La higuera

Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises
yo le tengo piedad a la higuera.

En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.

En las primaveras
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos, que nunca
de apretados capullos se viste…

Por eso,
cada vez que yo paso a su lado
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
“Es la higuera el mas bello
de los árboles todos del huerto”.

Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡Que dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!

Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
“Hoy a mí me dijeron hermosa”.

Juana de Ibarbourou

Autor: José R. Alonso

Neurobiólogo. Catedrático de la Universidad de Salamanca. Escritor.

Un comentario en “La higuera”

  1. Con pico y pala se defiende la chumbera, apartando con dolor agudo el tremendo de no ser querida.
    Porque supo de una higuera indefensa que negó su fruto a Dios y murió de maldición seca, fuera de temporada, incomprendida y olvidada.
    A tal punto que en según cuáles evangelios reproducen, decoran u ocultan lo sucedido con la pobre higuera.
    Aprovecho para recordar al público parte de un poema de T.S. Eliot

    “Aquí damos vueltas a la chumbera,
    A la chumbera, a la chumbera.
    Aquí damos vueltas a la chumbera
    A las cinco en punto de la mañana.

    Entre la idea
    Y la realidad,
    Entre el movimiento
    Y el acto
    Cae la Sombra

    Porque tuyo es el Reino

    Entre la concepción
    Y la creación
    Entre la emoción
    Y la respuesta
    Cae la Sombra

    La vida es muy larga

    Entre el deseo
    Y el espasmo
    Entre la potencia
    Y la existencia
    Entre la esencia
    Y el descenso
    Cae la sombra

    Porque tuyo es el Reino

    Porque tuyo es
    La vida es
    Porque tuyo es el

    Así es como el mundo acaba
    Así es como el mundo acaba
    Así es como el mundo acaba

    No con una explosión sino con un gemido.”

    T.S. Eliot

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