Sálvame y el cotilleo

salvame“Sálvame” es un programa de televisión que muestra por el tubo catódico una mezcla de prensa rosa, ecos de sociedad y cotilleo. El programa de Telecinco inició su andadura en abril de 2009 y sus presentadores son Jorge Javier Vázquez y Paz Padilla. Se emite los cinco días laborales, desde las cuatro hasta las ocho de la tarde, un horario que entra de lleno en el que es considerado curiosamente de especial protección a la infancia. Los viernes, en ese “prime-time” tan codiciado que se inicia a las diez de la noche, aparece su hermano rico “Sálvame de Luxe” donde diversos famosetes son pagados para contar en público sus miserias, enfrentarse con individuos e individuas que denigran la profesión de periodista y alimentar eso que nuestras abuelas llamaban “los más bajos instintos”.

El programa se define como un magacín pero para muchas gente es el ejemplo más evidente de telebasura, con una total carencia de códigos deontológicos, unos personajes elegidos por su capacidad de insultar y bucear en las braguetas ajenas y unos temas zafios tratados con un espíritu grosero y ácido.  1317197414“Sálvame” tiene el triste récord de ser el espacio televisivo que más quejas acumula por no cumplir el  Código de Autorregulación de Contenidos Televisivos e Infancia. La retirada de este bodrio ha sido solicitada por diversos organismos públicos y particulares pero es difícil que suceda porque es un programa que consigue ser líder en audiencia frecuentemente y con muy bajo coste de producción por lo que es un sueño hecho realidad para su productora y para la cadena que lo emite y una calamidad para los que nos gustaría que nuestros conciudadanos tuvieran mejor paladar y eligieran mayoritariamente otras cosas. Las disputas sobre la responsabilidad de este desafuero recuerdan las que se produce en el tema de las drogas sobre la culpabilidad de productores o consumidores pero está claro que sin unos no existirían los otros y que los poderes públicos tienen entre sus funciones primordiales —sin paternalismos ni injerencias inadmisibles—proteger a la población y, en particular, a la población infantil.

hardyJohn Hardy es catedrático de Neurociencia en el University College de Londres. Hardy escribía que hay pocas verdades universales pero que dos relacionadas con el comportamiento humano son que tirarse pedos es algo considerado gracioso en todas las sociedades y que el cotilleo es algo que hace todo el mundo y que todo el mundo dice que no se debería hacer. “Sálvame” encaja perfectamente en ambos postulados. Según Hardy, el cotilleo “trata básicamente de quién se acuesta con quién, quién querría dormir con quién y cuáles son las jerarquías en términos de poder e influencia, lo cual, por supuesto, influye sobre quién se acuesta con quién”. En una definición más científica, el cotilleo sería una conversación con factores valorativos negativos o maliciosos  sobre un tercero que está ausente. Se calcula que dos tercios de las conversaciones entre adultos incluyen algún tipo de cotilleo. Curiosamente, cuando se les pide cuantificar cuánto han cotilleado en una conversación tanto hombres como mujeres indican que han dedicado menos del 30% del tiempo pero el estudio de esas mismas conversaciones indica que la proporción es en realidad del 68%. Solemos pensar que el cotilleo es más propio de personas incultas pero es muy común en todos los estratos y lo dice un profesor de universidad. También solemos atribuirlo a las mujeres pero es una observación machista pues la mayoría de los estudios no encuentran diferencias entre sexos o son muy leves.

Hay distintas explicaciones sobre el papel y la importancia que el cotilleo juega en la sociedad. Para algunos es una parte vital de la interacción social en nuestra especie. Polly Wiessner, de la Universidad de Utah, lo considera imprescindible y llega a afirmar que una sociedad sin cotilleo simplemente se disolvería, “la gente no tendría ningún interés común en permanecer juntos”. 98746602_1385292658Funcionaría como una herramienta para el aprendizaje social, en el cual la persona que recibe un cotilleo dispondría de una información socialmente relevante sobre otra gente, sobre su carácter, su personalidad, su historia, sus lazos personales, familiares y sociales, sin tener que participar directamente en sus buenos y malos momentos. Por así decirlo, nos permite conocer algo de un tercero, especialmente de un tercero poderoso o relevante, sin exponernos directamente a la interacción con él. El cotilleo se basa en “endurecer el corazón hacia la persona que se pretende aislar del grupo”. Se establece una línea entre “él” y “nosotros” donde se buscan nuevos cotilleos que denigren su imagen, sin incluir ninguna matización de valores, cooperación del grupo en lo criticado o argumentos en su defensa. Los comentarios de los más cercanos intentan establecer “no lo sabía”, “yo no soy así” o el aún más vomitivo de “lo hago por su bien”.

