CSI y hora de la muerte

CSI-07-dn-01CSI (“Crime Scene investigation”) es una serie televisiva estadounidense iniciada en octubre de 2000. Su enorme éxito suscitó la creación de dos secuelas: CSI Miami (2002) y CSI Nueva York (2004) que, en mi opinión, no han conseguido superar a Grissom y sus chicos. Con esa manía de las productoras televisivas de replicar cualquier éxito hasta conseguir saturarnos y aburrirnos CSI sirvió también de modelo para otras series relacionadas con la medicina forense y el análisis científico de las pruebas de un delito. 108868199_640Desde el famoso Perry Mason, el grupo de series que podíamos denominar policiales-científicas incluye además de los CSI, Bones, Crossing Jordan, Mentes Criminales, El mentalista,  Ley y orden, NCIS, Caso Abierto, Dexter, Numb3rs, Silent Witness, y seguro que me olvido alguna.

CSI, la serie original, está protagonizada por un equipo de científicos forenses dirigidos primero por Gil Grissom y luego por Raymond Langston que trabajan en el Servicio de Criminalística del Departamento de Policía de Las Vegas (Nevada) y que recorren la escena del crimen, buscan pistas y documentan científicamente las pruebas para rematar el trabajo policial y presentar a los malos ante jueces y jurados.

CSI ha conseguido algo que parecería imposible: generar numerosas vocaciones de médicos forenses entre los adolescentes. Foro-RomaEl término “forense” deriva del adjetivo latino forensis que significa perteneciente o relativo al foro, el lugar público por excelencia, situado en el centro de la ciudad y donde tenía lugar el comercio, los negocios, la prostitución, la religión y la administración de justicia, una curiosa mezcla. En la Roma clásica, la acusación y la defensa de un crimen se llevaban a cabo en el foro, presentando pruebas y argumentos en defensa o en contra del acusado terminando en un veredicto de inocencia o culpabilidad. Todos esos procedimientos eran por tanto “forenses”.

Como todo seguidor de la novela negra y las series y películas policiacas sabe, una de las preguntas clave en la investigación policial de un asesinato es el momento de la muerte de la víctima, un dato crucial que permite estrechar el círculo de posibles culpables, apoyar o descartar la coartada de un sospechoso o incluso asignar un nombre a un cuerpo sin identificar. Es una cuestión que prácticamente siempre plantean los policías a cargo de la investigación y a menudo con un toque de fe ciega en la exactitud de la información que van a recibir. Desgraciadamente establecer el tiempo aproximado del óbito, como decían los periódicos antiguos, es difícil y determinarlo con exactitud es prácticamente imposible.

Un forense comentaba que lo más útil es si la víctima tenía un reloj y ese reloj aparece roto y parado en una hora determinada. Es relativamente frecuente si el finado ha recibido un impacto muy fuerte o ha sufrido una caída desde una altura considerable pero como todos podemos imaginar no es un caso demasiado frecuente por lo que los forenses, ya sean del CSI o de cualquier otra policía se ven obligados a analizar la evolución postmortem del cadáver. calaveraComo es lógico se trata de un proceso muy dependiente de factores ambientales, algo que un criminal astuto puede intentar manipular para conseguir una coartada. También varía según hayan sido las condiciones previas a la muerte, de la masa corporal o la salud de la víctima, de las situaciones en torno a su muerte tales como la participación en una pelea o las circunstancias climatológicas a las que esa persona estuvo expuesta antes de fallecer. Otro problema importante es que si alguien ha sido atacado pero no fallece en ese instante sino que hay un período de agonía, el momento del crimen y el momento del fallecimiento no coincidirán.

Clásicamente había tres factores fundamentales para estimar el momento de la muerte: el algor, el rigor y el livor.

