura y en cierta manera un bilingüe no traduce literalmente sino que se adapta a esa cultura que en Japón es más reservada y educada y en Estados Unidos mas contundente y extrovertida. Otro ejemplo interesante, este con bilingües español-inglés, era que vieran un anuncio en inglés donde salía una mujer y luego, seis meses más tarde, el mismo anuncio en español. Cuando los voluntarios verían el anuncio en español tendían a valorar a la protagonista como independiente y extrovertida pero cuando lo veían en inglés la describían como poco hábil y dependiente. También pasa con un tema que me apasiona, las historias, los bilingües inglés-griego tenían reacciones muy diferentes a la misma historia según el idioma y se sentían indiferentes al protagonista en una versión y preocupados en la otra. Pasa también cuando a voluntarios bilingües inglés-español se les pedía que se valorasen a sí mismos, su propia personalidad. La modestia se valora más en México que en Estados Unidos y cuando se les preguntaba en español los voluntarios tenían un perfil más humilde que cuando se les pasaba el mismo cuestionario en inglés, una cultura que valora más la confianza y asertividad.

Otro factor clave es la memoria puesto que el lenguaje se entremezcla con los recuerdos: parece que los hispanoparlantes somos peores que los angloparlantes a la hora de recordar quién causó un accidente porque usamos frases impersonales como «se rompió el vaso» en donde no detallamos qué persona lo hizo y parece que el vaso se suicidó. Otro ejemplo es un estudio con bilingües inglés-chino. Cuando se les pidió que nombrasen una estatua de alguien con un brazo levantado mirando al horizonte, si se les hace la pregunta en inglés, mencionan a la estatua de la libertad y en mandarín, a Mao. Sería curioso hacer la prueba con españoles que lleven tiempo en Estados Unidos, mi pronóstico es que dirían Colón y, sí, quizá la estatua de la libertad. Es decir, de nuevo la idea de que todo está en nuestro cerebro pero cada idioma genera sus propios flujos de información, con memorias al menos parcialmente segregadas.

A veces envidiamos la fortaleza del inglés y tendríamos que ser un poco menos paletos. Es cierto que es la lingua franca mundial, es el lenguaje de la ciencia, la tecnología, los negocios, la diplomacia y la cultura popular (música, cine, lo que sea). Como bien dicen nuestras madres, que lo saben todo, con el inglés te manejas en todas partes, pero esa es también la condena de los anglosajones. La Unión Europea realizó una encuesta para valorar la situación interna en distintos ámbitos y los dos países con menores índices de bilingüismo eran el Reino Unido e Irlanda. A nivel mundial es parecido, solo en torno a un 25 % de los ciudadanos norteamericanos pueden conversar en otro lenguaje, la mayoría hispanos que no han perdido la lengua de su familia, y en Australia la proporción es aún menor. No es así en el resto de Europa, donde el multilingüismo es la regla más que la excepción. Más de la mitad de los ciudadanos de la Unión somos bilingües y no solo aquellos que viven en países como Luxemburgo con varias lenguas oficiales sino incluso en Francia, un país con un único idioma oficial e inmensamente orgulloso —con razón— de su herencia literaria y lingüística, la mayoría de la gente habla al menos un segundo idioma. Por tanto, valoremos ser bilingües o multilingües, felicitemos a nuestras comunidades bilingües y recordemos que se puede aprender un idioma a cualquier edad. Aunque no llegues al bilingüismo aumentarás lo que se llama la reserva cognitiva, el depósito con el que afrontar tu vida actual y un envejecimiento saludable.

 

Para leer más:

  • Barac R, Bialystok E (2011) Research timeline: cognitive development of bilingual children. Language Teaching, 44: 36–54.
  • Bhattacharjee Y (2012) Why Bilinguals Are Smarter. http://www.nytimes.com/2012/03/18/opinion/sunday/the-benefits-of-bilingualism.html
  • Bialystok E (2017) The bilingual adaptation: How minds accommodate experience. Psychol Bull 143(3): 233-262.
  • Bialystok E, Craik FIM, Freedman M (2007) Bilingualism as a protection against the onset of symptoms of dementia. Neuropsychologia 45: 459–464.
  • Bialystok B, Craik FIM, Luk G (2012) Bilingualism: Consequences for Mind and Brain. Trends Cogn Sci 16(4): 240–250.
  • Craik FIM, Bialystok E, Freedman M (2010) Delaying the onset of Alzheimer’s disease: bilingualism as a form of cognitive reserve. Neurology 75: 1726–1729
  • De Lange C (2012) Mon esprit partagé. My two minds. New Scientist 2863: 31-33.
  • Lambert WE, Peal E (1962) The Relation of Bilingualism to Intelligence. Psychological Monographs: General and Applied. 76 (número completo 546): 1-23.
  • Marian V, Kaushanskaya M (2007) Language context guides memory content. Psychon Bull Rev 14(5):925-933.
  • Rubio-Fernández P, Glucksberg S (2012) Reasoning about other people’s beliefs: bilinguals have an advantage. J Exp Psychol Learn Mem Cogn 38(1): 211-217.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

4 comentarios en “Bilingüismo”

  1. En el segundo párrafo se debe precisar que son las oraciones y no las frases las que pueden tener sujeto, verbo y predicado. Además, en ese mismo párrafo, parece que se usa los conceptos de lenguaje y lengua de manera indistinta. No sé si aún siga vigente la caracterización del primer concepto como facultad exclusivamente humana y del segundo como sistema de signos que es posible aprender debido a que tenemos dicha facultad. Para no ser cansino, termino mi intervención con una cita cuyo autor ya no recuerdo y que aunque no es completamente exacta es ciertamente reveladora. “Alguien que habla tres lenguas es trilingüe, alguien que habla dos lenguas es bilingüe y alguien que solo habla una lengua es estadounidense”.

    Me gusta

  2. Muy interesante. Un argumento más para apoyar la formación en varios idiomas de nuestros hijos: no sólo se entenderán con más gente, sino que además se entenderán mejor.

    Quizá convendría puntualizar también qué entendemos por bilingüismo. A lo largo del artículo se hace referencia a los bilingües puros, que serían aquellos que emplean dos idiomas maternos desde la infancia. Me pregunto si lo mismo es de aplicación a los idiomas aprendidos a edades más avanzadas, o incluso si lo es, aunque sea parcialmente, para personas que son capaces de entenderse en un idioma que no es el materno, pero no lo dominan.

    Muy interesante artículo, se agradece la claridad de la exposición. ¡Qué importante es divulgar la ciencia!

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s