Mesmer y las pulseras magnéticas

descargaFranz Anton Mesmer (1734-1815) fue un médico alemán con interés en la astronomía y que postulaba que había energías invisibles que se movían entre los seres vivos, el llamado magnetismo animal o mesmerismo. Mesmer estudió en las universidades jesuitas de Dillingen e Ingolstadt, la misma universidad donde según la imaginación de Mary Shelley fue creado un personaje de ficción, el monstruo del Dr. Frankenstein, y de allí pasó a uno de los mejores centros médicos de la época, la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena.

Su tesis doctoral defendida en Viena tenía el título de De planetarum influxu in corpus humanum (Sobre la influencia de los planetas en el cuerpo humano) y en ella hablaba de los efectos de la Luna y los planetas sobre el organismo, tanto en la salud como en la enfermedad. mesmer8El punto de partida era la teoría gravitacional de Isaac Newton que había establecido las influencias mutuas entre los distintos cuerpos celestes y había dado por primera vez una explicación a fenómenos físicos como las mareas. Al parecer, según se ha descubierto recientemente, Mesmer plagió su tesis de un artículo de Richard Mead, un médico amigo de Newton.

Mesmer planteaba que existía un único fluido universal al que dábamos distintos nombres (gravitación en las órbitas planetarias; electricidad, en los rayos de una tormenta; magnetismo en una brújula). Cuando ese fluido pasaba por un organismo vivo era el magnetismo animal y Mesmer explicaba que la buena salud, tanto física como psicológica, se debía a tener correctamente los campos magnéticos. La enfermedad, y en particular la enfermedad mental era el resultado de un bloqueo de los fluidos, un desajuste en estas fuerzas y se podía curar gracias a que la misma fuerza emanaba del magnetizador y actuaba sobre el enfermo, que sentía un alivio inmediato de sus dolores y molestias o veía desaparecer sus movimientos anormales. quack_mesmerismMesmer puso en marcha una serie de tratamientos en los que daba a sus pacientes una medicación rica en hierro y luego pasaba imanes por la superficie del cuerpo para «alinear» correctamente el campo magnético. Parece mentira pero estas cosas de Mesmer, la influencia de los planetas, los campos magnéticos, pasar las manos, etc. siguen vivas en el mundo de los esotéricos, doscientos cincuenta años después.

En 1768, Mesmer hizo un experimento de éxito, similar al que han realizado también distintos famosos investigadores a lo largo de la historia: casarse con una viuda rica. Ello le dio tranquilidad económica con lo que pudo impulsar no solo su carrera médica sino también ser un mecenas de las artes. De hecho, aunque no está confirmado parece que organizó en su jardín un concierto de un joven muchachito austriaco de doce años llamado Wolfgang Amadeus Mozart al que el ayuntamiento de Viena había puesto dificultades para tocar y que estrenó Bastián y Bastiana en las propiedades de Mesmer. CosiFanTutte_BLO_Poster_20Lo que es seguro es que Mozart supo del mesmerismo pues le inmortalizó en su ópera bufa  Così fan tutte donde dos de los protagonistas, Ferrando y Guglielmo, son curados del falso veneno que han tomado cuando la criada Despina, disfrazada de médico, pasa por su frente un gran imán, al mismo tiempo que canta lo que no deja de ser la historia de Mesmer:

pietra mesmerica
ch’ebbe l’origine
nell’ Alemagna
che poi si celebre
la in Francia fù

(piedra mesmérica que tuvo su origen en Alemania y que después se hizo tan célebre en Francia)

Mesmer no obstante vio que durante sus tratamientos, los pacientes caían en una especie de trance y al terminar se sentían mejor. PARANORMAL/ALTERED STATEPosteriormente vio que los resultados eran iguales si no usaba los imanes y aunque los científicos se fueron dando cuenta del poder de la sugestión, Mesmer lo interpretó como que él mismo tenía poderes magnetizadores, así que empezó a pasar las manos sobre el cuerpo de los pacientes y también a dar algunos masajes.  En los tratamientos individuales, Mesmer se sentaba frente a su paciente estableciendo un contacto apropiado para el flujo tocando las rodillas del paciente —a menudo de la paciente— con las suyas al mismo tiempo que sujetaba sus dedos y la miraba fijamente.

Como sucede a menudo con los esotéricos, Mesmer, que debía ser un hombre carismático tuvo éxito con la sociedad civil, en particular con los ricos e incultos, que acudían presurosos a ponerse en sus manos, nunca mejor dicho, pero no consiguió el favor de los médicos, con una formación mejor, que le expulsaron de la universidad y le prohibieron seguir practicando la medicina en Viena, una decisión coherente y valiente que no tienen los colegios de médicos y farmacéuticos actuales 1271213894198pulseradnque siguen amparando supercherías como la homeopatía o vendiendo artículos dignos del propio Mesmer como las famosas pulseras magnéticas. Una búsqueda de imágenes muestra con facilidad a distintos famosos utilizando estas pulseras incluidos deportistas, políticos, actores e incluso miembros de la Familia Real, un magnífico mensaje a la sociedad.

