La sonrisa de Mona Lisa

Mona-LisaAutor: Anónimo (Taller de Leonardo da Vinci)
Título: Gioconda o Mona Lisa (#P00504)
Cronología: 1503-1519.
Óleo sobre tabla (76,3 cm x 57 cm)
Escuela italiana

La Mona Lisa del Prado era considerada una de las muchas versiones del celebérrimo retrato pintado por Leonardo da Vinci, una de las obras emblemáticas del Museo del Louvre. Las diferencias más notables entre ambas pinturas eran el fondo oscuro sin paisaje, un dibujo de menos nivel, la presencia de cejas y la ausencia del característico sfumato típico de Leonardo en el caso de la Gioconda madrileña. La Mona Lisa del Prado proviene de la colección real, donde probablemente se registra ya en 1666 en la Galería del Mediodía del Alcázar como una ”mujer de mano de Leonardo Abince”. Nunca ha estado desaparecida y aunque ha participado en algunas exposiciones ha habido poco interés, hasta ahora, por esta obra.

Gioconda_(reducida)

46816-800-550Los estudios previos y la restauración llevada a cabo en los años 2011 y 2012 permitieron comprobar que la ausencia del paisaje no era tal y que estaba oculto por un repinte hecho 200 años después. “Durante mucho tiempo se pensó que era una obra hecha en Italia teniendo en cuenta que el original Leonardo lo llevó consigo a Francia donde murió“, argumenta el responsable de Pintura del Renacimiento del Prado. Recuerda que la copia ha estado colgada en el Museo del Prado junto a otros grandes del Renacimiento. Para Gabriele Finaldi, subdirector del Museo, lo interesante es la comparación que se pueda hacer entre ambos cuadros. “Es importante que el cuadro está estupendamente conservado y no es fácil saber por qué en el siglo XVII, dos siglos después de la ejecución del original, se cubre el fondo, quizá por los gustos estéticos del momento“, apunta Finaldi.

gioconda_3_prado_c.jpg_1306973099También fue evidente que se trataba de una copia muy antigua, la más cercana a  la realización del original de las identificadas hasta el momento lo que ha generado un gran interés porque aporta datos significativos sobre la forma de trabajar del taller de Leonardo. Las dimensiones de ambos retratos son casi idénticas por lo que es posible que ambas se trasladaran desde el mismo cartón. Además, cada una de las correcciones subyacentes de la obra original se repiten en la del Museo del Prado, lo que indica que su autor fue viendo e incorporando las correcciones que Leonardo iba haciendo, algo que no habría sido posible si solo hubiese conocido la obra terminada. Se ha sugerido que el autor podría ser Salai (Gian Giacomo Caprotti da Oreno), el íntimo discípulo de Leonardo y el que heredó la Gioconda, o Francesco Melzi, albacea y heredero de todos sus dibujos y escritos. Ellos eran los alumnos más cercanos al maestro y tenían acceso directo a sus dibujos de paisaje.

La existencia del paisaje bajo el fondo oscuro en la Mona Lisa del Prado se detectó a través de una reflectografía infrarroja y una radiografía. Análisis posteriores permitieron detectar que el repinte era posterior a 1750 y que debajo se conservaba el paisaje original en buen estado, aunque inacabado en algunas zonas. Tras la limpieza del cuadro el paisaje original quedó a la vista.

Guillaume Duchenne fue un médico francés del siglo XIX que avanzó significativamente los estudios electrofisiológicos sobre el sistema nervioso. Duchenne estudió la fisonomía, el origen y tipos de las expresiones faciales que él consideraba íntimamente ligadas al componente espiritual de la persona, en esa idea que todavía conservamos en el lenguaje cotidiano de que “la cara es el espejo del alma”. Duchenne-reducida)Duchenne conocía los estudios de Galvani sobre la contracción muscular y sabía que todas las expresiones faciales provienen de la contracción o relajación de músculos, así que probaba a dar pequeñas descargas eléctricas en los músculos de la cara de sus pacientes para ver si el resultado se asemejaba a una emoción humana y lo registraba en un aparato recientemente inventado, la cámara fotográfica. Duchenne pensaba que la cara era un mapa de reacciones básicas y que éstas se podían clasificar, definir en una taxonomía de trece emociones primarias, en un código dado por Dios sobre los sustratos emocionales, es decir, los principios del alma humana. De esas emociones humanas, la más positiva es la felicidad y su símbolo más evidente, en todas las culturas, es la sonrisa.Igual que los lapones tienen cientos de palabras diferentes para la nieve o para distintos tipos de nieve, según Anna Bones los tailandeses −Tailandia se denomina a sí mismo el país de la sonrisa− reconocen más de doce tipos diferentes de sonrisa para las que tienen nombres distintos. Existen, por poner algunos ejemplos, la sonrisa eufórica de “acabo de ganar la lotería”, la sonrisa de derrota (de “esto es un asco de vida, qué se le va a hacer”), o la sonrisa de “sí, me equivoqué de bote, le he teñido el pelo de verde pero no se enfade conmigo”.

