La dama de las células

24578_rita_levi_montalcini_anni3Rita Levi-Montalcini nació en Turin el 22 de abril de 1909 junto con su hermana gemela Paola. Adamo Levi, su padre, era ingeniero eléctrico y matemático y Adele Montalcini, su madre, pintora. Los dos eran judíos de familias que podían trazar sus raíces en Italia desde el Imperio Romano. Según las costumbres de la época el padre desanimó a sus hijas de estudiar una carrera, temiendo que pudiese interferir en lo que era el futuro que se esperaba de ellas, ser esposas y madres. rita01   -levi-montalcini-young-bPero Rita tenía otros planes, había visto morir de un cáncer de estómago a Giovaninna, la mujer que las cuidaba en casa y le dijo a su padre que quería ser médica. Él le apoyó y ella se graduó summa cum Laude en la facultad de medicina de Turín en 1936.  Empezó su residencia en el Instituto de Anatomía con el histólogo Giuseppe Levi. Curiosamente, haciendo el internado estaban también Renato Dulbecco que ganaría el premio Nobel en 1975 por su trabajo sobre oncovirus y Salvador Luria que lo ganó en 1969 por sus trabajos sobre replicación y estructura genética viral. Junto con el premio Nobel de Rita en 1986 debe ser la mejor «hornada» de la historia.

Dos años más tarde, el 14 de julio 1938, el gobierno fascista de Benito Mussolini publicó el Manifiesto de la Raza, una ley que declaraba que los judíos no pertenecían a la raza italiana, por lo tanto eran despojados de su nacionalidad, perdían sus derechos de ciudadanía, eran expulsados de los puestos que tuvieran en el estado, incluyendo los hospitales o la educación y se les prohibía ejercer una carrera profesional. 2013012585mussolini_intTres meses más tarde, Levi-Montalcini era expulsada de la plaza que tenía en el Instituto de Anatomía y su licencia para practicar la medicina fue revocada. Ella declaró años más tarde «Debería agradecer a Mussolini haberme declarado raza inferior, ya que esta situación de extrema dificultad y sufrimiento, me empujó a esforzarme todavía más». Aceptó una oferta para trasladarse con el profesor Laruelle, el director de un Instituto de neurología en Bruselas, pero el miedo fundado a una invasión alemana de Bélgica le hizo retornar a Italia en diciembre.  Inspirada por una lectura de unos experimentos de Viktor Hamburger, un investigador de San Luis que trabaja con embriones de pollo decidió montar un pequeño laboratorio en su dormitorio, donde colocó una incubadora para tener embriones de pollo, una estufa para incluir los embriones en parafina y poderlos cortar, un micrótomo para hacer secciones histológicas, una lupa para operar los embriones, un microscopio y botes de cristal, reactivos e instrumental quirúrgico. Chicken embryo after 72 hours incubation.Sus primeros experimentos consistían en cortar una extremidad, un ala o una pata, del pollito en desarrollo y ver cómo los nervios intentaban inervar esa zona ligeramente separada del resto. Al mismo tiempo, desafiando a la policía fascista, trabajaba como médico en la clandestinidad visitando a las familias pobres de Turín.

El objetivo de su investigación era averiguar cómo las neuronas establecían conexiones durante el desarrollo para formar las complicadas redes de circuitos nerviosos y cómo los nervios llegaban hasta los músculos para inervarlos y poderlos dar instrucciones. Para seguir estos axones usó técnicas argénticas basándose en las investigaciones que habían hecho Golgi y Ramón y Cajal sobre la afinidad de las sales de plata por los elementos neurales. La entrada de Italia en la II Guerra Mundial hizo que la familia abandonase Turín para irse a una aldea donde era más difícil que la policía les pudiera seguir la pista y detener pero en 1943 la invasión de Italia por los alemanes les obligó a trasladarse a Florencia, donde vivieron ocultos hasta el final de la guerra. En todos esos traslados Rita llevaba su pequeño laboratorio y seguía trabajando.  En su autobiografía dice «si no hubiese sido discriminada o no hubiera sufrido una persecución, nunca habría recibido el premio Nobel».

