El rey de los venenos

Mithradates01Hay animales que se defienden o atacan a sus presas mediante el uso de venenos. Hay plantas que contienen también poderosos tóxicos que probablemente les protejan de ser devoradas por los animales herbívoros. Hay cianobacterias que también sintetizan potentes toxinas. Los seres humanos conocieron muy pronto la existencia de venenos procedentes de animales, plantas y minerales y los usaron para la caza y para la guerra, buscando venenos rápidos y eficaces y antídotos que los protegieran de ellos.

Muchos venenos son potentes neurotoxinas, es decir, su efecto se debe a que actúan sobre el sistema nervioso. Entre ellos están la toxina tetánica, liberada por el microorganismo Clostridium tetani. Esta molécula se une a los receptores sinápticos de las motoneuronas efectoras, lo que provoca su imagesdespolarización lo que a su vez genera contracciones musculares convulsivas causando el tétanos. Otros venenos muy conocidos, y ampliamente utilizados en la historia, son los que producen las serpientes de la familia de los elápidos (cobras, serpientes de coral, mambas y serpientes marinas) que inyectan venenos de acción principalmente neurotóxica, mortales para el ser humano.

Mitrídates VI, rey del Ponto, un estado situado en la costa sur del Mar Negro, fue uno de los grandes adversarios de Roma. También llamado Mitrídates el Grande, fue hijo de Mitrídates V que murió envenenado cuando el futuro rey era solo un niño. En su testamento, el rey dejó el reino bajo el gobierno de su esposa y hermana Laodice VI, de Mitrídates y de su hermano pequeño, Mitrídates Crestus. La viuda y madre gobernó como regente, prefirió al joven Mitrídates Crestus y la vida del joven Mitrídates no fue fácil. Según Justino (Epítome, XXXVII.2) “durante su infancia, su vida fue amenazada por complots de sus guardianes, que, montándole en un caballo bronco le forzaban a cabalgar y a lanzar la jabalina: pero cuando estos intentos fallaron, puesto que su dominio del caballo era superior a sus años, intentaron segar su vida con venenos. Él, sin embargo, estando en guardia contra esa traición, tomaba antídotos frecuentemente y se fortalecía de esa manera, con una prevención exquisita contra su maldad

enemiesrome_gallery_5Mitrídates tuvo que escapar pero finalmente pudo regresar, asumir el poder, retiró a la reina del gobierno –es seguro que ella tendría algo que ver con las actuaciones de los guardianes- y la encarceló, al mismo tiempo que asesinaba a sus hermanos para evitar que pudieran encabezar una revuelta contra él. A pesar de ese carácter de gobernante oriental, se rodeó de consejeros griegos, y eso, junto al hecho de ser descendiente de los generales de Alejandro, le hizo popular en muchas ciudades de Grecia. Mitrídates reformó y reforzó el ejército, reiniciando la política expansionista de su padre. No era ningún estúpido y según Plinio el Viejo, en su Naturalis Historia, “Mitrídates, que fue rey de veintidós naciones, administró sus leyes en todos sus idiomas, y podía hablar cada uno de ellos sin emplear intérprete.”

El crecimiento rápido de su imperio le llevó a un conflicto inevitable con la República Romana que se agudizó cuando ordenó una limpieza étnica de ciudadanos romanos asentados en Anatolia. Se dice que ordenó matar a unas 80.000 personas, hombres, mujeres y niños, con lo que se convirtió en un enemigo odiado para Roma.

Mitrídates vivió toda la vida aterrado ante la probable posibilidad de morir envenenado como su padre y diseñó uno de los antídotos más famosos de la antigüedad (probablemente con la ayuda de su médico Craetuas), la triaca, teriaca o mitridato. El rey era un protocientífico puesto que diseñaba distintas fórmulas y experimentaba con ellas. De hecho probaba sus antídotos en prisioneros que recibían a continuación el veneno. El objetivo de Mitrídates era conseguir un antídoto universal, aquel que le protegiera de cualquier veneno.