  1. El “algor mortis” es la pérdida de temperatura corporal hasta acercarse a la temperatura ambiente. Para medir la temperatura del cadáver se suele usar un termómetro rectal o una sonda que permita ver la temperatura del hígado, un dato que permite una mejor estimación del calor residual en el cuerpo. Se supone que nuestra temperatura corporal es de 37 ºC y perdemos en torno a 1,5 ºC cada hora, algo más lento tras las primeras horas. Por supuesto va a variar dependiendo de la constitución del cuerpo, de la temperatura exterior, del movimiento del aire y humedad en la escena o de las circunstancias previas a la muerte.ALGOR MORTIS Si esa persona ha estado expuesta a un exterior frío o estuvo sumergida en agua, el cuerpo se preparó para la pérdida de calor y el ritmo de enfriamiento es menor. El método desarrollado por Henssge usa la temperatura corporal corregida por distintos factores ambientales (temperatura, humedad, ropa) y es ampliamente utilizado.
  2. El rigor mortis es el avance de la rigidez muscular en el cadáver. Al quedarse sin riego sanguíneo, el calcio sale del interior del retículo sarcoplásmico y se produce algo parecido al inicio de la contracción muscular. Sin embargo, como el músculo se queda sin ATP las proteínas contráctiles quedan bloqueadas sin poder separarse, lo que genera la rigidez de los músculos. Rigor MortisSuele aparecer tres o cuatro horas después de la muerte clínica y alcanza un efecto completo a las 12 horas. El rigor empieza normalmente en los pequeños músculos de la cara y el cuello, en torno a dos horas después de la muerte y se va extendiendo posteriormente a los grandes músculos del torso.
  3. El livor consiste en el depósito de los glóbulos rojos en la parte inferior del cuerpo, causando una decoloración de la piel en la zona superior que va tomando un tono más claro. livores mortuales.jpg2Sin la circulación impulsada por los latidos del corazón, los glóbulos rojos se van sedimentando en la porción inferior del cuerpo por acción de la gravedad. En las zonas en contacto con el suelo u otro objeto, la coloración es menor o no tiene lugar porque los capilares están comprimidos y los eritrocitos no se acumulan en esa región.

Para determinar con la mayor precisión posible la hora de la muerte, los forenses van a usar también otras informaciones complementarias como la transparencia de los ojos, el grado de deterioro de los glóbulos rojos en una muestra de sangre, el vaciado gástrico o la viabilidad de las espermatozoides.

grissom3Si el tiempo pasado es mucho mayor entonces el tipo de información buscada es muy diferente y se analizará el grado de descomposición del cadáver, la degradación de la ropa que llevaba puesta, las especies de insectos que han colonizado los restos humanos –una de las especialidades de Grissom- y si aún ha pasado más tiempo, se analizan los tallos y raíces leñosas de plantas perennes, que muestren anillos de crecimiento y que hayan crecido a través de la ropa u otros efectos personales, de los huesos o estén afectados por la alteración del suelo o la descomposición del cuerpo sobre ellos.

El olfato es probablemente el sentido menos conocido para nosotros y, sin embargo, el epitelio olfatorio, la zona dentro de nuestra nariz donde están los receptores olfatorios, es una de las regiones más espectaculares y misteriosas de nuestro sistema nervioso. Esas neuronas del olfato nos proyectan emociones como ningún otro sentido. En palabras de Leon J. Podles

El arroz con leche o una estufa de carbón me llevan de vuelta a la cocina de mi abuela, el olor del gasóleo o de la leche agria me llevan a los desayunos apresurados en la cafetería de la escuela después de la misa del viernes santo. Un césped recién cortado o los pinos me llevan de vuelta a los veranos con mis padres que fallecieron hace tanto tiempo ya, la brisa del mar o el moho reconstruye las casetas de la playa que hace tanto tiempo sucumbieron a las olas. Los grupos de lilas floreciendo o la pizza me traen de vuelta un primer amor, un pantano o el napalm revive unos camaradas cuyas caras ya había olvidado.

En la superficie plegada del epitelio olfatorio se encuentran algunos tipos celulares únicos, diferentes a cualquier otra cosa conocida. Existen células madre que están formando continuamente nuevas neuronas en el adulto, por lo que si pudiéramos controlar los mecanismos implicados podríamos sustituir las neuronas que perdemos por un accidente de tráfico, un envenenamiento con tóxicos como el alcohol o una enfermedad neurodegenerativa como las de Alzheimer o Parkinson. 353-796Las nuevas neuronas, recambiadas continuamente, son capaces de mandar sus axones hasta alcanzar la siguiente estación de la vía sensorial, el bulbo olfatorio y establecer allí conexiones funcionales y eficaces. Si supiéramos guiar axones igual de bien en la médula espinal, podríamos tener la herramienta que soñamos para las lesiones medulares. Esas neuronas generadas en nuestra nariz están en contacto directo con el medio externo, al aire. Ninguna otra neurona de nuestro cuerpo está tan expuesta, tan poco protegida. La principal protección que tienen es el gel mucoso que tienen en su superficie, donde se disuelven las moléculas que flotan en el ambiente. No sabemos cómo es posible que esa región tan expuesta controle los numerosísimos virus y bacterias que abundan en nuestro medio ambiente y deben llegar allí sin mayor problema. Quizá hay ahí algunas respuestas para las nuevas generaciones de antivirales y antibacterianos. Por último, esas neuronas tienen muy poca irrigación sanguínea. Es debido a que necesitan nutrientes como cualquier otra célula pero el oxígeno lo pueden captar directamente del aire y no necesitan como la práctica totalidad del resto del cuerpo que se lo lleve el sistema circulatorio.

