Correr para no envejecer

95768-Sweaty-Hamster-Running-In-An-Exercise-Wheel-And-Listening-To-Music-Poster-Art-PrintEl envejecimiento causa alteraciones en la estructura y la función del cerebro iniciándose muy temprano, según algunos en torno a los 30 años, un proceso de pérdida de volumen, de atrofia cerebral. Los declives son especialmente importantes en la corteza prefrontal, moderados en la corteza temporal y leves en la región occipital. En las zonas subcorticales los mayores deterioros se observan en las regiones hipocampales y neoestriatales mientras que otras, como el pálido, apenas muestran alteraciones. Las regiones afectadas encajan con las funciones neurales que muestran un deterioro con la edad. Así, la corteza prefrontal interviene en la toma de decisiones o las funciones sensoriomotoras. Sorprendentemente cuando se estudió esta zona del cerebro se encontró lo contrario de lo que se esperaba: su nivel de activación era más alto de lo normal. Esta hiperactividad puede basarse en un incremento de la importancia del procesamiento cognitivo. protect-aging-shrinking-brain_imgcache_rev1357325235033Por ejemplo, en un adolescente muchos movimientos son casi instantáneos, parecen instintivos. Una persona mayor, por el contrario, piensa los pasos que va a dar, por miedo a tropezar o por cualquier otra razón. Estos procesos cognitivos llevan a un descenso en la velocidad de procesamiento de la información, a un retraso en los tiempos de respuesta y a una reducción de los recursos disponibles para procesar, almacenar y recuperar información. De hecho, a los 35 años ya no bajamos escaleras a esa velocidad vertiginosa con que lo hacíamos a los dieciocho y la carrera de un futbolista, por poner un ejemplo, va tocando a su fin. Con respecto a la corteza temporal y a la región hipocampal, otras dos regiones encefálicas alteradas severamente por la edad, son fundamentales para la memoria, otra función neuronal afectada frecuentemente al ir sumando años.

A la hora de retener o ralentizar ese declive mental, hay un factor cuyos efectos positivos han sido demostrados en animales y en los seres humanos: el ejercicio físico. Se sabía que el ejercicio protege frente al cáncer, los problemas cardiovasculares, la diabetes, los trastornos del sueño y la depresión, ahora sabemos también que previene el envejecimiento cerebral. Alan Gow, de la Universidad de Edimburgo, ha mostrado que “las personas que hacen más ejercicio, tienen menos atrofia cerebral, menos daño en las conexiones encefálicas y mayor volumen de la sustancia gris, donde están las células “pensantes”.

ventriclesLos efectos positivos del deporte o un ejercicio moderado sobre la atrofia cerebral se ven ya en grupos de edad a partir de 38 años. El deporte promueve la angiogénesis (la formación de nuevos vasos sanguíneos), la neurogénesis (la formación de nuevas neuronas) y la sinaptogénesis (formación de nuevos contactos sinápticos). También se ha visto que modula los niveles centrales y periféricos de algunas moléculas clave como las neurotrofinas. El ejercicio físico también induce cambios estructurales y funcionales en distintas regiones encefálicas, tal y como se puede ver con técnicas de neuroimagen. Además, a través de la liberación de acetilcolina por el sistema colinérgico se puede incrementar el riego cerebral -evitando quizá los problemas cerebrales causados por microinfartos o isquemia-, impulsar la activación neural y quizá disminuir los efectos del amiloide, una sustancia clave en la progresión de la enfermedad de Alzheimer. También puede afectar al metabolismo de las grasas en el cerebro o reducir la neuroinflamación. Cualquiera de estos aspectos, o una combinación de ellos, puede ser responsable del efecto positivo del deporte sobre la estructura cerebral y la función mental. En cualquier caso, las evidencias disponibles indican que el deporte puede ser uno de los tratamientos más efectivos contra el envejecimiento cerebral.

Emil Zátopek (19 septiembre de 1922 – 22 de noviembre de 2000) es el mejor corredor de todos los tiempos. zatopekNo lo digo solo yo, fue así elegido por la revista Runner’s World Magazine en competición con otros deportistas geniales como Paavo Nurmi —el finlandés volante— Jesse Owens —el negro que humilló a Hitler en los Juegos Olímpicos de Berlín— o Abebe Bikila, que ganó dos medallas de oro en dos maratones olímpicos corriendo el primero con los pies descalzos. Lo curioso es que este checo se inició en el atletismo casi sin querer. La fábrica de calzado Bata donde trabajaba desde los 16 años organizaba una carrera anual. “El entrenador —contaba Zátopek— que era muy estricto nos señaló a cuatro muchachos, incluido yo y nos ordenó correr. Protesté de que era débil y no estaba en forma pero el entrenador me mandó a realizar un examen médico y el doctor dijo que estaba perfectamente. Así que tuve que correr y cuando empecé, me di cuenta de que quería ganar. Pero solo llegué segundo. Ahí fue donde empezó todo.”

