Los llaman terioantropos, una palabra que combina “animal” y “hombre”.  El más antiguo que se conoce tiene 32.000 años y fue encontrado en Alemania. Es una estatuilla que representa un cuerpo de hombre con una cabeza de felino. Estas mezclas de hombre y animal aparecen desde el inicio del Arte, hace miles de años, en todas las culturas y en muchas formas  y existen algunos con una estructura fija (sirenas, centauros, Goofy, …) aunque es más común la otra posibilidad, hombres capaces de sufrir una metamorfosis y transformarse, de forma voluntaria o involuntaria, en un animal.

Explorando el planeta, hay miles de ejemplos, desde pinturas de los aborígenes australianos en cuevas y paredes rocosas de más de 10.000 años de antigüedad a los dioses egipcios con cabezas de ibis, halcón, chacal, etc., desde el Nahual, un hombre de Mesoamérica capaz de transformarse en asno, tortuga o puma hasta los cinántropos, hombres que se transforman en perro de Asia central y oriental. Estas quimeras biológicas y las transformaciones de hombre en animal encajan en ese mundo llamativo de los temores ancestrales, los mitos incrustados en algún lugar profundo de nuestro cerebro, las creencias sobrenaturales. Sin ninguna duda, uno de los más sugerentes y difundidos terioantropos es el hombre-lobo, licántropo, werewolf o loup-garou.

El licántropo aparece, cuando menos, en la Grecia clásica: Herodoto indicaba que los Neuri, una tribu que él situaba en el nordeste de Escitia, se transformaban en lobos una vez al año y retornaban a su forma humana unos días después. En su traducción de los mitos griegos, Graves habla de un grupo de habitantes de Parnaso que siguieron a una manada de lobos hasta la cima de una montaña donde fundaron una nueva ciudad: Lycorea. Lycaon, rey de Arcadia, forma parte de muchas leyendas (su nombre es el nombre científico de las hienas). Según una, fue transformado en lobo porque había asesinado a un niño y roció con su sangre el altar de Zeus. Según otra, tenía 50 hijos que ofendieron a Dios también con carne humana y Zeus los ejecutó al padre y sus vástagos con su rayo vengador. Según una tercera, los parnasianos celebraban un ritual denominado la abominación de Lycaon, donde un niño era sacrificado y con sus intestinos se hacía una sopa. La ingestión de ésta por los pastores hacía que uno de ellos se transformase en un hombre lobo, un licántropo que vagaba atormentado durante ocho años al cabo de los cuáles recuperaba su naturaleza original si se había abstenido en ese período de comer carne humana. Parece que la recuperación podía ser completa como el caso de Damarchus, un supuesto hombre lobo, que llegó a ganar la competición de boxeo en los Juegos Olímpicos. El licántropo aparece también en el pseudoApolodoro, en Ovidio, en Virgilio, en Plinio el viejo, siendo por tanto un personaje consolidado de la literatura de ficción desde hace más de 2.000 años.

En Neurociencia existe un trastorno llamado licantropía clínica. Es un síndrome psiquiátrico raro que incluye la creencia del paciente en que se transforma o se ha transformado en un animal. Se ha relacionado con las psicosis, estados alterados de la percepción de la realidad que frecuentemente incluyen alucinaciones y delirios. El episodio psicótico está frecuentemente causado por un trastorno mental como la esquizofrenia, el trastorno bipolar o una depresión. También se piensa que puede haber factores neurológicos o culturales implicados en que ésa sea precisamente la alucinación de estas personas: que no son seres humanos sino animales o que sufren una transformación no deseada y se convierten en seres no humanos.

