Vladimir Vladimirovich Nabokov fue un personaje excepcional. Como escritor fue capaz de conseguir escribir obras maestras en varias lenguas. Dos de sus obras, “Lolita” y “Fuego pálido”, aparecen en muchos listados entre las 100 mejores novelas del siglo XX. Además, diseñaba problemas de ajedrez a un nivel profesional y era también un entomólogo prestigioso, un estudioso de las mariposas entre los mejores del mundo. De hecho, recibió el encargo de encargarse de la colección de mariposas del Museo de Historia Natural de la Universidad de Harvard, varios géneros fueron nombrados en su honor y fue un experto en su taxonomía mediante la complicada forma de sus genitales. Pero por encima de todo, Nabokov era un sinesteta. Él describía así su condición: “Tengo este don bastante friki de ver las letras en color. Lo llaman oír en colores. Quizá lo tiene una de cada mil personas”. Según comenta el neurocientífico V.S. Ramachandran en su libro “The Tell-Tale Brain” los sinestetas habitan una tierra extraña entre la realidad y la fantasía, en un mundo donde los sentidos se mezclan produciendo sensaciones únicas. Pueden saborear colores, ver sonidos, oír formas, palpar emociones… Son por tanto personas donde los sentidos, tal como los conocemos las personas “normales” se mezclan entre sí. En términos más exactos, la sinestesia es una condición médica en la cual la estimulación de un sentido resulta en la percepción adicional de otra información sensorial, por ejemplo, sintiendo la presencia de un olor cada vez que se ve un color determinado. El número de personas afectadas no está  bien determinado y hay estimaciones que van de 1 de cada 200 personas a 1 de cada 100.000. Estas enormes diferencias se deben a que es muy difícil realizar pruebas para comprobar la sinestesia y parece que existen grados y condiciones afines que según un criterio u otro, entrarían o no en la definición de sinestesia. Clínicamente, se exigen cinco condiciones para hacer un diagnóstico de este trastorno:

  1. Debe ser involuntario y automático. Es decir, la percepción de la sensación sensorial externa debe ser instantánea con la presencia del estímulo inicial y la persona afectada no puede impedir la mezcla de ambos sentidos.
  2. La percepción debe extenderse espacialmente. Es un poco más difícil de explicar, más subjetivo, pero el sinesteta debe tener la sensación de “salir de uno mismo” para percibir el estímulo sensorial adicional, al contrario de sentidos automáticos como el olor o la vista, donde la información y la percepción son prácticamente simultáneas.
  3. Debe ser duradera y genérica. Duradera quiere decir la presencia de la sinestesia durante toda la vida de la persona que la experimenta, algo que no desaparece con la edad. Genérico hace referencia a que las sensaciones no son detalladas o de gran especificidad sino que en general se refiere a términos muy generales como manchas o bultos de color o el sentimiento de algo ácido.
  4. Debe ser memorable. Las personas afectadas de sinestesia deben tener memorias intensas y mensurables. Parece que existe una conexión entre la memoria y los sistemas sensoriales en la mezcla de los sentidos y el punto de contacto puede estar en el sistema límbico, donde existen tanto estructuras responsables del desarrollo de memorias como estructurales que integran información sensorial y la reenvían a otras zonas cerebrales.
  5. Debe tener una fuerte carga emocional. Algunas tareas que son triviales para las personas normales, afectan a los sinestetas de una manera llamativa. Recordar un número de teléfono, por ejemplo, puede ser algo muy grato para alguien con sinestesia debido a las sensaciones de colores asociadas a recuperar ese número de teléfono. Por el contrario, una sensación discordante como un número fuera de lugar, un número equivocado puede inducir una emoción desagradable, en algunos casos tan fuerte como una náusea intensa.

La sinestesia no causa problemas a las personas que la presentan y de hecho, muchos de ellos despuntan en sus ámbitos específicos. De hecho, la mayoría de los sinestetas lo ven como una ventaja. La sinestesia ayudaría a memorizar al reforzar la impresión sensorial. Palabras que suenan igual como “tubo” y “tuvo” evocan diferente sensación de color en su mente, haciendo más simple para ellos la diferenciación entre estos dos homónimos que lo que hace una persona que solo tiene como elemento diferenciador la grafía. También distinguen con mayor facilidad erratas o discordancias en un texto. Curiosamente, la sinestesia es más frecuente, siete veces más, en los artistas que en la población normal. Entre sinestetas conocidos hay poetas como Charles Baudelaire y Arthur Rimbaud, pintores como Kandinsky o Man Ray o músicos como Franz Liszt, Rimsky-Korsakov, Duke Ellington o Itzhak Perlman. Perlman decía que cuando tocaba su Stradivarius veía la nota SI de color verde y la nota LA de color rojo. Para él, el aire se llenaba de colores cuando interpretaba una obra. Parece que muchas personas con sinestesia usan sus experiencias como palanca en su proceso creativo y que personas que no tienen sinestesia pero la conocen por personas cercanas intentan crear mediante el trabajo artístico, obras que capturen esa sensación. Es normal que los escritores sinestetas lo usen en sus obras: Arthur Rimbaud decía que el poeta debía de hacerse vidente por medio de un “largo, inmenso y racional desarreglo de todos los sentidos” mientras que en su soneto “Vocales” da un color a cada una de ellas, siendo: A negra, E blanca, I roja, U verde y O azul, en ese orden. En la novela “The Gift”, Nabokov cuenta que Fyodor, el protagonista, es un joven poeta con talento que percibe una belleza especial en las letras y los sonidos, que comparte con otros a través de una descripción poética “Si yo tuviera algunas pinturas a mano, mezclaría sienta tostada y sepia para ti, para igualar el color del sonido de una “ch” y apreciarías mis “s” radiantes si pudiera verter sobre el cuenco de tus manos alguno de esos zafiros luminosos que toqué cuando era un niño”. En la novela “Bend Sinister” Krug comenta su percepción de la palabra “lealtad” como un tenedor dorado yaciendo al sol. En “The Defense”, Nabokov menciona que el padre del protagonista, un escritor, es incapaz de terminar una novela que planeaba escribir, porque se pierde en el argumento por “empezar con colores”. Hay muchas otras referencias en su obra que hacen pensar en esa peculiaridad y, por ejemplo, muchos de sus personajes tienen un llamativo “apetito sensorial” que hace pensar en la sinestesia En relación con ese apetito sensorial, para la actriz Tilda Swinton las palabras tienen sabor y, por ejemplo, la palabra “tomate” tiene un regusto a limón, mientras que el sustantivo “mesa” le sabe dulce como un pastel. Según Seaberg las personas como Swinton son las únicas que han expresado cierta incomodidad con su condición, ya que no todas las palabras les saben bien y puede ser desagradable sentir un amargor cuando estás en una conversación normal pero en general, los sinestetas están felices de su circunstancia que consideran un don. En sus memorias, Nabokov describe sus sensaciones con algunas letras:

La “a” larga del alfabeto inglés… tiene para mí el tinte de una madera envejecida, pero la “a” francesa evoca el ébano pulido. Este grupo negro también incluye la “g” fuerte (goma vulcanizada) y la “r” (un trapo cubierto de hollín siendo rasgado). La harina de avena “n”, los espaghettis “l” y el espejo de mano con fondo de marfil “o” se encargan del blanco… Pasando al grupo de los azules, está la “x” acerada, la “z” de nube de tormenta y la “h” arándono. Ya que existe una sutil interacción entre el sonido y la forma, veo la “q” como más marrón que la “k”” mientras que la “s” no es azul claro como la “c”, sino una mezcla curiosa de azur y madreperla”.

La sinestesia es interesante porque nos puede dar pistas sobre cómo suceden los procesos cognitivos y la interpretación de la información sensorial incluyendo procesos complejos como la percepción o la consciencia. Ramachandran relaciona nuestra capacidad para crear y entender metáforas con la sinestesia. Para él, “la metáfora es nuestra habilidad para conectar ideas que aparentemente no tienen relación, al igual que la sinestesia vincula los sentidos entre sí”. Según Ramachandran, los responsables de la sinestesia son los genes de poda, los que van eliminando neuronas y conexiones en el cerebro en desarrollo. En el cerebro fetal todas las partes están interconectadas, pero según vamos madurando, las conexiones atípicas se van eliminando. Como resultado de la actividad normal o anómala de estos genes puede haber conexiones que desaparecen completamente o que persistan relacionando áreas cerebrales diferentes entre sí, lo que explicaría la sinestesia. Nabokov escribió “Lolita” al mismo tiempo que capturaba mariposas, el verdadero objetivo de los viajes por el oeste de los Estados Unidos que emprendía cada verano. Era un hombre curioso: nunca aprendió a conducir, ni a escribir a máquina, ni a plegar un paraguas ni a contestar un teléfono. Véra, su esposa, a la que había conocido en el exilio en Berlín hacía de musa, secretaria, mecanógrafa, editora, primera lectora, correctora de manuscritos y pruebas, traductora y bibliógrafa. Ella era también su agente literario, su gestor empresarial, su consejero legal, su chófer, su asistente de investigación, su guardaespaldas (en sus viajes por los bosques americanos iba armada de una escopeta por si les atacaba algún animal salvaje) y su ayudante para la docencia. Iba a todas sus clases, las daba ella si él se ponía enfermo y si algún estudiante charlaba o no prestaba atención le retaba y le amenazaba, diciéndole que si no se daba cuenta de que estaba en la presencia de un genio. Como entre los alumnos existía la fama, nunca comprobada, de que llevaba un revólver en el bolso, optaban prudentemente por no alborotar. A pesar de toda esa carga que Nabokov le echaba encima y de sus infidelidades, él decía que era la mujer con mejor humor que había conocido nunca. La Literatura también le tiene que estar agradecida: cuando Nabokov intentó varias veces quemar los borradores sin acabar de “Lolita”, fue Véra quien le detuvo, salvando así una de las novelas cumbre del siglo XX. Todas las obras de él están dedicadas a ella. En su autobiografía y libro de recuerdos titulado “Habla, Memoria”, Nabokov señala que Véra también tenía sinestesia y que al igual que él, ella asociaba colores a letras determinadas. Cuando fue creciendo, descubrieron que su único hijo Dimitri compartía este fenómeno y, curiosamente, el color que asociaba a cada letra era como si fuera una mezcla de las tonalidades de cada uno de sus progenitores. Según dijo Nabokov, en una bella metáfora de un poeta sinesteta “es como si los genes estuvieran pintando con acuarelas”.   Para leer más:

  • Lowery, G. (2006) Woman behind ‘Lolita’: Nabokov’s wife, Vèra, was muse, editor and selfless partner. Chronicle Online. Universidad de Cornell, 23 de junio. http://www.news.cornell.edu/stories/June06/Nabokov.biographer.gl.html
  • http://www.macalester.edu/psychology/whathap/UBNRP/gcsynesthesia/index.html
  • Quizás todos fuimos sinestetas. http://neofronteras.com/?p=3738