Un siglo después de la muerte de Mitrídates, Aulio Cornelio Celso en su obra De Medicina recuperó la fórmula de la teriaca, que estaba formada por 36 ingredientes:

Contiene balsamita 1,66 gramos, cálamo 20 gramos, hypericumgoma arábiga, sagapenum, zumo de acaciairis iliriocardamomo, 8 gramos de cada uno; anís 12 gramos, nardo galico (Valeriana), raíz de genciana y hojas secas de rosa, 16 gramos de cada uno, gotas de amapola y perejil, 17 gramos de cada uno, casiasaxifragacizañapimienta larga, CHT16324120.66 gramos de cada, estoraque (resina de liquidambar) 21 gramos; castóreoolíbano, jugo de Cytinus hypocistis, mirra y opopónaco, 24 gramos de cada; hojas de Malabathrum, 24 gramos; flor de junco redondo, resina de trementinagálbano, semillas de zanahoria de Creta, 24,66 gramos de cada; nardo y bálsamo de la Meca, 25 gramos de cada; bolsa de pastor, 25 gramos; raíz de ruibarbo, 28 gramos; azafránjengibrecanela, 29 gramos de cada. Todo esto se macera y se vierte en miel.

Eran todas procedentes de plantas salvo la miel que se usaba como excipiente y el castóreo o aceite de castor, empleado para mejorar el aroma. La fórmula magistral pesaba en torno a un kilo y medio y duraba durante medio año si se tomaba cada día una cantidad del tamaño de “una almendra disuelta en vino contra el envenenamiento mientras que para otras afecciones, una cantidad del tamaño de una alubia era suficiente.

Plinio atribuye a Mitrídates el diseño de otro antídoto con cincuenta y cuatro ingredientes, y señalaba que el rey bebía veneno todos los días después de tomar sus pócimas para reforzar su inmunidad. Era curioso que algunas de esas recetas utilizaban sangre de patos del Ponto, que no sufrían daños –según Plinio- a pesar de que supuestamente vivían en plantas venenosas o carne de víbora, porque también consideraban que el propio reptil era inmune a su propio veneno y algo habría en su cuerpo con esa función protectora. La triaca se convirtió en una panacea, utilizada para una amplia variedad de enfermedades.

region_of_the_wars_with_mithridatesHubo tres guerras entre el Ponto y Roma entre los años 88 y 65 antes de nuestra era. La primera fue una victoria de Lucio Cornelio Sila que tuvo que volver con rapidez a Roma por el avance de Mario. En la segunda Guerra Mitridática (83 a. C. a 81 a. C.) las legiones romanas fueron comandadas por Lucio Licinio Murena. La guerra finalizó de manera inconclusa tras una derrota romana y la retirada por órdenes de Sila. En la tercera Guerra Mitridática (75 a. C. a 63 a. C.), el ejército de Roma fue dirigido por dos de sus mejores generales: en primer lugar por Lucio Licinio Lúculo (75 a. C. a 66 a. C.) y posteriormente por Cneo Pompeyo Magno (66 a. C. a 63 a. C.). La guerra terminó con la derrota total de Mitrídates VI.

Muchas de las plantas usadas en la fórmula original de Mitrídates, la triaca o mitridato, tenían la imagen de ser plantas útiles, ctheriac-vaseon fuertes aromas y muchas eran de la familia Apiáceas Tras su derrota por Pompeyo se encontró una anotación hecha por el propio rey con un antídoto mucho más sencillo consistente en dos nueces secas, dos higos y veinte hojas de ruta mezclado todo con un poco de sal. También apareció información detallada sobre plantas medicinales, muestras de ellas y diversas notas. Pompeyo el Grande, con esa inteligencia práctica de los romanos, ordenó que se tradujera todo al latín y llevó la información a Roma.

