La paloma mensajera es una variedad de la paloma doméstica (Columba livia domestica). Esta paloma ha sido criada y cruzada durante siglos por los colombófilos, amantes de las palomas, para escoger selectivamente aquellos ejemplares que eran capaces de encontrar su camino de vuelta a casa, incluso en distancias muy largas. En competiciones de de este tipo se ha comprobado que las mensajeras son capaces de recorrer hasta 1.800 kilómetros, volando a una velocidad media en torno a los 80 kilómetros/hora. En distancias cortas, unos cien kilómetros, pueden alcanzar velocidades superiores a los 175 km/h. Como imaginará, las mejores palomas mensajeras son aquellas que consiguen volver siempre a casa. Igual que aquellos jinetes del Pony Express, cuyo lema era “el correo tiene que pasar”, las palomas son capaces de afrontar en su trayecto altas temperaturas, lluvia o tormentas intensas. Por cierto, los miembros de aquel legendario servicio de correo fueron descritos por Mark Twain como “normalmente un pedacito de hombre” ya que se les buscaba pequeños y de poco peso, buenos jinetes y, según algunas fuentes, a ser posible, huérfanos. Eso evitaba reclamaciones de la familia si morían en acto de servicio.

Evolutivamente, la paloma mensajera viene de la paloma bravía, la antecesora de todas las palomas domésticas, con las que se hibridan. Las palomas bravías anidan en paredes rocosas y buscan comida en los campos cercanos. Su sistema cerebral de orientación para el regreso probablemente evolucionó y se refinó por la necesidad de saber volver al nido llevando comida para los pichones.

Las palomas mensajeras son capaces de regresar a su palomar si se las suelta en un lugar distante y desconocido. Lo consiguen también si se las lleva a ese punto de partida anestesiadas y privadas de cualquier información sensorial sobre el recorrido seguido, es decir, sin tener información visual, magnética, olfatoria o de equilibrio de por dónde están pasando. Para asegurarse de ello se les llega a poner en cajas metálicas, con aire embotellado, en plataformas que van girando. Marcándolas con pequeños radiotransmisores o siguiéndolas en un helicóptero se ha comprobado que las palomas mensajeras siguen un recorrido bastante recto en su vuelta a casa, lo que indica que tienen algún sistema para establecer en qué dirección está su palomar. Si el reloj interno de las palomas se manipula, estableciendo un régimen de luz artificial distinto al natural del sol, se producen desvíos en su rumbo de vuelta  a casa, por lo que la posición solar parece ser un factor clave. Sin embargo, si el sol no está visible los cambios horarios no causan ningún efecto y, si se las entrena para ello, son capaces de volar y encontrar su camino de noche.

Se piensa que el sistema de vuelo de regreso de las palomas es complejo, con varios métodos superpuestos. Hay dos partes: algo parecido a un sistema de localización que marque dónde están y su destino, algo así como un vector de la dirección, y un sistema de navegación que les permita ir de un punto a otro.

El funcionamiento del sistema de localización es muy debatido. Se piensa que el pájaro compara unas determinadas características del lugar dónde se encuentra con las características almacenadas en su memoria sobre su lugar de destino. Aunque parezca sorprendente, una de las explicaciones posibles es que se trata de características olfatorias, es decir, que funcionan con un sistema de navegación olfatoria similar al que sigue un salmón en el mar para encontrar el río donde nació. Al comparar el “olor” de un punto y de otro, alejados cientos de kilómetros, conseguiría situar ambos puntos en un mapa cerebral. A favor de esta hipótesis está el hecho de que los palomos privados experimentalmente de olfato son en general incapaces de volver a casa.  En contra, el argumento de que las aves son animales microsmáticos, es decir, con sistemas olfatorios poco desarrollados.