Tanto si es positivo o destructivo, el cotilleo es funcional. Nos permite vivir en grupos muy grandes consiguiendo información sobre personas claves aunque no hayamos tenido una experiencia directa con ellos, de alguna manera nos permite “valorar” a personas con las que nunca hemos cruzado una palabra. También permite una reciprocidad indirecta, intercambiamos cotilleos, comerciamos información, contrastamos supuestas experiencias de distinta gente, lo que afianza los vínculos entre las personas que intercambian chismes, los implicados en la conversación. Así, los dos cotillas se convierten en un “nosotros” frente al tercero que es el sujeto de esa información maloliente. Es frecuente también que el chismoso, si alguien le plantea alguna duda sobre la verosimilitud de sus cotilleos,  refuerce  su basura con expresiones como “lo he visto con mis propios ojos”, “lo sé directamente de él” o cualquier otro argumento parecido para convencer a su interlocutor. Solo hay que ver un episodio de “Sálvame” para ver esto continuamente pero es que hay muchos otros para los que participar en algo así parece ser su aspiración particular.

Gossip_5-smallHardy plantea una justificación del cotilleo donde en unas sociedades complejas como las que establecemos los humanos, con numerosos vínculos sexuales, políticos, sociales y económicos se establece una competencia para el apareamiento donde es útil saber quién está en una relación y quién no, quién es poderoso y quién no. Puesto que esta información sexual y social es valiosa, es mejor no compartirla abiertamente por lo que habríamos desarrollado un mensaje doble, con una parte externa u “oficial” donde el cotilleo es algo reprobable y niego mi interés y una parte interna o privada donde intento conseguir toda la información confidencial posible.

Algunas de las teorías sobre el cotilleo parecen discutibles. Hay quien plantea que permite buscar posibles parejas sin entrar en conflicto, sabiendo si están “libres” pero es evidente que eso, que es explicado con un darwinismo superficial como que tendrían más éxito reproductivo no se corresponde con la realidad, al menos con la realidad actual donde algo como “Sálvame” o el “Hola” nos habla de gente con la que nunca nos cruzaremos. Para otros, es un sistema primitivo para navegar la tribu, donde aunque todos conozcan a todos es necesario identificar esas conexiones subterráneas que forman una red más intrincada, delicada y a menudo importante que la red de conexiones visible. Es difícil ser concluyente sobre si esto, en la época de la tribu, fue el inicio del cotilleo y lo que ahora vivimos sería una “resaca evolutiva”, un relicto de nuestras primeras etapas como sociedad chismosa. No parece que explique el enorme interés que el cotilleo genera en el siglo XXI y si no miren el famoso share de “Sálvame”.

Algunos antropólogos consideran que el cotilleo es una herramienta para conseguir cambiar el comportamiento de otros en nuestro favor, lo que explicaría esos comentarios, típicos de los cotillas pero que se hacen al alcance del oído del protagonista de la historia. Al parecer, eso sucede en los bosquimanos Kung el 70% de las veces y me imagino que, si es cierto lo que muestran las comedias estudiantiles, en muchas adolescentes. apes-grooming-at-akbars-tomb.halfRobin Dunbar considera que el cotilleo es el equivalente al rascado y despiojado de los primates, una forma de relación social que cimenta los lazos dentro del grupo, estableciendo intereses, valores y contraprestaciones comunes. Permítame una sonrisa maligna imaginando un plató con monos despiojándose, contertulios insultándose y Paolo Vasile diciendo aquello tan aclaratorio de que “Belén Esteban ha sido una precursora del 15M”. Para otros el cotilleo sería un tipo de entretenimiento, una actividad sencilla y sin complicaciones que se realizaría para luchar contra el aburrimiento.  Mi experiencia es que los que más se sumergen en las vidas ajenas son los que menos tienen de interés en las propias, un vacío que intentan llenar con un hueco. Sucede también muy a menudo en el ambiente de trabajo y muchos investigadores del cotilleo lo incluyen dentro de la violencia laboral y el acoso laboral. El cotilleo es también una forma de agresión cobarde, intentando humillar, aislar y dañar a una persona a la que envidiamos por sus méritos, su pareja o su posición. Como dijo don Jacinto Benavente, “si murmurar la verdad aún puede ser la justicia de los débiles, la calumnia no puede ser otra cosa que la venganza de los cobardes.

