chinitas2Los insectos son el grupo de animales más exitoso de la Tierra. Hay entre 6 y 30 millones de especies, siendo la clase más diversa, con más del 90% de las formas animales del planeta. Se cuenta que el obispo de Canterbury preguntó al biólogo J.B.S. Haldane qué le habían enseñado sus estudios de zoología acerca de Dios, a lo que él, con retranca, contestó: «Que le encantan los escarabajos».

Haldane contó a menudo esta historia y llegó a decir que «teniendo en cuenta que Dios —si existe— se ha tomado el trabajo de diseñar millones de estrellas, más de 400.000 especies vivientes de escarabajos y solo un humano, si algún día comparecemos ante Él hay más posibilidades de que se parezca a una estrella o un escarabajo que al Dr. Carey», el nombre del arzobispo de Canterbury.Haldane

Los escarabajos son el orden de animales más numeroso, con más de 375.000 especies -eso es, 66 veces más que especies de mamíferos- y ocupan prácticamente cualquier ambiente salvo el marino. Se denominan coleópteros (del griego κολεός koleos: “caja o estuche”, πτερον pteron: “ala”) porque el par anterior de alas, los élitros, están endurecidos y forman una especie de coraza sobre el segundo par de alas y gran parte del cuerpo. En algunas especies de coleópteros los élitros se pueden separar y el escarabajo es capaz de desplegar las alas y alejarse -aunque nunca son acróbatas del aire como las moscas- mientras que en otras, ambos élitros están soldados y el insecto ha perdido la capacidad de volar. Coleoptera_designLos élitros son una auténtica armadura que, como la de los caballeros medievales, no solo cumple una función defensiva sino que es también un cartel anunciador, un lugar donde mostrar colores, poderes y señas de identidad. Uno de los coleópteros más conocidos y apreciados es la mariquita (Coccinellidae), también llamada popularmente chinita, vaquita de San Antonio, sanantonito o catarina.

Hay más de 5.000 especies de mariquitas, tienen un tamaño entre 0,8 y 18 mm, las cabezas, patas y antenas negras y los élitros amarillos, naranjas o rojos, habitualmente con puntos negros. A pesar de ese dulce aspecto que les ha hecho protagonistas de cuentos, películas y canciones infantiles, la mariquita es un predador implacable. Se calcula que a lo largo de su vida puede devorar varios miles de áfidos, esos pulgones que proliferan en las partes más tiernas de los rosales, los frutales y muchas otras plantas. No es extraño, por tanto, que lo consideremos un insecto beneficioso.Varianten

La comunicación y la información son partes fundamentales de la Biología. El vistoso color rojo con puntos negros de los élitros de la mariquita funciona como una señal de advertencia para aquellos pájaros y otros animales que puedan estar pensando en devorarla. Si intentan engullirlo, el simpático coleóptero libera por las articulaciones de las patas una linfa venenosa y amarga. El animal que se le haya metido en la boca lo escupirá inmediatamente y el llamativo color será un recordatorio de que la próxima vez es mejor buscar otra presa.

Por otra parte, si una planta es atacada por un herbívoro, libera al aire unas moléculas que alertan a las plantas cercanas de que existe un peligro, lo que permite que estas pongan en marcha mecanismos de defensa. La mariquita olfatea esas moléculas y de inmediato se dirige a la zona de la que proceden, pues sus presas son a menudo el elemento desencadenante. A continuación rastrea el olor específico de los pulgones y va a por ellos troceándolos vivos con sus poderosas mandíbulas. Adhidina

Leyendo esto, nos parecería que las mariquitas tienen una vida fácil, comiendo áfidos, reproduciéndose y sin ser devoradas. Pero nunca es así en la naturaleza.

