K2EoeX.TJTGuXHgfk2M6bg_mLa época de transición entre los siglos XVIII y XIX vio como los principales estudiosos del cuerpo humano: anatomistas, fisiólogos, químicos, médicos clínicos, coincidían en primar al sistema nervioso por encima de cualquier otra región del cuerpo. El maestro de la anatomía comparada, Georges Cuvier (1769-1832) influyó mucho al insistir en la importancia funcional del sistema nervioso dentro de los seres vivos y su máximo desarrollo en los humanos. Por su parte, otros decían que el sistema nervioso era «el más noble» o en palabras de Gottfried Reinhold Treviranus (1776-1837) «el primero» de los sistemas orgánicos, razón por la cual requería una atención especial. No está claro qué quería decir aquello de que era el primero, pero se supone que sería una idea jerárquica, influida por la Naturphilosophie, donde los sistemas naturales avanzaban a través de estadios cada vez más elaborados y elevados siguiendo un camino preconcebido. primatesDe hecho, al grupo del hombre, los simios y los monos Linneo los llamó los «primates», otra forma de decir los «primeros». La cumbre de la perfección de la naturaleza —según estas teorías— era el cuerpo humano, pero dentro de él había también una jerarquía donde el sistema nervioso era la cúspide de esa evolución orgánica.

Dentro de ese interés por el sistema nervioso dentro del cuerpo había un tema fundamental por dilucidar y era cómo se producía la comunicación entre las partes centrales y el resto del organismo. Estaba claro que el sistema nervioso central, formado por el encéfalo y la médula espinal, daba órdenes a todos los músculos y recogía información del exterior a través de los sentidos. También estaba claro que las rutas debían ser los nervios pues se veía su salida a distintos niveles del encéfalo —nervios craneales— y de la columna vertebral —nervios espinales— y también se podía ver cómo se ramificaban y extendían por cada músculo o en la piel pero no se conocía cómo se organizaba ese flujo de información. Dos investigadores, uno escocés, Charles Bell (1774-1842), y un francés, peripheral-nerve-surgeryFrançois Magendie (1783-1855), consiguieron desentrañar ese enigma al hacer un descubrimiento fundamental para entender el funcionamiento del ser humano, las vías motoras —las que daban órdenes a los músculos— y las sensitivas —las que llevaban la información sensorial de la piel al sistema nervioso— discurrían por los mismos nervios espinales pero al llegar a la médula espinal, un grupo entraba en la zona dorsal o posterior —raíz dorsal— y otro grupo salía por la región ventral o anterior de la médula —raíz ventral. Este descubrimiento se considera la primera piedra en la construcción de la Neurología.

François Magendie vivió en plena la Revolución Francesa. Su padre, el cirujano Antoine Magendie, apoyaba a los revolucionarios e instruyó a su hijo con las teorías filosóficas de Jean Jacques Rousseau (1712-1778); de hecho, puso de nombre a su otro hijo Jean Jacques, lo que no parece casualidad. Cuando el padre fue nombrado para un puesto de la administración republicana, la familia se trasladó a París pero el mismo gobierno revolucionario decidió disolver las facultades de Medicina pues las consideraba bastiones de los monárquicos. Magendie hijo, que quería seguir estos estudios, tuvo que conseguir una  formación irregular en collèges de la periferia y apuntarse como aprendiz con médicos ya establecidos. De ahí le quedaría una profunda preocupación por la formación de los futuros médicos.

A pesar de esas dificultades para conseguir su educación, CHT235332Magendie fue uno de los mejores fisiólogos de su época —fundó el primer Laboratorio de Fisiología de Francia y fue el maestro de Claude Bernard— y planteó que había que considerar los fenómenos del intelecto humano como «resultado de la acción cerebral y que en nada se distinguían de otros fenómenos que dependían de las acciones orgánicas». Para Magendie, el ser vivo, el sistema nervioso y los fenómenos que le caracterizan no constituyen un reducto aparte sino que forman un todo integral junto a los fenómenos de la naturaleza que estudian otras disciplinas, como la física y la química. Decía así:

La Fisiología experimental comenzó con el descubrimiento de la circulación de la sangre en el siglo XVII pero no ha progresado con la misma rapidez que la Astronomía, la Física o la Química; quizá haya sido porque en este campo no ha habido genios como Galileo o Newton, quizá porque los prejuicios populares han sido más fuertes aquí que en las ciencias físicas.

