Volviendo a Uyuni

El salar de Uyuni es uno de esos sitios que uno, si es afortunado, debe ver una vez en la vida. Estando allí uno piensa que el primer premio de un concurso podría ser ir una vez a Uyuni y el segundo premio, ir dos veces. Llegar al Salar es un viaje de muchas horas en todoterreno con todas sus rendijas recubiertas de plásticos para intentar paliar las salpicaduras de salmuera. Aún así, el automóvil, tus botas, tú mismo terminas recubierto de una costra más o menos gruesa de sal. Vayas desde Chile, desde Perú o desde la propia Bolivia, está lejos de todo. Dedicas varios días o muchas horas a llegar allí y una vez en el centro de ese paisaje único piensas ¿y ahora qué? Debe ser como subir al Everest que después de invertir meses de preparación y semanas de esfuerzo, estás unos minutos en la cima e inicias el descenso, primer paso del viaje de vuelta. Aún así, esa imagen de blancura cegadora, el cielo maravilloso de Bolivia que sientes más cerca que nunca, como un techo gigantesco sobre tu cabeza, el reflejo de tu vehículo, de ti mismo, como si el suelo fuera un espejo es algo que afecta a tus sentidos y te deja sin habla.

El salar de Uyuni es el mayor desierto de sal de la Tierra, una superficie de 10.582 kilómetros cuadrados, donde es fácil perderse pues en zonas extensas no hay ninguna referencia a tu alrededor. Es tan plano y tan grande que los satélites calibran sus altímetros enfocando su superficie y se usa como ruta de trasporte, un mar que cruzas sobre cuatro ruedas, entre distintas regiones del altiplano. De hecho, las diferencias de altitud entre toda esa enorme superficie son menores de un metro, aunque a veces aparece una poza que se traga una furgoneta sin dejar rastro.

El salar contiene unos diez mil millones de toneladas de sal, de las que todos los años se extraen unas 25.000 toneladas. Pero el producto más atractivo en estos momentos es el litio, del que según datos de la Corporación Minera de Bolivia, un servicio estatal, existen unos 140 millones de toneladas en Uyuni. El Servicio Geológico de los Estados Unidos rebaja la cantidad a 9 millones de toneladas, pero aún así, sería más de un cuarto de las reservas mundiales conocidas. Si incluimos otros salares y lagunas de la zona, Bolivia tiene más de la mitad del litio mundial. El litio se usa cada vez más en pilas, baterías y demás artilugios para almacenar electricidad de una manera eficiente. Por eso se utiliza tanto en objetos que deben pesar poco y tener pilas fiables y de larga duración como relojes, calculadoras o marcapasos. Con el inminente desarrollo de los coches eléctricos, la demanda de litio se va a multiplicar y Bolivia, el país más pobre de América Latina después de Haití, piensa que por fin le va a sonreír la Historia. Ojalá sea así porque los bolivianos lo merecen. El gobierno de Evo Morales ha invertido en una planta piloto de extracción de litio en Uyuni con tecnología alemana pero los resultados, hasta el momento, son muy modestos. La política convulsa y la inseguridad jurídica asustan a las grandes empresas mineras.

El litio es un elemento raro y no se le supone mucha importancia biológica. Un estudio mostró hace tiempo que las cabras alimentadas sin litio ganan menos peso pero no se ha comprobado algo similar en nuestra especie, así que quizá solo es necesario para las cabras. En la década de 1940 hubo muertes en algunos pacientes a los que se les dio cloruro de litio en vez de sal común, por lo que se vio que podía ser peligroso. En 1949, un médico australiano, John Cade inyectaba orina de pacientes con trastorno bipolar o depresión en cobayas en la esperanza de probar que su condición se debía a alguna sustancia química presente en el organismo, que afectaría a estos conejillos de Indias. Los animales morían. Cade pensó que el problema era el exceso de ácido úrico y puesto que en el siglo XIX se pensaba que el litio ayudaba a eliminar el ácido úrico (de hecho, se utilizó como tratamiento para la gota), empezó a tratar a sus roedores con una sal lítica de ácido úrico que en teoría favorecería la excreción del ácido úrico (en realidad se ha comprobado que es al revés, el litio ralentiza la eliminación del ácido úrico). Probó a inyectar las cobayas con carbonato de litio y vio sorprendido que estos animales, que suelen ser tensos y estresados, se comportaban de una manera tranquila y calmada, se volvían más dóciles y se echaban sobre su espalda, quedándose tumbados plácidamente como diciendo “ráscame la barriga”. El Dr. Cade dio entonces carbonato de litio a su enfermo mental más problemático, que llevaba 5 años en una unidad de seguridad en el Hospital Psiquiátrico. Este paciente respondió tan bien que a los pocos días se le pudo transferir a una sala hospitalaria normal y a los dos meses se le dio de alta, volvió a su casa y recuperó su trabajo. Había surgido una nueva herramienta para el tratamiento de distintas enfermedades mentales, eficaz y barata.