Nuestro cerebro se encarga de saciar nuestro interés por el cotilleo: recuerda mucho mejor los cotilleos sobre nuestros amigos y conocidos que los detalles normales de sus vidas. Un grupo de investigadores de las universidades de St. Andrews y Liverpool dieron a diez personas cuatro textos para leer y luego les pedían escribir lo que recordaran. Luego pasaban el texto a otros voluntarios y repetían el proceso cuatro veces en algo parecido a ese juego que hacíamos de niños diciendo algo al oído de otra persona en una cadena. La información proporcionada asimilable a cotilleos, temas de infidelidades y traiciones era lo que mejor quedaba fijado en la mente de los participantes en el estudio. descargaOtro experimento realizado por el grupo de Anderson y publicado en Science en 2011 indicaba que el cotilleo era una forma potente de aprendizaje afectivo social y que influía en nuestra consciencia visual. El cotilleo no afectaba solamente a cómo era evaluado un rostro, afectaba a si esa cara se veía en primer lugar. En dos experimentos, caras neutras se emparejaban con cotilleos positivos, negativos o neutros y luego se mostraban en un paradigma de rivalidad binocular (a un ojo se le muestra una de esas caras y al otro una casa). En los dos estudios, los rostros emparejados con comentarios negativos, pero no los que iban con positivos o neutrales, se mantenían más tiempo en la consciencia visual. Este estudio demostraba que el cotilleo influía la visión de una manera jerárquica, independiente de las características estructuras básicas de una cara.

Según contaba en su número del 10 de agosto de 2011 una de las publicaciones más serias de nuestro país, la revista El Jueves, una referencia bibliográfica no usada habitualmente, “existe un lugar en la televisión en el que la charla carajillera se convierte en espectáculo. Donde se habla durante horas sin decir absolutamente nada. Donde haberte arrimado una miaja a un torero en un ascensor te convierte en la estrella invitada de la noche. Donde los contertulios – parroquianos saben de todo. Un lugar en el que aunque siempre pasa lo mismo la cámara suele llegar tarde y muestra al enterado de turno de pie, ya en silencio. Pero manteniendo aun su pose de “he dicho” de “la elocuencia no es nada si no te cagas en la puta madre de alguien” de “no sé de qué coño va esto pero no sólo no dejaré de hablar si no que lo haré aun más fuerte”. A ese lugar se le llama “Sálvame de Luxe” pero es España, queridos lectores.”  ¡Qué triste!

 

Para leer más:

  • Anderson E, Siegel EH, Bliss-Moreau E, Feldman Barrett L. (2011) The Visual Impact of Gossip. Science 332(6036): 1446–1448. http://sites.bu.edu/ombs/files/2011/10/Science-2011-Anderson-science.1201574.pdf
  • Douglas K, Holmes B. (2012) The nature of the beast. New Scientist 2861: 38-43.
  • Dunbar RIM. (1994) Grooming, gossip, and the evolution of language. Faver & Faber, Londres.
  • Hardy J. (2011) Read all about it: Why we have an appetite for gossip. New Scientist 2822: 22.
  • McAndrew FT. (2008) The Science of Gossip: Why we can’t stop ourselves. Scientific American. 1 de octubre. http://www.spartansonline.org/ourpages/auto/2009/5/6/48216118/The%20Science%20of%20Gossip_%20Why%20We%20Can_t%20Stop%20Ourselves_%20Scientific%20American.pdf
  • http://www.eljueves.es/2011/08/10/gilipollas_semana_noemi_martinez.html

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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