Otra posibilidad que se baraja es que las palomas mensajeras puedan percibir las irregularidades del campo magnético de la Tierra, y que las variaciones en el ángulo de ese campo magnético les ayuden a determinar su posición. Hay algunas evidencias de reacciones químicas en los ojos sensibles a señales magnéticas; es decir, que darían distinto producto en función de la presencia o no de un campo magnético intenso, por lo que la información sensorial puede ser mixta: visual y magnética.

El sistema de navegación de estas aves es mejor entendido. Y se parece bastante al que utilizaban tradicionalmente los marinos, mucho antes del GPS. Establecen coordenadas mediante la posición del sol si está visible y, si no lo está, utilizan una brújula magnética para saber al menos en qué dirección avanzan. A diferencia de un marino en las palomas mensajeras esta brújula estaría incorporada en su organismo.

Dos investigadores del Baylor College de Medicina, en Texas, Le-Qingy David Dickman, han estudiado este sistema magnético construyendo un cuarto oscuro con un sistema de electroimanes en tres dimensiones, lo que les permite “oscurecer” el campo magnético de la Tierra y crear alrededor de la paloma uno nuevo, diseñado como ellos quieran. Registrando la actividad cerebral en las palomas al mismo tiempo que se cambiaba el campo magnético pudieron ver cómo el cerebro de estas aves codifica la información magnética. El equipo de investigación encontró 53 neuronas del tronco del encéfalo que registraban la dirección, la intensidad y la polaridad del campo magnético. La respuesta de estas neuronas era más potente en los rangos normales del campo terrestre, frente a los valores que se podían lograr en los campos artificiales, lo que parece reforzar la idea de que ese sea el sistema que guía la navegación basada en el geomagnetismo. Estos dos investigadores sugerían, a partir de su trabajo, que “las células codificaban un vector geomagnético que podía ser computado por el cerebro del ave para conocer su posición y dirección. El componente de elevación del vectorgeomagnético proporcionaría la latitud, el componente azimut del vector podría ser usado como una brújula magnética para obtener la dirección del destino y la magnitud del vector podría proporcionar la posición espacial a través de variaciones locales en la intensidad en relación a un modelo interno aprendido de espacio geomagnético.”

Lo que está siendo más complejo es identificar donde están los receptores magnéticos. Hasta hace poco se pensaba que existía un sistema demagnetorreceptores en el pico de las palomas basado en partículas de magnetita y conectado con el nervio trigémino. En 2012 un grupo de investigadores austriacos, encabezado por Treiber, demostró que esos grupos de células ricas en hierro no son neuronas sensibles al campo magnético, sino macrófagos (células de defensa) que están con localizaciones muy diferentes en distintos animales, y que por tanto no parecen formar parte de un sistema de detección del magnetismo. Así las cosas, está pendiente saber dónde demonios están los verdaderos magnetorreceptores, aunque parece plausible que estén en el oído.

A todo esto hay que unir la evidencia de que las palomas usan distintas pistas para su navegación, y que las condiciones ambientales bajo las que se han criado les hacen preferir un tipo de información a otra (visual a olfatoria, o solar frente a magnética).Por ejemplo, las palomas criadas en el patio del Instituto de Zoología de la Universidad de Frankfurt, vuelven al palomar aunque se les destruya el olfato. Sin embargo, un grupo similar de animales criados en la azotea del edificio, expuestos a los vientos, no consiguen volver si pierden el olfato. Todo parece indicar que este segundo grupo de animales ha hecho de la información ambiental olfatoria un elemento clave del registro cerebral de la localización de su palomar. Además, cerca de estos, en áreas que conocen de vuelos previos, usan localizaciones visuales como carreteras, ríos, montañas o edificios. Un palomo joven, no sabe hacerlo. Esas diferencias particulares hace que los experimentos con palomas mensajeras sean a veces un tanto contradictorios(y la explicación de sus sistemas de localización y navegación encierre aún algunas incógnitas.

