En la Exposición Universal de París, en 1937, España estaba en plena Guerra Civil. El gobierno de la República encargó a Pablo Picasso un cuadro que denunciara la guerra y atrajera la atención de los visitantes sobre la tragedia que estaba viviendo el pueblo español. Picasso pintó el “Guernica”, en memoria del bombardeo de esta villa vasca sucedido el 26 de abril de ese año en la operación “Rügen” de la Legión Cóndor.

Menos conocido es que también se encargó al escultor Alexander Calder una fuente de mercurio que se colocó frente al Guernica. En este caso, el mensaje era en contra del expolio que estaban sufriendo las minas de mercurio de Almadén por parte del bando franquista. Estas minas eran una referencia española internacional ya que se venían explotando desde época romana y producían el 60% del mercurio del mundo. Esta abundancia no se reflejaba en la vida cotidiana salvo en algunos casos excepcionales. En la España medieval y renacentista se llegaron a crear estanques de mercurio como adorno de algunos palacios. De hecho, el nombre antiguo del mercurio y del que proviene su símbolo químico (Hg), era hidrargirio o agua de plata. El reflejo del sol o la luna sobre estas superficies plateadas debía ofrecer una imagen subyugante, produciendo una honda impresión tanto en los habitantes de estas mansiones como en sus invitados. Sin embargo, no tardó en detectarse otro tipo de efecto: un aumento de problemas psiquiátricos y mareos en las personas que pasaban tiempo cerca de esas balsas. Ahora sabemos que se trataba de los síntomas neurológicos típicos de una intoxicación por mercurio.

El primer emperador chino, Qin Xi Huang, consiguió unificar todos los reinos bajo su yugo, completar grandes partes de la Gran Muralla y avanzó el país en numerosos ámbitos aunque también destacó negativamente por sus quemas de libros que nos privaron de una parte de la cultura antigua. Según la leyenda, en su tumba, rodeada por los famosos guerreros de terracota de Xi’An, existe un mapa detallado del mundo con cien ríos artificiales hechos con mercurio. De hecho, sondas empleadas por los arqueólogos en el lugar donde se supone que se encuentra la tumba principal del gigantesco complejo funerario, han encontrado niveles de mercurio cientos de veces superior a lo normal, por lo que se da cierta verosimilitud a esas historias sobre ríos artificiales del mineral líquido.

El mercurio se ha utilizado también sobre las personas. Asiáticos y egipcios usaron el mercurio en sus cosméticos,  y desde el siglo XVI se empezó a utilizar contra la sífilis. Una de las personas que tomó tratamientos basados en el mercurio fue Abraham Lincoln. Se cree que utilizaba la llamada “masa azul”, un preparado popular que se usaba para el dolor de dientes, la tuberculosis, el estreñimiento, los dolores del parto y lo parásitos. Lincoln lo tomaría como tratamiento contra la “melancolía”, lo que equivaldría probablemente a una depresión nerviosa persistente. Se piensa que la toxicidad por mercurio puede estar detrás de las caídas de ánimo, cambios de humor, irritabilidad y temblores que, según sus biógrafos, sufría Lincoln antes de acceder a la presidencia. En cambio, mostró un comportamiento mucho más estable después, cuando había dejado de usar esa fórmula magistral. También se sabe que el mercurio causa problemas en algunos sentidos como la visión y la audición, y en otras propiedades de la mente como la memoria.

El mercurio disuelve algunos metales, como el oro y la plata, y forma amalgamas. Cuando la amalgama se calienta, el mercurio se evapora y el metal precioso se deposita. Al comienzo del siglo XIX se utilizó esta técnica para cubrir con oro desde botones a partes nobles de navíos. En la catedral de san Isaac en San Petersburgo se utilizaron cien kilogramos de oro para recubrir las planchas de cobre que forman el tejado. Sesenta obreros murieron envenenados por el mercurio durante este proceso. Con los años se ha ido eliminando el mercurio de la industria del fieltro (de ahí proviene la historia del sombrerero loco que recoge Carroll en “Alicia en el País de las Maravillas”), de las vacunas infantiles (donde se usaba como conservante), de las pinturas de interior (por el riesgo de que los niños las chuparan o rasparan), en muchos de los empastes metálicos colocados por los dentistas y, sí, en las tareas de los operarios especializados en recubrir otros metales con un baño de oro.

A pesar de ese historial de eliminación del contacto con este elemento químico, en los años 1950, aparecieron numerosos casos de envenenamiento por mercurio en Minamata, Japón. Una empresa química cercana, la Chisso Corporation vertió al mar cien toneladas de compuestos de mercurio cada año, durante treinta años.Desde 1932, el metilmercurio se fue acumulando en peces, moluscos y crustáceos de la bahía. La primera señal fueron los llamados “gatos danzarines”. ¿Le suenan las “vacas locas”? Los gatos comían en los puertos y playas pescado muerto que contenía un exceso de mercurio y mostraban síntomas neurológicos tales como movimientos erráticos y convulsiones, hasta que finalmente morían. Se vieron pájaros que caían muertos según iban volando y en el fondo de la bahía las algas dejaron de crecer.