Como hemos mencionado, a Magendie le preocupaba la formación de los médicos y se preocupó de llamar la atención de los estudiantes de medicina hacia el experimento como nueva forma de conocimiento. Sus conferencias en el Collège de France, donde realizaba disecciones y demostraciones delante de los alumnos llevaban el provocador título de Lecciones sobre los fenómenos físicos de la vida. Estas experiencias docentes fueron parte de los conflictos que Magendie tuvo con los ingleses. Magendie hacía experimentación con animales de una manera sistemática mientras que los ingleses —con una preocupación mucho mayor por el bienestar animal— le consideraban poco menos que un torturador. Richard Martin, que introdujo una ley en el Reino Unido prohibiendo la crueldad con animales, puso a Magendie como ejemplo de lo que quería evitar, describió la disección por Magendie de un galgo al que clavó por una oreja y una pata en la mesa de disección —no había anestesias disponibles y los animales estaban conscientes, al igual que los pacientes de los cirujanos—, expuso con el bisturí la mitad de los nervios de la cara del pobre perro y luego le dejó durante la noche allí clavado para continuar al día siguiente.

Magendie aborrecía las especulaciones teóricas y solo creía en el trabajo de laboratorio. Decía que su trabajo era como el de un trapero y lo describía así: «Con un palo con un pincho en mi mano y una cesta en la espalda atravieso el campo de la ciencia y recojo lo que encuentro».

Su discípulo, Claude Bernard dijo años después que «cuando llegaba la hora de la experimentación, Magendie tenía solo ojos y oídos pero no cerebro». Magendie se juntó con varios cirujanos y aprendió técnicas básicas como las ablaciones, las extirpaciones y las ligaduras de estructuras, siendo también un pionero en este ámbito pues la mayoría de los médicos despreciaban a los cirujanos como un gremio inferior. Aunque trabajo en numerosos campos, Magendie tuvo una fascinación toda su vida con el estudio del sistema nervioso. En sus Leçons, escribía lo siguiente

No queda mucho por hacer en relación con la topografía del sistema nervioso. Pero, por el contrario, todo queda por explorar con respecto a la fisiología de este sistema. El hecho es que la mano (del experimentador) que sigue pacientemente un pequeño fascículo nervioso es mucho menos probable que se pierda que la imaginación, que busca desentrañar sus misteriosas funciones.

CharlesBell001Contemporáneo de Magendie era Charles Bell. Bell era, además de escocés, anatomista, cirujano, fisiólogo y teólogo. De hecho, cuando el reverendo Francis Herry, conde de Bridgewater dejó en su testamento ocho mil libras esterlinas a disposición de la Royal Society para que encargara y pagara la escritura de una serie de libros «sobre el poder, la sabiduría y la bondad de Dios, tal como se manifiestan en la Creación» —los llamados tratados Bridgewater— Bell fue encargado de escribir uno de ellos, el dedicado a la mano: The hand, its Mechanism and Vital Endowments as evincing Design.

Además, Bell y uno de sus hermanos tenían buenas dotes artísticas y quiso hacerse con la Cátedra de Anatomía de la Royal Academy, el principal centro de formación y promoción de las artes en Inglaterra. Con ese objetivo, Bell publicó sus Essays on The Anatomy of Expression in Painting (1806) (Ensayos sobre la anatomía de la expresión en la pintura) una obra que partía de los conocimientos médicos sobre los músculos de la cara para buscar la máxima calidad en la representación de las emociones en un cuadro. Bell estaba muy marcado por sus ideas de teología natural y creía en la presencia de un sistema de músculos faciales exclusivo de los seres humanos cuya función sería mantener una relación especial con el Creador. Su solicitud para la cátedra fue rechazada y Bell fue calificado por el presidente de la Academia como «carente de temperamento, de modestia y de juicio». Entonces decidió dedicar todo su esfuerzo al estudio del sistema nervioso.

