Las reinas del ajedrez

El ajedrez es sin duda el más popular de los juegos de mesa, el más extendido en el mundo, el único que es considerado deporte olímpico. Parece que su origen es el caturanga, un juego de mesa documentado en el siglo VI en la India, en el que se enfrentan dos ejércitos. Caturanga significa cuatro divisiones y hace referencia a las cuatro grandes partes de un ejército indio: los soldados de infantería, la caballería, los elefantes y los carros de guerra. El rey o shah estaba acompañado no por la reina, que parece ser un invento español, sino por su gran visir. Hacia el año 600, un juego parecido al caturanga, llamado chatrang, se juega en la Persia sasánida, donde forma parte de la educación de príncipes y nobles. Los árabes aprenden el juego de los persas y lo denominan shatraj.

En la expansión musulmana se trasforma en shaterej en el norte de África y cuando los árabes llegan a la Península Ibérica, el juego entra por primera vez en Europa y los portugueses lo llaman xadrez y los españoles transformamos el nombre en ajedrez.

La maestría en el ajedrez siempre ha ido unida a la inteligencia. Numerosos países, pero de forma especial Rusia lo consideran una actividad con un enorme impacto positivo en la capacidad de concentración, de memoria y de competitividad de los escolares. Es considerado el deporte mental por antonomasia.

Un estudio publicado en la revista PLoS One muestra que los grandes maestros de ajedrez usan el cerebro de una forma diferente que los novatos que acaban de aprender a jugar. Saber eso ha sido posible porque las técnicas de resonancia magnética funcional (fMRI) nos permiten estudiar el cerebro en funcionamiento. Merim Bilalic y su grupo de la Universidad de Tübingen en Alemania ha realizado un estudio con ocho jugadores de ajedrez de nivel internacional y ocho novatos, que solo sabían mover las piezas.

Nuestra capacidad para identificar objetos es magnífica. En una fracción de segundo reconocemos los objetos que vemos y su función. Es algo que hacemos de una forma espectacular, sin darnos cuenta y se debe a una red de áreas cerebrales situadas en las vías visuales ventrales y dorsales, en el hemisferio cerebral izquierdo.  Pero cuando estamos entrenados, cuando nuestro cerebro ha sido sometido a incontables horas de esfuerzo y concentración como sucede en un jugador de ajedrez que ha alcanzado la categoría de maestro o gran maestro, nuestro cerebro demuestra su gran capacidad de adaptabilidad, su plasticidad. Nuestro cerebro cambia y consigue unos resultados mucho más potentes, una maestría en una actividad que permite los magníficos resultados de un maestro del ajedrez.

Las piezas de ajedrez son objetos hechos por el hombre, fácilmente manipulables y que tienen formas típicas que les hacen reconocibles por cualquier persona que conoce las normas básicas del juego. La forma de una pieza de ajedrez no está en principio directamente relacionada con su función (una pieza que pueda realizar desplazamientos largos no tiene un pie diferente que una pieza de desplazamientos exclusivamente cortos) pero ambas, forma y función están íntimamente ligadas por las reglas del ajedrez. Las funciones de la pieza están a su vez íntimamente ligadas a movimientos del jugador, a lo que hace con su mano para realizar una jugada.

La tarea de los participantes en este estudio era participar en procesos de reconocimiento de formas geométricas neutras (una tarea que servía como control), de piezas de ajedrez  (tarea de identificación) y de las funciones de las piezas de ajedrez. En cada prueba se registraban aspectos de comportamiento (tiempo de reacción y registro de los movimientos de los ojos) al mismo tiempo que se estudiaba la actividad cerebral usando técnicas de neuroimagen.

Los resultados han sido enormemente llamativos. Los expertos de ajedrez para resolver el problema de ajedrez planteado usaban ambos hemisferios cerebrales mientras que los novatos usaban solo el hemisferio izquierdo. Es decir, un gran jugador de ajedrez utiliza las dos mitades de su cerebro para jugar, mientras que un jugador de bajo nivel utiliza solo una mitad.

