“Vista de Aranjuez” y la castración

P04181recorteAutor: Francesco Battaglioli
Título: Fernando VI y Bárbara de Braganza en los jardines de Aranjuez (#P04181)
Cronología: 1756
Óleo sobre lienzo (68 cm x 112 cm)
Escuela italiana

 

P04181Esta obra trata de una vista del Palacio de Aranjuez realizada con motivo de la celebración de la onomástica del rey Fernando VI (1713-1759) en 1756. Originariamente parece que fueron cuatro obras, de las que sólo se conservan ésta y Vista del Palacio de Aranjuez (P04180), ambas en el Museo del Prado. El Palacio Real de Aranjuez fue el lugar elegido por los Borbones para pasar las temporadas de primavera. Aunque el Real Sitio fue incorporado a la Corona por la Reina Católica Isabel I, la obra fue realmente concluida en 1743 por orden de Felipe V. Sus descendientes siguieron pasando allí la temporada de abril a junio y fue un lugar especialmente querido por Fernando VI que no iba a la Granja por quedarse allí y que engrandeció y mejoró el lugar. En Aranjuez el rey Fernando podía dedicarse a la caza, a la que era tan aficionado, y doña Bárbara aplicar su tiempo a la música.

El cuadro está pintado por Francesco Battaglioli, un pintor italiano nacido en Módena en 1725. Desde allí se trasladó a Venecia donde vivió de 1747 a 1751, período en el que aparece listado en la Fraglia, el gremio de pintores. p0998Tres años más tarde es llamado a Madrid por Fernando VI  y se le encarga pintar los paisajes de los palacios reales de Aranjuez y Madrid y escenografías para el Real Teatro del Buen Retiro. El momento representado en esta vista muestra el paso del cortejo real, presidido por la reina Bárbara de Braganza, por los jardines del Palacio, en una escena salpicada de numerosos detalles anecdóticos y poblada por figuras diminutas que contribuyen a magnificar las dimensiones de la arquitectura.

Aunque lo más destacado del cuadro es la composición arquitectónica y paisajística, Battaglioli otorgó un carácter específico a muchos personajes, y entre los retratados puede distinguirse al célebre Farinelli, comitente de la obra y protagonista de este capítulo, junto a un grupo de músicos a la izquierda de la composición, algo que aclaró Battaglioli en una inscripción situada en un primer plano de la obra: “Vista de la iluminación côque en el / Delicioso Real Sitio de Arangez se / celebra el día de S. Fernando Gloriosísimo / nombre del rey ntro. señor, dispu / sto por D. Carlo Broschi Farinelli / pintada da Francesco Battaglioli / 1756”.

farinelliFarinelli fue el más famoso de los castrati, esos cantantes a los que para preservar el timbre de su voz unos curanderos llamados norcinis les operaban antes de alcanzar la pubertad, entre los 8 y los 12 años de edad normalmente. Los norcinis realizaban sus procedimientos sin desinfección, a escondidas y bajo unas condiciones terribles utilizando unos instrumentos llamados “castratori”. Los riesgos de morir de hemorragia o infección eran muy altos y en ocasiones el resultado podía ser distinto del esperado, desarrollando el niño una voz chirriante y desagradable que le impedía cualquier futura carrera vocal. Se dice que de cada cien niños castrados, solo uno conservaba una voz hermosa y de ésos, solo unos pocos se convertían en cantantes de fama internacional.

Los efectos de la castración, como bien sabían en los serrallos otomanos, eran muy variables y dependían sobre todo de la edad a la que se realizaba la operación. Muchos niños castrados antes de los diez años desarrollaban características femeninas como cuerpos sin vello, pechos incipientes, penes infantiles y una completa ausencia de deseo sexual. Aquellos castrados después de los diez años, sin embargo, con la pubertad iniciada, podían seguir su desarrollo físico, se excitaban con normalidad y a menudo mostraban erecciones completas y podían tener relaciones sexuales.