Magendie y Bell se enfrentaron al mismo problema, utilizaron el mismo método experimental (lesiones y estimulación de las raíces espinales), usaron el mismo animal (perros) y realizaron prácticamente el mismo descubrimiento: los nervios espinales salían de la médula espinal y eran tanto motores, llevaban información a los músculos, como sensoriales, recibían información de sensorial de la superficie corporal pero las fibras que formaban el nervio —los axones de las neuronas— no eran estructuras mixtas donde la información podía viajar en ambos sentidos sino que una parte del nervio, la que entraba por la raíz dorsal o posterior de la médula espinal llevaba la información sensorial mientras que la que salía por la región ventral o anterior llevaba la información motora.551053_10151433725033773_1166399355_n

Bell escribió así cómo llegó a su descubrimiento:

Considerando a continuación que los nervios espinales tienen una raíz doble y siendo de la opinión de que las propiedades de los nervios derivan de sus conexiones con las partes del cerebro, pensé que tenía la oportunidad de poner mi opinión al examen del experimento y de probar al mismo tiempo que los nervios de diferentes naturalezas estaban en el mismo fascículo y se mantenían juntos por la misma vaina. Tras desnudar las raíces de los nervios espinales, encontré que podía cortar el fascículo posterior de nervios que tenían su origen en la porción posterior de la médula espinar sin convulsionar los músculos del lomo, pero que al tocar el fascículo anterior con la punta del cuchillo, los músculos del lomo se convulsionaban inmediatamente.

Magendie realizó un grupo final de experimentos en una camada de ocho cachorros en 1821. Los perritos tenían seis semanas de edad y se los habían dado como regalo pero eso no fue obstáculo para que Magendie fuera abriendo los pobres bichos hasta llegar a la proximidad de la columna vertebral. Magendie lo describe así:

Tuve entonces delante de mis ojos las raíces de los pares lumbares y sacros y levantándoles con la cuchilla de unas pequeñas tijeras, los corté en uno de los lados… Volví a unir la herida por medio de una sutura a través de la piel y observé al animal. Pensé al principio que el nervio correspondiente a los nervios cortados estaba totalmente paralizado. Era insensible a pellizcos y a la compresión más fuerte, también me parecía que estaba inmovilizado, pero pronto, para mi sorpresa, vi que se movía perceptiblemente, aunque la sensibilidad estaba siempre ausente. Un segundo y un tercer experimento me dieron exactamente el mismo resultado. Empecé a pensar que era posible que las raíces posteriores pudieran tener diferentes funciones que las anteriores y que estaban especialmente designadas para la sensibilidad.

Entonces, tras muchas dificultades, Magendie consiguió cortar las raíces anteriores:

Como en los experimentos precedentes, hice la sección solamente en un lado… Uno puede imaginar con qué curiosidad seguí los efectos de esta sección. Los resultados no admitían dudas: el miembro está completamente inmóvil y flácido, aunque mantenía una clara sensibilidad. Finalmente, porque nada debe ser descuidado, corté al mismo tiempo las raíces anteriores y posteriores, hubo una pérdida total de sensación y de movimiento…

Bell1Con respecto a la primacía científica parece que fue Bell quien primero afirmó la diferencia entre las raíces espinales, demostrando que las raíces ventrales llevaban información motora en 1811. Pero no fue capaz de dejar claro que las dorsales llevaban la información sensorial —probablemente porque se negaba a realizar experimentos dolorosos en animales conscientes— y además su descubrimiento lo contó en una serie de cartas a su hermano y en un panfleto titulado Idea of a New Anatomy of the Brain; Submitted for the Observations of His Friends, un cuadernillo del que encargó tan solo cien copias para distribuirlas a sus amigos y del que solo se conoce una respuesta. Por ello, cuando diez años más tarde Magendie realizó el estudio completo y publicó los resultados siguiendo los canales establecidos para la difusión de la ciencia, sin conocer los trabajos de Bell se atribuyó el mérito del descubrimiento.

Bell, era un veterano de Waterloo donde había actuado como cirujano de guerra por lo que su simpatía por los franceses no debía ser muy alta. Parece que no contribuyó mucho a la victoria de Lord Wellington pues debía ser tal desastre como cirujano que el índice de mortandad de los heridos a los que tuvo que realizar alguna amputación era del 90%. Ello no obstante, cuando Bell se enteró de la publicación de Magendie, montó en cólera y reclamó para él —¡un veterano contra los súbditos de Napoleón!— la primacía científica del descubrimiento. Magendie y los franceses, a su vez, señalaron los datos que faltaban en los estudios de Bell. quien a su vez, reimprimió su artículo, aprovechando para retocarlo y reforzar que él había sido el primero. Cuando Magendie pudo leer el panfleto original de Bell declaró

El sr. Bell estuvo muy cerca de descubrir las funciones de las raíces espinales.