Un enemigo importante de las mariquitas son las avispas parasitarias, las Dinocampus coccinellae, que ponen sus huevos en este bonito escarabajo. La avispa de ojos verdes busca una mariquita y, a través de una especie de aguijón llamado ovopositor, le inyecta un huevo. Cuando el huevo eclosiona, la larva que surge se alimenta de los fluidos corporales de la mariquita. Es decir, la va devorando desde dentro mientras, aparentemente, el escarabajo continúa con su vida y sigue comiendo pulgones que, en realidad, están alimentando principalmente a la larva de la avispa.

Cuando ya está crecida y preparada para avanzar en su metamorfosis, la pequeña larva sale fuera del exoesqueleto del escarabajo a través de alguna sutura entre las placas. Y aquí empiezan las cosas a volverse verdaderamente asombrosas: cuando la larva sale, la mariquita sigue viva pero su comportamiento cambia. sn-parasitesH (1)_0La larva empieza a hacer un capullo de seda entre las patas de coleóptero y éste se queda inmóvil, protegiendo con su cuerpo y sus patas el capullo. Mientras está haciendo la metamorfosis la larva es enormemente vulnerable y muchos insectos se acercarían felices a comérsela, pero gracias a este sistema tiene a la mariquita como guardaespaldas. Además de su tamaño, muy superior al de la larva, de sus colores amedrentadores -la llamada coloración aposemática-, y de su fama voraz, la mariquita sufre pequeñas convulsiones que asustan y alejan a los insectos curiosos. Hará este papel durante una semana, sin comer, sin moverse, defendiendo al insecto que le ha devorado por dentro hasta que, finalmente, la avispa madura corta un agujero en el capullo con sus mandíbulas, sale fuera y se aleja volando. Es entonces, y solo entonces, cuando la mariquita muere, habiendo terminado de servir a su amo y verdugo.

No es el único caso. En la naturaleza tenemos multitud de ejemplos de parásitos que consiguen que sus víctimas no se defiendan ni se venguen de sus asesinos, sino que dediquen hasta su último aliento a prestarles sus servicios. ¿Y por qué? Parece evidente que el parásito de turno consigue hacerse con el control del sistema nervioso del animal huésped y modificar su comportamiento para que actúe en su beneficio. En otros post anteriores he contado el caso de un hongo que logra que las hormigas infestadas suban lo más alto posible  a una planta, posibilitando así que se esparzan sus esporas, o el del toxoplasma que consigue que el ratón donde está hospedado se lance al encuentro de un gato y sea devorado, permitiendo así que su parásito puede terminar su ciclo biológico y reproducirse en el sistema digestivo del felino.

No debemos nunca adscribir cualidades morales al comportamiento animal. La larva de la avispa no es malvada por devorar desde dentro al coleóptero, está siguiendo su único camino, el de la supervivencia, que tiene a la vez la ventaja y la desventaja de su especialización. Por una parte  consigue esa sofisticada simbiosis, pero a la la vez su destino queda ligado al de las mariquitas,  Dinocampus_coccinellae_9137si ellas desapareciesen esas avispas desaparecerían con ellas.

Pero sigamos indagando, porque en la amplia red de la naturaleza, ninguna especie tiene todas las cartas ganadoras. Nolwenn Dheilly, de la Universidad de Perpiñán, y su grupo de investigación han descubierto que la avispa que parasita y controla a la mariquita está a su vez sirviendo a otro amo. Este grupo de biólogos buscaba en los ganglios cerebrales de la mariquita alguna actividad génica que se hubiera puesto en marcha a raíz del cóctel químico inyectado por la avispa junto con el huevo. Pero cuando empezaron a secuenciar el ARN encontraron ARN viral. La investigadora cuenta haber gritado: «¡Hay virus! ¡Hay virus en la cabeza de la mariquita!» El virus, desconocido hasta el momento, fue clasificado como un iflavirus, un tipo de virus de ARN, y denominado con el poco imaginativo nombre de “virus de la parálisis de la Dinocampus coccinellae o DcPV”.