galenEl personaje clave en la medicina romana fue Galeno, quien escribió dos obras en relación con los venenos, una sobre Antídotos y otra titulada De Theriaca ad Pisonem donde recoge la triaca de Mitrídates y otras, como una triaca suya y otra propuesta por Andrómaco, el médico de Nerón. Debido quizá a la fama del médico romano -los médicos siguen siendo conocidos como “galenos” dos mil años después- la fama del antídoto del rey del Ponto se mantuvo durante siglos hasta que en 1745 un médico inglés, William Heberden, publicó que las cualidades cuasimilagrosas del mitridato, que se usaban para casi cualquier enfermedad, del insomnio a la peste bubónica, eran falsas y lo más que hacía era hacer sudar a los enfermos “que es comúnmente la virtud de una medicina que no tiene ninguna”. Surgió un problema entonces que también tiene una historia de siglos: que los boticarios se quejaron porque era una fórmula magistral enormemente complicada –y enormemente cara- por lo que contraatacaron con el argumento de que si era inútil, ¿cómo era posible que hubiera sido reverenciada durante tantos siglos? Al año siguiente, no obstante, la Farmacopea de Londres lo retiró pero estuvo en las de Francia y Alemania al menos un siglo más y en las de España aún otro más, hasta comienzos del siglo XX.

No sabemos qué venenos manejaría Mitrídates. Lo más común es que fuera arsénico, llamado el veneno de los reyes y el rey de los venenos o un tóxico obtenido de serpientes. El veneno de las serpientes contiene cientos o miles de proteínas, incluyendo enzimas hidrolíticas, que destruyen los tejidos, tóxicos que actúan sobre el sistema circulatorio, haciendo caer la presión sanguínea o reventando los glóbulos rojos y neurotoxinas que actúan sobre la transmisión nerviosa y neuromuscular.

Entre los efectos de las neurotoxinas en el sistema nervioso las hay que inhiben los canales iónicos necesarios para el funcionamiento de las neuronas como la tetrodotoxina (canales de sodio) Complete_neuron_cell_diagram_en.svgo el curare (canales de cloro), otras inhiben la liberación de las vesículas sinápticas como la toxina botulínica o la tetánica, otras inhiben los receptores como la bungarotoxina o la cobratoxina, otras afectan a la barrera hematoencefálica como el aluminio o el mercurio, otras interfieren con el citoesqueleto como el arsénico, otras actúan sobre la ruta de degradación de los transmisores, como las fasciculinas de las mambas que inhiben la colinesterasa, otras tienen múltiples efectos como el etanol y finalmente, el encéfalo sintetiza moléculas que en ocasiones pueden actuar como tóxicos como el glutamato o el óxido nítrico.

m503501_d0009710-000_pTras su derrota por Pompeyo, Mitrídates VI huyó con un pequeño ejército a Crimea. Su hijo mayor, Machares, virrey del Bósforo de Cimeria, decidió no ayudar a su padre fugitivo. Mitrídates le mandó asesinar y tomó su reino. Entonces, otro de sus hijos, Farnaces II del Ponto, inició otra rebelión contra su padre con ayuda de los leales a Roma con lo que el destino de Mitrídates VI estaba sellado.  Antes de ser capturado por los soldados romanos, Mitrídates envenenó a su esposa e hijos para impedir que cayeran en manos de Pompeyo.  Murieron rápidamente pero cuando él se tragó el resto del veneno, no sufrió ningún efecto. Intentó matarse con su espada, pero “sea por la debilidad de su mano causada por su edad o las desgracias por las que estaba pasando, o como resultado del veneno que había ingerido” fue incapaz de quitarse la vida hasta que uno de sus soldados le acuchilló. Sus últimas palabras, recordando toda su vida y demasiado literarias probablemente para ser ciertas fueron “Aunque he vigilado y me he protegido de todas las ponzoñas que un hombre puede tomar con su comida, no me he guardado contra el más mortal de todos los venenos, ese que se encuentra en la casa de todos los reyes: la deslealtad del ejército, de los hijos, de los amigos.” Y sin mencionar a los yernos.

 

Para leer más:

  • Adams ME, Olivera BM. (1994) Neurotoxins: Overview of an Emerging Research Technology. Trends in Neuroscience, 17 (4): 151–155.
  • Ballesteros Pastor L. (1996) Mitrídates Eupátor, rey del Ponto. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada, Granada.
  • Mayor A. (2010) The Poison King: The Life and Legend of Mithridates. Princeton University Press, Princeton (NJ).
  • Pain S. (2008) Histories: Mithridates’s marvellous medicine. New Scientist 2640: 52-53.
  • http://www.esepuntoazulpalido.com/2010/07/el-rey-toxicologo.html

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Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

7 comentarios en “El rey de los venenos”

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