La operación hacía que cesara la producción de testosterona cuyos niveles aumentan notablemente con la pubertad, con lo que el desarrollo del cuerpo se alteraba. Testosterone-21La testosterona es descrita como una hormona virilizante, responsable de la maduración sexual y de los caracteres sexuales secundarios, y anabolizante, porque incrementa la masa muscular y ósea. Los castrati solían ser altos y grandes y tenían cuerdas vocales más finas y el hueso hioides de la laringe más pequeño, lo que proporcionaba a su voz un timbre similar al de un niño, mientras que las costillas crecían más, lo que permitía el desarrollo de pulmones de mayor tamaño, incluso mayores que los de un adulto normal, con mayor potencia y mejor control del sonido. El desarrollo de los pechos hacía que aún fueran más adecuados para los papeles femeninos. La castración también conllevaba la pérdida de la libido, los sofocos y una atrofia de los genitales.

imagesFarinelli fue quizá la primera estrella de la Historia de la música. Su verdadero nombre era Carlo Maria Bruschi y había nacido en Apulia en 1705. Al contrario que la mayoría de los castrati que procedían de familias pobres, Farinelli provenía de la pequeña nobleza italiana por ambas ramas familiares y nació en un hogar con una buena situación económica. Por eso hay ciertas dudas y hay quien dice que su castración no fue un acto intencionado sino el resultado de un accidente de caballo. Sin embargo, el padre de Carlo murió muy tempranamente, a los 36 años, y la mayoría de los autores piensan que la castración fue un recurso para evitar un derrumbe económico de la familia decidido por el propio Carlo. Hay que recordar que la emasculación intencionada era ya entonces un delito castigado además con la excomunión y siempre se intentaba justificar con algún problema médico o algún suceso inintencionado. Farinelli debutó a los quince años, tuvo excelentes profesores, en particular el maestro Porpora de Nápoles, quien también educó a Caffarelli (1710-1783), otro famosísimo castrato. Farinelli escribía música y tocaba varios instrumentos. Era un excelente solista, con un sonido de gran belleza, un registro muy amplio, un tono puro y una gran agilidad y control de su respiración. Algunas noticias contemporáneas decían que podía producir más de 250 notas en una sola respiración y que podía mantener una nota durante más de un minuto. Su capacidad era tan asombrosa que muchos de los que le oían pensaban que escondía algún instrumento que le permitía mantener el sonido de su voz mientras inspiraba nuevo aire. Fue de triunfo en triunfo, en aquella época de sensualidad y búsqueda de placer que representó el barroco y triunfó en los palacios y en las principales teatros . 

A Madrid llegó el 15 de julio de 1737. Lo había mandado llamar la reina, Elizabetta Farnesio, con la esperanza de que su canto curara al rey Felipe V de la grave depresión en que se encontraba sumido. Isabel_de_FarnesioEl médico de la reina, Giuseppe Cervi, creía en la musicoterapia y la reina estaba desesperada por encontrar una solución a la situación de su marido. Estuvo 22 años en la corte española. El 25 de agosto, Farinelli fue nombrado músico de cámara de su majestad y criado familiar, es decir, directamente al servicio de la familia real, con numerosos privilegios y un sueldo exorbitante. Nunca más volvió a cantar en público. Durante los siguientes años, los últimos nueve de la vida de Felipe y luego con su sucesor Fernando VI, Farinelli cantaba cada noche para Sus Majestades, organizando al mismo tiempo numerosas actividades musicales. Fue nombrado director de los teatros de Madrid y Aranjuez e introdujo la ópera italiana en España. Se convirtió en un auténtico empresario de la cultura, organizando desde conciertos de ópera a la llamada “escuadra del Tajo”, una miniatura de fragata y dos de jabeques con las que se organizaban simulacros de batallas y navegaciones por el río. Su prestigio e influencia no mermó con el sucesor de Felipe V. A Felipe V le cantaba cada tarde las mismas cuatro arias y el nuevo Rey, Fernando VI, era un buen músico y su esposa, la rolliza Bárbara de Braganza, una auténtica melómana que había contratado a Scarlatti para que fuera su profesor de música, por lo que numerosas noches, Farinelli cantaba junto a uno de los monarcas mientras el otro los acompañaba al clavecín. Farinelli organizaba óperas y obras de teatro. Algunos de los libretos eran obra de su amigo del alma Pietro Antonio Domenico Bonaventura Trapassi, más conocido como Metastasio y algunos de los decorados fueron realizados por el autor de la pintura que nos ocupa, Francesco Battaglioli. Los reyes hicieron encargos de libretos a Trapassi por mediación de Farinelli, tantos que formaban quince volúmenes en la biblioteca de la reina.