Tras la agria disputa entre las comunidades científicas de ambos países, se llegó a un acuerdo con la aceptación del nombre de ley de Bell-Magendie para el hecho descubierto: que los nervios incluían fascículos motores y sensitivos y que ambos grupos salían separados de la médula espinal y se juntaban en un único nervio. La ley de Bell-Magendie ahondaba en la afirmación de Willis, dos siglos antes, acerca de la diferente función de distintas partes del sistema nervioso y abría la puerta al estudio de diferente funciones en diferentes centros cerebrales.

Magendie, además de sus estudios sobre los nervios, realizó muchas otras contribuciones más al conocimiento científico. Por un lado fue uno de los fundadores de la moderna farmacología al entender que muchos remedios naturales contenían una sustancia que era la verdaderamente activa. Estudió el aislamiento, preparación y acción de un número importante de fármacos entre los que se pueden citar la emetina, la morfina, la narcotina, la narceína, la quinina, la cinconina o la codeína así como el efecto de venenos como la estricnina y el cianuro potásico. La solución de Magendie, por poner un ejemplo era un preparado de sulfato de morfina en agua que se administraba por vía hipodérmica. Screen-Shot-2014-09-06-at-7.43.12-AMPor otro lado, la calidad y seriedad de Magendie hizo que se echara mano de él para distintos temas. En 1815, la Francia postrevolucionaria se encontró con una enorme carestía de alimentos. Las autoridades le nombraron jefe de una comisión que se encargaría de explorar los valores nutritivos de distintos grupos de alimentos. Magendie demostró la necesidad de ingerir cantidades adecuadas de proteínas estableciendo las primeras bases para nuestros conocimientos sobre la nutrición. Este grupo de expertos se llamó la «comisión de la gelatina» porque determinó, en contra de lo que defendía Jean d’Arcet que decía que con la gelatina extraída de los huesos se podía alimentar durante mucho tiempo a una persona, que no era cierto y la gelatina no podía sustituir a la carne en la alimentación. La gelatina «sabía peor, se pudría con facilidad, se digería peor y era menos nutritiva». También formó parte de la llamada «comisión hipiátrica» que estudió una enfermedad llamada el muermo de los caballos y que aprovechó para hacer numerosos experimentos.

Charles Darwin se interesó por la obra de Bell aunque tuvo una imagen pobre sobre ella considerando que mostraba más la ambición de su autor que la calidad de su trabajo científico. Ello no obstante, sus estudios sobre la expresión de las emociones, que él había planteado  como herramienta para conseguir una mejor obra artística fueron de gran interés para Darwin que pensaba que el estudio de las emociones podía servir para comprender mejor las relaciones entre la especie humana y otras especies cercanas. Bell fue también uno de los primeros médicos que buscaron combinar el estudio de la anatomía del sistema nervioso con los problemas clínicos. 121111Bells_22Así, en 1821 describió la trayectoria del nervio facial, curiosamente lo mismo que estudiaba Magendie en aquel pobre galgo, y una enfermedad —ahora conocida como parálisis de Bell o parálisis facial periférica— cuya causa no se conoce (se piensa en alguna infección viral latente que es reactivada súbitamente) y que lleva a una parálisis unilateral de los músculos faciales. Parece que casi mil años antes que Bell, el médico persa Rhazes (865-925) ya describió en detalle esta parálisis facial, así como autores posteriores como Cornelis Stalpart van der Wiel (1620-1702), James Douglas (1675-1742) o Nicolaus Anton Friedreich (1761-1836). Por ello, Bell no parece el más indicado para ponerse a pleitear por la primacía de los descubrimientos.

Para leer más:

  • Clarke E, Jacyna LS (1987) Nineteenth-century origins of neuroscientific concepts. University of California Press, Berkeley.
  • Dawson PM A biography of François Magendie http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1692468/pdf/medlibhistj00006-0055.pdf
  • Finger S (1994) Origins of Neuroscience. A history of explorations into brain function. Oxford University Press, Oxford.
  • Stahnisch FW (2009) François Magendie (1783-1855). J Neurol 256(11): 1950-1952.
  • van de Graaf RC, Nicolai JP (2005) Bell’s palsy before Bell: Cornelis Stalpart van der Wiel’s observation of Bell’s palsy in 1683. Otol Neurotol 26(6): 1235-1238.