Sus resultados sugerían que tras la excisión de los miembros, las fibras nerviosas de la médula espinal seguían avanzando buscando los músculos que tenían que inervar pero morían como resultado  de la ausencia de un factor trófico que guiaba y nutría los nervios. Al poco de terminar la guerra, Viktor Hamburger, que tenía una hipótesis distinta sobre el desarrollo de la inervación neuromuscular le invitó a pasar un semestre en su laboratorio en la Universidad de Washington y hacer experimentos juntos. FOTO 2Levi-Montalcini se quedó allí más de quince años logrando un puesto de profesora titular en 1956 y catedrática en 1958 y lo consideró la etapa más feliz y más productiva de su vida. Rita empezó a colocar trozos de sarcomas de ratón —un tipo de tumor— junto a cultivos celulares de los embriones de pollo. Parecía que las células tumorales secretaban algo que estimulaba el crecimiento de los axones de las neuronas, las llamadas fibras nerviosas. press-1Para mejorar los cultivos se fue al Instituto de Biofísica que dirigía Carlos Chagas en Río de Janeiro y volvió convencida que los tumores secretaban un “agente difusible”. Los cultivos sin esa sustancia formaban esferas, cuando la añadía, los axones crecían mucho más e irradiaban desde el grupo de células en todas direcciones.

A comienzos de la década de 1950 empezó a trabajar con un bioquímico llamado Stanley Cohen y consiguieron aislar y describir esa molécula a la que llamaron factor de crecimiento de los nervios o nerve growth factor (NGF). El NGF abrió una nueva puerta en la investigación sobre el crecimiento de las células y el desarrollo de los nervios, también sirvió para entender algunos trastornos del desarrollo cerebral y avanzar en nuestro conocimiento de otras patologías como el cáncer o las enfermedades neurodegenerativas como la de Alzheimer. También abría la puerta a todo un nuevo arsenal de herramientas terapéuticas. En los años siguientes se encontró una gran cantidad de factores de crecimiento, tanto proteínas como hormonas esteroideas, cada uno con funciones especializadas. Por poner un ejemplo el factor de crecimiento epitelial es clave en el cáncer de mama. rita-levi-montalcini-italian-neuroscientist-nobel-prize-ceremony-1986Estas moléculas eran claves en el crecimiento proliferación y diferenciación de las células. En 1986 Cohen y Levi-Montalcini compartieron el premio Nobel por sus investigaciones sobre los factores de crecimiento.

En los años siguientes, ayudó a crear el Istituto di Neurobiologia e Medicina Molecolare y el Istituto di Biologia Cellulare en Roma del que fue su primera directora. Tras su jubilación de la Universidad de Washington en 1977, se convirtió en profesora visitante y repartió su tiempo entre San Luis y Roma, para vivir con su hermana gemela, pintora como su madre. Era famosa por su elegancia y se diseñaba ella misma su ropa y sus joyas, Italia la nombró senadora vitalicia en 2001. Entre tanto, el NGF tenía vida propia, se vio que reducía la pérdida de células ganglionares de la retina en pacientes con glaucoma e inhibiendo su producción se producía neurodegeneración en ratones, un proceso que llevaba a la muerte neuronal y que se podía revertir añadiendo NGF exógeno.

Rita Levi-Montalcini era una mujer comprometida, segura, apasionada, los estúpidos de las camisas negras que intentaron despojarla de su nacionalidad eran unos ignorantes, era italiana hasta la médula, un ejemplo de la mejor Italia. No se jubiló nunca. Cuando ya había sobrepasado los 80, fue la directora del Instituto de la Enciclopedia italiana. Puso en marcha el European Brain Research Institute, un centro de investigación sobre el cerebro cuando tenía 93. screen-shot-2013-02-08-at-12-35-00El año siguiente puso en marcha una fundación dedicada a fomentar la educación en las niñas africanas. En 2007, cuando tenía 98 se la puede ver observando embriones de pollo con los jóvenes de su laboratorio diciendo «El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro!».
En 2009 se le hizo un homenaje en su centenario y en la cena de gala declaró «A mis 100 años tengo una mente que es superior —gracias a la experiencia– que la que tenía a los 20». A los 102, escribió un artículo sobre cómo el NGF podía regular la rotación axial. Murió a los 103 años. Sobre ese momento había comentado: «La única forma es seguir pensando, desinteresarse de uno mismo y ser indiferente a la muerte, porque la muerte no nos golpea a nosotros sino a nuestro cuerpo, y los mensajes que uno deja persisten. Cuando muera, solo morirá mi pequeñísimo cuerpo».  Su autobiografía lleva el sugerente título de Elogio de la imperfección pues según ella «La imperfección —y no la perfección— es el resultado final del programa escrito en esa máquina formidablemente compleja que es el cerebro humano».

 

Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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