carlos_iii_espanaFarinelli nunca aprovechó su privilegiada posición para influir sobre los reyes ni aceptó soborno de ningún tipo. Se le ofrecieron fortunas y ricas pensiones para que influyera sobre los reyes, ofertas que siempre rechazó. Felipe V murió el 9 de julio de 1746. Una semana después, su hijo,  Fernando VI, ordenó a su madrastra, la reina viuda Elizabetta de Farnesio, que abandonara el palacio real del Buen Retiro y se marchara a vivir a una casa de la duquesa de Osuna, acompañada de sus hijos, los infantes Luis y María Victoria. Al año siguiente fue desterrada de Madrid y su residencia quedó fijada en el palacio de La Granja de San Ildefonso. Cuando la reina viuda protestó por medio de una carta en la que le decía al rey que desearía saber “si he faltado en algo para enmendarlo”, Fernando VI le respondió con otra misiva en la que decía: “lo que yo determino en mis reinos no admite consulta de nadie antes de ser ejecutado y obedecido.” Cuando Fernando falleció sin descendencia, le sucedió su hermanastro, Carlos III, hijo de Elizabetta Farnesio y parece que no le había perdonado a Farinelli que hubiera seguido al servicio del nuevo rey, en vez de acompañar en el exilio interior a la reina madre.  Recibió una pensión generosa pero debió abandonar España. Battaglioli también recibió instrucciones de abandonar la Corte. Farinelli se retiró a Bolonia, donde tenía casa y ciudadanía y allí vivió sus últimos días manteniendo como toda su vida una intensa correspondencia con su gran amigo y socio Metastasio (entre ellos se trataban de gemelos porque decían que habían nacido al éxito juntos). Su patrimonio incluía desde valiosos regalos de distintos monarcas, un violín Stradivarius, pinturas de Velázquez, Ribera y Murillo y el cuadro del que aquí hablamos que debió ser un encargo privado a Battaglioli. Fue adquirido por el Museo del Prado en 1979.

Los mejores castrati conseguían fama internacional. Provenientes mayoritariamente de las clases populares se codeaban con los papas, los emperadores y la aristocracia pero también con prostitutas y el pueblo llano (como los divos de la música rock o pop actual). Muchos, carentes de una mínima educación, eran incapaces de  sobrellevar su fama y tenían continuos problemas. Otros tenían vidas llamativas: Caffarelli se compro un ducado, Senesino se pasó la vida en enfrentamientos con su familia, Bernacchi fundó una escuela de canto y nuestro Farinelli se retiró a Bolonia donde aprendió a tocar la viola d’amore. Antes de su muerte el 17 de septiembre de 1782, por su casa pasaron amigos y admiradores como Mozart y Casanova. casanovaEl propio Casanova cuenta en sus memorias un encuentro con un bello adolescente castrado llamado Bellino. Casanova se sintió hechizado llegando a ofrecerle un doblón de oro para ver sus genitales. En un giro insospechado de la historia, Casanova se abalanzó sobre Bellino y le metió mano realizando un descubrimiento insospechado: llevaba un pene falso y se trataba en realidad de una mujer que se había travestido para poder cantar. La pareja se convirtieron en amantes pero Casanova la dejó abandonada posteriormente en Venecia. 

2013_05_19_No_12-Foto+8El 12 de julio de 2006, los restos mortales de Farinelli fueron exhumados y estudiados por un equipo de la Universidad de Bolonia dirigido por Maria Giovanna Belcastro. Pudieron observar que las extremidades eran más largas de lo normal, algo que se sabía pues numerosos castrati eran más altos que sus contemporáneos, debido a la persistencia de las líneas epifisarias, osteoporosis y una deformación del cráneo, la hiperostosis frontalis interna. Esta alteración hace que el hueso frontal se engruese y crezca hacia dentro, teniendo en algunas zonas el doble de espesor que un hueso frontal normal. Esa compacta frente parece algo que se adivina en los retratos de Farinelli. Al principio se pensaba que era algo inocuo pero en la actualidad hay evidencias de que esta deformación puede causar trastornos del comportamiento, migrañas y una mayor propensión a enfermedades neurológicas como el alzhéimer. Todo parece indicar que Farinelli pudo tener fuertes dolores de cabeza. Se sabe que la hiperostosis está causada por un trastorno hormonal, normalmente un exceso de estrógenos. Por eso es más normal en mujeres postmenopaúsicas y muy raro en los hombres. Y por eso también aparece en un castrato