Las palomas se han utilizado para enviar mensajes tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra. En la Grecia clásica, llevaban a distintas ciudades la noticia de quiénes eran los ganadores de los Juegos Olímpicos, pues el interéspor los resultados deportivos no es tan reciente como algunas piensan. En la guerra lo usaron los generales egipcios para informar al faraón del resultado de sus campañas, y también los persas y los mongoles de Gengis Khan. Una paloma informó a los ingleses de que habían derrotado a Napoleón en las campas de Waterloo y en la II Guerra Mundial,junto a lasdecenas de miles de paracaidistas lanzados tras las líneas alemanas en la Operación Market Garden (lo cuenta magistralmente la película “Un puente lejano” dirigida por Richard Attenborough), se lanzó una jaula con 82 palomas. También se enviaron palomas mensajeras a la Resistencia en el noroeste de Europa para coordinar información con el Cuartel General de los Aliados en Londres y se usaron así mismo para planificar el Desembarco de Normandía, puesto que existían fundadas sospechas de que los alemanes conseguían interceptar las comunicaciones por radio. Pero quizá el más famoso fue un palomo usado en la I Guerra Mundial llamado Cher Ami

El 3 de octubre de 1918, quinientos soldados norteamericanos, el llamado “Batallón Perdido” de la 77ª División de Infantería, quedaron atrapados junto a una colina sin comida ni munición. Bombardeados por la artillería amiga, que no sabía su situación, y atacados por los alemanes, al día siguiente quedaban solo unos doscientos soldados vivos. El comandante del Batallón, el mayor  Charles Whittlesey, envió entonces una primera paloma con el mensaje: “Muchos heridos. No podemos evacuar.” Pero fue abatida. Prepararon una segunda que llevaba otro mensaje “Hombres sufriendo. ¿Nos pueden mandar ayuda?”, pero fue también derribada. Solo les quedaba una tercera paloma, llamada “Cher Ami”, que fue enviada con una nota en un pequeño cilindro atado a su pata izquierda que decía “Estamos en un camino paralelo a la 276.4. Nuestra propia artillería está lanzando todo sobre nosotros. Por amor del Cielo, ¡párenlo!” Cuando Cher Ami echó a volar, los alemanes le vieron salir de entre los arbustos y abrieron fuego. La paloma volaba entre las balas y fue derribada pero milagrosamente volvió a emprender el vuelo. Cuando llegó al puesto de mando de la división, tras volar 65 minutos, tenía un tiro en un pecho, estaba ciega de un ojo, cubierta en sangre y con una pierna colgando de un tendón, donde iba el mensaje.

Cher Ami ayudó a salvar a 194 supervivientes y recibió la Cruz de Guerra francesa “por su servicios heroicos”. Había llevado otros once mensajes importantes en el frente de Verdún. Se conserva disecada en el Museo Nacional de Historia de América del Instituto Smithsonian. Y es que el pobre palomo, como la mayoría de los soldados en esa y todas las guerras, lo único que quería era regresar a casa.

Para leer más:

  • Gorman, J. (2012) Study Sheds Light on How Birds Navigate by Magnetic Field. The New York Times. 26 de abril. http://www.nytimes.com/2012/04/27/science/study-sheds-light-on-how-pigeons-navigate-by-magnetic-field.html
  • Treiber CD, Salzer MC, Riegler J, Edelman N, Sugar C, Breuss M, Pichler P, Cadiou H, Saunders M, Lythgoe M, Shaw J, Keays DA. (2012) Clusters of iron-rich cells in the upper beak of pigeons are macrophages not magnetosensitive neurons. Nature 484(7394):367-370. doi: 10.1038/nature11046.
  • Walcott, C. (1996) Pigeon homing: Observations, experiments and confusions. J. Exp. Biol. 199: 21-27.  http://jeb.biologists.org/content/199/1/21.full.pdf
  • Cher Ami–World War I Carrier Pigeon. http://www.si.edu/Encyclopedia_SI/nmah/cherami.htm
  • http://io9.com/5905043/pigeons-have-a-magnetic-gps-in-their-brain