Ante ese contratiempo, Mesmer hizo lo que hacen todos los charlatanes profesionales, moverse a otro escenario. Un ejemplo actual puede ser Andrew Wakefield, el sujeto que dijo que las vacunas tenían que ver con el autismo y que causó  con su codicia —había patentado un tipo especial de vacunas— que algunos padres ignorantes no vacunasen a sus hijos y algunos niños murieran de enfermedades evitables por no estar vacunados. 7waEZPPRtcXfG787sPvnZuAxhZstWjJ57E6Vtm8zuk2AAgAAaAEAAEpQCuando el colegio de médicos británico le expulsó de la profesión por mala praxis y falsedad en sus artículos, lo que hizo fue trasladarse a Estados Unidos y seguir ejerciendo allí. Mesmer marchó a París donde se convirtió en una estrella en los salones de la nobleza, donde ponía a sus pacientes en trance y operaba «milagros» mientras repartía hojas con testimonios de las personas que declaraban con un firme convencimiento deberle su salud. También hacía sesiones en grupo —algo que siempre es interesante a la hora de hacer caja—, en su lujosa clínica —todos siempre cuidan esa imagen de sofisticación y éxito— donde actuaba bajo una luz tenue y una música suave —la versión en vivo del moderno hilo musical—, había espejos que reflejaban la escena —lo que anima a la respuesta en grupo—,  los pacientes se cogían de los pulgares —lo que genera ya una cierta tensión emocional— y Mesmer se paseaba a su alrededor vestido una túnica de seda y —según él— canalizando hacia ellos los fluidos magnéticos. Cuando algunos pacientes caían en trance y empezaban balbucear, a gritar y a desmayarse, los demás lo vivían como un auténtico prodigio. tree-hugging-hippiesPara que no le achacaran de que solo se preocupaba de la salud de los ricos, Mesmer magnetizaba árboles invitando a los indigentes a abrazarlos para recibir ayuda gratuita. Me resulta menos gracioso cuando recuerdo que a una amiga latinoamericana muy querida le recomendó su psicólogo que abrazara árboles en pleno siglo XXI. ¿Adivina en qué país? ¡Exacto!, ha acertado. Debe ser eso que dicen de que el mundo está lleno de tontos distribuidos estratégicamente para que te encuentres al menos uno al día.

De nuevo los médicos, franceses en este caso, preocupados por la ciencia o por la pérdida de negocio a manos de un alemán, que todo es posible, protestaron y el rey Luis XVI, aunque a la reina María Antonieta le encantaban las sesiones de Mesmer y Lafayette era uno de sus principales seguidores, ordenó a la Academia Francesa de Ciencias una investigación. Ese 1784, la Academia nombró una Comisión Real con una composición memorable: estaba presidida por Benjamin Franklin, embajador del nuevo país de los Estados Unidos y experto mundial en electricidad y de ella formaba parte también el mejor científico de Francia, Antoine Lavoisier, el astrónomo y alcalde de París Jean Bailly y un médico que había conseguido cierta fama por un artilugio que facilitaba el tránsito a mejor vida de los condenados a muerte, Joseph Guillotin. La guillotina trabajaría pocos años después a destajo y por ella pasarían, de hecho, los cuellos de Luis XVI, de María Antonieta, de Bailly y de Lavoisier aunque no, como en algunos casos se dice, la del propio Guillotin.

benjamin-franklinFranklin tenía mala salud y acordaron realizar las sesiones de investigación sobre el magnetismo animal en su residencia en Passy. Mesmer, que no era ningún estúpido, decidió tener un perfil bajo y en vez de asistir personalmente mandó a su ayudante, Charles Deslon. Si la comisión avalaba sus experimentos, era un éxito para Mesmer; si los criticaba, la mala fama era para Deslon. Deslon, que como sucede muy a menudo creía su propia superchería, se puso a demostrar a la Comisión cómo funcionaba el mesmerismo. Los miembros de la comisión intentaron magnetizarse a ello mismos y probaron las técnicas de Mesmer en siete personas con distintos problemas de salud. Probaron y volvieron a probar y comprobaron que los cambios eran causados por la sugestión y que no había ninguna evidencia de ningún fluido, ningún magnetismo, ninguna fuerza física invisible, nada. Uno de los experimentos más llamativos consistió en magnetizar un árbol del amplio jardín y tener a un sujeto inocente y con los ojos vendados para que descubriera cuál era el árbol con más carga magnética. El voluntario fue un niño de doce años, especialmente sensible al magnetismo según Deslon,  que fue comentando sus sensaciones y cómo notaba que la fuerza magnética era cada vez más fuerte, al mismo tiempo que caminaba en la dirección contraria del árbol magnetizado. El experimento terminó cuando el muchacho, abrumado probablemente por la situación, cayó desmayado al acercarse al cuarto árbol. También vendaron los ojos a una mujer diciéndole que Deslon estaba en la habitación, cosa que no era cierta, y ella cayó en la típica crisis de los mesmerizados frente a los magnetizadores. Como era de esperar, Mesmer intentó apartarse de los resultados de la comisión argumentando que Deslon era un inepto incapaz de controlar los flujos magnéticos pero el impacto fue considerable y el mesmerismo estaba herido, pero no muerto.