Podemos interrogarnos sobre si con la afortunada erradicación de la castración de niños, nos perdimos algo desde el punto de vista artístico. Los castrati asumían los papeles femeninos, puesto que en el barroco no era aceptado que las mujeres actuaran. El “primo uomo” era el equivalente de la actual prima donna y junto con el “secundo uomo”, normalmente otro castrato, eran los principales cantantes en casi todas las “Opera seria”. rwcp6wenCtoLos profesores de canto buscaban enseñar a combinar una potente caja torácica con un voz que sonase como un falsetto. El castrato conseguía ambas propiedades. Una laringe del tamaño de un niño con un pulmón de adulto generaba una voz fuerte y radiante , una profundidad sonora que normalmente falta en los hombres normales con voces en falsetto (contratenores). El papa Clemente VIII abrió la Capilla Sixtina a los castrati ad honorem Dei (“para gloria de Dios”). Con el desarrollo de la ópera, de cada 10 voces, había siete castrati, dos tenores y un bajo.  La última ópera que incluia en el elenco un castrato fue “Il Crociato in Egitto” de Mayerbeers en 1824. El último castrato fue Alessandro Moreschi, un solista del coro de la Capilla Sixtina. El papa Pío X le jubiló en 1912 poniendo fin a esta impresionante parte de la Historia de la música. Durante el barroco, cuando un castrato triunfaba en una actuación, la audiencia no gritaba “Bravo” o “Bravísimo” sino “¡Eviva il cotello!” (que viva el cuchillo). 

Para leer más:

  • Alonso JR (2013) El cráneo de Farinelli. En: El escritor que no sabía leer y otras historias de la Neurociencia. Ed. Guadalmazán, Córdoba.
  • Anónimo (2011) Lack of testes gave castrato superstar headaches. New Scientist 2822: 13.
  • Belcastro, M.G., A. Todero, G. Fornaciari, V. Mariotti. (2011) Hyperostosis frontalis interna (HFI) and castration: the case of the famous singer Farinelli (1705-1782). J Anat 219(5): 632-637.
  • Hatzinger M, Vöge D, Stastny M, Moll F, Sohn M (2012) Castrati singers–all for fame. J Sex Med 9(9): 2233-2237.
  • Jenkins JS (1998) The voice of the castrato. Lancet 351: 1877-1880.
  • Schotz, P.O (2001) Eunuchs and castrati: a cultural history. Marcus Wiener, Princeton.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

4 comentarios en ““Vista de Aranjuez” y la castración”

  1. Vaya capacidad para aunar ramas tan distintas de la cultura. Me encanta esa idea multidisciplinar, conozco mucha gente del ámbito científico que rechazan frontalmente otros placeres como la pintura y la cultura en general.
    Hoy he visto tus libros en una librería, en cuanto pueda los adquiero.

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    1. Hola Álvaro
      Yo creo que es mucho más divertido si estamos abiertos y la cultura incluye además de las artes y humanidades que todo el mundo piensa en primera aproximación, también la ciencia. Me considero muy “mestizo” en ese aspecto y disfruto con el arte y la historia.
      Gracias por dejar tu comentario y un abrazo muy fuerte

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  2. Siguiendo la tradición de quienes le precedieron, Farinelli fue enviado a un conservatorio, lugar reservado para el entrenamiento de los castrati. En estos lugares se daba amplio entrenamiento de voz a los niños, lecciones acerca de composición y también les daban la oportunidad de improvisar; de ahí los informes de que Farinelli daba toques personales a las piezas ya compuestas que se le daban para cantar, para la delicia de su público. Carlo Broschi eligió el seudónimo Farinelli en agradecimiento a los hermanos Farina, mecenas que pagaron muchos años sus estudios y su manutención.

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