En 1944 rompió los récords checoslovacos de 2000, 3000 y 5000 metros. Al terminar la II Guerra Mundial ingresó en el ejército, lo que le dio estabilidad económica para continuar con su durísimo sistema de entrenamientos. Empezó a entrenar por la noche, calzado con sus botas militares y empleando una linterna. Hacía movimientos de correr metido en su bañera y se ponía un plomo de 2 kg en cada pie para montar durante horas en bicicleta. Para aumentar la capacidad pulmonar, corría  aguantando la respiración. En una ocasión forzó tanto, que cayó desmayado. Desarrolló el entrenamiento por intervalos, la técnica que usan ahora todos los corredores de élite. En vez de hacer carreras de 10.000 metros para preparar esa distancia, que era lo que se hacía entonces, corría cinco series de 200 metros, 20 series de 400 metros, cinco más de 200 metros a alta velocidad, con un trote de un minuto entre cada tanda y aumentando progresivamente el número de series.Él decía “¿Para qué practicar a correr lento? ya sé correr lento. Yo lo que quiero es aprender a correr rápido.

La hazaña más famosa de Zátopek se produjo en los Juegos Olímpicos de Helsinki (1952). Tras ganar las medallas de oro en 5.000 y 10.000 metros y batir los récords olímpicos en ambas distancias decidió en el último momento correr también la maratón, una prueba que nunca había disputado antes y ganó el oro también, y también batió el récord olímpico. Nadie ha ganado jamás ni antes ni después esas tres medallas en la misma olimpiada. 120809050324-zatopek4-horizontal-gallerySu esposa Dana Zátopková (que nació el mismo día y año que su esposo) era también una gran atleta, una magnífica lanzadora de jabalina. Cuando ella ganó la medalla de oro en esos mismos Juegos, pocos momentos después de la victoria de Emil en los 5.000 metros, él dijo en la conferencia de prensa en la que ambos comparecieron que su victoria en los 5 kilómetros le había “inspirado” a ella. Dana, indignada, le contestó “¿Sí?  Muy bien, pues vete a inspirar a cualquier otra chica a ver si lanza la jabalina 50 metros”.

Para correr la maratón, Zátopek decidió seguir a Jim Peters, que era el recórdman mundial y el gran favorito en la carrera. Cuando llevaban 15 kilómetros y Peters sabía que había forzado demasiado, Zátopek le preguntó:

– Jim ¿vamos demasiado rápido?Zatopek (1)

– No —dijo Peters— vamos muy lentos.

Así que Zátopek subió el ritmo, Peters no pudo seguirle pues las piernas se le empezaron a acalambrar y tuvo que abandonar. Zátopek ganó con casi un kilómetro de diferencia sobre el segundo clasificado y aunque el equipo de 4 x 400 de Jamaica le paseó a hombros por el estadio, decidió finalizar su etapa de maratoniano: “es una carrera muy aburrida” dijo. Aún así dijo “si quieres ganar algo, corre los cien metros; si quieres sentir algo, corre la maratón.”

Zátopek tenía un aspecto desastroso cuando corría, resoplaba sin parar —le llamaban la locomotora humana— movía la cabeza de un lado a otro y su cara era una mueca de sufrimiento mientras su torso oscilaba de un lado u otro. Cuando le preguntaban por su expresión de dolor decía “esto no es gimnasia o patinaje sobre hielo, sabes” y también lo explicaba diciendo que “no tengo suficiente talento para correr y sonreír al mismo tiempo”. Eso no le impidió batir 18 récords del mundo durante sus 17 años como corredor

Zátopek era divertido y honesto, hablaba nueve idiomas y en todos con un magnífico sentido del humor. Fue una figura relevante del Partido comunista checo pero apoyó la Primavera de Praga, los cambios reformistas del gobierno de Alexander Dubcek en Checoslovaquia y cuando los carros de combate del Pacto de Varsovia aplastaron el proceso aperturista, el nuevo régimen instalado por los soviéticos le degradó del ejército, le expulsó del partido y le hicieron trabajar cavando pozos o de barrendero. Zatopek_1968Para vergüenza de los mandatarios, la gente le reconocía por la calle, le abrazaba, le llevaba el cubo y le limpiaban la calle que a él le tocaba barrer. Fue incluso más querido de lo mucho que lo había sido siempre. Fue rehabilitado el 9 de marzo de 1990 por el presidente Václav Havel.