El informe final de la Comisión Real titulado Rapport des commmissaires chargés par le roi de l’examen du magnétisme animal es una obra maestra de análisis científico y un hito en la historia de la razón. Mesmerism-Rapport-des-commissairesStephen Jay Gould dijo de él que «debía ser rescatado de su actual oscuridad, traducirlo a todas las lenguas y reimprimirlo por las organizaciones dedicadas a desenmascarar a los charlatanes y a defender el pensamiento racional». Como no podía ser de otra manera en un comité presidido por un verdadero científico como Franklin, la comisión dijo que la terapia no tenía ninguna eficacia, que la idea de fuerzas magnéticas no tenía ninguna base y que la mejoría de los pacientes no se debía al magnetismo animal sino al deseo que aquellos tenían de ponerse bien. Tras este repaso, Mesmer abandonó París camino de Suiza donde siguió practicando hasta su muerte en 1815.

Thomas Jefferson que sustituyó a Franklin al año siguiente como embajador estadounidense en París anotó en su diario “magnetismo animal muerto, ridiculizado» pero no fue del todo así. La teoría del fluido magnético empezó a decaer a favor de nuevas ideas, con mayor base científica, que atribuían los efectos positivos experimentados por algunos pacientes a la sugestión, a la influencia psicológica del experimentador sobre el paciente. A pesar del descrédito de Mesmer, el mesmerismo, bajo diferentes disfraces, ha continuado hasta nuestros días. A finales del siglo XIX, en la Inglaterra victoriana se daban cursos y charlas sobre «magnetismo personal», un camino para aumentar el atractivo y el éxito. Había muchas variantes dirigidas a conseguir amor o matrimonio —dicen que no siempre es lo mismo—, a evitar enfermedades, a reforzar la personalidad, a conseguir amigos o tener éxito profesional. PARANORMAL/ALTERED STATEEs algo que forma parte de nuestro lenguaje cotidiano y  es normal oír hablar del magnetismo de un actor o un famoso, como si fuera por ahí atrayendo limaduras de hierro.

Para algunos investigadores el magnetismo animal fue un paso erróneo pero positivo en la historia de la Neurociencia y al igual que la Frenología abrió caminos para la localización científica de las funciones cerebrales; el Mesmerismo fue un precursor del hipnotismo y de la psicoterapia. Aún así, en esa marmita de psicología, espiritualidad, filosofía, sugestión y un mínimo barniz de ciencia surgió una línea que llega a la actualidad con los movimientos New Age, espiritualistas, Christian Science y varios engañabobos más.

 

Para leer más:

  • Benjamin LT,  Baker DB (2004) The beginnings of psychological practice: Psychology’s other occult doubles. From Séance to Science: A History of the Profession of Psychology in America (pp.21-24). California: Wadsworth/Thomson Learning.
  • Goodwin, CJ (1999) Psychoanalysis and clinical psychology: Mesmerism and hypnosis. A History of Modern Psychology (pp. 363-365). John Wiley & Sons, Nueva York.
  • Gould SJ (1991) The Chain of Reason Versus the Chain of Thumbs. En: Bully for Brontosaurus: Reflections in Natural History. W.W. Norton, Nueva York. Capítulo 12.
  • Tartakovsky M (2011) Psychology’s History of Being Mesmerized. http://psychcentral.com/blog/archives/2011/05/09/psychologys-history-of-being-mesmerized/
  • http://www.pbs.org/benfranklin/l3_inquiring_mesmer.html

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

3 comentarios en “Mesmer y las pulseras magnéticas”

  1. aquí en argentina, muy cerca de mi lugar de residencia hay un “bosque mágico” al que la gente va a abrazarse a los árboles,supongo que es complejo analizar el por qué del éxioto de este tipo de fenómenos, lo que si me di cuenta desde que vivo aquí es que por estos lares la gente es muy supersticiosa…

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