F1.largeEl moco que existe en la superficie de las neuronas olfatorias es producido por las glándulas de Bowman y recoge pasivamente partículas de polvo, microorganismos, todo lo que flota en el aire y entra dentro de nuestra nariz. Las neuronas del epitelio olfatorio tienen unos 100-250 cilios cada una que mueven continuamente el moco que tienen en su superficie y lo van llevando hacia la nasofaringe para irlo eliminando. Esos cilios de la nariz son pequeñas proyecciones como látigos cortos o remos que agitan y desplazan el moco en la dirección adecuada unas 800 veces por minuto.

Biagio Solarino y sus colegas de la Universidad de Bari pensaron que aunque el corazón se pare y los pulmones se detengan también esas células siguen respirando y, por tanto, siguen viviendo durante unas horas. Terminarán muriendo pero no por asfixia, que es rápida sino por inanición, que se extiende mucho más en el tiempo. Tras hacer pruebas en más de cien cadáveres los investigadores italianos encontraron que esas células siguen moviéndose hasta 20 horas después de morir pero hora tras hora, los cilios baten cada vez más lentos, como los remeros de un barco que se fueran quedando sin fuerzas. Y esa disminución parece que no depende de las condiciones ambientales, ni del sexo, ni las características personales del difunto por lo que muchas de las variables que afectan en las técnicas clásicas para estimar la hora de la muerte aquí pueden ser descontadas. Por otro lado, sí que parece ser afectado si la víctima ha sufrido una infección de las vías respiratorias o ha sido tratada con quimioterapia, factores que habría que tener en cuenta.

El movimiento de esos cilios se va ralentizando a un ritmo predecible, mucho más estable que otras de las señales observables en un difunto. csi-trilogyPuede ser una herramienta de gran utilidad especialmente para las primeras 24 horas tras la muerte de una persona. Algo que sin duda Gil Grissom, Raymond Langston, Horatio Caine y Mac Taylor, los principales protagonistas de las tres series hermanas de CSI, sabrían aprovechar.

 

Para leer más:

  • Henssge, C, Knight B, Krompecher T, Madea B, Nokes L. (2002) Estimation of the time since death in the early postmortem period. 2ª ed. Arnold, Londres.
  • Lee RM, Rossman CM, O’Brodovich H. (1987) Assessment of postmortem respiratory ciliary motility and ultrastructure. Am Rev Respir Dis. 136(2): 445-457.
  • Romanelli MC, Gelardi M, Fiorella ML, Tattoli L, Di Vella G, Solarino B. (2012) Nasal ciliary motility: a new tool in estimating the time of death. Int J Legal Med. 126(3): 427-433.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

2 comentarios en “CSI y hora de la muerte”

  1. Seguí con interés las primeras temporadas de CSI, hasta que empezó a “morir de éxito” y todas las series quisieron imitar su iluminación azulada. ¡Qué fácil sería administrar Justicia con las pruebas que presentan Grissom y cía! La realidad es bastante distinta, y también los medios de los que disponen los forenses españoles, que -por cierto- son médicos y no tienen mucho que ver con los de la serie, que son más bien lo que aquí llamamos “policía científica”. Un efecto indeseable de CSI es que exhibe ciertas técnicas de investigación criminal que simplemente no existen, o no tienen la precisión que en la pantalla se muestra, o son tan caras que no pueden utilizarse en la práctica. No falta algún abogado (supongo que seguidor de la serie) que ha pedido al juez que “se haga una reconstrucción con láser” o cosas parecidas, con el solo límite de la imaginación.

    P.S. Lo de los cilios olfatorios no lo sabía. Aquí siempre se aprende algo.

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