El 21 de abril de 1956, una niña de cinco años fue examinada en el hospital de la propia Chisso. Los médicos estaban sorprendidos por sus síntomas: dificultades para andar y para hablar y convulsiones. Dos días más tarde, una hermanita aún pequeña empezó a mostrar la misma patología y fue también hospitalizada. La madre de las niñas dijo que la hija de su vecina sufría síntomas similares. Una búsqueda casa a casa encontró ocho casos más y los responsables de Salud Pública informaron sobre “una epidemia de una enfermedad desconocida del sistema nervioso central”. Fue conocida como la enfermedad de Minamata.

Enfermaron más de 10.000 personas, de las que 1.784 murieron. Los síntomas no encajaban bien con lo que se conocía de los envenenamientos por mercurio, por lo que se pensó que el origen pudiera estar en otro tóxico ya que la planta vertía también cantidades importantes de plomo, manganeso, arsénico, selenio, talio y cobre. Finalmente se comprobó que el mercurio se había transformado en metilmercurio, una forma orgánica que pasa con facilidad a la cadena alimenticia distribuyéndose por todo el organismo, incluyendo el cerebro y entonces todas las piezas encajaron. Cuando en 1956 se prohibió la pesca en la zona contaminada, la enfermedad fue desapareciendo poco a poco. La cantidad de mercurio era tan alta que superaba los 2 kilos por tonelada de sedimentos de la bahía, lo que hacía rentable su minería. De hecho, Chisso creó una empresa para extraer y comercializar el mercurio que ellos mismos habían vertido al mar.

Junto a esas terribles catástrofes generadas por fuertes contaminaciones con mercurio existen también datos preocupantes sobre los efectos de su presencia en los alimentos, aunque sea en bajas concentraciones. Un estudio brasileño ha indicado que niveles de mercurio considerados hoy en día aceptables por la Organización Mundial  de la Salud pueden, sin embargo, llegar a producir disfunciones cerebrales en los adultos. El uso del mercurio para extraer oro es uno de las grandes problemas medioambientales de la minería brasileña, pero aún así la muestra utilizada en este estudio es demasiado escasa para resultar definitivo, 52 hombres y 77 mujeres que vivían en aldeas de pescadores río abajo de yacimientos auríferos.

Sí se sabe con mayor certeza que niveles bajos de mercurio son suficientes para causar un daño persistente en el sistema nervioso central de bebés y fetos. Un estudio en las islas Faroe, con un altísimo consumo de pescado, mostraba que los niños que habían estado expuestos a mercurio en su desarrollo fetal tenían problemas de memoria, atención y lenguaje cuando tenían siete años. Debido a que el mercurio se va acumulando en la parte más alta de las cadenas tróficas, es decir, en el grupo de animales que se van comiendo unos a otros, las autoridades sanitarias de distintos países han recomendado que las mujeres embarazadas o que tengan intención de estarlo, así como las que estén dando el pecho, eviten el consumo de los peces más altos en esa cadena, los grandes depredadores como el atún, el tiburón o el pez espada. Además, a pesar de los muchos efectos beneficiosos del pescado se aconseja que estos grupos de mujeres limiten también el consumo de otras especies que acumulan menos mercurio.

El primer emperador de China estaba obsesionado con la inmortalidad. Mandó emisarios por todo el mundo conocido en busca de la fuente de la eterna juventud, emisarios que eran ajusticiados al volver al no haber conseguido cumplir el encargo del emperador. Tan solo un capitán de la isla de Zhifu, Xu Fu, le aseguró que la había encontrado. Contó, sin embargo, que sus dueños exigían toda clase de riquezas, animales, arqueros, herramientas y tres mil niños y niñas, a cambio de lo que el emperador deseaba. El emperador, loco de alegría preparó una nueva flota con todo lo pedido y Xu Fu partió al mundo, pero esta expedición nunca volvió. Un estudio genético encontró en una isla japonesa una población cuyas variantes génicas se parecían mucho más a la población china que a la del resto del Japón por lo que parece que el astuto capitán comenzó una nueva vida fundando una colonia en esa isla y consiguiendo sobrevivir al propio emperador y sus ejecuciones masivas. El motivo del fallecimiento del emperador no fue un golpe de estado ni una herida en la batalla, fue que en su busca de la inmortalidad alguien le recomendó un nuevo medicamento: píldoras de mercurio. Murió a los 49 años.

Para leer más:

  • Emsley, J. (2001) Nature’s building blocks. An A-Z guide to the elements. Oxford University Press, Oxford.
  • Kelly, K. (2010) Eso no está en mi libro de ciencias. Secretos y hechos poco conocidos de las ciencias que cambiaron nuestras vidas. Almuzara, Córdoba.
  • http://www.eurekalert.org/pub_releases/2003-06/ns-esm061103.php