Zátopek dejó prácticamente de correr al terminar su carrera deportiva pero otros excorredores siguen teniendo una alta actividad física. El caso más llamativo puede ser el de Ed Whitlock, quien a los 80 años corrió la maratón en 3:25:04, y su mejor marca, 2:54, la consiguió a los 73.

Esta claro que a muchos humanos nos gusta correr. No correr para capturar una pieza de caza o porque necesitamos llegar a un sitio lo antes posible, correr por correr, por sentir nuestros pies golpeando el suelo de una forma regular, por notar nuestros músculos contrayéndose y distendiéndose como una máquina bien engrasada, correr por disfrute, por placer. WEB¿Y sucede algo parecido en el mundo animal? La respuesta parece ser que es sí.  Konrad Lorenz en una carta mencionaba, una única frase, que se le habían escapado algunas de las ratas que tenía en jaulas y que volvían al jardín a usar las ruedas que allí tenía, esos artilugios parecidos a los que se ponen en la jaula de un hámster. Un experimento reciente ha comprobado si algo así sucede en un entorno natural. La dra. Johanna H. Meijer y el doctor Yuri Robbers, de la Universidad de Leiden, colocaron unas ruedas giratorias en el campo y pusieron unas cámaras web y sensores de movimiento para detectar si algún animal se acercaba a ellas. También colocaron cerca un plato con comida para atraer a los animales a esa zona. Tras varios años de trabajo y reunir y revisar 12.000 videos pudieron comprobar la llegada de animales que subían de motu propio a las ruedas, corrían como locos de uno a dieciocho minutos, bajaban y volvían a subir otra vez. Los ratones fueron los animales más comunes (88%) en darse unas carreras en la rueda pero también la usaron ratas, musarañas, ranas e incluso algunos caracoles y babosas. Parece que esos animales tenían, al igual que nosotros, una motivación intrínseca para estar activos, para hacer ejercicio, para correr. Quizá basta con fijarnos en los niños y ver como en un parque, corren felices de un lado a otro, se persiguen, eso que dicen todos los padres de que “no paran quietos”. Usando estas ruedas se ha visto que en una noche un hámster puede correr 9 km, una rata 43 km, un ratón de campo 31 km y un ratón de laboratorio, 16 km; y pueden hacerlo seguido o bajarse y al poco tiempo volverse a subir.  Correr en la rueda no era, por tanto, como algunos decían el comportamiento psicótico de un animal encerrado en un espacio reducido sino parece evidentemente ligado a un comportamiento de recompensa, al circuito del placer y no es un proceso impulsado por el estrés o la ansiedad sino un ejercicio voluntario y lúdico.

6a00d83451b18a69e2014e867f2369970d-500wiOtro aspecto interesante del estudio es que, como entre nosotros, hay también diferencias individuales sobre la actividad física. Algunos ratones subían una y otra vez a la rueda mientras que otros la ignoraban, quizá la miraban con respeto, desagrado o indiferencia. Podemos imaginar sin mucho esfuerzo ratones corriendo en la rueda tomando bebidas isotónicas, sudando la camiseta e intentando batir algún récord mientras otros tumbados en una zona con hierba se atusan los bigotes y les miran con espanto. Parece ser algo innato, genético, pues se pueden seleccionar estirpes de ratas a las que no les guste correr y otras que sí y hay muchas personas para las que salir a correr es una parte esencial de los placeres de su vida diaria mientras que para otros sería un castigo de primer nivel. Así que, por lo que sabemos, hay ratones zátopek y otros que ni se les pasa por la cabeza o, quizá, es que algunos no quieren que su cerebro se atrofie.

Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

1 comentario en “Correr para no envejecer”

  1. Yo odio correr, prefiero mil veces nadar, espero que sirva también para mi cerebro.

    Si no has visto esta charla TED creo que te gustará.

    Are athletes really getting faster, better, stronger?

    Me gusta

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