da7cviiffu1.gifEl estudio neurocientífico de la sonrisa es un campo iniciado por Duchenne y continuado por Darwin en su libro “La expresión de las emociones en el hombre y los animales” (1872). Darwin contrató a actores y realizó decenas de fotografías de ellos y de niños y de animales con distintas expresiones, utilizando también las fotografías de Duchenne. En la actualidad, dentro del ámbito científico se reconocen solo dos tipos de sonrisas, la veraz o sonrisa de Duchenne y la falsa o por otros nombres: sonrisa social, sonrisa Pan-Am (por las azafatas de esta compañía aérea), sonrisa Botox o sonrisa “say-cheese” el equivalente anglo a “di patata” que se vocea cuando un grupo va a hacerse una fotografía.

Las sonrisas falsas se basan en la contracción de los músculos zigomáticos mayores de las mejillas para alargar y curvar la boca y la activación del cerebro consciente puesto que son acciones voluntarias. Pan-am_and_duchennePor el contrario, la verdadera sonrisa es un proceso inconsciente, automático, con una implicación muscular más compleja. Junto a los zigomáticos mayores intervienen también el orbicularis oculi y la pars orbitalis que rodean a los ojos y hacen que los ojos transmitan alegría y los párpados se modifiquen generando una expresión facial más compleja, más rica, más global. Como efecto negativo, generan “patas de gallo” que deberíamos llevar con orgullo como un signo de felicidad, de haber sonreído mucho a lo largo de la vida con sonrisas veraces, con sonrisas de Duchenne.

Aunque parezca mentira se ha visto que la mayoría de la gente es incapaz de distinguir entre una sonrisa falsa y una verdadera, las diferencias son demasiado sutiles. Pero aunque en un experimento sea difícil de juzgar si una sonrisa es veraz o no, el resultado de una y otra es muy diferente. 27morris_ekmanSe ha comprobado que la satisfacción con la propia existencia, la calidad de vida e incluso la estabilidad y felicidad de los matrimonios va ligada a si uno genera sonrisas de Duchenne, mientras que esos aspectos positivos no suceden si son sonrisas falsas. Las personas que sonríen sinceramente y con frecuencia son más felices, tienen personalidades más estables, matrimonios más sólidos y mejores habilidades cognitivas y sociales que las personas que sonríen menos o abusan más de la sonrisa falsa.

No solo es calidad de vida, sino también cantidad de vida. Las personas que se describen como felices y sonríen a menudo viven de media un 14% más que las personas que se consideran infelices y tienen cara de acelga. La diferencia en la expectativa de vida (entre 7,5 y 10 años más) se basa en una mejor salud, una menor frecuencia de suicidios y una menor frecuencia de accidentes. Quizá uno de los estudios más llamativos es uno realizado por Abel y Kruger donde demuestran que estudiando la intensidad de la sonrisa en las fotos de los anuarios o las orlas del colegio, el instituto, la universidad, se puede predecir la esperanza de vida. BanksMaris75Un dato curioso de este estudio es que utilizaron como población diana a los jugadores norteamericanos de las grandes ligas de béisbol. Son personas pertenecientes a un mismo tipo de ocupación y de las que es fácil conseguir una amplia información sobre su vida, incluyendo fotografías, datos sanitarios, fecha de fallecimiento y otras informaciones estadísticas.

Los primates somos animales muy sociales, donde el intercambio de información por los gestos es clave. La sonrisa es una de nuestras principales herramientas sociales. Quizá por eso en la sonrisa falsa nos tomamos el esfuerzo de aparentar una felicidad que en realidad no sentimos. La sonrisa consigue suscitar mayor confianza, el deseo de cooperación en un extraño en un segundo (es tan fácil de comprobar cómo preguntar por un libro en una biblioteca sonriendo y sin hacerlo), mejores resultados económicos y una mayor probabilidad de que tu interlocutor recuerde tu nombre tras un breve encuentro. El desarrollo de la falsa sonrisa y que sea una mímica tan buena, que cuele por real en una especie tan hábil en el reconocimiento de caras como la nuestra, puede deberse al importante beneficio que se consigue en nuestras interacciones con otras personas si simulamos un estado de placidez, de felicidad, de alegría. En tiempos tan complejos como éstos que vivimos en la actualidad, en medio de esta crisis económica, se ha visto que los empleados de cualquier comercio tienen que tratar con personas tensas, pero si el vendedor sonríe, los clientes muestran mayor satisfacción y las ventas aumentan.

blogspot2Con respecto al origen de la sonrisa, se ha visto que los niños ciegos de nacimiento muestran los mismos tipos de sonrisa en las mismas situaciones que las personas con visión normal. No es por tanto un gesto aprendido sino algo innato. Sin embargo, se van superponiendo aspectos locales, aprendidos. En algunos países, la sonrisa se reserva mucho más para personas del círculo próximo y un exceso de sonrisa se considera una señal de superficialidad o de poca honestidad. Los japoneses, por poner otro ejemplo, pueden sonreír cuando están desconcertados o enfadados. Los norteamericanos sonríen frecuentemente a un extraño con el que se cruzan en la calle de una ciudad pequeña, algo que en Rusia sería raro o sospechoso. Los rusos piensan que los norteamericanos sonríen a lo tonto, en sitios donde no encaja y los norteamericanos piensan que los rusos sonríen poco y tienen cara de amargados.