Bilalic indicaba que antes de hacer el estudio pensaba que ambos grupos utilizarían las mismas regiones cerebrales pero por la práctica del juego durante años, que quedaría como refuerzo de los circuitos cerebrales implicados, los jugadores expertos procesarían más rápido la identificación de piezas y jugadas. No es así. En realidad parece que lo que hace el cerebro ante una tarea compleja y repetida es reclutar nuevas áreas cerebrales, generando una especie de procesado en paralelo, como hacen los microprocesadores de los ordenadores más avanzados.

Por otro lado, este procesado en paralelo no sucede cuando los grandes maestros tenían que resolver problemas geométricos, lo que indica que el reclutamiento de nuevas áreas cerebrales es específico de la tarea, que se consigue practicando una habilidad determinada pero que esa mejora no es aplicable a otras labores parecidas. No hay atajos para conseguir maestría en una habilidad, ya sea jugar al ajedrez o al ping-pong. La práctica constante, el entrenamiento durante años, parece el único camino para la maestría.

Al relacionar ajedrez y cerebro hay una cuestión que hace pensar ¿Por qué no ha habido ninguna mujer campeona del mundo de ajedrez? ¿Por qué hay tan pocas maestras internacionales, un título que ostentan poco más de mil personas en el mundo y del que menos de cien son mujeres? Un juego mental donde no tienen ningún efecto la fuerza, la masa muscular o el tamaño, debería ser un ejemplo de la igualdad cerebral entre hombres y mujeres.

De hecho, también se ha relacionado con una diferencia similar entre ambos sexos en el ámbito científico. A pesar de maravillosos ejemplos de Marie Curie a Barbara McClintock, el número de mujeres premiadas con el premio Nobel es mucho menor que el de hombres. El mismo Merim Bilalic, entonces en la Universidad de Oxford, aportó una buena explicación: el número de practicantes femeninas de ajedrez o de ciencia competitiva es mucho menor que el de hombres y los casos extremos (el campeón mundial o el premio Nobel) surgen del tamaño de esa gran masa de candidatos.

El ajedrez tiene algo que la ciencia no tiene: un sistema de ranking (los puntos ELO) que se aplica en las competiciones desde la edad escolar. Usando los registros de la Federación Alemana de Ajedrez, donde los hombres superan a las mujeres por un factor de 16 a 1 encontraron que las estadísticas pueden explicar la ausencia de mujeres en lo más alto de la cima. Según Bilalic “Se encuentran valores más extremos en las poblaciones de mayor tamaño”. Es decir, los individuos en ese extremo positivo, los mejores ajedrecistas o científicos de nivel máximo son por definición raros, cuánto más grande sea el grupo total, más individuos de esa rareza habrá.

El análisis de los registros de la Federación Alemana de ajedrez pudo ver que la diferencia en el tamaño de las poblaciones explicaba el 96% de las diferencias en los resultados en el juego entre ambos sexos. Quedaba muy poco recorrido por tanto para un posible efecto de diferencias biológicas.

Mientras que esos análisis matemáticos explican la escasez de mujeres en lo más alto del escalafón de los ajedrecistas, no explica porqué hay menos mujeres que elijan esa afición o profesión. No sabemos si es por temas culturales, por la dificultad de sobresalir en una actividad dominada por los chicos y donde hay pocos ejemplos a los que emular o quizá porque consciente o inconscientemente les hacemos creer que ese juego no es para ellas. Un grave error. Hay que recordarles que si bien el destino del rey decide el resultado de la partida, la pieza más poderosa, más atractiva, más creativa es, sin lugar a dudas, la reina.

Para leer más:

  • Bilalić M, Kiesel A, Pohl C, Erb M, Grodd W. (2011) It takes two-skilled recognition of objects engages lateral areas in both hemispheres. PLoS One. 24;6(1):e16202.
  •  Bilalić M, Langner R, Ulrich R, Grodd W. (2011) Many faces of expertise: fusiform face area in chess experts and novices. J Neurosci. 31(28):10206-10214.
  •  MacKenzie, D. (2008)  The lack of female Einsteins is all down to numbers. NewScientist. 24 de diciembre.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

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