Lo más curioso es que la replicación de este virus es distinta en un insecto y en el otro. En la avispa se reproduce en el oviducto, con lo que consigue trasladarse a la mariquita cada vez que el himenóptero pone un huevo. En el coleóptero, en cambio, se replica en el sistema nervioso. El sistema es aún más alucinante: en realidad los virus no infectan los ganglios cerebrales  del escarabajo hasta que la larva se prepara para salir de su abdomen. Entre tanto, el virus parece estar sumando fuerzas tranquilamente en las neuronas y, solo cuando la larva sale fuera, se desata el Armagedón, las neuronas estallan y los virus desatan el caos a su alrededor generando la parálisis de la mariquita y protegiendo así  el capullo donde también están sus descendientes.

Por lo tanto, el cambio en el comportamiento de la mariquita no es debido, como se creía, al cóctel químico que acompaña al huevo sino a un segundo mecanismo de manipulación parasítico: un virus simbionte que, al convertir a la mariquita en un esclavo zombi, hace que las posibilidades de sobrevivir de la avispa sean mayores, lo que a su vez hace que las posibilidades de sobrevivir de los virus sean también mayores.

Hay una historia acerca de las mariquitas o chinitas en la que confluyen un ámbito del conocimiento y un espacio geográfico que me gustan mucho. El primero hacer referencia a la exploración espacial, una epopeya que he vivido maravillado desde que vi en la tele al hombre pisando la Luna hasta las últimas sondas camino de Plutón. El espacio geográfico es Chile, un país cuyas bellezas naturales solo son superadas por la calidad de sus gentes. Pues bien, en el año 1999, la profesora Ivonne Martínez y un grupo de alumnas del Liceo nº 1 Javiera Carrera de Santiago de Chile, un centro de enseñanza secundaria femenino, liceo1desarrollaron un proyecto de investigación titulado «Metodología para el Estudio del Comportamiento de Coccinellidae en un Ambiente de Ingravidez», aunque la prensa chilena, con ese gusto de los periodistas por los titulares cortos, lo tituló: «Chinitas al espacio». Tal y como imaginarán, su intención era estudiar los efectos de la ingravidez en las mariquitas, tal y como se estaba estudiando en otros muchos tipos de seres.

El grupo educativo fue a Cabo Kennedy con sus insectos chilenos, pero las leyes estadounidenses, siempre duras con la inmigración, no dejaron pasar a aquellos bichos sudamericanos. Tuvieron más suerte la maestra y dos alumnas que la acompañaron, Maritza Hernández y Carolina Soto, aunque en este caso las dificultades a las que se enfrentaron fueron económicas y la asociación de madres y padres tuvo que pedir un préstamo para pagar los viajes a Florida.

No fueron las únicas en tener dificultades financieras. El propio proyecto de la NASA en el que iban a participar pidió a Chile, según cuenta el portal Astronáutica Chile, una cofinanciación de 110.000 dólares de la que, al parecer, queda todavía parte por pagar. columbia

Esta misión espacial, que puso en órbita el observatorio de rayos X Chandra, el mejor detector de rayos X construido hasta el momento, tuvo bastantes peculiaridades: fue la primera comandada por una mujer, Eileen Collins, el primer despegue previsto se abortó siete segundos antes del lanzamiento – ­lo que complicó las cosas a la maestra y las alumnas chilenas que tuvieron que prolongar su estancia en Estados Unidos-, llevaron doce monedas de oro -al parecer un truco de la Ceca para venderlas posteriormente a precios altísimos como una edición limitada para coleccionistas-,  y llevaron una serie de experimentos entre los que estaba el BRIC.

El programa Biological Research in Canistersste (Investigación Biológica en Botes) se ha desarrollado en diferentes misiones con el objetivo de estudiar los efectos de la microgravedad y el vuelo espacial sobre pequeños animales y plantas. En aquella ocasión, en alguno de sus cilindros de acero inodizado viajaban un grupo de Coccinellidae conseguidas al ese lado de la frontera. Así que el grupo de mariquitas que formó parte de la misión STS-93 del trasbordador Columbia era estadounidense, pero la idea, que es lo importante, era chilena.

 

 

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