Los médicos bizantinos llegaron ya a esta conclusión, que había un problema mental subyacente, pero su aproximación racional a la licantropía clínica se perdió en la Edad Media volviendo a explicaciones mágicas. En el siglo XIII, Tomás de Aquino expresó categóricamente que ángeles y demonios tenían el poder de cambiar el cuerpo de los humanos, convirtiéndoles en otros seres. La leyenda de la época decía que cuando el licántropo tenía forma humana, llevaba su piel al revés. En la Edad Media a menudo se les rasgaba la piel para ver si debajo de esa apariencia humana escondían el pelaje del lobo. En el comienzo del Renacimiento se da, al parecer, el mayor número de licántropos. Parece que había epidemias de licantropía, probablemente un ejemplo claro de histeria de masas. La Iglesia católica cambió de postura. En 1484 era pecado creer “en el mito pagano de los hombres lobo”. Un siglo más tarde, a finales del XVI, no se podía discutir la existencia de los hombres-lobo, considerados un tipo de ser diabólico, al estilo de las brujas, aliado con Satán. La Inquisición persigue a estas personas porque se piensa, por tanto, que su estado es el resultado de un pacto con el diablo o una posesión diabólica. Según registran las crónicas, Boguet, un juez francés, condenó a muerte a 600 “licántropos”. En el siglo XVI, el médico francés Jean Bodin ya habla de enfermedad pero indica que “el diablo puede realmente y materialmente metamorfosear el cuerpo de un hombre en el de un animal y de esa manera causar la enfermedad”. Sin embargo, algunos pocos incluyendo Leloyer en el mismo siglo XVI, creía que la transformación física era imposible aunque aclaraba que el diablo era el responsable de hacer creer al individuo que eso era lo que le estaba pasando.

Por poner un ejemplo de esa época, Gilles Garnier fue quemado en la hoguera en Dole en 1573. Según cuenta el informe de su juicio fue capturado junto con el cuerpo de un niño estrangulado y “aunque había regresado a su forma de hombre” iba a empezar a comérselo “a pesar de que era viernes.” En el siglo XVII se clasificó de nuevo como un trastorno mental y se le llamó Insania Zooantrópica.

Se han propuesto varios criterios diagnósticos para la licantropía clínica:

  • En un momento de lucidez, el paciente indica que a veces se siente como un animal.
  • El paciente se comporta como un animal, gruñendo, aullando o reptando.
  • El paciente indica al médico que es un animal.

Se han documentado decenas de casos y no todos los pacientes sentían que se transformaban en lobos. Otras opciones han sido perros, zorros, hienas o tigres pero también gatos, vacas, caballos, cerdos, cocodrilos, pájaros, ranas o abejas. Algunos pacientes han dicho sufrir una transformación en serie: un paciente descrito en 1989 señalaba haber pasado de humano a perro, de ahí a caballo, y luego a gato, volviendo a su naturaleza humana tras el tratamiento médico. Otros han sentido que no solo se transformaban ellos sino las personas a su alrededor como una madre que sentía que se transformaba en cerdo pero que también sus hijos sufrían la misma metamorfosis. El tiempo en el que este delirio se mantenía en los casos descritos en la bibliografía científica variaba entre un día y más de 15 años.

Un estudio con neuroimagen de dos personas diagnosticadas con licantropía clínica ha puesto de manifiesto cambios en las áreas cerebrales que representan la forma del cuerpo (propiocepción e imagen corporal), las que realizan el mapa cerebral de nuestro cuerpo. Estas dos personas con licantropía clínica mostraban en su cerebro, cuando sentían que se estaban convirtiendo en animales, un patrón de actividad anormal. El estudio científico sugiere que cuando estas personas dicen que su cuerpo está transformándose, realmente están sintiendo eso, ésa es la información que está procesando su cerebro. Es pavoroso pensar en los sentimientos y emociones de esas personas que creen, aterradas, que se están transformando en un lobo sin poder hacer nada para remediarlo.

Las distorsiones de la imagen corporal de uno mismo forman parte de distintos trastornos mentales. No sabemos porqué la persona afectada piensa que se está convirtiendo en un animal determinado en vez de algo más genérico, como que su cuerpo estuviera cambiando de forma rara. Existen muchos datos que indican que una psicosis no es tan solo una percepción anómala así que es posible que la licantropía sea una mezcla de unas experiencias corporales anómalas pasadas por una mente en estado de confusión y salpicada de tradiciones culturales e imágenes trasmitidas de generación en generación, nuestros mitos, nuestras leyendas. Desde Lycaon a la saga Crepúsculo pasando por Kafka.

Para leer más:

  • Fahy TA. (1989) Lycanthropy: a review. J R Soc Med. 82(1):37-39.
  • Keck PE, Pope HG, Hudson JI, McElroy SL, Kulick AR. (1988) Lycanthropy: alive and well in the twentieth century. Psychol Med.18(1):113-120.
  • Moselhy HF (1999) Lycanthropy: new evidence of its origin. Psychopathology 32 (4): 173–176.
  • Russell WM, and C Russell (1989) The social biology of the werewolf trials. J R Soc Med. 82(6): 379–380. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1292187/pdf/jrsocmed00149-0069c.pdf