Desde entonces, se ha comprobado que con una dosis adecuada de litio, normalmente administrado como carbonato de litio, se puede mantener a un paciente con trastorno bipolar en un punto intermedio entre los dos estadios extremos,. Esta enfermedad se llama así porque los pacientes pasan de la depresión a la euforia y de vuelta a la depresión por lo que son difíciles de tratar (en la etapa “alta” se sienten tan bien que dejan muchas veces la medicación). También se usa mucho en el tratamiento de la depresión recalcitrante, la que no responde a otros fármacos. Como demostraron aquellas pobres cobayas, el litio tiene cierta toxicidad por lo que hay que hacer controles periódicos a las personas medicadas de manera que la concentración de litio en plasma sanguíneo (litemia) se mantenga entre 3,5 y 8 mg por litro. A partir de 15 mg se produce confusión mental y el habla se vuelve pastoso y por encima de 20 mg por litro puede ser mortal. No se sabe cómo actúa en el cerebro aunque se piensa que interfiere con un mensajero químico de inositol fosfato que se produce en exceso, bloqueándolo y llevándolo a niveles normales.

Cuando se identificó el litio por primera vez (se llamó así porque se extrajo de un mineral, de una piedra) se vio que era abundante en el agua de algunos balnearios donde iban muchas personas a curarse la melancolía como Karlsbad (ahora Karlovy Vary), Marienbad (ahora Mariánské Lázně) y Vichy. Es muy probable que, sin saberlo, se estuvieran sometiendo a un tratamiento psiquiátrico con litio.

Pero si hemos dicho que el litio es tóxico, deberíamos pensar en las poblaciones de campesinos que rodean el salar de Uyuni. Viven de la extracción de sal y del turismo. Así que realmente no solo viven del Salar, sino también en el Salar. Karin Broberg una investigadora de la Universidad de Lund ha estudiado cuatro poblaciones de los Andes encontrando que las mujeres que toman agua de pozos de esa zona, con un contenido alto en litio, tiene síntomas físicos y psíquicos: aumento de peso, fatiga, depresión y pérdida de memoria. Por tanto, el litio tiene, como tantos otros elementos y moléculas, una doble cara. Puede ser enormemente beneficioso para algunas personas y peligroso y tóxico para otras.

Muchos pueblos andinos consideran a las montañas (apu) como seres divinos.  Tras la llegada de los españoles, los viejos cultos fueron prohibidos pero en un ejemplo de sincretismo religioso y de enmascaramiento de las propias creencias,  muchas vírgenes de las inglesias y monasterios andinos son pintadas con forma de montaña. El salar está a 3.656 metros de altitud pero está rodeado por tres grandes picos: Tunupa, Kusku y Kusina. Tunupa se casó con Kusku, pero Kusku se escapó con Kusina. De rabia o de pena, Tunupa empezó a llorar mientras daba de mamar a su hijo. Sus lágrimas, agua y sal, se mezclaron con la leche y formaron el Salar de Uyuni. No se lo pierda, al menos una vez.

Para leer más:

  • Broberg K, Concha G, Engström K, Lindvall M, Grandér M, Vahter M. (2011) Lithium in drinking water and thyroid function. Environ Health Perspect. 119(6):827-830.
  • Emsley, J. (2001) Nature’s building blocks. An A-Z guide to the elements. Oxford University Press, Oxford.

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

2 comentarios en “Volviendo a Uyuni”

  1. Además de lo interesante que resulta saber de la utilidad del litio en la medicina, seguro que este post va a llevar a muchos al Salar de Uyuni… a mi por segunda vez! Gracias por ayudar a crecer el turismo hacia Bolivia.
    Un abrazo

    Me gusta

  2. El Salar de Uyuni es un desierto de sal espectacular, parece como un enorme espejo donde la persona queda salada, por lo tanto debe protegerse la vista con lentes bien oscuro, además el reflejo con el sol no permite mirar normalmente. Lo que no sabia es que contiene un elemento llamado LITIO que es muy peligroso y a la vez es beneficioso para ciertas enfermedades, pero se debe tener mucho cuidado. Si van a viajar para esta zona protejanse bien y pidan información al guia, el les dar´todas las recomendaciones.Buena suerte, nos vemos por allá.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s