A nivel evolutivo se piensa que nuestra sonrisa deriva de un gesto de sumisión de los primates, que es mostrar los dientes apretados, con los labios relajados (el gesto agresivo contrario sería mostrar los dientes abiertos y los labios tensos en una boca preparada para morder). Así que nuestra sonrisa veraz partiría de ese gesto amistoso o de sumisión hacia otros primates evolucionando hacia ese mensaje de hermandad incluso con desconocidos que es ahora la sonrisa.

La sonrisa más famosa —y según dicen enigmática— de la historia del Arte es sin duda la de Mona Lisa, la obra maestra pintada por Leonardo da Vinci. Ha habido varias hipótesis sobre posibles patologías de la mujer retratada, parálisis facial idiopática o parálisis de Bell, un trastorno que afecta sobre todo a mujeres embarazadas o que han dado a luz recientemente, o quizá xantelasma y lipoma, alteraciones causadas por un exceso de grasas en la sangre. La atracción que tenemos hacia ese gesto de la mujer retratada probablemente se basa en su cierta indefinición: en ocasiones nos parece verla radiante y en otras, seria. El cerebro funciona con un procesado en paralelo en el que se procesan simultáneamente estímulos diferentes. Mona_LisaEn la visión, el cerebro divide lo que ve en cuatro canales: color, movimiento, forma y profundidad. Cada componente es analizado individualmente y comparado con nuestros archivos de memoria que nos ayudan a identificar lo que estamos viendo. Parece que Leonardo codificó información contradictoria en ambos lados de la cara, información que se combina en un todo armónico pero que el análisis de lo que miramos se descompone en los canales citados y en si nos fijamos más en una zona u otra del retrato. Si unos canales “dominan” vemos la sonrisa, si son otros, la expresión nos parece más seria.

Luis Martínez Otero y Diego Alonso Pablos, dos investigadores del Instituto de Neurociencias de Alicante fueron modificando distintas variables, reforzando unos canales u otros pidiendo al mismo tiempo a voluntarios que valorasen si veían el aspecto radiante o el aspecto serio. Por poner un ejemplo, nuestra retina tiene células “centro-on” que se estimulan cuando sus centros son iluminados y nos permiten ver una estrella brillando en una noche oscura y células “centro-off” que se estimulan cuando sus centros son oscuros y el contorno claro y es lo que nos permite, por ejemplo, identificar estas palabras negras sobre fondo blanco que usted lee en este momento. Para trastear con estos canales, los investigadores españoles pusieron una pantalla blanca o una negra durante 30 segundos a los voluntarios antes de mostrarles una imagen de la Mona Lisa. La exposición al fondo blanco hace que todas las células de centro-on se saturen, se agoten, “dejen de ver” temporalmente mientras que la pantalla negra consigue lo mismo con las células de centro-off. Los conejillos de Indias veían más claramente la sonrisa después de la pantalla negra, por lo que parece que las que identifican la sonrisa deben ser las de centro-on.

También intervenían otros factores. Cuando los veinte voluntarios que participaban en el estudio tenían un minuto para ver el cuadro, sus miradas se centraban en el lado izquierdo de la boca (visión central focalizada) y veían la sonrisa, si tenían solamente una fracción de un segundo, la mirada se centraba en la mejilla izquierda (usando la visión periférica) y veían seria a la Gioconda.

95f33/huch/1413/hl0152No parece un efecto casual, Leonardo quiso causar esa confusión, suscitar ese interés en el cerebro del observador que está siempre buscando una interpretación coherente, una explicación a la realidad. Leonardo tenía un conocimiento excelente de la anatomía y estaba interesado en la fisonomía, de qué manera los humanos registran las emociones en su expresión. En uno de sus diarios, Leonardo escribió que estaba intentando pintar expresiones dinámicas porque eso es lo que veía en la calle. Parece que el artista pintó la Mona Lisa aplicando suaves capas de pintura muy cuidadosamente preparada utilizando su pulgar. Pintando una sonrisa límite, haciendo un poco diferente la media boca izquierda y la media boca derecha, consiguió que nuestro cerebro entrase continuamente en ese juego de sonrisa-no sonrisa (puedes probar a fijarte alternativamente en ambas mejillas del retrato) creando un efecto dinámico, vivo, sobre una imagen estática, fija. ¡Genial!

 

Para leer más:

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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